El primer africano

«Bravo a tous», rezaba la pizarra verde del Crédit Lyonnais que desde la moto enseñan habitualmente a los ciclistas con las diferencias entre los escapados, una reminiscencia del pasado, innecesaria ya, desde que se instauró el pinganillo, pero que el Tour conserva aún como una tradición.

Bravo a todos. Y en especial al ganador Chris Froome, aunque como exclamó tras una etapa inolvidable en Sestriere Fernando Quevedo, un modesto de los tiempos de Indurain: «¿Héroe Miguel? El héroe soy yo, que siendo infinitamente peor tengo que aguantar este calvario. Le cambio a Cristo la cruz por la bici, y me devuelve la bici y pide dos cruces. Esto no hay quien lo aguante».

Se acabó el calvario que en su día padeció Quevedo, quien después tuvo la humorada de poner dinero para un equipo profesional. Ganó Froome; unos cuantos corredores más regresan satisfechos por haber cumplido objetivos menores y para el resto queda el recuerdo de la tortura, que después, con los años, se convierte casi siempre en un recuerdo grato, como constataban en los Campos Elíseos, comiendo y bebiendo en un buffet lujurioso, los más de trecientos ciclistas invitados por la organización por haber terminado al menos una vez, la carrera francesa.

En el caso del ganador, el recuerdo es ya inolvidable, pero, entre algunos surge la cuestión: ¿Quién lleva los pantalones en chez Froome? Chris, dicen, tiene un carácter apacible, educado, así que muchas veces la iniciativa la toma Michelle Cound, su pareja, encargada, entre otras cosas, de mantener la reputación de su novio a través de las redes sociales, como demostró el año anterior con su polémica con la mujer de Bradley Wiggins, «que no me ha llamado durante el Tour», según confesaba el ganador de 2013.

Michelle organiza también la dieta de Chris. «A veces me pide comer más, y yo le digo que si quiere ganar el Tour debe pasar hambre». Estricta, segura de sí misma, no le importa contestar a cualquier insinuación que se haga sobre dopaje. «Estoy en una situación privilegiada para observar todo lo que sucede alrededor de Chris. Puedo asegurar que está limpio al 100%. Yo veo como él y los demás chicos del equipo trabajan todos los días, cómo lo tienen todo absolutamente planificado. Veo como Chris se sacrifica en cada entrenamiento. Luego hay quien pregunta: ¿por qué está tan delgado, con 69 kilos para el 1,86 que mide? Porque se sacrifica».

Comentaba Mikael Caron, en Le Journal de Dimanche, que los grandes ciclistas viven en una paradoja constante: cuando ellos, como Chris Froome, comienzan a creer en sí mismos, los escépticos empiezan a dudar, y el campeón del Tour ya empieza a experimentar esa molesta sensación de sentirse observado, sospechoso de delitos que nadie ha podido probar. Por eso en Semnoz, ya ganador in pectore, se negó a contestar pregunta alguna relacionada con el dopaje, como había hecho unos días antes en la jornada de descanso. Por eso, también, su mánager en el Sky decidió ceder los datos de entrenamiento, de rendimiento y de potencia de Froome al diario deportivo L’Équipe, para que los analizara y sacara sus conclusiones.

Para Dave Brailsford, el hombre que ha hecho que el ciclismo británico (que nunca había ganado el Tour) sume dos títulos consecutivos con dos corredores, el éxito se basa en el trabajo incesante. «Los corredores de mi país son todos diferentes, pero tienen una característica en común: su mentalidad. Se fijan un objetivo y tratan de optimizar su potencial. Chris, para ganar el Tour, ha tenido en cuenta todos los detalles».

El primer objetivo que se puso fue ser ciclista: «Estudié Empresariales en Johansesburgo cuando tenía veinte años y cuando tenía veintidós me dijeron que podría venir a Europa, al centro de ciclismo. Tomé la decisión de dejar por un año los estudios y abrir la puerta al ciclismo. Para mí era muy difícil hacer las dos cosas y me dije que era el momento para parar e intentar saber a dónde podía llegar».

Froome ha relegado a la generación precedente. La de Contador, en definitiva, y no se pone límites aún, a pesar de que por detrás llegan ciclistas como Nairo Quintana: «No puedo decir lo que me reserva el futuro pero tengo la impresión de que he llegado al deporte bastante tarde y solo soy profesional desde hace cinco años».

Froome es el primer ciclista nacido en África que gana el Tour. Nació en Kenia y se crió en Sudáfrica, aunque tenga nacionalidad británica, un país en el que no vive. Su ilusión es que el deporte se extienda por aquel continente, donde empieza a ser muy conocido. «Una cosa que me gusta es viajar a Kenia y, al pasar el control, ser recibido con una gran sonrisa por los oficiales de aduanas. Me encanta».