Mujer de ciclista
Josiane Ocaña tuvo que robar un cartel indicador del Tour en un cruce de carreteras para falsificar una acreditación. Cogió unas tijeras, un poco de cinta adhesiva, le echó un poco de caradura y ya estaba dentro del recinto reservado a los seguidores acreditados. Estaba harta de seguir la carrera por recorridos alternativos, de ver a su marido desde detrás de las vallas. La descubrieron en la penúltima etapa, pero ¿quién iba a ser el guapo de expulsar a la esposa del líder? El año anterior había tenido que enterarse por la televisión de la caída de su marido en el col de Mente, cuando se disponía a ganar su primer Tour y lo perdió en medio de una granizada inclemente.
Aunque las viejas leyendas se siguen contando en cada efeméride del Tour, los tiempos han cambiado. Las mujeres de los líderes duermen con ellos, les esperan en la llegada, les acompañan al set de prensa. Reciben trato preferencial. Sheryl Crow presencia las etapas desde los coches, seguirá de cerca a su Lance. A Ullrich no le acompañaba nadie en la ascensión y el descenso del Peyresourde. El alemán estaba solo porque tres meses antes se separó de su mujer, Sara, después de casi una década de relación.
A Giulia Ochini, la Dama Bianca, la acusaban de debilitar a su novio, el gran Fausto Coppi. Nunca les perdonaron su amor adúltero, pero ninguno de los dos se escondía. Un año que el gran campeón italiano no corría el Tour, acudió al Izoard junto a su amante para animar a Charly Gaul.
Anquetil, años después, se disfrazó de fontanero para rescatar a su amor de manos de su marido. Luego se casaron. Cuando Jacques quiso tener un hijo, Janine le confesó que se había sometido a una ligadura de trompas. Le ofreció a su hija, Annie, para que fuera la madre. Aceptó. Nació Shopie. El gran Anquetil estuvo a punto de perder el Tour de 1964 en los Pirineos, después de una gran comilona en Andorra, junto a su mujer, en la jornada de descanso.
Bahamontes no pudo esperar. Cuando se vistió de líder del Tour pidió conferencia con Toledo. «Fermina, estoy de amarillo». Otros son más discretos. Miguel Indurain no tenía planes de casarse con Marisa cuando empezó a ganar su primer Tour en Val Louron.
No todas las mujeres son el apoyo de sus maridos ciclistas. Algunas van más allá y se convierten en cómplices, como Edita Rumsas, la mujer del tercer clasificado del Tour de 2002, detenida cuando circulaba en coche en la frontera con Italia mientras su marido, Raimondas, recibía honores en el podio de París. Llevaba el vehículo repleto de sustancias dopantes. Como Susana, la mujer de Dario Frigo. La cazaron apenas a veinte kilómetros de donde fue arrestada Edita. También almacenaba en su vehículo varias ampollas de EPO que, según confesó, estaban destinadas a su marido.