XXV
Romance entre Miss Colombia y comandante guerrillero
Por aquella época era constante el ingreso de armas al penal. En los patios funcionaban pequeños negocios de venta de comida o artículos permitidos por la cárcel, los famosos “caspetes”, los cuales eran manejados por los internos; estos resultaban perfectos para los planes de paramilitares y guerrilleros.
Los paramilitares aprovecharon los enfriadores de carne para ingresar las armas; tenían un buen contacto con los guardias que inspeccionaban los aparatos cuando salían o regresaban al penal. Constantemente se sacaba el enfriador a la calle con el cuento de que se había dañado y tenía que llevarse donde el técnico adecuado. Ya reparado el enfriador ingresaba de nuevo, pero esta vez lleno de fusiles y municiones para la guerra que estaba a punto de reventar. Una buena suma de dinero hacía ciegos a los guardias.
La guerrilla, que manejaba la otra mitad de la cárcel, no se dejó asustar por los paramilitares y también se abasteció de armas. Tomó el control de las basuras y del suministro de la madera para los talleres; allí ingresaban armas y explosivos. El reloj comenzó su cuenta regresiva; era poco el tiempo que faltaba para que explotara la guerra entre estos dos titanes del bajo mundo.
En este contexto, cada día seguían llegando al penal nuevos detenidos. Unos inocentes y otros culpables; todos, absolutamente todos los que eran ingresados a los patios generales, tenían que pasar por la prueba del famoso TREN…
Un día, iban los paramilitares a extorsionarlos y al siguiente, la guerrilla. Les quitaban el poco dinero y dignidad que les quedaba. La cárcel era el reflejo de la quebrantada sociedad, tal cual sucedía afuera. Cada vez ingresaban más guerrilleros y paramilitares.
En el TREN se clasificaba a los nuevos. ¿Guerrillero o paramilitar? —Preguntaba el encargado. Según la respuesta iba para el norte o al sur; ya la cárcel estaba dividida por estas dos fuerzas. Si era un preso social, elegía con quién estar, con la guerrilla o con los “Paras”. El mejor Patio era el 3; éste lo controlaban los “Paras”. Allí llegaban la mafia y los bandidos con dinero. En La Modelo todo costaba, pero había una economía fuerte. En el Patio 3 una celda costaba entre $2,000 USD y $3,000 USD. Todo este dinero a las arcas de los jefes. Tenían que comprar armas, pagar la guardia penitenciaria, la nómina era de más de cien personas diarias, que servían a la infraestructura de la organización paramilitar dentro de la cárcel. Lo mismo hacía la guerrilla en su zona, pagando gente para que los abastecieran y mantuvieran informados de las actuaciones de sus enemigos en el otro lado de la cárcel. Fuera de ésta se movían las oficinas de cobro y los negocios de narcotráfico y secuestro, de los dos grupos en disputa.
La guerrilla de las FARC, al mando de los líderes guerrilleros, “Yesid Arteta” y “Róbinson”, controlaba el licor y la droga, dentro de los patios que les pertenecían. Allí una celda podía costar $300 USD; el que no tuviera dinero tenía que dormir a la intemperie en los pasillos. El hacinamiento era bestial; a veces los presos no tenían ni cómo moverse en el corredor de la cantidad de reclusos que permanecían prácticamente unos encima de otros, por la falta de celdas, con temperaturas en la noche de 4 grados centígrados y debían comer del llamado Wimpy, esto era, del comedor normal de la cárcel, que estaba al lado de los paramilitares y era controlado por ellos.
Claro, la alimentación del penal era poquita y asquerosa. Había empresas privadas que licitaban con el INPEC y ganaban el contrato para abastecer los alimentos en las cárceles pero, casi siempre estos concursos eran sólo un negocio respaldado por la corrupción. Las empresas ahorraban dinero en la comida de los presos y les daban unos alimentos miserables incluso muchas veces, en descomposición. Miles de dólares iban para los bolsillos de los dueños.
En el Patio de Alta Seguridad se tenía la ventaja de vivir con los jefes que manejaban su propio chef y la comida abundaba; hasta el director subía a veces a comer con ellos y los invitados que nunca faltaban, al lado de hermosas mujeres que pasaban diariamente por el patio.
Los rumores cada día eran más fuertes en cuanto a que la guerrilla había ingresado dinamita al penal para minar el techo en el área de Sanidad y Máxima Seguridad, pensando en activarla en caso de un ataque paramilitar. Algunos presos comunes habían instalado una fábrica rudimentaria para producir licor dentro de la prisión; ésta abastecía los patios que eran controlados por la guerrilla, pero su industria quedó en medio del campo minado.
El negocio dentro de la cárcel era muy próspero para guerrilleros y paramilitares; los que no estaban muy contentos eran los antiguos caciques de patio, que fueron relevados rápidamente de sus actividades.
En la prisión se paga por todo: por seguridad, por los teléfonos celulares, por dejar dormir a la mujer de un día para el otro; por dejar pasar la cocaína, la marihuana, el bazuco, las armas, las prostitutas etc. Se sabía que el secretariado de las FARC estaba enviando armas a sus hombres; también Carlos Castaño apoyaba a su gente en la toma de la Cárcel Modelo. En medio de esta zozobra los jefes paramilitares y guerrilleros también tenían sus debilidades sentimentales.
En el patio de los paramilitares el romance más conocido era el de Ángel Gaitán con Claudia Zapata, quien permanecía casi todos los días en la cárcel y se quedaba a dormir; las peleas y reconciliaciones de esta pareja hicieron historia allí.
Cupido también flechó a los guerrilleros en especial al comandante supremo del patio, Yesid Arteta; un guerrillero inteligente y de buena familia.1.78 metros de estatura, atlético, serio y fuerte. Conocía el arte de la guerra, sumamente estructurado política y militarmente, un hombre educado y culto, había sido capturado por el Ejército. Fue una baja importante para las FARC, era uno de sus ideólogos.
Su novia era una ex Señorita Colombia llamada Nini Johana Soto, una mujer espectacular: 1.80 metros de estatura, cabello negro como el azabache; tenía unos ojos negros inmensos que maquillaba ostensiblemente, además de una gran sonrisa. Un día llegó a la Cárcel Modelo en busca de votos. Atrás había dejado su época de reina. Con su porte y cuerpo escultural, caminaba como una gacela, erguida y elegante. Logró meterse entre las finalistas en el reinado de Miss Universo, en el año 80. Quedó como Virreina Universal de la Belleza, en representación de Colombia, por el departamento de Santander.
Después del concurso tuvo un romance con un jeque árabe que la mantuvo como toda una reina, pero le quería cortar las alas. Regresó a su país y se metió en política. Pretendía llegar al Congreso de la República como senadora de un movimiento no muy conocido, para el año 2002. Su ideal: pelear por los derechos de los presos. En la Cárcel Modelo no sólo conoció la realidad de un país sino al amor de su vida: El comandante de las FARC, Yesid Arteta. Por esos días todavía se movía libremente por los corredores de la prisión, sin miedo a los paramilitares. Cuando conoció a Nini Johana se enamoró perdidamente de la hermosa mujer. Él era un hombre atractivo, culto y sabía cómo tratar a una mujer como ella, independientemente de su ideología izquierdista. Nini Johana comenzó a visitar la cárcel frecuentemente, vestida con largas faldas y con su cabello recogido en una moña. Sus ojazos reflejaban felicidad y su sonrisa le alegraba el día a los guardias con quienes siempre fue muy amable. La historia de amor se conoció rápidamente en la cárcel. Ella pasaba todo el día en la celda de su amado guerrillero que se dejó llevar por las mieles del amor sin descuidar la guerra.
Los que no disfrutaron mucho del romance fueron los enemigos de Yesid Arteta. El comandante de los paramilitares, Carlos Castaño, los tenía en la mira.
Cuando la Cárcel Modelo quedó bajo el control de los paramilitares, la pareja de enamorados tuvo problemas. La seguridad de la bella miss Colombia comenzó a complicarse… la estaban vigilando y las amenazas le llegaron por haberse enamorado del hombre equivocado. Con el tiempo, ella fue disminuyendo las visitas a la prisión pero aun así hizo público su romance y se mantuvo fiel a su hombre. Años después, cuando el guerrillero fue trasladado a la Cárcel de Cómbita ella no fue a visitarlo por miedo, pero lo cierto es que el amor se mantuvo intacto durante algún tiempo hasta que ella alzó vuelo en busca de un nuevo amor.
Otro que siempre se mantuvo fiel a Yesid Arteta fue su mano derecha, y de “Róbinson”, un guerrillero muy violento y fuerte, de armas tomar y líder, no tanto como Yesid, pero hablaba y peleaba ferozmente por su causa. Según los espías, en la celda de Yesid Arteta había un potente radio de comunicaciones conectado con el secretariado de las FARC, en las montañas de Colombia…