XXIII

Manicurista fogosa

A “Popeye” le convenía que la cárcel estuviera en guerra, así se obligaba a cuidarse más, permaneciendo alerta todo el tiempo. Una cárcel en calma es peligrosísima.

Convivir veinticuatro horas seguidas con mafiosos, asesinos y demás hombres al margen de la ley, en un espacio tan cerrado es difícil, muy difícil y hay que tener mucha paciencia. El pabellón tenía unos treinta metros de largo, las puertas de las celdas eran seguidas, puerta con puerta, con cuatro metros al frente, en donde se veían las otras habitaciones en el mismo corredor.

El lugar tenía diez celdas, un saloncito al final y un comedor; la única distracción era subir a la terraza del edificio a jugar vóleibol. La terraza, por seguridad, estaba cubierta. Para no aburrirse, “Popeye” se divertía con las visitas femeninas que llegaban al penal a cumplir diversas actividades, como la de la manicurista, a quien un día casi mata del susto.

En su vida nunca había conocido un hombre más fogoso y enfermo por el sexo que Ángel Gaitán Mahecha, le tiraba a todo lo que oliera a mujer; no respetaba condición femenina. El tiempo en la prisión americana lo volvió enfermo sexual, se moría por todas las mujeres. Durante cinco años no tuvo relaciones sexuales y casi se vuelve loco.

La señora que les arreglaba las uñas, entraba dos veces a la semana y Ángel, apenas la veía, de una la pasaba por las sábanas.

Un día llegó la señora a hacer su trabajo y Ángel no estaba. “Popeye” la llamó para que le arreglara las uñas de los pies, tenía confianza en ella y mirándola con picardía le dijo:

—Mi amor venga, deme algo, que mi mujer me dejó y estoy llorando lágrimas de sexo.

—¡No, no, no, “Popeyito”, yo soy una mujer muy seria! —le dijo riéndose.

—¿Y las veces que usted se encierra con don Ángel qué?

—Ni riesgos “Popeyito”. —Le contesta y remata sin preguntarle nada: —Yo me encierro para trabajar tranquila.

Explicación dada a una pregunta no formulada es confesión anticipada… decía Pablo Escobar.

Se quedó mirándola con malicia mientras veía cómo traía un nuevo platón de agua para seguir arreglándole los pies. Lentamente los sumergió en el agua tibia mientras se hacía el desentendido, mirándola de reojo. Ya la mujer estaba picada y era cuestión de tiempo para que le sacara la verdad sobre sus encerronas con Gaitán. Ella comenzó a hacer su trabajo y de pronto le preguntó en tono casual, como para que él no sospechara nada:

—¿Eh, “Pope”, y don Ángel?

—¡Ayyy… Mija… más preocupado!…

—¿Por qué “Pope”? —Le pregunta desprevenida.

—Mi amor, al viejo se lo llevaron casi muerto a las tres de la mañana de urgencias, al hospital.

—¡Virgen del Carmennnn! ¿Y eso, qué pasó? —Le contestó dejando a un lado el asientico en que estaba sentada, tratando de recobrar la respiración perdida por el sobresalto que le produjo la noticia.

—Mi vieja, hace como dos días el señor se puso muy mal, vino un médico de la calle a verlo y le descubrió unas manchas cafés en la espalda y se preocupó muchísimo. —Le soltó el hombre con toda la naturalidad del mundo, mientras tanto, sin dejar de mirarla a los ojos continuaba con su historia—. Al otro día, el médico regresó con el resultado de una muestra de sangre que le había sacado.

Observando la cara de terror que estaba asumiendo la mujer, aprovechó el silencio para ponerle más suspenso a la conversación; haciéndose el desentendido, se acomodó en su asiento con total parsimonia, mientras la mujer estaba cada vez más ansiosa por saber el final de la historia.

—Cuente, cuente “Popeyito” que me está asustando. —Insistía la señora súper intrigada.

—Mija… ¡SIDA, el viejo tiene SIDA! El hp.… hace tres años que lo tiene.

—¡Ay Dios mío!… ¡ay Dios mío! —gritó la manicurista parándose con la mano en el pecho y los ojos desorbitados por la noticia. “Popeye”, con cara de sorpresa, la miró como si no supiera el motivo de la angustia de la mujer.

—¿De qué se preocupa mi amor? ¿No me acabó de decir que no le daba nada al viejo? —le dijo sonriendo maliciosamente, mientras la manicurista palidecía cada vez más.

—No, no, no “Popeyito”, este hp., me cogía a la fuerza y me lo metía por un lado de los pantis. Le confirmó alzando la voz chillona, mientras se agarraba el corazón que parecía se le iba a salir del pecho.

—¡Ay mija por Dios! Pero al menos, ¿don Ángel se colocaba un condón?

—Cuál condón ni que hp., lo hacía sin protección. —Le confesó mandándose las dos manos a la cabeza y en tono confidencial le narró más intimidades, como si fuera el día del juicio final.

—No, y no le digo más porque usted ni se imagina lo que me hacía.

“Popeye” la miraba divertido a punto de soltar una carcajada cuando ella dijo escandalosamente:

—¡Ay mis hijos! ¡Ay mis hijitos! “Pope”, cójame que me desmayo.

Se le movió el piso y al suelo fue a dar… Ya no era tan divertido, pobre mujer, la estaba matando del susto. Se le estaba complicando. No sabía qué hacer y terminó preocupado porque si Ángel Gaitán regresaba de su diligencia en ese momento y lo veía en esa situación iba a tener problemas. Se paró rápidamente, la levantó y la sentó en el sofá; se secó presuroso, se colocó las medias y se calzó, dispuesto a decirle la verdad a la pobre dama.

—Mija, es una broma, don Ángel está en la Fiscalía en una diligencia judicial. —Le dijo mientras le tocaba suavemente la cara tratando de reanimarla. Con seriedad, afirmaba esto, mientras le tomaba las manos y le daba aire. Ella no creía nada de lo que “Popeye” le contaba.

—Usted me está diciendo eso para que me tranquilice ¿verdad? La humilde mujer estalló en llanto.

Le remordió la conciencia de verla así, pobrecita, y para convencerla que todo era una broma, le tocó llamar a “Ramoncito” a ver si a él le creía.

La mujer se fue angustiada y con dudas; nunca más la volvió a ver; no le quedaron ganas de regresar a hacer el arreglo de uñas en la Cárcel Modelo.

“Ramoncito” y “Popeye” terminaron riendo a carcajadas, contándole a todos en el patio que celebraban su buen humor. Pero esa risita le duró poco, porque a los días se le congeló el rostro al conocer el “pastel” que le tenían preparado los sabuesos investigadores del Departamento Administrativo de Seguridad, del país, DAS, que anunciaron la siguiente perla en rueda de prensa:

“Popeye” es un narcotraficante y ¡será extraditado!

La extradición tocó a su puerta. No sabía si reír o llorar, porque la situación era tan irreal y ni él ni nadie entendían nada.

La nota apareció en todos los noticieros y por andar haciendo bromas, ni se había enterado. Ángel Gaitán, que acababa de regresar a la prisión, llegó corriendo a su celda, sofocado por la noticia y le gritó angustiado:

—¡Marica, lo van a extraditar!

“Popeye” prendió rápidamente el radio que tenía en la mesita de noche y escuchó seguro y claro a un periodista dando con lujo de detalles, la chiva del día.

…El DAS realizó una exitosísima operación contra los narcotraficantes a nivel mundial. Países como EE.UU., Colombia, Holanda y Panamá, se unieron para la gigantesca redada antidroga. Como resultado se obtuvo la captura en Holanda de tres pesos pesados del narcotráfico. Las otras capturas se realizaron en Turbo (Antioquia), Bogotá y Panamá, en donde se allanaron las casas y oficinas de hombres claves de la organización, liderada desde la cárcel por el ex integrante del Cartel de Medellín, Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias “Popeye”, quien será extraditado por narcotráfico

Estupefacto escuchaba las noticias, acompañado de sus compañeros que se acercaron curiosos a la celda a enterarse de lo que estaba pasando. Imaginaban que pronto llegarían los hombres del CORES para trasladarlo a otro sitio, antes de su extradición, nadie sospechaba el montaje; ya daban por hecho la información ignorando el trámite legal que se debe hacer para tal efecto. Todas las emisoras en Colombia, hablaban del operativo antinarcóticos, y el supuesto capo de capos, líder de la organización, ni se había enterado del emporio que manejaba.

—Ahora si estoy metido en la hijueputa… —pensó, mientras sus compañeros le miraban entre divertidos y asombrados.

Al rayar el medio día, cuando iniciaron los noticieros de televisión, los titulares se concentraron en la noticia. Su imagen le estaba dando la vuelta al mundo y él todavía no entendía cómo se había metido en semejante película sin proponérselo.

…Aeronaves, barcos, dinero en efectivo y gran cantidad de cocaína incautada. Lo más importante, la recaptura en la Cárcel Modelo de Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias “Popeye”. El gran jefe de la banda, el capo di tutti capi

Así concluía el periodista su reportaje. Todos los presentes rieron de la ingenuidad de los reporteros. A la Cárcel Modelo no había llegado autoridad alguna para recapturarlo o trasladarlo. A su celda, menos se había acercado guardia alguno a preguntarle por tales hechos.

Él miraba asombrado las imágenes del televisor, ¿de dónde habrían sacado esos barcos, aviones, dinero y cocaína? Siempre había sido un sicario del Cartel de Medellín y nunca participó en actividades de narcotráfico, en la cárcel menos, pero ¿quién le iba a creer a un asesino confeso? Lo único era esperar a ver qué pasaba con su vida… concluyó con asombro y preocupación.

—O yo estoy perdido, o los perdidos son los periodistas y les falta investigar más…

“Ramoncito”, no desaprovechó la oportunidad para hacer sus comentarios mordaces:

—Qué capo tan poderoso teníamos y no lo sabíamos. —Soltó una sonora carcajada. Tenía razón, la situación era risible, todo el que lo conocía sabía que no era narcotraficante, sino ¡sicario!

Ese día no le preocupó la extradición, ya tendría tiempo para defenderse. En lo único que pensó en ese instante fue en el delicioso almuerzo que el chef estaba preparando y se confió de la situación, gozándola también. Sabía que iba a ser muy complicado para él, pero era el momento en que todos los reclusos del pabellón se reunían a compartir, y “Popeye” ese día sería el actor principal de toda la película, no precisamente por lo detectivesca, sino por lo cómica.

Todos los que quisieron vomitar su veneno hacia él aprovecharon la oportunidad aquel día en que “Popeye” se convirtió en el motivo de burla del patio. Bajó a almorzar con el buen humor que siempre lo caracterizó y que fue su arma para enfrentar la situación. Echó mano de la dignidad que todavía le quedaba y se sentó a la mesa con una gran sonrisa, claro, de dientes para afuera; rio a carcajadas, junto a los otros presos que aprovecharon la ocasión para desquitarse de sus bromas. El jefe del patio, Miguel Arroyave, fue muy respetuoso y no se burló. Sabía que era un tema serio y le ofreció su ayuda para que los abogados de su organización investigaran y apoyaran en el caso.

Entre ofensas y ofensas llegó el siguiente noticiero de televisión. Todo estaba más delicado; el Coronel de la Policía Germán Gustavo Jaramillo, dio un dato importante y nombró a un tal Jorge Velásquez Camelo y dijo que era primo de él. Le metió veneno al montaje.

“Popeye” manejaba desde su celda en la Cárcel Modelo en Bogotá, una poderosa organización de narcotráfico, con rutas hacia Bélgica, Italia, Holanda y lo peor, ¡hacia los Estados Unidos!

La historia comenzó cuando un español llamado Leopoldo Bohigas Lorenzo murió con casi un kilo de heroína en el estómago. El tipo era un enfermo terminal de SIDA. Popeye” puede ser enviado a España en extradición para que responda por la muerte de Leopoldo, —concluyó la periodista. Los comentarios de analistas y autoridades afirmaban que “Popeye” era un monstruo y que estaba utilizando enfermos terminales para sus oscuros propósitos de narcotráfico.

El muerto era una mula del narcotráfico y había salido rumbo al aeropuerto El Dorado en Bogotá para viajar a España, cuando se le reventó una de las cápsulas con droga que llevaba en su estómago; se agravó, sus cómplices lo llevaron a un hospital y allí murió. Fue abandonado en las puertas de una clínica. La noticia era cada vez más dramática y peligrosa para “Popeye”. Por esta razón, el jefe de los paramilitares en la cárcel Miguel Arroyave lo llamó aparte y le dijo paternalmente:

—“Pope”, lo felicito. Usted tiene coraje; si lo piden en extradición yo lo ayudo a escapar.

Él le dio las gracias y se retiró a su celda a reflexionar sobre el tema. No era fácil pero tenía que permanecer con la cabeza fría para tomar cualquier decisión. Irse con la gente de Miguel Arroyave significaría estar en manos de Carlos Castaño; más temprano que tarde, Arroyave cedería a la presión y lo tendría que entregar a Castaño quien lo quería matar a como diera lugar; y si lo extraditaban a EE.UU., jamás volvería; lo mejor era esperar.

Todo este lío arrancó con Jorge Velásquez, que entraba a la Cárcel Modelo a hacer mandados menores: entraba siempre a nombre de “Popeye”. Él lo había conocido en Bogotá; según la investigación el hombre utilizaba su nombre para el tráfico con correos humanos. A este hombre fue a quien le encontraron el pasaporte del español muerto. Lo del dinero eran $100,000 USD que estaba entrando al país producto del tráfico de drogas; este dinero lo interceptaron agentes del CTI de la Fiscalía y se lo quedaron cargándoselo al expediente.

“Popeye” siguió adelante, tratando de no hacer caso a la burla de los compañeros riéndose también de su mala suerte. Se concentró en su defensa, porque creyó que la Policía estaba confiada en que lo iban a extraditar. Con el paso de los días se fueron aclarando varias de las mentiras que dijeron, no se sabía si los medios o las autoridades. Lo cierto es que durante todo el escándalo ningún funcionario lo visitó. Sólo diez días después de haber explotado la noticia fue que a una fiscal se le ocurrió ir a verificar personalmente con el inculpado su versión de los hechos.

La mujer apareció con agentes del DAS. Dicho y hecho, era un montaje. Al señor de los $20,000 USD que habían capturado en el departamento de Antioquia con dinero supuestamente ilegal y de su organización, lo absolvieron de todo y le devolvieron su dinero legal ofreciéndole disculpas por el error, al detenerlo en esa averiguación. Y los supuestos detenidos de Panamá nunca aparecieron. Tampoco los aviones, barcos y propiedades allanadas de los operativos que realizaron los 150 hombres del DAS y los expertos de Italia, Bélgica, Holanda, y Estados Unidos. De los $100,000 USD que se robaron los agentes del CTI y que pertenecían a uno de los detenidos, no quisieron indagar. Al final, la investigación quedó reducida a los kilos de cocaína que fueron embarcados en el puerto de Turbo en un gran barco bananero.

A “Popeye” no lo pudieron conectar con los detenidos en Turbo y menos con el español muerto. Toda una maquinación en la que no había ninguna evidencia para vincularlo. Él sabía que era inocente pero de algún modo quedó conectado a la investigación por el hombre que sí conocía en la Cárcel Modelo; se lo había presentado un amigo para que le vendiera un automóvil de lujo que tenía en Medellín. El tipo era un pequeño traficante de drogas y se interesó en su carro ofreciéndole buen dinero. Para concretarlo “Popeye” lo llamó a Holanda, el DAS rastreó la llamada y de una vez lo vinculó en el negocio de drogas.

Lo más curioso fue que con tanto escándalo, en ninguna parte del expediente se hablaba de algún pedido de las autoridades estadounidenses y menos de una orden de extradición de éste u otro país. “Popeye” no aceptó los cargos y se fue a juicio para demostrar su inocencia. Todos se sorprendieron porque creyeron que estaba muerto del susto y se iba a dejar amedrentar por el falso positivo, pero no. Lo más delicado sería ir a Holanda a defenderse, ahí el sistema penitenciario es constructivo, el más avanzado del mundo. “Popeye” creía que era tan bueno que al final en el juicio le dijo al juez:

—Señor éste es de los mismos montajes que hace el DAS; como en la muerte del doctor Luis Carlos Galán, o en el asesinato del Dr. Bernardo Jaramillo Ossa; el asesinato del candidato a la presidencia de Colombia Pizarro León Gómez, el atentado al avión de Avianca y muchos más.

El hombre no dijo nada, sólo lo miró con cara de sorpresa, pues no esperaba esa reacción por parte del acusado. El proceso judicialmente siguió su curso; sabía que de alguna manera buscarían la forma de crearle algún cargo, pues no podían quedar en ridículo las autoridades con esa confabulación. Su pasado no le ayudaba en nada. La diligencia fue en el primer piso y de una le cayeron los periodistas, él con su mejor sonrisa les dio el titular de prensa:

—¡Pido que me extraditen a Holanda, así cambio de ambiente y aprendo otro idioma!

Salió esposado por la guardia y bajo un espectacular operativo de seguridad, rumbo al nido de alimañas que le estaban esperando en la cárcel y que estaban ilusionados con su extradición.

—Todo “chimbo”. Un montaje, no tenían ninguna prueba contra mí. —Les dijo el sicario a quemarropa.

A varios se les borró la sonrisita de su boca. Se habían hecho ilusiones pensando que se lo llevarían bien lejos. Al verlo ahí, les tocó aguantarse.

—No se confíe… no se confíe, que le pueden dar una sorpresita. Le advirtió Ángel Gaitán que era uno de los que más lo molestaba con el incidente. Por eso “Popeye” le reafirmó con seguridad:

—Si ya me indagaron, y si no vino la DEA es porque el caso queda en Colombia.

No dijo nada más. Por primera vez en todo ese tiempo Ángel Gaitán se quedó callado. En cambio a Miguel Arroyave le agradó la noticia y lo felicitó de nuevo, alegrándose con sinceridad.

Ningún funcionario del DAS o la Fiscalía, y menos el Coronel Jaramillo, dio declaraciones a la prensa.

¿Qué pasó con el gran golpe a la organización del capo “Popeye”?

Nadie volvió a tocar el tema y “Popeye continuó con su vida en la prisión. Años después una juez le dio una corta condena por el supuesto envío de droga a Holanda. Y ahí terminó el tan sonado caso.