8 · Tecnociencia y culturas.
Desde que Snow habló de las dos culturas (1962), la humanística y la científica, la ciencia ha cambiado mucho. Uno de los temas más importantes a afrontar son las relaciones entre la tecnociencia, la sociedad y la cultura. No pretendemos abordarlo aquí, pero sí conviene hacer unas breves consideraciones, con el fin de subrayar algunas de las grandes transformaciones que se han producido al respecto a finales de siglo XX.
En primer lugar, la tecnociencia afecta a varias sociedades, no a una sola. Cuando los sociólogos subsumen a la ciencia en la sociedad olvidan este problema, que no es trivial, ni mucho menos. La tecnociencia actual se expande por todo el planeta, debido a que el contexto de aplicación de la ciencia y la tecnología ha superado las fronteras nacionales. Las empresas tecnocientíficas se organizan como empresas-red y desarrollan sus estrategias en varios países. Tal es el caso de las empresas farmacéuticas y biotecnológicas, así como las empresas de tecnologías de la información y las comunicación. Otro tanto ocurre con las industrias clásicas (construcción, metal, transportes…), que actúan en un mercado cada vez más amplio. La emergencia de la tecnociencia coincide en el tiempo con la ampliación del mercado, el cual era una de las componentes estructurales de los sistemas SCyT. Por tanto, no hay subsunción de la tecnociencia en una sociedad, ni siquiera en la norteamericana, sino impactos de la tecnociencia sobre varias sociadades, que deben ser analizados por separado. Por otra parte, la propia tecnociencia muestra características diversas en función de sus lugares de procedencia, aunque luego haya de rediseñarse para cada mercado específico. La nueva cultura tecnocientífica es internacional por su estructura (empresas tecnocientíficas en red) y no solo choca con las culturas científica y humanística tradicionales, sino que transforma las culturas locales, con los consiguientes conflictos. Las relaciones entre las tecnociencias y las culturas han de ser analizadas contextualmente, caso por caso, lo cual no será nada fácil de hacer. Reducir el problema al debate entre las dos culturas, la humanística y la científico-ingeneril, y tratar de solucionarlo con una tercera cultura que sintetizara a las otras dos, supone una enorme simplificación, en la que se olvida la existencia de una pluralidad de tecnociencias y culturas.
Al decir estas cosas no estamos pensando únicamente en la multiculturalidad, entendida esta en función de los países y regiones del planeta, sino en las diferencias radicales que existen entre las culturas militar, empresarial, jurídica, científica o tecnológica. Todos estos sectores sociales están imbricados en el núcleo de la tecnociencia y aportan tradiciones culturales muy distintas. El choque entre culturas se produce en el seno mismo de la tecnociencia, no solo cuando esta transforma las sociedades. Por ello nos interesan ante todo los conflictos internos en las empresas tecnocientíficas, así como las contiendas entre empresas competidoras, en la medida en que estas encarnen modelos culturales y organizativos diferentes. La tecnociencia no solo es obra de científicos e ingenieros, sino también de otros muchos agentes que actúan conforme a culturas y valores muy distintos. La componente social de la tecnociencia es indudable, pero esto es muy poco decir. Lo importante es precisar los distintos agentes sociales relevantes para la actividad tecnocientífica y analizar los problemas que tiene ese agente múltiple (o plural) al desarrollar su actividad. Quien subsume a la ciencia en la sociedad es como quien subsume a las empresas multinacionales en las sociedades. Así como la macrociencia surgió en un ámbito estrictamente nacional, las empresas tecnocientíficas diseñan sus estrategias pensando en mercados globales. Lo importante es analizar sus prácticas respectivas, así como la confluencia de dichas prácticas en diversos escenarios, algunos de los cuales son tradicionales (los laboratorios, las publicaciones, las instituciones científico-tecnológicas, los registros de patentes, etc.), otros nuevos. Como ya hemos apuntado anteriormente, uno de esos nuevos escenarios de la tecnociencia son los gabinetes de política científico-tecnológica, sean gubernamentales o empresariales. Otro es el mercado, que tiende a ser global, sobre todo en el caso de las innovaciones tecnocientíficas. Las prácticas, los conflictos, las argumentaciones y, en su caso, los consensos, son muy distintos en unos y otros escenarios.
Planteado así el problema, se abre un amplio campo de investigación. Por nuestra parte, nos ocuparemos únicamente de los conflictos de valores, entendiendo que los valores son una componente esencial de las culturas. En particular, nos interesaremos por aquellos conflictos de valores que muestran una mayor universalidad, por ser conflictos internos a la propia tecnociencia. Por ejemplo, la distinción entre tecnociencia pública y privada es una diferencia estructural, que conforma de modo muy diferente la actividad tecnocientífica. Los agentes, la organización de las acciones, los intereses subyacentes, los objetivos, los criterios de evaluación y buena parte de las prácticas difieren considerablemente en uno u otro caso. De poco sirve que, desde el punto de vista de los resultados de la actividad investigadora o innovadora, los resultados coincidan, o sean equiparables entre sí. La carrera entre un equipo público y otro privado para establecer el mapa del genoma humano es un buen ejemplo al respecto. Las prácticas son distintas, y sobre todo son diferentes los valores que guían esas prácticas. Teniendo en cuenta que el paradigma tecnocientífico dominante cede a las empresas privadas buena parte de los eslabones de la cadena que hemos mencionado en el apartado anterior (desarrollo tecnológico, innovación, producción, comercialización, etc.), las agencias privadas (empresas, asesores, etc.) predominan en gran medida sobre las públicas en la tecnociencia, pese a que estas últimas asuman la dirección estratégica y buena parte de la financiación. La cultura empresarial tiene un peso cada vez mayor en la tecnociencia.
Para analizar a fondo las relaciones entre las tecnociencias y las culturas se requerirían investigaciones mucho más minuciosas. Las sugerencias que hemos apuntado aquí no son más que un primer esbozo de ese estudio. La comparación entre las políticas de empresas tecnocientíficas concretas, unas públicas y otras privadas, sería de gran interés para los estudios de la tecnociencia. Dejamos abierta esta vía de investigación, tras haber bosquejado algunas de sus líneas principales.