7 · Caracterización de la técnica y la tecnología.
En su obra Tecnología: un enfoque filosófico[55], Quintanilla intentó definir entidades tan complejas como la técnica y la tecnología. Su propuesta merece una consideración detallada, aunque nos parezca mejorable en algunos puntos. Si nos dedicamos a los estudios de ciencia tecnología y sociedad (CTS) desde una perspectiva filosófica, conviene elucidar los conceptos que vayamos a utilizar, en la medida de lo posible. El uso común de las palabras puede hacernos creer que sabemos qué son la ciencia, la tecnología o la sociedad porque hablamos de ellas y conseguimos comunicarnos y hacernos entender. Pero el análisis conceptual permite descubrir matices y dificultades en las nociones analizadas, que suelen quedar ocultas en el uso corriente de esos vocablos. Un análisis minucioso de los múltiples malentendidos que se derivan de los actos de habla mostraría que la precisión es un valor en filosofía, que debe ser satisfecho adecuadamente.
En este apartado comentaremos las definiciones propuestas por Quintanilla para las nociones de «técnica» y «tecnología». Quintanilla recuerda que: «en la literatura especializada se tiende a reservar el término “técnica” para las técnicas artesanales precientíficas, y el de tecnología para las técnicas industriales vinculadas al conocimiento científico»[56]. Por eso distingue las técnicas artesanales o preindustriales y las técnicas industriales relacionadas con la ciencia, reservando para estas últimas el término «tecnología». Aceptaremos esa distinción, aunque ya hemos indicado anteriormente que muchos avances tecnológicos de la época industrial surgieron con independencia de la ciencia, interrelacionándose con ella ulteriormente. Decir que las tecnologías están vinculadas a la ciencia no implica concebirlas como ciencias aplicadas. Hecha esta precisión, a título de ejemplo diremos, que la escritura y la imprenta son técnicas, la prensa, el telégrafo y las fotocopiadoras son tecnologías, y los ordenadores, la escritura electrónica y el hipertexto son tecnociencias.
A continuación, Quintanilla introduce una segunda distinción entre técnica propiamente dicha y realización o aplicación concreta de una técnica: «las técnicas son entidades culturales de carácter abstracto, que pueden tener distintas realizaciones o aplicaciones y se pueden formular o representar de diferentes formas […] y las podríamos definir como el conjunto de todas las realizaciones técnicas concretas posibles con esa máquina»[57]. Retomando la distinción de Amartya Sen entre capacidades (capabilities) y realizaciones (o funcionamientos, functionnings), diríamos que la técnica y la tecnología inducen nuevas capacidades de acción, y en particular de repetición y reiteración de dichas acciones[58]. Cada caso concreto es una realización técnica (o tecnológica). La noción de técnica depende así de cómo definamos lo que es una realización técnica:
Definición 1: «Una realización técnica es un sistema de acciones humanas intencionalmente orientado a la transformación de objetos concretos para conseguir de forma eficiente un resultado valioso»[59].
Se trata de una definición muy elaborada, que, en el caso de la tecnología, puede ser parafraseada de la manera siguiente:
Definición 2: «Una realización (o aplicación) tecnológica es un sistema de acciones humanas, industriales y vinculadas a la ciencia, intencionalmente orientadas a la transformación de objetos concretos para conseguir eficientemente resultados valiosos».
Distingamos cada una de las notas que se incluyen en esta definición asignándoles letras, con el fin de podernos referir ulteriormente a ellas:
- 2a: sistema
- 2b: de acciones
- 2c: humanas,
- 2d: industriales
- 2e: vinculadas a la ciencia,
- 2f: intencionalmente orientadas
- 2g: a la transformación
- 2h: de objetos
- 2i: concretos
- 2j: para conseguir
- 2k: eficientemente
- 2l: resultados
- 2m: valiosos.
Comentaremos muy brevemente las notas 2a y 2b, pese a ser las más determinantes de la concepción de Quintanilla. En virtud de 2a, su teoría de la tecnología se inserta dentro de la teoría de sistemas, como el propio autor lo mostró ampliamente en el libro mencionado[60]. Esta decisión tiene múltiples consecuencias, porque implica aceptar que, más que con artefactos aislados, nos las tenemos que ver con sistemas técnicos, a los que denominaremos tecnosistemas. Dichos sistemas tienen una estructura interna, la de sus propios subsistemas, cuya composición o ensamblaje deviene indispensable para la realización ulterior de las acciones técnicas[61]. El adecuado acoplamiento entre los diversos subsistemas es cometido de los técnicos, cuya acción resulta indispensable para el buen funcionamiento de un tecnosistema. Por otra parte, un sistema siempre interactúa con un medio o entorno exterior. Las condiciones iniciales y de contorno influyen en el funcionamiento de los sistemas tecnológicos. Las tecnologías están influidas por las sociedades que las generan y las impulsan, por ejemplo la sociedad industrial. En condiciones determinadas los sistemas pueden tener propiedades emergentes (o sobrevenidas), así como alcanzar (o no) equilibrios homeostáticos. La opción por la teoría de sistemas como marco general para la filosofía de la tecnología tiene muchas consecuencias, algunas de las cuales acabamos de mencionar. En el apartado siguiente veremos que esta concepción sistémica resulta útil a la hora de buscar rasgos distintivos para la tecnociencia.
En virtud de 2b, la filosofía de la tecnología no ha de centrarse en los artefactos o en las máquinas, sino en las acciones que se pueden llevar a cabo gracias a ellas. Esta opción filosófica también tiene consecuencias muy importantes, porque vincula la filosofía de la tecnología con la teoría de la acción: con ello Quintanilla se aleja de toda forma de instrumentalismo y determinismo tecnológico, al subrayar que los agentes de las acciones técnicas son las personas, no las máquinas. A nuestro modo de ver, aquí radica una de las grandes aportaciones de esta definición, aunque no vayamos a profundizar en ese punto. En el caso de la tecnociencia utilizaremos la teoría de la acción que ya hemos expuesto en otro sitio[62]. Como ha señalado Aracil, en toda acción tecnológica se «presupone que el agente dispone de una representación adecuada tanto del objeto sobre el que actúa, como de los objetivos que se pretenden con la acción»[63]. Precisamente por ello el diseño previo de las acciones es habitual en tecnología, a diferencia de las acciones humanas en general. La existencia de esos diseños, prototipos, representaciones o simulaciones tiene una gran importancia filosófica, como muchos autores han subrayado[64], porque las acciones tecnológicas surgen a partir de representaciones más o menos aproximadas de lo que se quiere lograr. Esta fase de pre-acción (y también de pro-acción, puesto que dichos diseños previos son pro-activos) requiere un tipo de instrumentos muy característicos: bosquejos, esquemas, planos, maquetas, modelos a escala, simulaciones, etc. No todos ellos son posibles ni realizables, por lo que en tecnología hay que hablar de espacios de acciones posibles. También hay que ocuparse de la composición de dichos esquemas, que normalmente se hace por subsistemas, para proceder luego a su ensamblaje o integración ulterior. Un ingeniero, un inventor y un diseñador conciben previamente lo que quieren hacer y lo representan (mentalmente, por escrito, materialmente, etc.) antes de llevarlo a cabo. Pues bien, insistiremos en que la emergencia de la tecnociencia ha sido posibilitada por la aparición de un nuevo instrumento de representación, o mejor, por un nuevo formalismo: la informática. Por ello diremos que la tecnociencia está vinculada a la sociedad informacional[65], más que a la sociedad industrial (que también, en tanto es tecnología). En todo caso, la nota 2b tiene numerosas consecuencias filosóficas, como brevemente acabamos de indicar.
La nota 2c «excluye del ámbito de las técnicas las acciones llevadas a cabo, de forma sistemática, pero instintiva, por algunas especies animales, como es el caso de la construcción de nidos, madrigueras o colmenas»[66]. Esta afirmación puede ser discutible en el caso de las técnicas, pero no así en el de las tecnologías: al ser estas industriales y al estar basadas en conocimiento científico, es claro que solo los seres humanos pueden llevar a cabo acciones tecnológicas, o a lo sumo algunas máquinas construidas por los propios seres humanos. Sin embargo, la utilización por parte de Quintanilla del término «humano» tiene una consecuencia no deseada, como señaló López Cerezo[67]: se oculta qué grupos o qué personas son los agentes de dichas acciones tecnológicas, al atribuirlas en general a los seres humanos. Asimismo se prescinde de las acciones tecnológicas realizadas por autómatas, aunque dichos autómatas hayan sido diseñados por seres humanos para llevarlas a cabo. Esta es una de las razones por las que en nuestra caracterización de las acciones tecnológicas siempre incluimos a los agentes (actores, hacedores, etc.) como la primera componente de dichas acciones. Siendo cierto que las acciones tecnológicas son acciones humanas, es preciso concretar más los agentes que las promueven o las llevan a cabo. En particular, los objetivos de una misma acción pueden ser distintos según los agentes, al igual que las valoraciones de dicha acción. En axiología de la tecnociencia nos encontraremos continuamente con conflictos de valores, y también con objetivos contrapuestos. Por ello es preciso matizar la nota 2c de la definición de Quintanilla.
Por lo que se refiere a las notas 2d y 2e, las aceptaremos inicialmente, aunque en el apartado siguiente introduciremos una importante matización en relación a 2e. Tampoco analizaremos la nota 2f, porque ello implicaría abordar el complejo tema de la intencionalidad, lo cual cae fuera del marco de este trabajo. La nota 2g tiene gran importancia filosófica: las tecnologías no tratan de describir, explicar o predecir el mundo, a diferencia de las ciencias, sino que tienden a transformarlo, trátese de los microcosmos, mesocosmos o macrocosmos. Esta es una de las razones por las que la filosofía de la tecnología difiere de la epistemología y de la filosofía de la ciencia, y por ello aceptamos plenamente la nota 2g. En cambio, con respecto a la nota 2h cabe hacer matizaciones, como ya hemos expuesto en otro lugar[68], al igual que a la nota 2i: las técnicas no solo transforman objetos concretos (materiales), sino también objetos abstractos, por ejemplo objetos matemáticos. Los algoritmos, los métodos de resolución de ecuaciones y las técnicas de visualización científica son buenos ejemplos de acciones técnicas que transforman objetos no materiales, o si se prefiere intangibles. También hay técnicas que modifican los hábitos de acción y la conducta. Sáez Vacas ha denominado nootecnologías[69] a las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), porque transforman la información y el conocimiento, no únicamente objetos materiales. Resulta preciso ampliar la nota 2h si queremos aplicar esa definición a las TIC, que son uno de los ejemplos canónicos de tecnociencia contemporánea. Por otra parte, estos ejemplos sirven para mostrar que las tecnologías no solo transforman objetos, sino también relaciones, acciones, hábitos, etc. Por tanto, diremos que las acciones técnicas y tecnológicas, siendo sistémicas, transforman a su vez sistemas, sean estos naturales, sociales, económicos o conceptuales, o sean a su vez pequeños o grandes. En particular, un sistema tecnológico puede transformar profundamente a otro, cosa que ocurrirá por doquier en el caso de la tecnociencia.
La nota 2j alude a los objetivos de las acciones tecnológicas, que deben ser distinguidos de las intenciones de sus agentes. Los artefactos suelen ser diseñados para cumplir tales o cuales objetivos o funciones, aunque luego quienes los usan pueden hacerlo con intenciones muy distintas. Esta es una de las razones por las que conviene distinguir entre las intenciones de los agentes y los objetivos de las acciones tecnológicas. En cuanto a la nota 2k, puede ser eliminada, porque no todas las acciones tecnológicas tratan de maximizar la eficiencia, contrariamente a lo que piensa Quintanilla, para quien el papel de dicho valor en tecnología es comparable al del valor «verdad» en el caso de la ciencia. Como se verá en el capítulo 4, la eficiencia es un valor tecnológico importante, pero no el único, y en ocasiones ni siquiera el principal. Por ello preferimos eliminar la nota 2k de la definición de tecnología, por ser redundante con la nota 2m. Si las acciones tecnológicas son eficientes serán altamente valoradas en relación a dicho valor. Mas también hay acciones tecnológicas altamente ineficientes, que no por ello dejan de ser tecnológicas: por ejemplo los errores. En cambio, aceptamos plenamente la importancia de la noción de «resultados», puesto que si por algo es apreciada la tecnología es por sus resultados. Sin embargo, no hay que limitarse a considerar los resultados inmediatos de las acciones tecnológicas, sino también sus consecuencias y riesgos derivados. Por ello, desglosaremos el concepto «resultados», incluyendo las consecuencias y los riesgos que resultan de dichas acciones.
Pese a todo lo anterior, nuestro principal objetivo consiste en analizar la última nota de la definición, 2m (valiosos), por ser central para la axiología de la tecnociencia, sin perjuicio del interés de los restantes puntos para nuestra indagación. Desde nuestra perspectiva, no solo importa que los resultados sean valiosos. También se evalúan los agentes, las acciones, los objetos sobre los que se realizan y, aunque no solo ellas, también las intenciones. Sobre todo, hay que evaluar las consecuencias y riesgos que podrían derivarse del logro de resultados tecnocientíficos. El dilema moral que la bomba atómica supuso para muchos físicos nucleares ilustra perfectamente ese requisito de no limitarse a valorar los resultados previstos, sino también las consecuencias imprevistas. Parafraseando a Popper, hay que ser falsacionista en filosofía de la tecnología. Una vez que hayamos valorado los resultados favorables, hay que pasar a considerar las posibles consecuencias desfavorables, incluyendo los riesgos que se derivan de los posibles errores en las acciones tecnológicas. La axiología no solo incluye valores, también disvalores o contravalores. En resumen, la nota 2m adquirirá mayor extensión y relevancia que en la propuesta de Quintanilla.
Llevado por su interés en oponer su propuesta a la concepción artefactual de la tecnología, Quintanilla no incluyó en su definición los instrumentos que permiten llevar a cabo las acciones técnicas y tecnológicas. Coincidimos plenamente en su crítica a la identificación de la tecnología con las máquinas, pero ello no obsta para reconocer que también estas tienen un papel en las acciones tecnológicas. Por tanto, añadiremos una nueva nota que refleje esa componente instrumental que siempre tienen las acciones, tanto técnicas como tecnológicas. Como veremos más adelante, ello implicará ampliar la noción de instrumento. Una notación matemática y un programa informático también pueden ser instrumentos técnicos, de modo que nuestra noción de instrumento será más amplia que la de máquina. Por ejemplo, incluimos las tecnologías de transformación social (por ejemplo la publicidad) en nuestra noción de tecnología. Las encuestas, los análisis estadísticos, etc., son también técnicas, y en muchos casos tecnologías. En el caso de la informática, que tendrá un papel importante a la hora de caracterizar la noción de tecnociencia, es preciso tener en cuenta que las info-acciones se llevan a cabo mediante instrumentos específicos, por ejemplo a la hora de hacer simulaciones del comportamiento de los sistemas. Otro tanto cabe decir de las acciones de experimentación, tan relevantes en la macrociencia. Olvidar la importancia de los instrumentos de observación, medición, experimentación y simulación en la práctica científica actual sería una clara insuficiencia conceptual. Para la axiología de la tecnociencia ello es imprescindible, porque en muchas ocasiones las decisiones se toman en función de los instrumentos necesarios para llevar a cabo las acciones tecnocientíficas, por ejemplo la valoración de su costo económico.
Por otra parte, las acciones tecnológicas suelen estar reguladas, en particular el uso de los instrumentos. Pensamos en las instrucciones de uso de cualquier aparato[70], pero también en las normas legales que con frecuencia se promulgan al respecto, por ejemplo el código de circulación a la hora de conducir un automóvil. Como consecuencia de ello añadiremos una nota más, que se refiere a las reglas que rigen las acciones tecnológicas, algunas de las cuales son normas o leyes, pero no todas. Algunas de esas reglas son interiorizadas por los usuarios tras el proceso de aprendizaje, por lo que pasan a formar parte de su conocimiento tácito. Sin embargo, ello no implica que dejen de existir como regulaciones del hacer técnico. El dominio de las reglas de uso es una componente importante en teoría de la acción técnica. Como ya hemos señalado, las acciones tecnológicas pueden ser ineficientes, por ejemplo cuando se comete un error por no haber seguido las reglas de uso de un aparato o los protocolos de actuación. Cuando los sistemas son complejos, como ocurre en el caso de la tecnociencia, es preciso explicitar previamente las reglas de acción, por ejemplo para prevenir riesgos. Por ello nos parece necesario añadir este rasgo distintivo a la hora de caracterizar la noción de tecnología, y mucho más la de tecnociencia.
Tras este comentario a la definición propuesta por Quintanilla, podemos aceptar provisionalmente la:
Definición 3: «Una realización (o aplicación) tecnológica es un sistema de acciones regladas, industriales y vinculadas a la ciencia, llevadas a cabo por agentes, con ayuda de instrumentos, e intencionalmente orientadas a la transformación de otros sistemas con el fin de conseguir resultados valiosos evitando consecuencias y riesgos desfavorables»[71].
Una vez formulada esta definición, es preciso hacer algunas matizaciones. En primer lugar, la diferencia entre técnica y tecnología será frecuentemente una distinción de grados. Las dos notas distintivas que hemos aceptado (conocimiento científico e industria) no funcionan como criterios de demarcación o separación. En el fondo, las fronteras entre la técnica, la tecnología y la tecnología no son rígidas ni infranqueables, sino graduales y permeables. Ello no obsta, sin embargo, para que podamos discernir las tres. Otro tanto cabe decir de la distinción entre la ciencia y la tecnociencia, como veremos en el siguiente apartado.
Por lo mismo, no estamos ante una auténtica definición, y mucho menos ante una definición por género y diferencia específica, sino ante una caracterización de la técnica y de la tecnología. Tampoco descartamos que puedan añadirse más rasgos distintivos de la tecnología. Broncano, por ejemplo, ha insistido en la importancia del diseño tecnológico: «los diseños son el lenguaje que permite crear y producir los objetos técnicos […] son la forma misma en la que se producen los objetos técnicos»[72]. Nosotros mismos hemos sugerido anteriormente algunos rasgos adicionales, derivados de las pre-acciones tecnológicas y de las representaciones que permiten imaginarlas, proyectarlas y diseñarlas, antes de llevarlas a cabo. Desde una perspectiva axiológica, importa subrayar que esos diseños previos siempre son valorados, en primer lugar por el propio diseñador, a continuación por los artesanos o técnicos que han de convertir el diseño en artefacto. Por tanto, los procesos de evaluación son anteriores a las acciones técnicas, o si se quiere, concomitantes a ellas. También es preciso señalar que los diseños técnicos suelen adoptar la forma de diagramas, esquemas, etc. A diferencia del conocimiento científico, que normalmente se expresa mediante enunciados, leyes o fórmulas matemáticas, el diseño de los artefactos técnicos se hace por medio de imágenes y símbolos específicos. Las representaciones tecnológicas no son lingüísticas, sino ideográficas. De ahí la importancia de la informática para la emergencia de la tecnociencia: los ordenadores no solo representan los enunciados, las leyes y las fórmulas, sino también las imágenes, esquemas y diagramas. La síntesis del conocimiento científico y tecnológico se produce ante todo mediante los lenguajes informáticos, que no solo usan bits, sino también pixels. Por ello afirmamos que la informática es el formalismo de la tecnociencia.
La caracterización de las acciones tecnológicas que acabamos de hacer es abierta: cabe añadir nuevos rasgos distintivos a los considerados en la definición 3. En cualquier caso, para nuestra indagación es importante disponer de ella. Veremos que la tecnociencia se caracteriza porque las acciones científicas devienen acciones tecnológicas, al quedar englobadas en un sistema de ciencia y tecnología que constituye una de las principales tecnologías sociales de nuestro tiempo.