I H S

S. C. C. M.

Santificada, Cesárea, Católica Majestad,

el Emperador Don Carlos, nuestro Señor Rey:

Estimada Majestad, nuestro Patrón Real, desde esta ciudad de México capital de la Mueva España, en la vigilia de la Fiesta de la Transfiguración, en el año de Nuestro Señor Jesucristo de mil quinientos treinta y uno, os saludo.

Aunque nunca recibimos de Vuestra Trascendental Majestad la orden de desistir en la compilación de esta crónica, ahora, nos, hemos completado ésta, pues el mismo narrador, el azteca, declara que ya no tiene más que contar, así es que vos encontraréis aquí anexado, el segmento final.

Mucho de la narración del indio, acerca de la Conquista y sus consecuencias, ya es conocido por Vuestra Eminente Majestad, por los informes enviados durante todos estos años por el Capitán General Cortés y otros oficiales que hicieron la crónica de esos sucesos en los que tomaron parte. Sin embargo, la narración de nuestro azteca más bien repudia la ostentación de la que hace gala el Capitán General, que tediosamente repite que «sólo él y un puñado de intrépidos soldados castellanos» conquistaron todo este continente sin ayuda.

Está más allá de toda duda que ahora que nos y vos, Señor, podemos contemplar toda esta historia completa, ésta no se ha de parecer en nada a lo que Vuestra Majestad debió de haber imaginado, cuando con vuestra real cédula nos habéis ordenado principiarla. Y nos, difícilmente podremos reiteraros nuestra insatisfacción por lo que probó ser. No obstante, si ha servido por lo menos de alguna información a nuestro Soberano o le ha esclarecido algunos puntos diminutos y extraños, nos, trataremos entonces de persuadirnos que nuestra paciencia e indulgencia, así como el trabajo desagradable y sin descanso de nuestros escribanos, no se ha perdido por completo. Nos, oramos para que Vuestra Majestad, imitando al benigno Rey del Cielo, no tomará en cuenta estos volúmenes acumulados de valor trivial, sino que considerará la sinceridad con que nos, emprendimos este trabajo y el espíritu con que nosotros nos esforzamos por cumplirlo, y esperamos que Vos lo veáis y a nosotros también, desde ese aspecto indulgente.

También, deseamos preguntaros, Señor, antes de terminar aquí con el trabajo del azteca, ¿desea Vuestra Majestad que nos, demandemos a él alguna información más o que añada algo más a su ya de por sí voluminosa narración? Si es así, nos, veremos de que continúe a nuestra disposición, pero si Vos ya no tenéis ningún uso que darle al indio, Señor, ¿podríais ser tan amable de dictarnos vuestra disposición acerca de él o preferiría. Vuestra Majestad que nos, simplemente lo pusiéramos en las manos de Dios al terminar su trabajo?

Mientras tanto y por siempre, que la gracia santa de Nuestro Señor Dios, continúe en el alma de nuestra Loable Majestad, es la constante oración de Vuestro S. C. C. M. devoto siervo,

(ecce signum) ZUMÁRRAGA