CAPÍTULO 64
 

Tragué y traté de aguantar la presión de mi garganta. Era un dolor intenso. Sin embargo, una lágrima empezó a resbalar por mi mejilla y no pude evitarlo, aunque lo intenté con todas mis fuerzas. Volví a mirar a la joven de la foto, que no tendría más que la edad que yo tenía ahora. Pasé un dedo sobre ella como si aquello la hiciera más real y a continuación, se la devolví de nuevo a mi vecina.

―Lo siento mucho, Josefina.

―Gracias, cielo. Hace ya muchos años de eso ―hizo una leve pausa y entonces, con una sonrisa que solo una abuela podía mostrar, volvió a mirarme y continuó―. ¿Sabes? Me recuerdas muchísimo a ella. Tienes algo único. La primera vez que me crucé contigo lo noté, aquella desfachatez, tu sonrisa y la forma que tuviste de salir airosa del paso me hicieron revivir a Isabel durante unos segundos. Supongo que por eso mismo has actuado de imán para Érica. Nunca la he visto tan animada y divertida como estas últimas semanas. La conexión que habéis establecido entre vosotras es muy curiosa y fuerte, algo que no suele suceder de forma habitual. La he criado durante toda mi vida y puedo asegurarte que fue una chiquilla muy complicada.

»Cuando alquiló el piso de arriba, pensé que volvería a recaer de nuevo como lo hizo por la pérdida de su madre, sin embargo, llegaste a los pocos días de que ella se instalara y la energía entre vosotras simplemente fluyó. Qué curiosa puede ser la vida a veces, ¿verdad?

Aquello terminó de descolocarme del todo. ¿Cómo me había podido esconder la muy bruja que Josefina era su abuela? ¿Cómo disimularon las dos cuando la señora vino a entregarme aquellas bragas? Sin darme cuenta empecé a reír por el recuerdo, ¡menuda caradura! ¡Así que lo único que quería era que maquillara a su abuela para carcajearse a mi costa!

―Ahora que sabes su secreto, solo te pido que esperes a que sea ella la que el paso. No se lo recuerdes si ella no está preparada. Asumir la realidad puede llegar a ser un proceso muy largo en algunas ocasiones.

―Descuide, Josefina. Le doy mi palabra de que no le diré nada.

Una vez más, nos sonreímos y firmamos aquella especie de pacto secreto con unos segundos de silencio.

―Gracias por todo. Ha sido un verdadero placer compartir con usted este rato.

―Gracias a ti, hija. Puedes venir cuando quieras. Serás siempre bienvenida.

Me puse en pie y la abracé con cariño, aquella señora era una persona entrañable. Abrí la puerta y salí de nuevo al rellano con una sensación extraña en el cuerpo. Me despedí por última vez y me dirigí hacia los escalones justo cuando escuché de nuevo su voz.

―Por cierto, si quieres puedes hacer ese vídeo mañana por la mañana. Tengo invitados para comer y no sería mala idea recibirles con mejor cara. Que sea mi nieta no significa que no sepa lo bruja que puede llegar ser. Te has ganado a pulso esa tarde de Spa. Te espero a las diez y media.

Me guiñó un ojo y cerró la puerta dejándome ahí plantada con cara de póker y con una sonrisa tan dulce que no logré hacerla desaparecer durante el resto de día.

El espejo de #cookiecruz
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