CAPÍTULO 15
 

Pasé todo el lunes en la oficina con unos nervios impropios de mí. Solía ser una persona centrada y en muy pocas ocasiones dejaba que cualquier emoción externa pudiera afectar de algún modo a mi ámbito laboral. Supongo que era ese mismo carácter el que me había llevado a ocupar mi actual cargo.

Era un día de cambios, pero ninguno de ellos me afectaba ni una mínima parte de lo que me estaba afectando pensar en lo que me esperaba aquella tarde. Por fin me habían concedido el ascenso, aunque me habían dejado muy claro que estaría en periodo de prueba durante algún tiempo antes de consolidar el puesto. En caso de no dar la talla, mantendría mi anterior cargo como responsable de eventos ―y no el de directora, que era al que ahora aspiraba―, aunque lo haría con un pequeño incremento en mi sueldo. Al fin y al cabo, tampoco estaba mal la propuesta, y menos aún teniendo en cuenta cómo se encontraba el panorama laboral actual para los jóvenes.

A media mañana, el jefe de zona se acercó a mi despacho junto con un imponente hombre del que no había oído hablar jamás. ¿Qué estaba pasando? De pronto, parecía que todos los hombres de mi alrededor salieran de una película de Hollywood al más puro estilo: voy a hacer que babees durante toda la película, y lo sabes. Bueno, este en concreto era la viva imagen de Jason Statham, lo juro. Aquello no era ni medio normal. Así no se podía trabajar, de corazón lo digo. Hombres normales y corrientes del mundo, ¿dónde os habíais metido?

―Valentina… ¿me estás escuchando? ―repitió Jorge sacándome por completo de mi ensimismamiento.

―Sí, perdona. Tenía la cabeza en unas cuentas en las que estoy trabajando. Dime, Jorge me apresuré a añadir con toda mi profesionalidad.

Te decía que este es Aritz, tu nuevo supervisor. ―Y así era como una persona recibía un mazazo laboral en forma de semidiós griego. Gracias Karma, había debido de portarme muy bien. O tal vez muy mal, porque aquello parecía más bien un castigo. ¡Así iba a resultarme imposible trabajar!―. Él estará al mando de todos los eventos que, a partir de ahora, lleguen a tus manos, pero se mantendrá en un segundo plano. llevarás toda la negociación hasta el final y él, en última instancia, será el que el visto bueno a la operación antes de firmar el presupuesto. ¿Te parece bien?

―Sí, claro ―añadí sonriendo a ambos.

―Pues bien, a partir de ahora, cualquier duda puedes dirigirte a él. Bienvenida al departamento de dirección.

Jorge me estrechó la mano y me sentí orgullosa de misma por haber alcanzado parte de mi sueño. Llevaba seis años en aquella empresa, trabajando duro día tras día y por fin, todo había dado su resultado. A continuación, Jorge se marchó y Aritz me tend la mano también con amabilidad.

―Un placer, Valentina. Estaré encantado de resolver cualquier duda que tengas y de echarte una mano con aquello que necesites resolver. He seguido tu trabajo de cerca durante los últimos meses y estoy muy orgulloso de que ahora formes parte de mi equipo. Mi despacho es el del fondo, mi puerta siempre está abierta ―añadió, aunque no me atrevería a decir si aquella última afirmación era sincera o escondía alguna intención detrás.

Sentí que algo se apoderaba de por completo, separaba mi alma de mi cuerpo y se la llevaba al infierno de la lujuria y la diversión. ¡Qué hombre! ¡Qué voz! ¡Qué todo! Era un combo perfecto de sensualidad y masculinidad, con una voz grave y profunda que se clavaba dentro de ti y se aferraba con fuerza a las profundidades de tu memoria. Menuda suerte la mía. Una no podía plantearse trabajar con seriedad si la sola presencia de aquel hombre conseguía un efecto turbador tan intenso.

Le sonreí con la mirada mientras le estrechaba la mano del mismo modo que había hecho con mi jefe mi otro jefe, digo― y

acuerdo. No quería entrar en conversaciones banales, necesitaba centrarme por completo en mi trabajo y acabar cuanto antes lo que todavía me faltaba si quería llegar a tiempo a casa.

Cuando el reloj marcó las cuatro menos cuarto, di un último vistazo a la bandeja de entrada de mi correo electrónico y repasé que no me hubiera dejado ningún mensaje por responder. Cogí las dos carpetas que había creado durante el día y tras apagar el ordenador, las llevé al despacho de Aritz.

Te traigo los dosieres del evento que MAC quiere contratar con nosotros. ―Sí, MAC, una de mis marcas predilectas de cosméticos quería contratarnos y yo estaba que no salía de mi asombro y felicidad. ¿Qué le sucedía al Karma conmigo esos días?

―Esos son los de los cosméticos, ¿verdad? ―añadió indicándome que entrara con la mano.

―Sí. Quieren hacer una campaña de promoción de su nueva gama de labiales y quieren a nuestro catering para llevar el evento en la masía que han contratado.

―¿Los de la masía tienen canon? ―añadió mientras le echaba un vistazo rápido a los papeles.

―Sí, doce mil euros por ser nosotros quienes llevemos el evento.

―¿Cuál es el beneficio final descontando gastos?

―Cincuenta mil euros ―añadí sin ningún titubeo en la voz.

―De acuerdo. Me quedo con los documentos. Excelente trabajo. ¿Tenemos plantilla suficiente para cubrir el número de asistentes?

―Habrá tres responsables de sala y veinticinco camareros. Todos ellos disponibles y plenamente formados para este tipo de cócteles.

―Perfecto. Nos vemos mañana entonces.

―Hasta mañana ―dije justo antes de salir de aquel despacho que olía a testosterona pura.

Recogí todas las pertenencias de mi cubículo y tras colgarme en el hombro el bolso de color beige del que llevaba un par de meses enamorada, salí por la puerta de la oficina con una gran sonrisa en el rostro y un tembleque permanente en todos los puntos de mi cuerpo.

El espejo de #cookiecruz
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