DON RODRIGO Y FLORINDA LA CAVA
Lo que sigue es tradición que va pareja con la anterior. Según ella, el conde don Julián, gobernador de Ceuta, había enviado a su hija a la corte de Toledo y de ella se enamoró el rey don Rodrigo. ¿Cómo se produjo el enamoramiento? Según unos romances, Florinda, que así la llaman los escritores del Siglo de Oro, pero que es nombre inventado, estaba «sacándole aradores con un alfiler de oro». Sabido es que el arador no es más que el sarcoptes seabiei; es decir, el ácaro productor de la sarna, lo cual nos da una idea muy clara de la higiene de la época, cuando incluso los reyes estaban sujetos a tal enfermedad. Otra versión dice que don Rodrigo vio a Florinda bañándose desnuda, según unos en el río Tajo y según otros en una alberca de palacio. El caso es que se enamoró de ella y la violó. Florinda escribió a su padre el relato de su desgracia y el conde don Julián juró venganza. Para ello se presentó en Toledo como si nada supiese y se puso en contacto con los sobrinos de Witiza, el rey que había sido depuesto por don Rodrigo, y concertaron una acción de guerra para destronar al rey. Don Julián volvió a Ceuta y se puso en contacto con árabes que habían invadido el norte de África y les propuso una acción guerrera en España contra Rodrigo. No pensaba que su venganza ocasionara la invasión musulmana que duró ocho siglos; creía solamente en una expedición de castigo en la que derrotaría al rey. Durante varios meses don Julián estuvo preparando su venganza. Una primera expedición exploratoria tuvo lugar con buen resultado, por lo que se decidió a dar el paso definitivo y las tropas musulmanas atravesaron el estrecho y se presentaron en Andalucía. Don Rodrigo acudió al lugar del combate con todo su ejército, cuyas alas estaban mandadas por los hijos de Witiza; en el centro con el rey estaba el obispo don Opas, que también se había unido a los conjurados. La batalla tuvo lugar según unos autores a orillas del río Guadalete, según otros junto a la laguna de la Janda y otros, en fin, han indicado otros lugares, como Barbate, probables para el desarrollo de la contienda. Según la tradición, el ejército de los invasores no pasaba de once mil hombres, mientras que el ejército visigodo era varias veces superior. Se trabó la batalla un 2 de septiembre, que, según parece, era domingo y duró la pelea no sólo todo el día, sino toda la semana siguiente, y el último día, domingo también, los hijos de Witiza se pasaron con sus tropas a los invasores, y lo mismo hizo el obispo don Opas, que mandaba una parte del ejército de don Rodrigo. Ello significó el fin de la batalla porque, descorazonados los visigodos, huyeron abandonando a su rey.
No se sabe qué sucedió con él; desapareció por completo, pues no se halló más que su caballo a orillas del río y las insignias reales, la púrpura y la corona en la arena del río. Cuenta la tradición que el rey huyó refugiándose en un monasterio o una ermita de Portugal, confesando sus culpas a un ermitaño a la que la tradición da el nombre de Romano. Éste condenó a don Rodrigo a vivir en un pozo lleno de alimañas que le mordían, haciéndole exclamar unas palabras que han pasado al acervo popular: «Ya me comen, ya me comen por do más pecado había». No se dice cuándo murió.
Un día el poeta José Zorrilla apostó con unos amigos a que en el plazo de veinticuatro horas escribiría una pieza en un acto basada en un hecho de la historia de España. Introdujo una tarjeta en un tomo de la Historia de España del padre Mariana precisamente en la página que narra el episodio de la penitencia de don Rodrigo. Basándose en él escribió en una noche su famosa obra El puñal del Godo.
Añadamos que si a la hija del conde don Julián los autores del Siglo de Oro le adjudicaron el nombre de Florinda, los historiadores musulmanes la llamaron La Cava, con el cual ha pasado también a la historia y a la literatura. Cava es la deformación del vocablo árabe kahba —con h aspirada—, que significa mujer prostituta de alta clase o que se entrega a un hombre pero no por dinero.
Modernos autores, como Claudio Sánchez-Albornoz, afirman que según las crónicas árabes la batalla se dio a orillas del río Wadalakka, que identifican con el Guadalete de la tradición más corriente y no se libró en septiembre, sino el 19 de julio del 711. Por otra parte, la desaparición de don Rodrigo dio lugar a múltiples opiniones: «pereció en la batalla de Guadalete», «murió ahogado en el río, del que no pudo salir por el peso de su armadura», «los hijos de Witiza le dieron muerte y presentaron su cabeza a Tarik», «fue muerto por el conde don Julián, que vengó la violación de su hija», etc. Dos siglos más tarde, en un convento de Viseu, en Portugal, se encontró un sepulcro que llevaba la inscripción Hic requiescit Ruduricus, ultimus rex gothorum (Aquí descansa Rodrigo, último rey de los godos).