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—Parson, ¿cómo está el imbécil?

—Bueno, James, creo que tus golpes fueron más duros que la herida en la cabeza. ¿Qué harás con él? ¿Lo vas a entregar por agresión?

—Me gustaría, pero no. Blue tendría que dar demasiadas explicaciones y eso sería complicado.
—Lo sé.
La condición de esclavo liberado mitad blanco, mitad negro, no era el mejor cartel de credibilidad que pudiera exhibir.

Siguió hasta la sala de máquinas y en el cuarto de depósito Scott estaba sentado en una silla, frente a él, Phil y Dermont lo vigilaban.

—¡Vaya, era hora de que aparecieras! —exclamó Scott.
—Phil, pide a uno de los chicos que guarden todas las cosas de Green, luego lo metes al bote y lo dejas en la orilla.
Scott se puso violentamente de pie.
—¿Cómo que me dejen en la orilla? Bájame en Memphis.
—Sí señor —respondió Phil.
—¡No puedes hacerme esto!
—Ya lo hice.
—¿Sabes qué va a pasarme si me dejas ahí?
Sí, lo sabía. Probablemente le llevaría días llegar a un lugar poblado, o quizás sería asaltado en el camino.
—Te advertí que no te acercaras a Blue. Si vuelvo a verte alguna vez, voy a poner una bala entre tus ojos.

Phil y Dermont miraron a James, jamás lo habían escuchado hablar en ese tono. Un frío recorrió sus espaldas. Si el tipo fuera inteligente entendería el mensaje.

—Apenas esté todo listo, lo sacan de mi barco y si no quiere irse o pone alguna traba, lo tiran por la borda. ¿He sido claro? Los dos hombres afirmaron.

16

Vigila el descarte
Las reglas del juego

Las piernas de Blue rodeaban la cintura de James, sus brazos lo apretaban con fuerza mientras disfrutaba de los profundos embates de su cuerpo. Ambos gemían y jadeaban en el paroxismo de una frenética danza sexual.

El gutural grito de Blue marcó el inicio de su hondo clímax, James se empalaba con fuerza dentro de él, dos, tres, cuatro profundas estacadas más y su semen caliente bañó a Blue.

James aflojó su cuerpo sobre el de Blue, apoyó su cabeza sobre su hombro, justo en el hueco de su cuello y lo besó. Blue rio casi sin fuerzas.

—Mañana todos van a cargarme —le dijo.

—Tendrán que acostumbrarse —respondió mientras intentaba darse vuelta y apoyar la cabeza en la almohada llevando consigo el dócil y flexible cuerpo de Blue.

Blue se acomodó sobre él y se quedó dormido.
James lo sintió respirar suavemente y sonrió besando su frente. En horas de la tarde llegarían a Memphis.
—¿Qué dirás de tu regalo, mi amor? —susurró.
Tomó la mano de Blue y la acomodó entre las suyas. Si todo salía como había planeado muchas cosas cambiarían para ambos.

Le había llevado casi cuatro meses mover sus propiedades de Boston a Nueva Orleans, ahí le sería mucho más fácil vivir a Blue que en el norte. La mezcla de sangres eran moneda corriente, nadie quedaría anonadado por el color de su piel en contraste con sus ojos azules o su cabello rubio. Nueva Orleans se estaba convirtiendo en una sociedad multirracial. Tomó la mano de Blue y la llevó hasta sus labios.

Su padre se llevaría una gran sorpresa en cuanto comprendiera quién se había adueñado de los terrenos que habían pertenecido a la familia de su madre.