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Golpeó el armario en dos suaves toques. La puerta se abrió y fue atraído violentamente hacia adentro.El lugar estaba oscuro pero no fue obstáculo para James, lo atrapó y lo llevó hacia su cuerpo. En la oscuridad buscó su boca hasta encontrarla. Lo besó como si su vida dependiera del intercambio de saliva y luego lo dio vuelta apoyándolo contra los estantes. Blue se movió y colocó sus manos sobre ella. Las manos de James buscaron su entrepierna.
—Vaya, vaya —susurró en su oreja James—, ¿qué tenemos acá?El bulto creció más y James metió las manos por entre sus pantalones y lo tomó con su mano derecha para luego apresarlo con ambas. Pegando su pecho a su espalda James comenzó a masturbarlo. El cambio en la respiración de Blue le indicaba que lo hacía muy bien, atrapó el lóbulo de su oreja y lo chupó con el mismo ritmo que le daba a sus manos hasta que lo sintió correrse entre sus dedos.
—¿Crees que resistirás una cabalgada?Blue intentó responder pero se encontró solo buscando aire.
James sonrió suavemente. Con sus mismos fluidos preparó su camino dentro de Blue, y se deslizó hasta el fondo. Blue debió afirmarse ante su acometida y luego sostenerse con fuerza. James lo penetró con energía, sus brazos rodearon y protegieron a Blue para dar rienda suelta a su apetito. Había deseado su recuperación con verdadero fanatismo.
Blue solo sonreía. James era frío e impersonal frente a todo el mundo, pero con él era fuego incontrolable. Amaba a este James rudo que parecía querer convertirlos a los dos en una sola persona. Y lo estaba logrando. Cuando Jim se corrió él volvió a derramarse.
Los quejidos audibles llamaron la atención de Phil, se acercó lentamente y apoyó la oreja sobre la puerta del armario. Sin entender qué pasaba adentro preguntó:
—¿Pasa algo?Blue ahogó sus gritos, James simplemente gritó:
—¡Lárgate!
Un por demás avergonzado Phil salió corriendo hacia la cocina. Rosie lo vio y preguntó:
—¿Qué pasa?
Phil solo levantó la mano y la movió retiradas veces.
—¡Nada! ¡Nada! —y buscó otro refugio.
Rosie arqueó sus cejas. ¿Qué le pasaría?
Vio avanzar a James arreglando su ropa y le preguntó:
—¿Qué le pasó a Phil?
—¿ Phil? No tengo la menor idea, Rosie.
—¿Sabe dónde está Blue? Necesito algo del depósito.
—Creo que subió a cambiarse.
—¿A cambiarse? ¿Está por salir otra vez? —No tengo la menor idea.
—Va a llover.
—¿Llover? Es un día espléndido —respondió y siguió el viaje hacia su oficina. Levantó una de sus manos y olió la esencia de Blue y sonrió. El día empezaba espléndido en verdad.
Rosie miró el encapotado cielo sobre el río sorprendida y frunció su ceño. La gente andaba rara. De pronto vio a James regresar.
—¿Rosie?—¿Sí señor Colt?
—¿Puedes pedirle a Jonas que suba a mi oficina?
—Por supuesto.
James volvió a desaparecer. Cora miró a Rosie y le dijo:
—Yo le aviso Rosie.
—Gracias Cora.
Cora bajó casi corriendo las escaleras. Jonas estaba pintando un armario que Rosie le había pedido.
—Jonas, el señor James necesita verte.
—¿En su oficina?
—Así es.
Jonas limpió sus manos, guardó el pincel y subió hacia el tercer nivel. Golpeó suavemente y entró.
—Jonas tú viviste en Memphis, ¿verdad?
—Casi toda mi niñez y juventud, señor Colt. —Excelente, necesito que me acompañes.
10
Siempre reparte el de la derechaLas reglas del juego
La estadía en Memphis se había extendido dos días más. El aniversario de bodas del vicepresidente Taylor en El Amo del Mississippi era la noticia que llamaba la atención de todos. Muchas personas se habían apersonado en el puerto tan solo para ver a la crema de la sociedad del país subiendo al lujoso barco casino. Los invitados habían ido llegando y siendo ubicados en sus dormitorios solo faltaban los agasajados. James estaba de pie al lado de la rampa mirando como Amanda Taylor, el doctor Isaías Prudge y el Vicepresidente sonreían y saludaban a la gente que los vitoreaba y aplaudía.
—¿Con ellos el pasaje está completo? —preguntó James a Blue que estaba pegado a su espalda mirando la escena que se desarrollaba abajo.
—Según mi lista, casi estaríamos listos. Apenas el Vicepresidente dé la orden le aviso al Capitán.El grupo que había descendido de un elegante carruaje comenzó su ascenso al barco. James se adelantó y lo saludó
—Señor Vicepresidente, señora Taylor, doctor, sean bienvenidos.
—¡Gracias señor Colt, esto es un sueño cumplido! —le respondió Amanda Taylor extendiendo el brazo para saludarlo. James cumplió el protocolo: se inclinó, besó el dorso de su mano enguantada y se irguió para mirar al Vicepresidente.
—Señor Colt está haciendo realidad un sueño de mi niñez.—Es un placer tenerlos a bordo. Todo está listo, sus invitados ya están ubicados y el Capitán Williams solo espera su orden y zarpamos.
—¡Maravilloso! Señor Colt creo que no conoce a mi hija, Sophie.—No, no tengo ese placer. Señorita Taylor, es un verdadero honor conocerla.
Blue miró a Sophie Taylor. Era en verdad una hermosa joven, de cabellos rojos, impresionantes ojos verdes, una naricita casi perfecta, olía a perfume y vestía a la más estricta última moda. Como siempre, la mujer reaccionó sonriendo al saludo de James. Las mujeres parecían dejar de ser ellas mismas cuando estaban en su presencia.
—Nos han hablado tantas maravillas del Amo, que estamos muy felices de estar aquí —respondió la jovencita— y se ve tan hermoso. ¿Verdad papá?
—Por supuesto dulzura. Ahh señor Colt olvidé algo... tengo un invitado más ¿dispondrá de un lugar para él?James giró y miró a Blue, quién inmediatamente afirmó con su cabeza.
—¡Por supuesto!
—Mi administrador —les presentó James—, Blue Anglat.
—¡Oh! Tenía muchas ganas de conocerlo —afirmó la señora Taylor mirando a Blue— no pensé que sería tan joven. —Mucho gusto, Señora Taylor, señor Vicepresidente, señorita…
—Igualmente señor Anglat. Ah, mi último invitado —Vincent Taylor se movió hacia un lado y dejó ver a un elegante hombre detrás suyo—, el señor Tadeus Colter Brigthon.
El cuerpo de James se tensó imperceptiblemente. Blue notó que James se había quedado mudo mirando al hombre, algo turbado agregó rápidamente:
—Les mostraré sus cuartos, si me siguen.El hombre miró a James y sin decirle una sola palabra se encaminó detrás del grupo. Uno de los guardias de seguridad del Vicepresidente se acercó a James lo saludó con una pequeña venia y le dijo:
—Ya estamos todos, podemos partir.—Bien —dijo un ausente James— le avisaré al Capitán. El guardia de seguridad pasó delante, y detrás de él, dos hombres más, todos vestidos de formal y riguroso negro.