***

—¡Lo encontré! —fue el grito de Phil mientras corría hacia James.

James había despertado esa mañana, como lo hacía siempre, sonriendo. El Amo se movía vigorosamente, la remodelación había sido un éxito, y había hasta lista de espera en cada puerto para subir a él. Ya había dado un vistazo a dos haciendas, solo quería cerciorarse que los títulos de propiedad eran legítimos. Jamás hubiera pensado que tan solo tres meses después de ganar el Amo ya pudiera pensar en comprar la tierra que quería.

La nota agrandó su sonrisa. Blue lo llenaba de maneras que no comprendía ni intentaba entender. Lo amaba. Le gustaba verlo ruborizarse, su risa, la inocencia con que descubría todo, le gustaba verlo comer, enseñarle defensa personal, dormir con él… hacerle el amor… comprarle ropa… no había nada que lo excitara más que esa mirada azul intensa y avergonzada cuando lo miraba delante de todos los clientes del casino. Blue se ponía colorado y desaparecía. Había aprendido a encontrarlo, así como Blue había aprendido a esconderse para ser encontrado. Sus encuentros eran volcánicos y salvajes, parecía que nunca estaba satisfecho y siempre quería más.

La nota era breve, concisa, como todo lo que escribía: “Tengo cosas que comprar. Ya regreso”. Blue jamás se perdería el almuerzo. Todos se habían reunido y él no había llegado.

—¿No le habrá pasado algo? —expresó en voz alta Rosie, poniendo en palabras su propio pensamiento.
—Vamos, Rosie, el muchacho se ha demorado nada más.
—Blue jamás se demora, y mucho menos perderse el almuerzo.
Comieron en silencio. Cada uno sumido en sus pensamientos. James saltó de su asiento y dijo:
—Voy a buscarlo.
—Lo acompaño —Jonas se puso de pie al mismo momento que Phil y Dermont decían juntos:
—Yo también.
—Bien, ¿Rosie recuerdas la lista que llevó?
—Sí.
—¿Qué tenía que comprar? —Azúcar, harina, aceite…
—Almacén de ramos generales —James asintió.
—Le pedí nuevos manteles —agregó Marcel.
—Tienda —agregó.
—Especies, nuez moscada, comino...
—La casa de las especies —aportó Cora.
—Bien. ¿Algo más?
—Huevos frescos. Y tocino.

—Nos vamos a dividir: yo iré al almacén —indicó James—, Jonas ve a la tienda, Phil tú, la casa de las especies; Dermont, los huevos. Byron, acompaña a Dermont. Hay muchos lugares donde se venden huevos en Baton.

—¿Y nosotras?
—Adalis quédense aquí, si llega Blue nos avisan.

Las tres mujeres afirmaron y los vieron partir. James estaba seguro que algo había pasado. No podía quitarse de la cabeza la idea. Blue jamás se alejaría del Amo, ni de él. Nunca.

Habían recorrido la ciudad de arriba abajo, la noche estaba cayendo y aún seguían sin noticias, hasta el momento en que Phil apareció.

James lo sostuvo por los hombros y preguntó:
—¿Dónde está?
—En el Val da Grace.
La sola mención del hospital dejó pálido a James. Necesitó de toda su sangre fría para no ponerse a gritar.
—¿Qué le pasó? —preguntó serio.
—Dicen que fue atacado por unos tipos.
—¿Está… bien?
—Sí.
James volvió a respirar.
—Muy golpeado, pero bien.
—¡Vamos!

El hospital Val da Grace estaba abarrotado de pacientes. Phil tenía la cabecera de la marcha. Todos se dirigieron a la sala 1, una larga habitación con casi diez camas de cada lado a punto de ingresar una enfermera les cortó el paso.

—¿A quién buscan?
—Al joven que está en la cama 14 —respondió Phil.
—No pueden entrar todos —dijo la mujer.

James no le respondió simplemente avanzó directo hacia la cama. Reclinado sobre las almohadas Blue había escuchado el intercambio de palabras y ya miraba hacia el grupo. Cuando vio a James sonrió a pesar de que su cara era una masa informe de moretones e hinchazón.

—¡Jim!

James tomó su mano entre las suyas e intentó besarlo. Blue se hizo hacia atrás. James siguió su mirada y pudo ver a un doctor acercarse. No cedió a su intento de soltar su mano.

—Buenas tardes —saludó el doctor.

—¿Cómo está Blue? —Bien. Me temo que su joven amigo tiene una costilla rota, y un dedo —Blue levantó su mano izquierda con el dedo envuelto— y un dedo dislocado, pero fuera de eso, se ve peor de lo que parece.

—¿Está seguro? —preguntó James.
—Completamente.
James lanzó el aire audiblemente. Soltó la mano de Blue y alargó el brazo para presentarse.
—James Colt.

—Doctor Isaías Prudge, señor Colt, mucho gusto. El joven es mi paciente, y he oído hablar de usted, de El Amo del Mississippi y… —miró sonriendo y afectuosamente a Blue— de sus clases de lucha.

El ramalazo de celos lo golpeó fuerte. Miró de uno a otro y le sorprendió la visible sonrisa de Blue pese a sus labios lastimados.
—Si me disculpa tengo que…
—¿Puedo llevármelo a casa?
—¡Claro que sí! Evite el trabajo físico por algunos días.
—Bien —James giró hacia Blue—. Nos vamos —de pronto volvió hacia el doctor y agregó—: ¡Gracias!
James ni siquiera preguntó, tomó a Blue y lo alzó como un niño y con él cargado salió de la sala.
El doctor lo miró desde el fondo de la sala. De pronto sintió con fuerza su soledad.

Blue escondió la cara en su cuello. Afuera. Un carruaje de alquiler esperaba. James sentó a Blue y subió a su lado. A su derecha lo hizo Phil y enfrente Dermont y Jonas.

—¿Qué pasó? —preguntó James. —Unos tipos quisieron golpearme.
—¿Quisieron, chico? Yo diría que lo lograron —Jonas se veía muy serio.
—Lo hice Jim.
—¿Lo hiciste? ¿Qué cosa hiciste?
—Defenderme.
—¿Defenderte? ¿Y terminaste en el hospital?

—Capitán, usted no entiende. Los tipos eran cuatro. Y no pudieron conmigo —miró triunfante a James—. Jim, ellos no pudieron.

James lo atrajo hacia su cuerpo delante de todos y lo abrazó. Jonas carraspeó nervioso. Y James lo soltó.
—Si vuelves a saltarte otra comida de Rosie, muchacho, no creo que con ella puedas —informó Phil también muy serio.
Todos rieron.

Blue apoyó la cabeza sobre el hombro de James. Y cerró sus ojos. Sí, lo habían golpeado, pero se había defendido. Por primera vez en su vida, él había golpeado a otro, había podido devolver los golpes uno por uno. Otra primera vez que tendría que agradecerle a James.

—Gracias —dijo.
—¿Por qué? —le preguntó James.
—Por enseñarme a defenderme.
Todos los presentes miraron hacia afuera del carruaje. Phil se quitó una molesta lágrima.
Cuando el carruaje se detuvo en frente de la empinada pasarela en el puerto James saltó antes que nadie.
—Yo puedo… —Blue intentó detenerlo pero James ni siquiera pareció darse por enterado.
—Vamos —le dijo y lo alzó en sus brazos y con él subió hacia el barco.
Las tres mujeres estaban paradas arriba esperándolos.
—Está bien —dijo James antes de que ellas preguntaran—, el doctor ordenó reposo.
—¡Alabado sea el señor! —Blue escuchó decir a Rosie.
James lo llevó hasta su cuarto y lo sentó sobre su propia cama.
—Jim…
—¿Estás bien?
—Lo estoy, en serio. Parece malo pero estoy bien.

—Vamos a poner las cartas sobre la mesa —le dijo James arrodillándose frente a él mientras apoyaba sus manos sobre la cama a cada lado de las piernas de Blue—. Nunca más, jamás volverás a salir solo a ningún lado…

—¡Jim!

—No es negociable. No quiero volver a pasar por lo que hoy pasé. Me prometí a mí mismo que jamás nadie ni nada volvería a lastimarte.

—¿Hiciste eso?
—Sí, lo hice.
—Eso es hermoso.
Blue intentó moverse para besarlo pero James se alejó. —No. Quiero tu palabra.
—¿No quieres que te bese?
—Sí, muero porque me beses, pero no lo haré si no me das tu palabra de que jamás volverás a salir solo. Nunca.
—Puedo hacer eso.
—Blue…
—Lo prometo.

James se puso de pie bajó su cabeza y lo besó en la boca. Puso en el beso toda la angustia y el miedo de las últimas horas. Cuando Phil le dijo que estaba en el hospital, se lo imaginó muerto, un cuerpo frío y solo. Sintió terror. No recordaba haberse sentido así ni siquiera cuando su padre lo mandó al hospital después de echarlo de su hogar.

Lo soltó, tomó su maltrecha cara entre sus manos y le dijo:
—Te amo, Blue.

James lo desvistió, y pidió agua para un baño, mientras tuvo que escuchar con lujo de detalles la encarnizada batalla que había tenido lugar. A pesar de su aspecto físico, Blue se sentía eufórico por haber podido dar batalla. En un momento dado James se quedó quieto mirándolo en silencio.

—¿Qué?
—Olvidé la primera regla de una buena lucha.
—¿Cuál?
—Evita la pelea si los oponentes te superan.
—¿Crees que debí huir? Tú no lo hubieras hecho.
James sonrió. No, él no hubiera huido, pero tenía mucho más recursos que Blue.
—¿Lo hubieras hecho?
—No. No hubiera huido.
—¿Ves? Es lo que digo.
—¿Entiendes el riesgo que has corrido?
—Sí. Entiendo que te he preocupado. No volverá a repetirse.
—Vamos, sal del agua o te convertirás en pez.
James lo ayudó a erguirse de la bañera y lo secó. Blue alzó sus brazos y lo abrazó.
—Gracias por preocuparte por mí.

Alzó su cabeza y bajó hasta su boca. James se hundió en ella. Buscó con desesperación su lengua y la atrapó sin tregua alguna. Parecía un hombre sediento que acababa de encontrar agua después de meses de sequía. El beso mostraba el terror acumulado en esas largas horas de no saber dónde y cómo estaba. Había descubierto de la peor manera que la condición de mulato, era un elemento que siempre pondría en riesgo su vida. En el Sur porque era el Sur y en el Norte… no habría diferencia. Su nota mental había sido grabada: Alejar y cuidar de Blue de los fanáticos racistas. El que alguien lo golpeara solo por el color de su piel, lo asustaba pero no lo sorprendía, en esas difíciles épocas posteriores a la guerra Civil, las cosas habían cambiado, pero no demasiado. Debió preverlo, pero no pasaría de nuevo.

—¡Ay!
Se quejó Blue cuando se sintió apretado.
—¡Tu costilla rota!
Exclamó James soltándolo. Blue simplemente avanzó un paso más y volvió a abrazarlo y besarlo.
James lo acompañó pero esta vez fue más cuidadoso.

9

Los naipes siempre deben barajarse bien.
Las reglas del juego.

El llanto lo despertó. Primero pensó que quizás sin querer lo había tocado en la costilla, pero apenas notó la posición fetal de Blue supo que era otra de sus repetidas pesadillas. Había pensado que ya no volverían. Desde que compartían el lecho, habían estado ausentes.

Con cuidado hizo lo que hacía siempre. Comenzó a arrullarlo y a mecerlo suavemente.
—Shhh, solcito es solo una pesadilla, estás aquí, deja ir el mal sueño. Déjalo, mi amor. Estás bien.

Lentamente Blue se fue distendiendo. En medio de sus pesadillas, su cuerpo era un arco tenso, a medida que se iba calmando iba aflojándose. James lo abrazaba de espaldas, sus manos acariciaban su pecho y los brazos que se aferraban a él.

El mismo patrón de cada pesadilla se había repetido. Una vez que Blue se calmaba se dormía en sus brazos sin recordar lo que había pasado.

Cuando despertó James lo estaba mirando mientras acariciaba su enrulado cabello despegando su frente. Blue le sonrió y se elevó para darle un suave beso el dolor en su espalda le recordó su costilla fisurada.

—Tienes que sacarlo afuera —comenzó James acariciando los labios de Blue con su dedo índice.
—¿De qué hablas?
—De tus pesadillas.
Primero negó con su cabeza y quiso girar su cuerpo para darse vuelta pero James no lo dejó.
—Tienes que sacarlo dentro de ti. No soporto verte sufrir.
—¿Verme sufrir?

—No lo recuerdas, ¿verdad? He dormido contigo cada noche en la pensión de la viuda, cada maldita noche en que las pesadillas te hacían llorar. He dormido contigo en tu cuarto cada noche desde que regresamos al Amo.

—Yo…
—Háblame de tu pesadilla, quiero saber qué es lo que te tortura tanto.
Blue se movió y se protegió contra su pecho. James pensó que no diría nada pero de pronto comenzó a hablar.

—Mi madre falleció cuando yo nací. Fui entregado a una de las esclavas que estaba amamantando también al hijo del dueño de la plantación —el tono de su voz era ahogado, lleno de malos recuerdos. James solo lo abrazó con más fuerza—, creo que de mi misma edad o algo mayor, tampoco lo sé. Supongo que nos hicimos amigos, no recuerdo mucho, pero… el niño cayó a un canal de agua y murió ahogado. Alguien dijo que… —no pudo reprimir las lágrimas y las dejó salir— que… yo lo empujé. No recuerdo haberlo hecho, pero solo tenía… cuatro o cinco años… el hombre me ató a dos postes y me azotó. Una vez me preguntaste... eso pasó. En mis sueños… yo… yo siempre estoy atado sin poder defenderme. No pude Jim, yo no pude.

—¿Qué cosa no pudiste? —Salvarlo. El agua se lo llevó y no pude tirarme.
James no pudo más se irguió y lo apoyó sobre la almohada.
—Mi hermoso Blue. Escucha mi amor. Eso pasó. Eras solo un bebé, no hubieras podido salvarlo.
—Él dijo que sí.

—El hombre estaba dominado por el dolor, una persona inteligente no habría hecho responsable a una criatura de cinco años. Piénsalo. No podrías haberlo salvado ni aunque te hubieras tirado al agua detrás suyo. ¿Dime ahora, crees que podrías haberlo salvado? Piénsalo Blue, ¿crees que podrías?

—No… no lo sé. No.
—Es hora mi amor que empieces a darte cuenta que alguien tan pequeño no podría haber salvado jamás a otro niño.

Las lágrimas salían de Blue son control. James lo abrazó y lo dejó llorar. Las pesadillas habían desaparecido y el ataque de esos hombres debió haber revivido el miedo de un niño pequeño al que nadie defendió.

Blue lloró hasta que se quedó sin lágrimas y James se juró a sí mismo que no habría más llanto para Blue si de él dependía.