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—¿Lo han entendido?—Sí señor Colt, claramente. No se preocupe. Estaremos atento. Nadie le hará daño a Blue, se lo aseguramos.
Phil y Dermont salieron de la sala de juego y James se puso de pie para ir por una limonada. Hacía algo de calor. Se acercó al mostrador y se estiró para tomar desde atrás de la barra un vaso. Cuando fue a enderezarse lo sintió a su espalda. Justo sobre su oreja escuchó un conocido ronroneo.
—Siempre tuviste un perfume increíble.Scott.
—¿Se supone que debo emocionarme?
Scott rio y se sentó a su lado en la barra.
—Sigues siendo el muchachito más hermoso que haya visto.
—Sí, lo imagino.
—¿No te has preguntado que sentirías si repitiéramos algo de lo que vivimos?
—La verdad es que no.
—¿No quieres recuperar viejos tiempos?
—Nop.
—Aún me gustas.
—No es recíproco, Scott.
—¿Por el bomboncito?
James sabía que Scott algo buscaba, llamar así a Blue era su manera de buscar sacarlo de equilibrio.
—Solo tengo de excusa: que era muy joven, estaba solo, muerto de hambre y de frío. No entiendo qué vi en ti.
—Te enseñé todo lo que sabes.
—Sí, es verdad. Y te pagué. ¿Recuerdas?
—¿No puedes olvidar lo que pasó? Barajar y dar de nuevo.
—Ya no soy un niño incrédulo Scott. Creo que eso también te lo debo por cierto. Quizás debería darte las gracias. Considera que lo que te robaste fue mi agradecimiento.
—Pregúntate qué hubiera hecho un joven de diecisiete años con ese dinero.—Exactamente lo que hice cuando volví a tenerlo.
—¿Y eso qué fue?
James sonrió, y volvió a su mesa dejándolo solo. No tenía gana alguna de explicarle en cuántos negocios y en cuántas formas había ido invirtiendo lo que el juego le había dado. El Amo había sido el último de sus sueños. Un pequeño capricho que lo había hecho más rico de lo que era. Sonrió complacido. Había ido por el Amo y había terminado con Blue. El mejor negocio de su vida. De pronto pensó en su abuelo.
—Digamos que no fuiste mi único maestro Scott.—Tú y yo juntos podríamos hacer grandes cosas. —Estoy haciendo grandes cosas.
—Yo podría serte muy útil. Tengo una fama bien ganada, puedo hacer que tus mesas se llenen de dinero.
—Sí, seguramente. Pero no necesito más dinero. ¿Cómo te lo explico? El Amo es solo un capricho, algo que siempre quise tener y al final conseguí.
—Yo podría…James se puso de pie.
—Tengo trabajo, ¿me disculpas?
Scott Green apretó sus puños. Maldito imbécil engreído. Ya tendrás tu merecido.
15
Cuenta los puntos de tus oponentesLas reglas del juego
La puerta de su cuarto se abrió de improviso. Afuera estaba anocheciendo. Blue acababa de salir de la ducha y el ruido que hizo la puerta al golpearse lo asustó. Giró sorprendido. Solo una toalla envolvía su cuerpo.
—¡Señor Anderson!Scott ingresó y cerró la puerta.
—¿Necesita algo?
—Claro que sí bomboncito, a ti.
Blue apretó los dedos sobre la toalla ajustándola a su cuerpo.
—¿Se encuentra bien? ¿Ha bebido?
—¿Bebido? Solo una copa. Déjame decirte que te ves muy bien, bomboncito.
—Será mejor que salga de mi cuarto. ¿Qué está haciendo?
—¿No lo ves?
Scott había empezado a quitarse la ropa.
—¡Deje de hacer eso y salga de acá! —¿Por qué haría eso? Tú me invitaste.
—¿Qué está diciendo?
—De hecho me acabas de ofrecer sexo a cambio de dinero.
—¿Está loco? Salga de acá. ¡Ahora!
—¿Ahora? —Scott lanzó una fuerte risotada— ¿no tienes idea quién soy, verdad? Deja que adivine, tu amorcito no te dijo nada de mí ¿verdad?
—¿De qué está hablando?—De James y de ti. ¿Te dijo que nos conocemos desde hace mucho tiempo?
—Sí, pero… ¿qué tiene que ver…?
—Y te dijo que yo le enseñé todo lo que sabe… todo, en la mesa de juegos y… en la cama. ¿Te lo dijo?
Scott pudo ver el efecto de sus palabras en la cara de Blue. Había asestado un buen golpe.
—Señor Anderson, creo que debería salir de mi cuarto.
—¿No te lo dijo? ¿Eso no te parece raro? Sabías que me invitó a compartir su cama de nuevo… qué me dijo… ah sí, “el chico ni siquiera sabe las cosas que me gustan”.
—¡Ya basta! No me interesan sus mentiras.—¿Mentiras? ¿Qué razón tendría para mentirte? Solo debes ir y preguntarle. A James le importa muy poco lo que piensan o sienten los demás.
—Ese del que usted habla no es el hombre que yo conozco.—¿Estás seguro, bomboncito? Incluso me contó de tus pesadillas. ¡Vaya! Eso sí que te sorprende. Eres un bocadito muy delicioso, podría enseñarte unos cuántos trucos y así James no tendría que buscar otra cama. ¿No te parece una buena idea?
Blue avanzó hacia Scott para sacarlo de su cuarto pero antes de siquiera alcanzarlo Scott lo golpeó con fuerza. Blue cayó al suelo mareado.
Scott sonrió y abrió y cerró de nuevo su mano. Tenía apretada en ella una borla de acero. Miró el cuerpo de Blue intentando levantarse del suelo sin poder hacerlo y sonrió. James iba a bajarlo en el próximo puerto pero no se iría con las manos vacías. Un buen jugador sabe cuándo apostar. Rasgó su camisa rasguñó uno de sus brazos, como si hubiera participado en una gran lucha y luego golpeó su cabeza contra el filo del único armario que había en el cuarto. Sonrió feliz cuando sintió correr por su mejilla el líquido caliente.
Y gritó.—¡Auxilio! ¡Ayúdenme!
Dos segundos después Phil y Dermont entraban al cuarto. Blue estaba intentando levantarse completamente desnudo en el piso y Scott estaba sentado en el suelo con el pecho cubierto de la sangre.
—¡Quiten a ese asqueroso pervertido de mi vista! —pidió teatralmente.Los dos hombres pasaron la mirada de uno a otro y Phil se encaminó hacia Blue y Dermont avanzó hacia él para tomarlo del brazo. Pudo notar la sangre en él.
—Chico, ¿estás bien? —Phil le preguntó a Blue.Blue no pudo contestar sus ojos se fueron hacia atrás y se desmayó.
James ingresó corriendo. Algunos clientes se
habían asomado y miraban desde afuera. James buscó a Blue y vio
cuando Phil lo intentaba levantar.
—¡Blue! —gritó.
—Traigan al doctor —ordenó James sin mirar hacia atrás. Y se acercó a Blue. Respiraba pero tenía un hematoma en la sien.
—¿Qué hiciste? —preguntó furioso James mirando de Blue a Scott— ¿Qué mierda le hiciste?
—¿Yo? Mírame sólo me he defendido.
El rostro y el pecho de Scott estaban lleno de sangre, su camisa en jirones, parecían haber entablado una feroz lucha.
—El maldito pervertido me atacó. Me atrajo con una excusa. ¡Maldito marica, es un asqueroso sodomita!
El murmullo colectivo fue la respuesta a sus gritos y James supo que habían sido hechos para todos los que asomaban desde afuera.
—¡Cállate! —le ordenó mirándolo con los puños apretados.—Permiso, permiso —pidió Benjamin Parson. Miró a Scott y se le acercó. Lo tomó de la cabeza la levantó hacia arriba y hacia abajo. Solo vio una herida cortante en la cabeza, luego se dirigió hacia la cama y revisó a Blue ante la atenta mirada de James.
—Parece un golpe en la cabeza —afirmó el doctor. Volvió a mirar al hombre de pie que ahora sostenían Phil y Dermont y preguntó— ¿Qué pasó?
—Ese maldito pervertido intentó conseguir sexo por dinero —fue la explicación de Scott— como me negué me golpeó en la cabeza.
James se tiró sobre él enfurecido, lo tomó tan de sorpresa que le dio un puñetazo en el medio de la cara. Todos pudieron sentir crujir su nariz. No satisfecho volvió a golpearlo. James estaba completamente descontrolado.
—¡Sepárenlos! —gritó el doctor.—¡Maldito, te lo dije, te –advertí- que no lo- tocaras!
Cada palabra era un nuevo golpe sobre su rostro. Phil y Dermont se abalanzaron sobre él para sostenerlo, y no pudieron.
—¡Jim, déjalo! ¡Jim, Jim! —gritó Blue desde la cama y eso fue lo que lo detuvo.
Todos miraron a James.
—¡Saquen a esta basura de aquí! Phil…
—Yo me ocupo señor.
Los hombres tomaron a Scott de los brazos e intentaron arrastrarlo hacia afuera. Los curiosos se corrieron dejando un paso entre ellos. Scott comenzó a gritar:
—¡Malditos, es un asqueroso sodomita, no pueden tratarme así, no pueden! Él me invitó, el maldito mapache me invitó. ¡Me engañó! ¡Me engañó!
James podía escuchar sus gritos, cerró la puerta con violencia, dejando a todos los curiosos fuera. Luego se acercó a la cama donde Blue estaba reclinado.
—¿Qué pasó? —James miró el cuerpo desnudo de Blue e imaginó lo peor— ¿Te… te lastimó?—No, no… tranquilo. Solo me noqueó.
—Con esto —dijo el doctor tomando del suelo la borla.
—Entró mientras me estaba bañando, dijo que le diría a todos que le ofrecí sexo por dinero. Yo…
—Tranquilo Blue. —Yo no hice eso Jim… no lo hice.
—Lo sé. Lo sé. Cálmate. ¿Doctor?
—Sus pupilas están bien, ha sido un golpe duro, eso es todo.
—¿Está seguro?
—Jim, he pasado por cosa más difíciles que esta. Estoy bien.
James miró al doctor y éste solo afirmó:
—¡Está bien! Créeme. Voy a coser la herida de Anderson.
—Green, ese perro mentiroso se apellida Green, no Anderson. Y deberías dejar que se muera.
—Pediré que te traigan hielo para ese chichón. Te va a doler la cabeza Blue.
Blue asintió y cayó sobre la almohada.
—Señor Colt —dijo el doctor Parson antes de salir—, si Blue comienza a vomitar me llama de inmediato.
Parson dejó la puerta cerrada y James cubrió con una manta a Blue mientras acomodaba la almohada bajo su cabeza. James vio los ojos de Blue llenarse de lágrimas.
Bajó su cabeza y lo besó. Blue se aferró a su beso y James se sentó en la cama y lo abrazó. Le había pedido a Phil y a Dermont que extremaran los ojos sobre Blue, pero pensó que Scott esperaría hacer algo fuera del barco, no dentro.
—¿Quieres contarme qué pasó?—Entró a mi cuarto, creí que estaba borracho, y… yo me estaba bañando. Comenzó a sacarse la ropa y dijo que yo le había ofrecido sexo por dinero… yo no hice eso.
—Lo sé, lo sé muy bien. Tranquilo. —¿Crees que ellos piensen que hice eso?—¿Ellos?
—Sí. Los que estaban afuera.
—No importa lo que ellos piensen Blue. Los que te conocemos sabemos que no es así.
James lo apretó con fuerza. ¿Cuántas veces se había prometido a sí mismo que nadie más lastimaría a Blue? ¿De qué servía tener tanto dinero si no podía cuidar al hombre que amaba?
—Jim…—¿Sí?
—Ese hombre dijo… cosas.
—Sobre mí. ¿Qué cosas?
—¿Fueron…. Tú y él… fueron….?
—¿Amantes? Sí, lo fuimos.
Blue ahogó un quejido.
—Sólo tenía quince años cuando lo conocí, Blue. Estaba solo en el mundo, viviendo en la calle y de lo que robaba o mendigaba. Conocí a Scott cuando intenté robarle. Él me llevó a su casa, me dio una cama, comida, ropa… supongo que sentí que darle mi cuerpo era la única manera de agradecerle lo que hizo por mí. Él me enseñó a jugar cartas.
“Yo le enseñé todo lo que sabe… todo, en la mesa de juegos y… en la cama.”—¿Lo invitaste a tu cama?
—¿Eso te dijo? —Sí, dijo que yo… que le habías dicho que yo… no…
—¿No qué?
—No era bueno en la cama y…
—Espera Blue no sigas, escucha, no sé qué te dijo pero fueron mentiras. Sí, con Scott fuimos amantes, hasta el día en que le gané a las cartas, ese día desapareció de mi vida llevándose todo lo que tenía. Y nunca jamás lo volví a ver, hasta que apareció en el Amo con un apellido diferente, porque si hubiera sabido que era él jamás hubiera subido a mi barco.
—¿Le contaste de mis… pesadillas?—La única cosa que le dije a ese maldito era que no se te acercara. Solo eso. Nunca hablé de ti con él. Eres lo más importante en mi vida, jamás te ensuciaría hablándole a esa basura de ti.
—¿Cómo lo sabía?—Blue, todos en el barco saben de tus pesadillas, quizás estuvo averiguando. No, quizás no, debió hacerlo. Debió estar buscando la manera de hacerte daño. No le des crédito a sus mentiras.
—Sabía que mentía Jim. Lo sabía. Ese hombre que él describía no eres tú.—¿Lo sabías?
—Sí.
—¿Ves porque te amo, solcito?
—¿Por qué no me contaste?
—Scott no significa nada en mi vida, ni significó alguna vez. Nada, en lo absoluto. Pensé que ni siquiera valía la pena. Y tampoco imaginé que alguna vez lo volvería a ver.
—Me lastimó. —Sí, y lo siento. No volverá a pasar, amor, te lo juro.Los golpes en la puerta los sorprendieron. James soltó a Blue y se puso de pie para abrir la puerta. Rosie, Adalis y Cora estaban ahí.
—El hielo —dijo Rosie mirando hacia adentro.James sonrió, tres mujeres para una barrita chica de hielo. No había nadie en ese barco que no amara a Blue.
—Pasen. ¿Le hacen compañía a Blue mientras me ocupo de algunas cosas?
Las tres mujeres entraron rápidamente.
—Sí, sí, claro —respondieron acercándose a la cama.
—¡Por Dios Blue! ¿No era que te habías vuelto un luchador maravilloso? —dijo Rosie al entrar.
—Mira cómo han dejado tu bella cara muchacho —Cora tomó su rostro y lo movió de un lado al otro.
—¡Lo vas a lastimar! —exclamó Adalis indignada quitando la mano de Cora de su rostro.
James le sonrió desde la puerta y la cerró.