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James estaba congelado. Había girado para preguntarle a Blue si tenía anotado cubiertos cuando lo vio parado mirando una pequeña estatua de dos simples manos entrelazadas. Su rostro resplandecía. El jovencito, tan delgado que el viento podría llevárselo en cualquier momento, se había transformado en una de las más hermosas criaturas que hubiera visto antes. Su rostro brillaba intensamente con algo que no sabía cómo llamar, porque nunca había visto algo así. ¿Qué estaría pensando para lucir así? Si alguien alguna vez lo mirara de esa manera jamás lo alejaría de su lado. De pronto lo vio borrar su sonrisa, apretar los dedos en el aire y alejarse de la figura. James caminó hacia ella y repitió la caricia. Eran solo dos manos entrelazadas, una mala copia de alguna obra de calidad, podía sentir la aspereza del yeso, ni siquiera era mármol. La soltó y dio la media vuelta para alejarse. Pero de pronto, se detuvo, la tomó en su mano y salió hacia el salón principal.
—Agregue esto —ordenó seco. Buscó con la mirada a Blue pero el muchacho estaba cargando las compras en la calle—. La llevo aparte —aclaró y la tomó y metió en los bolsillos de su chaqueta de montar.
—Blue —llamó y el joven dejó lo que hacía y se acercó a él.—¿Señor?
—Me ocuparé del hospedaje. Te veo en el Amo.
—Sí señor.
Blue lo vio moverse con elegancia. Se sacó caballerosamente el sombrero y saludó a una hermosa mujer que se detuvo a saludarlo. Él parecía acostumbrado a ser abordado, se lo veía distendido y amable. Sonrió a la mujer y ella le respondió coquetamente.
—Blue… Blue —repitió Phillip tirando de la manga del enorme saco que se había dejado para sí mismo.—¿Sí? Perdona. ¿Qué?
—¿Nos vamos?
—Sí —Miró de nuevo hacia James—. Sí.
Había sido idea del nuevo amo buscar más personal para agilizar los cambios y reformas, todo el barco era un enjambre de trabajadores. Acarreó las cosas hasta dónde serían ubicadas y pasó por la cocina. Rosie, Cora y Adalis se multiplicaban cocinando y sirviendo. Rosie estaba disfónica de tanto gritar ante cada uno de los paquetes que llegaban para la cocina. Los tocaba como su fueran las joyas de la corona española. Todos en el Amo se sentían felices.
—¡Blue! ¿Dónde está el señor Colt? —Se quedó en la ciudad. Me dijo que se ocuparía de donde dormir esta noche.—Avísame si llega, quiero hablarle.
El calor del trabajo físico hizo que todos los hombres se quitaran la camisa. El ruido de martillazos, gritos y cosas siendo tiradas llenaban el barco. El día se estaba convirtiendo en definitivamente largo.
—¡Chico... chico… Blue! —los gritos de los demás le habían impedido escuchar a Cora que se había acercado con un vaso de limonada. Blue la miró como si no creyera lo que veía—. Me envía Rosie, es limonada. ¿No es grandioso?
Lo grandioso es que alguien les permitiera disfrutar por primera vez de cosas que nunca habían tenido. Miró el vaso como si lo estuviese memorizando y la probó. No recordaba haber probado algo más rico. Le sonrió a Cora un segundo antes de levantar su vista y encontrarse con James Colt mirándolo. Una vez más se puso colorado. Lo saludó. No sabía qué hacer con su vaso.
—¡Anda tómalo, regreso con Rosie!Avergonzado de la mirada de James sobre ellos, tomó el vaso rápidamente lo dejó sobre la mesa. No entendía por qué el señor Colt lo observaba de esta manera. Tal vez no le gustaba que estuviera ocioso.
Saludó de nuevo y se dispuso a seguir recogiendo con una pala la basura de lo que se estaba sacando.—¡Blue!
Sintió que lo llamaba y se detuvo para mirarlo.
—¿Qué estás tomando? —le preguntó.
—Li… li… monada, señor.
James levantó el vaso de la mesa y lo probó. —¿No te gustó? —preguntó.
—¿Qué? Sí, me gustó… mucho.
—Entonces, ¿Por qué no lo terminaste? Toma —le pasó el vaso de vuelta.
Blue lo tomó en sus manos y lo bebió de un solo trago.
—¡Gracias! —dijo tímidamente.
—¿No lo habías tomado antes?
Negó con su cabeza.
—Bien, cada vez que quieras uno, pídeselo a las mujeres.
Blue levanto presuroso su mirada le ofreció una enorme sonrisa que nunca le había visto. El corazón de James, palpitó. Blue saludó con una venia pequeña como siempre y le dio la espalda para salir.
James se tocó el pecho y gritó:—¿Qué demonios?
Blue se dio vuelta asustado, Cora y Rosie se asomaron desde la cocina, todos mirando a James. Jonas que iba ingresando se detuvo en seco y preguntó:
—¿Qué pasa señor?James caminó hacia Blue y su mano derecha lo tomó del hombro y lo giró con violencia para mirar su espalda. Estaba atravesada completamente por horribles cicatrices de latigazos.
Con los dientes apretados apenas se entendió qué estaba diciendo.—¿Bogart te hizo esto?
Blue había levantado sus brazos cubriendo su pecho. Había olvidado sus cicatrices, nunca las recordaba, excepto en sus pesadillas. Sí Bogart, y algunos más. El mejor correctivo para un esclavo eran los latigazos. No dijo ni una sola palabra.
—Sí señor, Bogart, y antes de él otros más…Blue se soltó de James y salió corriendo del comedor. James miró a Williams sin saber tampoco qué decir. El hombre agregó:
—Todos nosotros tenemos esas marcas, las tenemos, y ahora son recuerdos de… viejos tiempos. No se preocupe por el chico. Siempre ha sido muy valiente y fuerte.
—No se enoje con el chico, solo está avergonzado ante usted —agregó Rosie, limpiándose unas lágrimas de su rostro.No estaba enojado, estaba sorprendido. Le había impresionado la sonrisa en su rostro, la misma que tuvo mientras acariciaba la pequeña estatua en el almacén. ¡Por una limonada! Cuando vio su espalda hecha pedazos algo dentro de él explotó. Algo que también a él lo había sorprendido. Durante los últimos diez años se había ganado la vida siendo frío y cerebral, y de pronto un escuálido niño lo sacaba de equilibrio. No estaba enojado, estaba sorprendido.
Miró a Jonas, Rosie y a Cora que se había quedado en el umbral de ingreso a la cocina. Ellos lo miraban como si en cualquier momento fuera a tomar un látigo y buscar donde descargar su furia, temiendo por un pequeño muchacho tímido. Levantó sus manos y las apoyó en los hombros de Jonas y Rosie.
—No se preocupen. Entendí todo. Jonas, encontré donde dormiremos esta noche. Dile a todos que nos reuniremos a cenar en La Gaviota, ¿la ubicas?
—Sí, la pensión de la viuda Johnson de acá enfrente.—Exacto. Es humilde, pero limpia. ¿Les avisas?
—Sí señor. Giró para salir cuando escuchó la voz de Rosie.
—¡Gracias señor Colt!
Hizo un gesto de “no es nada” con la mano y salió. Tocó en su bolsillo la pequeña estatua de las manos entrelazadas y fue en busca de Blue.
Le costó encontrarlo. Estaba mirando el río y aún seguía abrazándose. No podía saber qué estaba pensando pero su rostro se veía torturado. Tal vez había sido el detonante de recuerdos no muy agradables teniendo en cuenta el estado calamitoso de su espalda.
—Blue…Blue giró abruptamente hacia él.
—Sí señor Colt.
Como siempre, mantuvo la mirada baja evitando encontrarse con sus ojos.
—¿Podemos conversar un momento?
Seguramente otra pregunta desafortunada.
—¿Estoy haciendo otra pregunta desafortunada?
—¿Por … por qué lo dice?
—Por tu cara. Si te vieras.
Una de las mayores cualidades de un buen jugador es ser capaz de leer los rostros, alguna vez había sido un “levanta muertos” así se llama a usar la astucia para engañar a novatos a jugar y quedarse con sus ganancias. No solo tenía que tener sangre fría para actuar cuando cualquier elemento distraía a los jugadores en la mesa, sino saber qué preguntar o cómo distraer o incluso hacer sentir mal al tímido novato para quitar su presencia de la mesa y quedarse con su dinero. Conocía la mente humana y cómo pensaban, sabía leer los rostros y el de Blue no era una excepción. —¿Qué tiene de raro mi pregunta?
—Jamás nadie me ha preguntado si podíamos charlar.—Entiendo. Ahora dime, ¿por qué saliste corriendo del comedor?
—Por primera vez en mi vida sentí… sentí que no está bien castigar a otros por tus propias debilidades. Me sentí cul… pable.
—¿Culpable? Eras la víctima. ¿De qué culpa hablas?
—Culpable de simplemente haber aceptado que estaba bien que alguien me azotara porque así eran las cosas.
—Bueno, eso se terminó. Muchos murieron para que las cosas cambien.
—Las cosas no han cambiado mucho, algunas cosas siguen siendo iguales.
—Para ti sí lo han hecho. Nunca, nadie más, volverá a ponerte una mano encima. Y me voy a ocupar de eso… y no me mires de esa manera. Tengo… tengo algo para ti.
—¿Por qué lo hace?—¿Qué cosa?
—Ser tan bueno con todos.
—Supongo que lo aprendí de mi madre y mi abuelo. Ellos me enseñaron que tener privilegios de ninguna manera significa pisotear a los demás —esbozó una sonrisa que iluminó sus ojos verdes—. Deberías estar contento que no aprendí absolutamente nada de mi padre. Era un maldito bastardo.
—Sí, he conocido muchos. Puedo imaginarlo.—Bien —sacó el paquete envuelto de su cazadora y se lo pasó— esto es para ti.
—¿Para mí?
—Agárralo. ¿O no lo quieres?
Rápidamente Blue estiró su mano y lo tomó. Miró a James sin entender nada y lo desenvolvió. Cuando la pequeña estatua quedó al descubierto. La sostuvo con ambas manos. Temblaban.
—¿Compró esto para mí?—Pensé que el que hizo el mejor inventario que hubiera visto jamás se merecía algo que le gustara. Y me pareció que te había gustado. ¿Es así?
Blue intentó afirmar pero solo alcanzó a asentir. Tenía un nudo en su garganta. No sabía que lo había observado mirarla y había tenido la gentileza de comprarla para él. La abrazó contra su pecho. Y solo afirmó de nuevo porque no podía decir ni una palabra.
James comprendió todo. ¿Qué clase de vida habría tenido el chico que una estúpida estatua de yeso significaba tanto? A juzgar por su espalda: miserable.
—Vamos, la viuda Johnson no creo que tenga mucha paciencia. —Como no recibió respuesta agregó—: Dormiremos en La Gaviota.
3
Juega siempre con barajas nuevasLas reglas del juego.
La viuda Johnson había armado en su pequeña casita una suerte de pensión. Apenas tenía dos cuartos, una para mujeres y otro para hombres, y una cocina comedor que lucía abarrotado. Sus empleados y los tres huéspedes que ya estaban ahí. La cara de felicidad de la viuda iluminaba el salón. Nunca había tenido tanta gente y mucho menos recibido dinero por adelantado. Con lo ganado podría viajar al este y visitar a su hija.
Cuando vio aparecer a James Colt salió a su encuentro.—Señor Colt pensé que se quedaría sin su cena.
—Eso jamás señora Johnson.
Blue observó cómo la viuda sonreía y se movía coqueteando con Colt. ¿Siempre ejercía ese efecto en las mujeres? Cada vez que lo había visto interactuar con una, desde empleada de comercio a la viuda Johnson todas reaccionaban como si estuvieran en celo. A lo lejos observó que Jonas lo llamaba y le señalaba un lugar a su lado. Pasó al lado de ambos y fue hacia él. En la mesa había comida que jamás había probado.
Ni siquiera él había podido escapar de la perorata de la señora Johnson, eso la convertiría en una tremenda oponente si fuera jugadora. Mientras ponía la cara haciendo como que escuchaba observaba a Blue sentarse. Algo le dijo Rosie que lo hizo sonreír y luego miró lo que había sobre la mesa. Era una montaña de comida. Blue miró todo con fascinación. ¿Acaso pasaba hambre por eso estaba tan flaco? Parecía indeciso, podía ver su lengua limpiar sus labios y lamerse por anticipado. No pudo evitar sonreír.
—No se ría, no es gracioso señor Colt —dijo la viuda y lo sacó de su nube.—Si me permite señora Johnson probaré su deliciosa… comida.
No esperó su respuesta y caminó hacia donde estaba Blue. El muchacho parecía no saber qué elegir primero. Tomó un tenedor y pinchó algo y lo puso en su boca. Cerró los ojos y su rostro de placer hizo sacudir su polla.
Si algún día soy el que ponga esa cara de placer en él… ¡Demonios! ¿Qué estaba pensando?—Señor Colt, por favor aquí —ofreció Jonas. Caminar fue algo incómodo. Williams lo ubicó a su lado y justo frente a Blue que una vez más al mirarlo bajó su cabeza tímidamente.
Rosie, comenzó a pasarle platos y a servirle.—¿Están cómodos? —preguntó.
El incómodo silencio los cubrió de inmediato. Blue estaba llevando un bocado de pollo frito a su boca y se detuvo congelado. James miró a todos y se enfocó en Blue.
—¿Otra pregunta desafortunada?Ese gesto le ganó en respuesta una sonrisa de boca llena. Blue afirmó y se ahogó. Todos rieron y reaccionaron. Rosie a su lado golpeó su espalda. Cora le pasó un vaso de agua. Tomó un trago y el silencio continuó.
—Sí señor Colt —respondió Jonas—. Todos están muy cómodos y… agradecidos.—Bien. Me alegra.
James se enfocó en comer. Y todos hicieron lo mismo. Tímidamente comenzaron a charlar, el tema fue la comida. Le pidieron a Rosie que anotara las recetas de la viuda porque solo querían comer ese pollo y no otro. Rosie se hizo la ofendida y de pronto todos estaban hablando cómodamente delante de Colt. Estaban tan cerca que en cuanto Blue levantó su mirada le dijo solo para él:
—No vuelvas a dejarme solo con la viuda.Blue miró a su alrededor y nadie pareció haberlo escuchado, luego a la mujer que una vez más pasaba preguntando si todo estaba bien y rozaba “casualmente” a James.
—¡Y es una orden! —siseó.Blue solo asintió. Bajó su cabeza.
James hubiera jurado que sonrió. Maldito mocoso impertinente.
Nunca había visto comer así. Así que se sentó y bebió. No había alcohol que pudiera con él, hecho que muchas veces salvó su vida. Su mirada viajaba frecuentemente a Blue, solo Rosie parecía sacarlo de su interior. De pronto el sueño lo ganó y se dirigió hacia el cuarto donde dormirían todos los hombres.
Eligió un camastro cerca de la ventana y se acostó. Al rato escuchó semidormido la entrada de los demás.Los sollozos y gemidos lo despertaron. Se sentó y vio en el camastro a su lado la figura anudada de Blue. Se arrodilló junto al camastro e intentó despertarlo.
—Blue —susurró sin querer molestar a los demás.—Son sus pesadillas señor —se escuchó del otro lado a uno de los marineros—. Nada lo calma. Es terrible.
Regresó a su camastro y vio como el marinero giraba hacia el otro lado y seguía durmiendo. Blue seguía llorando y moviéndose dolorosamente. Sin poder soportarlo observó que nadie le prestaba atención entonces se recostó a su lado, lo abrazó y le susurró en su oreja:
—Es una pesadilla Blue, es solo un mal sueño.Lo meció de un lado a otro sin soltarlo hasta que su cuerpo se fue aflojando y dejó de llorar. Blue se abrazó a él, metió su cabeza en el hueco de su hombro y se acurrucó. Su pierna se colocó sobre las suyas intentando unirse a él. Lo meció y palmeó su espalda como si cantara una canción de cuna. Lentamente la tensión de su cuerpo desapareció. Esperó un buen rato y con mucho cuidado regresó a su cama. Nadie pareció darse cuenta.