19

El piloto del helicóptero ya tenía una ruta. No era la que el Cessna había declarado antes de despegar, pero tenía lógica. A bordo Reno y dos paramédicos vigilaban con prismáticos.

—El lago —dijo el piloto señalando hacia su izquierda.

Reno lo enfocó y luego miró hacia los costados. Las montañas estaban hacia la derecha.

—Gira a tu derecha —pidió al piloto.

—¡Maldición! —gritó cuando los vientos huracanados agitaron la nave. Le costó estabilizarla—. Sí, esto puede haberle pasado al Cessna, los vientos lo llevaron…

—Hacia arriba —dijo al unísono con Reno.

—Acércame, quiero bajar —pidió Reno

—¿Qué?

—Puedo hacerlo mejor en tierra.

—No hay lugar para aterrizar Castell.

—Solo bájame lo más que puedas. ¡Ahora!

El piloto volvió a maldecir y obedeció. Le costaba mantener el mando de la nave, los vientos iban y venían.

—Si vas a saltar… —no alcanzó a terminar. Reno Castell se había lanzado erguido— hazlo.

Un fuerte viento lo llevó a dejar de mirarlo y conseguir el control.

—¿Llegó bien? —preguntó a los paramédicos.

—Sin problemas —contestó uno.

—Revisemos el sector sur —sugirió el piloto y enderezó la nave hacia las paredes montañosas del lado opuesto.

Reno los vio salir de su vista y se acuclilló. Buscó al águila dentro suyo como lo hacían sus ancestros desde los comienzos de los tiempo hasta que cada pluma fue dibujada en su mente. Abrió sus alas y echó a volar. Por largos diez minutos recorrió metros y metros de montaña, buscando la más mínima señal. Hasta que la vio las marcas de rocas de distinto color como si hubieran sido recientemente despeñadas, guiándose por ellas se elevó hasta encontrar los restos calcinados del Cessna. Bajó lo más rápido que pudo y dio paso al hombre. Supo que nadie había sobrevivido. Podían verse dos cuerpos, la silla de Oliver, y Dominic… los conocía desde hacía años, habían sido buenos amigos…

—¿Dónde estás Dereck?

Miró a su alrededor. La zona no era de fácil acceso, la roca era muy escarpada. Imposible que la nave hubiera aterrizado de ninguna manera ahí. ¿Dónde estaba Dereck? Él debió salir herido de la nave. ¿Dónde iría?

¿Dónde te protegerías hasta mejorar?

Cerró los ojos y buscó su olor. El olor a hierros retorcidos y quemados era fuerte. Intentó concentrarse. Fue girando lentamente hasta encontrar el tenue olor de la sangre. Su cuerpo dio paso al lobo y siguió la huella. Le llevó casi una hora encontrar el cuerpo de Dereck. Había adoptado la forma de lobo. Sabía por qué lo había hecho: era el medio más fácil de curarse. Adoptó la forma de hombre y se acercó.

—¿Dereck?

Lo revisó. Como Deanna había adoptado la posición fetal y no se movía. Pero su corazón latía. Se había acobijado debajo de un gran peñasco, quizás procurando poder sobrevivir en la fría noche. Miró los matorrales aún verdes con ellos armó una manta con la cual lo cobijó. Necesitaría ayuda para sacarlo de ahí. Y sabía cómo lograrlo. Lo tapó.

—Voy a buscar el helicóptero amigo. No te preocupes. Ya vuelvo.

Se puso de pie y dejó que su águila se hiciera cargo. Se elevó para otear desde el aire la posición del helicóptero.

Reno ubicó el cuerpo del lobo sobre la camilla que lo subiría hacia el helicóptero. Ya había convencido a los paramédicos y el piloto que estaban subiendo a un hombre a su nave y no a un enorme lobo oscuro. A veces el poder mágico de su voz lograba cosas imposibles. Si todo salía bien, Dereck pronto estaría bajo el cuidado de Gabriel.

Gabriel miró el cuerpo del lobo en la misma exacta posición que Deanna a su lado. Los había ubicado juntos en una sala privada en el cuarto piso del hospital al que habían llevado de urgencia a Deanna.

El tiempo y sus cuidados mejorarían al lobo y a Deanna.

El pequeño toque en la pared de vidrio llamó su atención, dejó el informe sobre los pies de la cama y salió.

André, Reno y Pierre estaban ahí.

—¿Cómo están? —Pierre Langlois miró a Deanna y Dereck mientras hacía la pregunta.

—Estables. Y mejorando. En cuanto Dereck se recupere, ella también lo hará.

Los cuatro estaban realmente sorprendidos. Habían descreído del poder vinculante del Nehann, pero la realidad se había impuestos. Sí existía. Y eso también los preocupaba. ¿Qué hubiera pasado con Deanna si Dereck hubiera muerto?

—¿Qué has averiguado? —André giró hacia Reno.

—El avión explotó en el aire. La bomba estaba ubicada en la parte trasera del Cessna, por lo que los expertos me informaron, es el mismo material de las que pusieron en la casa de North.

—¿Irás al sepelio? —preguntó Pierre.

—No, me quedaré por si Dereck necesita algo.

—Bien, nosotros nos vamos. Cualquier cosa…

—Sí, los mantendré informado.

Estaban saliendo y Pierre regresó desde la puerta.

—¿Estará bien, verdad? Me sorprende que demore tanto en su recuperación.

—No te preocupes Pierre, Dereck está bien. Sus heridas fueron muy serias, pero está mejorando muy rápido pronto podrá recuperar su forma.

Gabriel miró a sus hermanos y agregó:

—Está bien. Sus heridas fueron muy serias, pero está bien. Cuando regresen de Washington ya podrán hablar con él.

Pierre asintió y salió detrás de Reno y André.

Gabriel miró a sus dos pacientes. Había logrado que Deanna no sintiera el mismo dolor que Dereck y estaba ayudando a Dereck con medicación para sanar más rápido. Conocía la naturaleza were sabía que era sabia y rápida. Pero las heridas de Dereck habían sido realmente serías. Estaba vivo de milagro. Quizás y solo debido a Deanna. No lo sabría nunca, pero lo sospechaba. Ellos estarían bien, se necesitaba mucho más que un avión explotando para acabar con la vida de Dereck.

—Despierta Dee, abre los ojos.

Dereck se había puesto de pie por primera vez en siete días bajo la forma del hombre. Su naturaleza were había logrado el milagro, una vez más, de recuperarse cuando podría haber muerto. En realidad, según Reno, quien lo había salvado había sido el mismo que puso la bomba en el Cessna: la colocó en el portaequipaje, al fondo del avión cuando él era el piloto. La explosión lo lanzó al aire y tuvo la velocidad mental para dejar salir al águila que cayó malamente sobre las rocas, apenas tuvo algo de consciencia tomó la forma del lobo y se arrastró buscando resguardo. Si estaba vivo sin protección en una zona tan alta el frío completaría la tarea de la bomba. Supo sin duda alguna que nadie más que él sobrevivió. El fuego calcinó lo que quedaba. Sus amigos debieron morir en la misma explosión.

Su último pensamiento antes de ingresar a la inconsciencia fue Deanna.

Lo que no esperó fue que Reno pudiera localizarlo a través de ella. Reno y Gabro lo habían llamado “vinculación” y cuando se lo contaron recordó que nunca nadie le había hablado de poder hacer algo así. El Nehann era mucho más que la unión de dos cuerpos, una vinculación que iba más allá de lo físico. Ellos habían podido conectarse a cientos de kilómetros de distancia. Para Gabro, si Reno no hubiera llegado no habría sobrevivido. Pero ahora estaba bien. Apenas despertó esa mañana sintió dentro de sí la fuerza para buscar a Dereck, el hombre, dentro de sí. Y lo había logrado.

Gabriel estaba a su lado y un poco más allá, Deanna dormía.

—¿Está bien?

—Lo estará. Hemos inducido su sueño. Estaba sufriendo tus mismos síntomas, fue necesario hacerlo. ¿Qué haces?

—Quiero ponerme de pie.

—¿Estás loco? Has pasado la última semana como lobo, no recuerdo que alguno de nosotros haya estado tanto tiempo bajo forma animal.

—Ayúdame. Necesito… tocar a Dee.

Mientras se acercaba a ayudarlo Gabro movía la cabeza de un lado a otro.

—Cada vez hay más cosas que me sorprenden de nuestra propia naturaleza.

—Eso es porque jamás nadie se ha preocupado por estudiarla.

—¿Estás seguro de que está bien?

—Segurísimo.

Dereck se sentó a su lado en su cama y extendió la mano donde tenía el suero para retirar un mechón de cabello dorado de su rostro.

—Estaré afuera. No hagas locuras.

Ni siquiera le contestó. Toda su atención estaba concentrada en Deanna. Se acercó a ella y le susurró casi en su oreja:

—Despierta Dee, abre los ojos.

Se recostó a su lado con cuidado. Sabía que los dolores de su cuerpo eran los mismos que los de Deanna. Gabro le había indicado que no solo la había sedado, sino que también Reno la había hipnotizado para que descansara mientras él se recuperaba. Una leve sonrisa asomó a su rostro. Se sentía infinitamente agradecido por el cuidado que habían puesto en ella.

—Dee, preciosa, abre los ojos. Despierta —insistió.

Dereck acercó su boca a su mejilla y la besó con dulzura. Dejó una estela de pequeños besos desde su frente hasta la comisura de sus labios. Si ella no lo hubiese aceptado esa noche, no habría historia futura para ninguno de los dos.

—Despierta, abre los ojos.

Dee se movió apenas.

—Eso es, abre tus ojos, déjame verte.

—¿De… reck? —pronunció con voz muy enronquecida.

—Sí mi alma, soy yo. Abre los ojos.

—Dereck…

Dereck espero a que ella enfocara sus ojos en su rostro y le sonrió para luego bajar hasta su boca y besarla suavemente.

—Dereck…

—Lo lamento, lamento profundamente haberte hecho pasar por esto. No lo sabía. No sabía que podía pasar algo así.

—¿Estás bien?

Dee intentó moverse y Dereck la ayudó hasta acomodarla entre sus brazos. Su voz se escuchaba profundamente lastimada, como si hubiera estado gritando horas y horas.

—Sí, estoy bien, gracias a ti. Salvaste nuestras vidas.

—¿Nuestras?

—La tuya y la mía.

—No sé cómo…

—Yo tampoco.

—¿Qué pasó?

—El Cessna explotó.

—¿Explotó?

—Alguien puso una bomba.

—¿A ti? ¿Por qué?

—No. No a mí. A… Oliver.

—¿Oliver?

Deanna intentó erguirse pero no tenía fuerzas. Dereck la apretó más fuerte.

—¿Oliver?

—Dee, Oliver y Dominic murieron en la explosión.

—¡Nooooo! ¡No…!

Dereck casi la izó hasta tenerla completamente sobre su cuerpo y la dejó llorar hasta que se durmió.

Y no la soltó.

La habitación bajo el aula era extrañamente hipnótica. Ejercía sobre ella una fascinación que le impedía darse cuenta del paso del tiempo. Teddy y Margot se aparecían de vez en cuando para saber si estaba bien. Y lo estaba. Se había recuperado en la misma medida en que el cuerpo de Dereck iba mejorando. “Vinculación del Nehann” lo había llamado Gabriel. Y era una extraña sensación el saber que solo tenía que buscar a Dereck dentro de ella para encontrarlo, con la misma facilidad con que Dereck dejaba salir sus weres. Tocó el silbato sobre su pecho y sonrió.

Había pasado un mes desde que despertó en el hospital y se enteró de la muerte de Dominic y Oliver. Dereck le había contado más de una vez la última charla que había tenido con Oliver. Había descubierto que la presencia que ella pensaba silenciosa de Oliver en su vida no había sido tan silenciosa. Más de una vez se había encontrado pensando en él. Extrañaba al amigo entrañable que Oliver había sido. Como miembro del Senado se rendirían honores en su nombre y habían quedado de acuerdo con Dereck, en que ella asistiría. Todas sus amistades se habían comprometido a asistir y le hacía bien la idea de despedirse.

La bomba que explotó el Cessna era de la misma clase de las que habían volado su camioneta y la casa. El mismo cronómetro y material explosivo. Y seguían sin saber quién era el responsable de las mismas y tampoco la causa. ¿Había terminado con la muerte de Oliver?

—¿Puedo pasar? —preguntó Dereck golpeando suavemente con sus dedos en la puerta de entrada.

Dee miró su reloj mientras se ponía de pie para ir a su encuentro.

—¿Qué haces aquí a esta hora?

—Sentí tu melancolía —fue su respuesta.

Dee se refugió en sus brazos, Dereck la izó en el aire, y ella rodeó su cuerpo con sus piernas para besarlo.

El beso no fue suave sino profundo y salvaje. Parecían no tener suficiente uno del otro. Era tocarse y combustión instantánea. Dereck tenía una teoría sobre la intensidad de sus sentimientos y la fuerza de su vinculación y la atribuía a los muchos años de separación.

Con ella en brazos y sin soltar su boca se sentó colocándola en su regazo. Cuando debió soltarla para conseguir respiración Dereck le dijo con humor:

—Creo que usas ropa muy inadecuada.

—Tú me la compraste.

—Bueno, siempre hay una segunda oportunidad —dijo para soltar a Dee y mover sus manos sobre ella. Los pantalones y la camisa vaqueros que se habían convertido en las prendas preferidas de ambos desaparecieron y dejaron sobre su cuerpo, una breve y muy cortita camisola con minúsculos tirantes que dejaban ver mucha carne.

—¡Dereck! —gritó para bajar la voz después de mirar a todos lados del cuarto y agregar en un tono mucho más bajo— ¡Quítalo! ¡Ahora!

—¿Por qué debería hacer eso?

—Porque pueden entrar Teddy o Margot. Por eso…

Dereck lanzó una carcajada y movió sus manos para vestir a Dee con un enterito muy usable en los Polos.

Esta vez la que lanzó la carcajada fue Deanna. Había reído más en los últimos días que en toda su vida. Amaba el sentido del humor de Dereck y de los miembros de Gallia. Oliver había sido un padre como no tuvo pero Dereck era el hombre que amaba.

—¿Cómo vas a arreglártelas para lo que quieres con esto puesto? —preguntó sonriendo.

—Cierto. Vamos a lo básico.

Movió sus manos y la dejó completamente desnuda. Dee lanzó otra carcajada mientras Dereck volvía a besarla. De pronto buscó su mirada y le dijo:

—Los amo Dereck Lenoir.

—¿Los?

—A ti, al lobo, al tigre y el ave.

—Águila.

Dee volvió a reír.

—Gracias por elegirme, por hacerme reír, por cuidarme, por darle sentido a una vida completamente vacía.

—Te amo Deanna Nilsen, y gracias por elegirme, por hacerme reír, por cuidarme, y por darle sentido a una vida vacía.

—Copión. Tendrías que haber dicho algo diferente.

—¿Algo como… gracias por darme vida…?

Dee se puso melancólica. El recuerdo del terrible accidente jamás la abandonaría. Volvió a reír y lo besó en la nariz.

—Ohh, quizás preferirías ¿gracias por darme los mejores orgasmos del mundo?

—¿Del mundo? No he tenido mucha experiencia como para decir eso… tendría que…

—Ni lo pienses, la sola idea me llena de impulsos homicidas.

Dee de pronto se quedó en silencio y sonrió. Se deslizó de sus brazos hacia el suelo.

—¡OOOh! —dijo Dereck mientras abría sus piernas y Dee se colocaba entre ellas.

—¡OOOh! —repitió Dee— Tienes demasiada ropa puesta, mi tigre.

—Eso puede… —movió sus manos— solucionarse. —Y quedó completamente desnudo.

La evidencia de su deseo, firmemente rígido, atrajo la mirada y las manos de Dee que subieron para tomarla entre ellas. No se reconocía en esta nueva mujer en que se había convertido, una mujer osada, atrevida y sin ninguna inhibición hacia el objeto de su deseo. Se acercó más y lamió sus labios. El suspiro de Dereck le dijo que su provocativo acto había sido efectivo. Levantó los ojos desde donde estaba y sonrió mientras abría su boca para tomarlo. El rostro de Dereck, sus manos y uñas reflejaban el poco control que poseía de sus weres. Una barba que hacía segundos no estaba ahí, largas uñas curvadas y colmillos de gato que sobresalían mientras intentaba respiran ya eran parte de lo que hacer el amor significaba con Dereck.

Habían pensado que con el paso de los días Dereck lograría mayor control pero Gabriel había sido muy claro: no había acto más natural y primitivo que el del apareamiento. Y su naturaleza animal era más fuerte que la capa de civilización con la que Dereck se mostraba. Cada vez que Dereck la había montado, la había mordido hasta sangrarla y había disfrutado cada una de ellas. El placer era más intenso que el dolor. La marca cada vez desaparecía más rápido. Todo en ella había cambiado. Parecía diez años más joven; se cortó un dedo cocinando con Margot y se curó casi instantáneamente. Gabriel estaba sorprendido. Al parecer ninguna mujer de weremindful, hasta ahora, podía hacer lo mismo. Así como la salud tan precaria de Oliver había mejorado ella parecía casi inmune a todo.

Ahora su más completa atención y concentración estaban puestas en el apetitoso órgano que llenaba toda su boca: se solazó con el largo y grueso miembro con pequeñas lamidas mezcladas con mordiditas suaves que levantaban a Dereck de su asiento. Había aprendido en pocos días qué cosas le gustaban a Dereck, cómo mover su lengua sobre él, cuándo soplar, cuando hacer una pausa o tocar el suave glande con el ápice de su lengua en una memorización táctil de la misma que lo volvía loco y hasta cómo chuparlo hasta secarlo. Y en cada experiencia habían terminado igual: Dereck la levantaba con violencia, la ponía boca abajo y la penetraba dejando que sus weres tomaran el mando. Mientras a su lado todo volaba, sus largas melenas se enredaban en el aire, las paredes de cristal temblaban hasta los cimientos, hasta que Dereck se derramaba dentro de ella una y otra vez en una serie ininterrumpida de orgasmos. Y cada vez costaba más desanudarlo de su interior.

Gabriel, (Dios Gabriel sabía más de su vida sexual que ella misma), decía que eso se debía a la necesidad de procrear, la naturaleza era sabía y el objetivo del apareamiento era una cría. Hasta que ésta no anidara separarse sería más y más difícil.

Dee había aprendido más de fisiología animal en esos días que en toda su vida.

Cuando despertaba Dereck la llevaba en brazos hasta su cama, si ya no estaba en ella. Parecía no tener ningún tipo de control en su deseo por ella.

Gabriel, siempre Gabriel, les había dicho que los felinos son animales muy sensoriales. El solo percibir el olor de Deanna era una llamada a copular, y unidas, la naturaleza depredadora del felino y del lobo, era lógico que siempre terminaran en la cama más cercana. La depredación es una conducta inherente al comportamiento felino. Responde a su naturaleza cazadora y mal encauzada, puede dar lugar a graves lesiones, motivo de honda preocupación en Gabriel. Pero las únicas lesiones que Dee podría contar eran las mordidas y las largas eyaculaciones y orgasmos y de eso jamás se quejaría.

Los cambios no solo se notaban en su aspecto, o la respuesta siempre activa y complaciente de su cuerpo y hasta en el increíble apetito sexual que compartían sino también en la postura francamente agresiva que Dereck tomaba con los miembros de Gallia en cuanto uno de ellos se acercaba a ella. La agresividad entre machos es normal cuando hay una hembra en celo próxima, pero extrañamente, al parecer, Dereck era el único afectado por las feromonas de Deanna. Lo que los miembros de Gallia agradecían profundamente cansados de los gruñidos de Dereck cuando alguno se olvidaba y se acercaba demasiado a ella.