16

—Se lo diré, no se preocupe señor Logan.

Margot cortó su comunicación y giró hacia la cocina para encontrar a Deanna mirándola desde la puerta de entrada.

—Buenos días, hoy se la ve preciosa.

La exuberante mujer se acercó familiarmente a saludarla con dos sonoros besos. Dee se sorprendió, ni Perdita solía ser tan efusiva pero devolvió su entusiasmo con calidez.

—Acaba de dejarme un mensaje para usted señora.

—¿Dereck?

—Así es. Me dijo que volverá para el almuerzo. En realidad dice el guardia que salió antes de las cinco de la mañana.

—¿Salió?

—Al parecer su avioneta lo estaba esperando. Ese hombre ama volar y…

—¿Tenía un mensaje?

Margot lanzó una carcajada.

—Cierto. Venga tengo su desayuno listo.

—Margot…

—Cierto, su mensaje decía: “Dile a Deanna que regresaré al mediodía para el almuerzo con Oliver”.

—¿Con… Oliver?

—Eso dijo. ¿Le gusta el chocolate? Puedo prepararle una taza. Lo hago con canela, exquisito dicen los chicos —bajó la voz en tono confidencial— y es cierto.

—¿Qué? No. Café solo está bien.

—Le hice unas ricas galletas. La nota fue muy clara.

—¿La nota? ¿De qué nota hablas?

—De… —caminó hasta la puerta de la heladera retiró una nota de papel y se la entregó mientras Dee se sentaba frente a la mesa de la cocina.

Dee la tomó, leyó y sonrió.

Margot:

Cuida a la señora North.

Aliméntala y no le hables tanto.

D.

—Como si yo hablara demasiado… ¿Probó mis galletas?

—Ahora lo haré. Gracias Margot. Están muy ricas.

Margot solo sonrió y movió sus manos como diciendo “ya lo sé”.

—Estaré arriba. Pero bajo en un rato.

—No te preocupes, tomaré mi café… comeré galletas y —miró el periódico sobre la mesada de la cocina— leeré el diario. Estaré ocupada.

Margot salió de la cocina y Dee miró la primera plana del periódico sin verla. “Regresaré con Oliver” resonó con fuerza en su cabeza.

Retiró hacia atrás su larga melena rubia y apoyó los codos sobre la mesa tapando sus ojos.

Cuida a la señora North.

¿Hice lo correcto?

Haber pasado la noche con Dereck se sintió absolutamente correcto, pero ahora ya no estaba tan segura. Tenía miedo. Sabía que tendría que ser honesta con Oliver, siempre lo había sido y no empezaría a mentirle ahora. Estaba enamorada de Dereck, lo estaba… pero, ¿era lo correcto? Conocía la historia de Oliver interponiéndose entre Dereck y las balas y la imagen de sí misma entre ambos no la hacía sentir feliz. ¿Cómo lo tomaría Oliver? ¿Afectaría su frágil salud? ¿Qué pensaría de ella? Jamás habían hablado de la alejada posibilidad de encontrar el amor. Para qué hablarlo, ni siquiera se lo había planteado. ¿Pero por qué nunca lo habían conversado? Ellos habían pasado horas hablando de todo. Oliver se casó con ella para protegerla, para que alguien cuidara de sus propiedades que en manos de Jules solo provocarían el infortunio de las muchas personas a su cargo. ¿Acaso alguna vez pensó en su edad, que era joven y que quizás podría conocer a alguien más joven y… sano? ¿Lo habrá hecho? Pero por qué lo haría si ni ella lo había tenido en cuenta. Se casó con él pensando que nunca sentiría nada por ningún hombre, que a su manera pagaría la infinita bondad de Oliver, lo acompañaría y cuidaría como si fuera su hija. Su hija, muchas veces Oliver se lo había repetido: te amo como a una hija, Dee. Y ella sabía que así era. Qué extraordinaria paradoja conocer a alguien como Dereck para entender que ella también sentía, que era humana, y estaba viva. Porque así se sentía, humana; ya no era una muñeca vacía que dejaba transcurrir sus días sin saber que estaba viva. Porque si algo había entendido anoche era que una nueva mujer había surgido en ella, y no quería perderla, no ahora que la había descubierto y encontrado. Jamás imaginó conocer a alguien como Dereck. Él la había fascinado desde la primera vez que lo vio, un segundo antes de convertirse delante de ella en un enorme gato negro. En vez de correr horrorizada, su fascinación creció lento dentro de ella. Estaba tan enamorada que ni siquiera pensar en qué era se convirtió en obstáculo a saltar. No le importó. Ese hombre la había elevado sobre el cielo, con sus propias alas y de lo único que tuvo miedo fue de la intensidad de sus propios deseos y sentimientos.

Bueno, era momento para saber si esa nueva mujer que había descubierto dentro de ella tendría el valor de salir a la luz del día. Y, en el camino aprender cuánto dolor ocasionaría ese cambio.

No se dio cuenta que las lágrimas se dejaban caer por sus ojos hasta que escuchó:

—¿Está llorando?

Margot había logrado asustarla. Manoteó sus mejillas buscando hacerlas desaparecer.

—Un poco.

—Espero que no hayan sido mis galletas.

Dee lanzó un esbozo de carcajada para quedarse en silencio mirando las galletas sobre el plato.

—¿Margot, alguna vez se ha enamorado?

—¡Ahhh, problemas de amor! Claro que sí. Mi Teddy y yo llevamos juntos veinticinco años.

—¿Cree… que el amor tiene precio?

—¿Precio? ¿Se refiere a que si cuesta?

—Sí y no…. Me refiero que a veces el amor de unos puede causar daños a otro...

—El amor tiene esas cosas. A veces nos enamoramos de quien no debemos, a veces amamos sin ser amados, a veces morimos sin conocer el amor.

—Una vida vacía.

—Sí, una vida vacía. Entonces hay que recordarlo.

—¿Recordar?¿Qué cosa?

—Pues eso, que estamos vivos. Una vida vacía no es vida.

—¿Hay que ser egoísta entonces?

—Sí y no. ¿Cómo se lo explico? Nadie puede llenar la vida de una persona si su corazón está lleno de otro. Eso tampoco es vida, eso no es amar, es sentir pena. La pena no llena, solo aumenta el desamor. No se es generoso dando pena. La verdad duele siempre, pero más duelen…

—… las mentiras.

—Ya lo entendió. Bueno, me pondré con el almuerzo. ¿Qué le gustaría comer Deanna?

—Lo… que quieras…

La cara de desconcierto de Margot la hizo sentir mal. En lo que menos podía pensar era en comer.

—¡Sorpréndeme! —agregó intentando mejorar también su propio ánimo.

—Sí. Mi especialidad entonces: cordero a las hierbas. Va a encantarle. Mi Dios… no será vegetariana, ¿verdad?

—No. No lo soy. No te preocupes.

—Perfecto.

—¿Me dejaría ayudarle? Y de paso aprendo.

—Claro que sí. Será un placer. Recuerdo la vez que Logan decidió ayudarme, fue la primera y la última. Ese día…

Dee respiró profundo y puso una semi sonrisa en su rostro. Mantener las manos ocupadas sería la mejor manera de ocupar su mente. Aunque la charla de Margot difícilmente le permitiría escuchar otra cosa.

—¿Todo está bien?

La voz robótica de Oliver resonó dentro de la sala.

—¿Dónde está Deanna? ¿Está bien? —Jules Norton detrás de la silla de Oliver se veía ansioso.

—Todo está bien. Ella está bien —contestó Dereck mirando de uno al otro.

—Estábamos realmente preocupados, los medios no han parado de mostrar imágenes de la casa, quedó destrozada —Jules dejó la silla de ruedas de Oliver a un costado y se sentó frente a Dereck.

—¿Qué está pasando Dereck? —preguntó Oliver.

—Necesita…mos hablar. Pero no acá.

—¿No? ¿Qué está pasando? —insistió Oliver.

—Los puedo dejar solos, no hay problema —ofreció Jules de inmediato.

—No hace falta. Oliver, tenemos que conversar.

—¿Quieres que pasemos a la oficina?

—No. Tú, yo y… Deanna.

—¿Ella está bien? ¿Dónde está? ¿Qué pasó en la casa? —insistió Jules.

Dereck miró algo molesto a Jules, ya le había dicho que estaba bien. ¿Por qué tanta insistencia?

—Ya dije que ella está bien. Y en… un lugar seguro —respondió en tono molesto.

—Perdona. Los dejo conversar. Llamaré a la universidad.

El rostro de Jules reflejó la dureza de la respuesta de Dereck; el hombre dio media vuelta y salió de la sala.

—Lo siento —se disculpó ante Oliver.

Oliver esbozó una media sonrisa.

—Es un chico. Discúlpalo. ¿Qué sucede Dereck?

Dereck miró a los ojos a Oliver.

—Le prometí a Deanna que sería ella quien hablara contigo. ¿Podrás esperar?

—¿Qué puede querer decirme que te preocupa tanto?

—Tengo mi avioneta cargando combustible. Deanna está en mi casa en el parque y… —los golpes en la puerta lo hicieron callar.

—¿Sí? —se escuchó decir a Oliver.

Dominic ingresó con papeles en la mano.

—Capitán —Saludó a Dereck con una inclinación de cabeza para entregarle una carpeta con papeles dentro— me dijo el señor Jules que había llegado, estaba por enviarle por internet la información que me solicitó sobre las bombas en la casa del señor North.

En silencio, Dereck abrió la carpeta y leyó. Decía exactamente lo mismo que Reno le había informado.

—¿Qué dice? —la voz metálica de Oliver sacó a Dereck de su lectura.

—Por lo que veo, el explosivo usado es ANFO —dijo molesto golpeando la carpeta contra el apoyabrazos de su sillón. Dereck se puso de pie y caminó hacia la amplia ventana. Desde ahí podía verse la ciudad.

—¿Qué te molesta? —preguntó Oliver.

Dominic fue quien le respondió.

—Es la más conocida mezcla utilizada en minería.

—¿Eso es malo?

—Mucho —contestó Dereck— se vende en todo el país y hasta sin registro. Cualquier empresa de demolición, grande o chica la tiene. Son tan baratas que están a disposición de quien la quiera.

—No puedes seguirla.

—Exacto Oliver, no puedo seguirla.

Miró a Dominic y preguntó:

—¿Cómo se detonó? ¿Tienes alguna información?

—Al parecer fue por teléfono.

—Y no necesitaba estar cerca —dijo en voz baja Dereck—, bueno, al menos sabemos que solo hay uno detrás de todo esto.

—¿Uno? ¿Hablas de una persona?

—Así es Dom. Una.

—¿Cómo lo sabes?

—Las explosiones. Fueron cuatro. Una detrás de otra. Cuatro explosiones, cuatro llamados. Si hubiera más involucrados hubieran explotado al mismo tiempo.

—Y no podrías contarlo.

—Quizás Oliver, quizás.

—Dominic —pidió Oliver, moviendo su silla hacia donde se encontraba el hombre—, debemos ir a Gallia. Prepara todo.

—¿Cuántos días? —preguntó Dominic.

—Por el día—respondió Oliver—. ¿A qué hora salimos? —preguntó mirando a Dereck.

—Cuando estén listos.

—Disculpe Senador, recuerde la reunión con el Presidente.

—Cierto. Dereck, lo lamento amigo, ¿podrás esperar hasta mañana?

—No hay problema.

—No puedo faltar ni posponer la reunión de hoy. ¿Quieres adelantarte? Dominic me llevará.

—Por supuesto Senador. Me ocuparé de lo necesario Capitán.

Dereck regresó hacia donde había estado sentado y levantó de nuevo la carpeta.

—No se preocupen. Voy a esperarlos.

—¿Puedes?

—Claro que puedo, aprovecharé el tiempo, tengo algunas cosas que investigar. Revisaré esto entre tanto.

—Te veo más tarde —pronunció la voz metálica de Oliver. Dominic lo sacó de la sala.

Dereck miró la carpeta sin verla. Le había sido duro cumplir su promesa a Deanna. Ella los esperaba.

Sacó el teléfono celular de su campera y marcó el número de André Dupois.