14
El enorme gato hacía guardia justo bajo el dintel de la amplísima ventana. Las paredes de cristal no dejaban ver el interior pero las ventanas abiertas permitían entrar la fresca brisa marina. El sollozo lo sorprendió. Levantó la gruesa cabeza y supo que Deanna estaba llorando. Se izó en sus cuatro patas y saltó sin hacer ruido dentro del cuarto. Su visión nocturna le permitía ver como si fuera de día. Deanna estaba llorando completamente tapada por las mantas. Debajo de ellas parecía luchar para desembarazarse de lo que sea que la estuviera ahogando. Su llanto y la falta de aire lo asustaron lo suficiente como para dar paso al hombre y con rapidez se sentó en la cama y comenzó a quitarle las mantas de encima. Deanna comenzó a gritar su nombre.
—¡Dereeeck! ¡Dereeeck!
—Dee, despierta. Dee.
Logró quitarle el enredo de sábanas y mantas en las que se había maniatado e intentó despertarla. Dee parecía entablar una pelea con alguien: su angustia la llevó a alejarlo, golpeando su pecho y rechazándolo.
—Dee, despierta —repitió está vez más fuerte. Tuvo que hacer acopio de mucha firmeza para evitar que se lastimara al querer alejarse de él.
—¡No! ¡No Dereck! ¡No Dereck! —gritaba moviendo piernas y brazos, tirando patadas tratando de alejarlo.
—¡Dee, despierta! —Dereck sostuvo sus brazos y la abrazó con fuerza, había levantado la voz— Despierta, es solo un sueño, despierta —tomó su rostro entre sus manos y besó su frente—. Despierta, abre los ojos. Todo está bien. Aquí estoy. Abre los ojos.
—¿De… Dereck?
—Sí, Dereck, aquí estoy. Aquí. Todo está bien, preciosa, es solo un sueño. Un mal sueño.
—¿Sueño?
—Sueño. Sí, un sueño. Todo está bien.
Deanna luchó por quitarse de sus brazos y comenzó a revisar su cuerpo. Aún caían lágrimas por sus mejillas.
—¿Estás bien? ¿Estás bien?
—Dee, solo fue un sueño. Todo está bien.
—Sí —rio entre lágrimas, mientras repetía—. Sí. Sueño. Fue… horrible Dereck, horrible.
Ante su estremecimiento y congoja, Dereck la atrajo hacia su cuerpo desnudo y la abrazó. Ella también lo rodeó con sus brazos. Por un largo momento no dijeron nada. Dereck solo la meció. Suavemente, de un lado al otro hasta sentir que su agitada respiración se fue normalizando.
—Háblame del sueño —le pidió, al sentirla tranquila.
Pensó que ella se negaría. Habían estado un largo rato en silencio, solo abrazados. La voz de Deanna parecía rota, fruto del esfuerzo del llanto y los gritos.
—Estábamos en mi casa. Las explosiones comenzaban y tú… estabas dentro. Yo podía verte detrás del cristal. Las llamas… las llamas avanzaban… eran enormes, gigantescas y te rodeaban. Y no podía hacer nada… nada… ellas… quemaban tus alas, Dereck, se incendiaban y ardían levantando altas llamaradas y yo solo podía mirar cómo se quemaban, fue horrible… no podía hacer nada…
—Shhh. Tranquila. Fue una pesadilla. Eso no ocurrió ni va a ocurrir.
—Lo sé. Ahora lo sé. Ahora… lo sé.
—¿Lo sabes? ¿De qué hablas, qué cosa sabes?
—Voy a tomar el control de mi vida. Tengo que hacerlo. Es hora.
Deanna se movió soltándose de sus brazos y elevándose hasta ponerse frente a frente. Pasó las manos alejando su maraña de pelo hacia atrás; restregó sus ojos y pareció inspirar en busca de aire. Miró a Dereck a los ojos y afirmó como si estuviera contestando una pregunta no formulada en la quietud del dormitorio.
—Ahora.
Repitió. Y buscó su boca.
Dereck se sorprendió pero correspondió a su beso. Primero fue un leve toque, apenas una reunión de labios y nada más. Deanna afirmó su cuerpo usando el de Dereck y fue por un beso más; uno más largo que despertó en él su apetito latente. De pronto no podía creer el milagro que estaba recibiendo y no se permitió ningún tipo de cuestionamiento. Necesitaba saborearla… su lengua buscó la suya y se ató a ella. Se sumergió mientras sentía cómo grababa a fuego en cada célula de su cuerpo su sabor. Años y años imaginando lo que jamás podría tener, lo que jamás tendría derecho siquiera a tocar… se hizo hacia atrás intentando alejarla de su cuerpo.
—No —lanzó una desconcertada Deanna acompañando con su cabeza—. No Dereck. Es “mí” decisión.
—Deanna, escúchame, por favor… ni siquiera yo sé cómo será… ¡Por Dios hacerte el amor, sería lo que más anhelo en este maldito mundo! Pero si no puedo… si no puedo mantener mi forma humana delante de ti, no sé qué pasará si pierdo el control… y lo voy a perder… lo sé.
—Es mi decisión. Y lo quiero. Yo también lo quiero.
—Dee, puedo… puedo hacerte daño.
—No. Jamás me harías daño. No me preguntes cómo lo sé. Por favor, Dereck… no me rechaces.
—¿Rechazarte? ¡Por Dios! ¿Estás segura? Mira…
Extendió sus manos. Ya no había dedos ahí.
Deanna llevó sus manos hasta una de las garras y la llevó hasta su boca. El instinto la guió. Sacó su lengua y la deslizó por toda su longitud. Dereck se sintió explotar. Lanzó al espacio todas las razones por las que no podía tocarla. Solo dijo:
—Después…
Y ni él sabía qué significaba exactamente ese después. Sí, después habría tiempo para las lamentaciones o quizás ambos se arrepentirían de por vida de lo que estaban haciendo o quizás… no.
Dereck la empujó sobre la cama y ella se acomodó abriendo sus piernas para él como si lo hubiese hecho toda su vida. Quedó bajo su cuerpo. Deanna levantó su mano y acarició su rostro, su piel siempre tersa lucía ahora con una espesa y oscura barba negra. Con su dedo tocó sus labios y recorrió su contorno. Dereck solo se quedó quieto mirándola, viendo como ella descubría al verdadero Dereck. Su lengua atrapó su dedo y lo sumergió en su boca. Deanna sonrió. Dereck bajó su cabeza y buscó su boca, su beso fue suave, lento. Deanna usó sus manos para acariciar su amplia espalda, fuerte, musculosa, de pronto pareció sentir entre sus dedos crecer su vello. Dereck la soltó y buscó sus ojos. Necesitaba asegurarse de que ella sabía en qué se estaba metiendo, ahora que aún sentía algo de control.
—Mi preciosa Dee —susurró con voz enronquecida—. ¿Estás segura?
Los fuertes brazos de Dereck parecían sostenerla en el aire. Deanna subió su cabeza y comenzó a dejar una serie de besos sobre su barbilla, su cuello, su pecho, hasta encontrar los duros pezones, tan duros y erguidos como los suyos. Curiosa bajó la mirada hasta ellos, y tomó uno entre sus labios. Reconoció su forma, su tamaño, su sabor. Sin saber qué hacer solo chupó. El suave gemido de Dereck le indicó que estaba haciendo lo correcto y chupó más fuerte.
Dereck se sentía a punto de correrse. Estaba tan duro que le dolía intensamente. Llevó los brazos de Dee hacia atrás y colocó sus manos sobre los barrotes de la cama.
Dee protestó.
—¡No! ¡No!
—¡Agárrate! —le ordenó. Y comenzó a bajar por su cuerpo. Primero la besó, un beso voraz y salvaje que la hizo gemir; luego deslizó pequeños mordiscos en su mejilla, en su barbilla, debajo de su delgado cuello. Un pequeño camino de humedad.
Deanna podía sentir el suave raspón de sus dientes sobre su piel y lo que podría haberla asustado la hacía desearlo más.
Dereck continuó bajando hacia sus pechos. Cuando se detuvo frente a su pezón derecho, Deanna sintió su cálido aliento sobre él y gimió de anticipación. Dereck sonrió y lo metió en su boca.
La sensación de Dereck prendido a su pecho la sacó de equilibrio, de pronto comprendió que los quejidos y las profundas bocanadas en busca de aire provenían de ella misma. Dereck jugó con sus pezones, los convirtió en duros bastoncitos, se tomó todo el tiempo del mundo a pesar del hambre que roía sus entrañas. El olor de su excitación llegó potente hasta él y soltó sus pechos para seguir un firme descenso hasta su coño.
—¡Nooo! ¡Nooooo! —rogaba Deanna. Si hubiera tenido que responder a qué se negaba no podría haber encontrado la respuesta. Levantó su cabeza del respaldar de la cama para observar la escena. Por primera vez veía a Dereck con su larga cabellera oscura, suelta. Se desparramaba sobre sus amplios hombros. Como si se hubiesen puesto de acuerdo Dereck pasó su lengua sorbiendo sus jugos al mismo tiempo en que levantaba la vista y encontraba su mirada. Su lengua no paró. Sorbió sus jugos y se enredó en su clítoris. Primero Deanna gritó, abrió más sus piernas y se entregó al juego de su lengua y labios; luego se estiró hacia atrás, como si su cuerpo solo fuera la cuerda de arco a punto de dispararse para soltarse agitaba en un fuerte orgasmo.
Dereck regresó su vista hasta su coño y su lengua soltó el duro e hinchado clítoris. Su sabor lo enloqueció, su polla demandaba su posesión. Volvió a atraparlo y comenzó a mover su cabeza al mismo ritmo con que se mecía de adelante hacia atrás, toda Deanna lo acompañaba. Ella parecía una muñequita sin fuerza alguna mientras Dereck amaba su coño. Deanna se frotaba contra las mantas sin soltarse y el placer en ambos crecía sin control. Cuando Dee pensaba que ya no resistiría más placer, una segunda oleada arrasó con ella. Comenzó a llorar mientras su cuerpo se erguía de la cama arqueando su columna sin control, apretó sus nudillos en los barrotes hasta dejarlos blancos. Dereck, soltó su clítoris y buscó su centro y lo chupó como si fuera el último acto de su vida. Dee se derramaba en chorros dentro de su boca. Necesita montarla antes de enloquecer; se movió, tomó con sus manos sus piernas extendiéndolas y se empujó a sí mismo más arriba hasta ubicarse en su centro. Intentó aminorar la locura que lo manejaba, pero Dee no se lo hacía fácil, pedía más empujándose contra él, intentando buscar el placer perdido. Dereck debió aferrarla ante los desesperados corcoveos de su cuerpo, para mantenerla allí, dónde la quería, vertiéndose a chorros en su boca.
Su pene tocó su centro y Dee gritó en un nuevo orgasmo que la dejó temblando, sin fuerzas, solo se oían sus gemidos. En un segundo el lobo dentro de él se impuso, la tomó con sus fuertes brazos y la giró hasta colocarla de espaldas sobre la cama. Apenas tuvo el sentido de apoyar una almohada bajo su pelvis para levantarla más hacia él. Ya casi nada de Dereck quedó sobre esa cama, el lobo se acomodó y la sostuvo para luego montarla. Las fuertes y firmes patas del lobo subieron sobre ella.
—No tengas miedo.
Escuchó como en un sueño Dee. ¿Miedo? A lo único que temía era a sentir que ya no podía recibir más placer. Su cuerpo temblaba sin control mientras sentía a Dereck comenzar a penetrarla. Su corazón comenzó a correr otra vez sin pausa. Un salvaje y loco tambor resonaba en sus oídos. Unos segundos después, las manos del hombre se posaron justo al lado de su cara. Los fuertes brazos de Dereck terminaban en garras. Las vio con total claridad. Ese era Dereck. Eso es lo que era. Un hombre que contenía dentro de su cuerpo hermosas y bellas especies. Y no hubo miedo allí, solo la certeza de que por primera vez en su vida estaba priorizando lo que necesitaba, lo que deseaba y quería más que ninguna otra cosa en este mundo. Y era exactamente lo que Dereck estaba haciendo. Su coño empapado le permitió deslizarse suavemente. No esperó el dolor pero cuando llegó fue poderoso y a la vez intrascendente. Lanzó un grito cuando la gruesa cabeza del pene se abrió paso dentro de ella. Los sonidos húmedos y el fuerte vaivén de sus cuerpos fueron su única realidad, podía sentir cómo sus paredes vaginales luchaban y se amoldaban a su tamaño con cada uno de sus empujes. Una mezcla extrañamente perfecta y deliciosa de dolor y placer.
Dereck luchaba por controlarse, por ser suave, por hacerle sentir todo lo que bullía dentro suyo, por demostrarle cuánto… la amaba…
De pronto se detuvo.
—No… no te detengas…. Por favor…
El ruego de Dee lo volvió a la realidad. Sí, la amaba. Quizás siempre lo hizo. Sus weres lo sabían mucho antes de que su parte racional lo aceptara. Se encontró luchando por controlar a las salvajes bestias dentro de él. Ella les pertenecía, se habían privado de su compañera demasiado tiempo. Se empujó en ella lentamente, gozando de cada centímetro ganado, suave y lento. Todos: él y sus weres la necesitaban con tanta furia y desesperación que ni siquiera la posibilidad de lastimarla los detendría. Dee había roto y traspasado la barrera de cordura y ética que se había autoimpuesto. Ella era la esposa del hombre que se puso delante de las balas por él, sin embargo, contra toda lógica, en el mismo instante en que la tocó hombre y weres descubrieron al unísono que la decisión ya estaba tomada: Dee era suya. Pese a todo y a pesar de todo; traspasó la línea que demarcaba su amistad y agradecimiento hacia Oliver, y ya no había forma de volver hacia atrás. Y no quería pensar en intentarlo.
Podía oír sus pequeños gemidos mientras intentaba acomodar su tamaño, sus manos movieron sus caderas para facilitarle la tarea. Sus empujes eran suaves y profundos pero lentos. Él también gemía, estar dentro de Dee lo estaba perdiendo.
—Más, dame más —gimió Dee. La nueva posición le permitió afirmarse más sobre el respaldo de la cama. Se sostuvo con fuerza y se empujó hacia atrás cuando la polla de Dereck se adelantó, empalándose completamente en ella.
Los dos gritaron. Dereck ni siquiera podía respirar. Así que por unos segundos se quedó allí, quieto.
Era increíble, Dee se sentía completa... por primera vez en su vida, tenía perfecta conciencia de lo que era. La sensación de tenerlo dentro de ella fue tan embriagante como reconocerse por primera vez. La sensación de plenitud era abrumadora, tremendamente abrumadora. Nunca pensó que podría conocerse a sí misma solo a partir de otro ser. Sintió miedo. Un miedo atroz al comprenderlo. Ya nada podría seguir igual en su vida. Su primera decisión consciente había trastocado para siempre lo que fue, lo que era y lo que sería, sin importar cuáles fueran los sentimientos de Dereck. Fue terrorífico descubrir que desde ese momento tendría que vivir con la absoluta certeza de que era Dereck Lenoir quien la completaba y la definía.
Terror que fue borrado cuando un decidido movimiento de Dereck lo llevó hasta su matriz. Y Dee gritó ante la más completa aceptación de saber que ese hombre era al que estaba destinada sin siquiera imaginarlo. Su grito sacó a Dereck de su arrobamiento y se encontró pujando contra ella. Los instintos animales tomaron el mando y se guió por ellos. Fuerte, muy fuerte, buscando la cima. Más y más arriba hasta que el cuerpo de Dee convulsionó una vez más debajo del suyo y, Dereck se corrió, se vació en su vientre mientras la marcaba como propia, mordiendo su hombro.
Dee ya no distinguía entre el placer y el dolor, su cuerpo temblaba mientras fuertes y calientes chorros de semen la llenaban.
Ninguno de los dos notó el instante en que todo a su alrededor comenzó a vibrar. Los cristales de la ventana se remecían como si de un terremoto se tratara. Dee ni siquiera lo escuchó. Dereck levantó su cabeza para ver elevarse en el aire la ropa y los zapatos de Deanna.
—¡Mier….da! —dejó escapar sin aire. Recordó las palabras de Michael, y se rindió al placer que lo azotaba. Dee seguía drenando su cuerpo, conocía demasiado a su especie como para saber que se anudaría en ella hasta que ni un solo fluido quedara en él.
Y así fue. Dee dormía agotada, y él seguía anudado en ella. Le llevó tiempo liberarla, la acomodó casi sin fuerzas sobre su almohada, retiró su larga cabellera dorada hacia atrás y la miró embelesado. Parecía que ella se había llevado toda gota de energía de su cuerpo. Cayó agotado sobre la almohada, y sonrió. Una enorme sonrisa de placer y gozo.
Con esfuerzo se acomodó para abrazarla y se entregó al sueño.