17

—¿Puedo pasar?

Sentada frente al gran ventanal que daba al océano Deanna levantó la vista hacia el hombre que ingresaba. Era tan parecido a Dereck. Solo el fuerte tono turquesa de sus ojos y la pequeña curvatura de una nariz quebrada lo diferenciaban, eso y el impecable traje de marca que llevaba.

—Claro que sí.

André avanzó hacia ella y tomó asiento mirando el libro que ella tenía en la mano.

—¿Leyendas antiguas?

—Sí, lo tomé de la biblioteca de Dereck.

—¿Intentas entender?

La pregunta la descolocó. Sí, eso hacía. Simplemente afirmó con la cabeza. Supo sin preguntar que André y Dereck compartían la misma condición.

—¿Eres como Dereck?

—Lo somos.

—¿Somos?

—Pierre, Reno, Gabriel, yo… todos en Gallia somos como Dereck.

—¿Oliver lo sabe?

—Sí. Lo sabe. ¿Qué cosa te tiene tan preocupada?

—¿Lees la mente?

—No, te observé mirar una hoja sin ver durante largo rato. Eso solo significa que algo te tiene intranquila.

—Oliver es la persona más buena que conozco.

—Estamos de acuerdo.

—Y… es complicado.

Intentó sonreír y cerró el libro nerviosa. ¿Qué podía contarle a un desconocido?

—Deanna, ¿lo que te preocupa tiene que ver con Dereck y tú?

—…

—No me contestes, ya tengo mi respuesta.

El rostro de Deanna se había puesto colorado.

—Yo…

—Si te preguntas cómo lo sé, te diré que lo sospechaba, pero acabas de confirmármelo. ¿Conoces la historia de cómo Oliver salvó la vida de Dereck?

Ella solo afirmó. Sentía su cara caliente.

—¿Has pensado alguna vez la razón por la cual un hombre es capaz de interponerse ante una bala? O mejor aún, ¿has pensado por qué Oliver se casó contigo? Déjame que te la diga: se llama amor.

Deanna apretó sus manos sobre el libro y agachó su cabeza. La larga melena cubrió su rostro. Estaba avergonzada.

—Espera… Deanna, deja que me explique. No hay nada más poderoso que el amor. Y Oliver lo sabe.

Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro. Y las manoteó intentando que desaparecieran, intentó ponerse de pie y salir del salón pero André la detuvo.

—Espera. Deja que te cuente esta historia. Siéntate Deanna. Hace ya… catorce años, creo, tuve una interesante charla con Oliver. Él me preguntó si estaba en lo correcto casarse con una jovencita a la que consideraba su hija.

—¿Te… te preguntó?

—Sí, lo hizo. En ese momento me sorprendió su pregunta. Y mucho. Entonces le pregunté por qué, qué razón tenía para hacerlo. El equipo médico que lo atendía no le había dado un buen diagnóstico, de hecho los médicos no entienden cómo sigue tan bien.

—Sí. El doctor Wilson me lo había dicho. No le dieron mucho tiempo en esos días. Podía morir en cualquier momento.

—Eso le dijeron pero…

Dee no abrió su boca pero su rostro hizo la pregunta.

—... no sabían de la tozudez de Dereck. La idea fue suya. Y dio resultado. Verás, mi especie tiene larga longevidad y buena salud, ninguno de nosotros alguna vez se ha enfermado… podemos ser heridos, e incluso morir, pero Dereck pensó que nuestra sangre podría ayudarlo. Y lo hizo. No le ha permitido caminar. Regenerar su columna es absolutamente imposible pero su salud dentro de su estado ha sido y es excelente.

—Por eso los chequeos en Londres todos los años.

—Exacto. Todos los años se realizaban estudios, no hubo mejora en su estado motriz, pero su estado físico pasó de pocos semanas de vida a…

—… estar bien.

—Y tú quedaste en el medio. Cuando Oliver te pidió en matrimonio supuso que moriría en unas pocas semanas nunca esperó mejorar, porque si lo hubiera hecho...

—No nos habríamos casado.

—Exacto. Y hay algo más que debes saber Deanna. Oliver sabe que eres la pareja de Dereck.

—¿Qué?

—Él lo sabe, por eso insistió tanto en que fuera él quien se hiciera caso de los atentados. Durante años intentó que ambos se reunieran y Dereck siempre se negó. Hasta que los atentados lo decidieron.

—¿Cómo puede saber algo que ni yo sabía?

—Supongo que siempre pensó que sería suficiente con que Dereck lo supiera. Y así fue, ¿verdad? Lo supo por Gallahan, Michael Gallahan, ¿lo recuerdas?

—Sí.

—Michael se lo dijo.

—¿Por qué hizo algo así?

—Cuando te conoció un mundo desconocido se abrió para Dereck. No entendía qué le pasaba y hasta pensó que estaba volviéndose loco. De hecho también nosotros lo pensamos. Hacía dos generaciones de los nuestros que esto no sucedía. Michael nos abrió los ojos, y aun así dejamos muchas cosas sin aceptar y sin preguntar. Recién ahora estamos asimilando lo que significa ese famoso Nehann.

—¿Nehann?

—Dereck te lo explicará mejor que yo. Él temía descontrolarse por completo y no poder regresar a su forma humana. Michael fue quien le habló del Nehann, de lo que significaba una compañera, algo que creíamos perdido desde hace mucho tiempo para los Weremindful. Para todos nosotros aún ahora es una sorpresa, para Dereck fue nuevo, raro... y sigue siéndolo. Hasta ahora solo Dereck ha pasado por ello. Michael sabía la razón por la cual Oliver te pidió en matrimonio. Cuando fue la boda no lo sabía, lo supo después, pero ya era tarde. Y lo mantuvo oculto de nosotros incluso hasta cuando Oliver nos obligó a revelarle la verdad de lo que éramos.

—¡Dios mío! —Se tapó la cara con ambas manos, su cabello ocultó su rostro y las lágrimas aparecieron solas.

Ella se había negado, no una, muchas veces, a verse con Dereck en el transcurso de los últimos años. Oliver se lo había pedido, siempre había sido de manera casual y siempre había encontrado una excusa. Le aterrorizaba encontrarlo y ahora sabía el por qué.

Y Oliver también lo sabía.

—Deanna —la llamó André, trayéndola a la realidad— solo vine a decirte que hoy no regresarán. Viajarán mañana a primera hora.

Corrió las lágrimas de su rostro y esbozó una sonrisa.

—Gracias André.

—¿Estarás bien?

—Sí. Gracias de nuevo.

—Cualquier cosa que necesites Margot sabe cómo ubicarnos de inmediato.

—Gracias. No te preocupes. Estaré bien.

—Te dejo entonces.

—Les traigo un refresco —informó Margot entrando con una bandeja.

—Gracias amor, pero tengo una reunión en San Antonio —echó una ojeada a la bandeja y agregó— ¡Galletas de Maggie! A eso no puedo decirle no.

Retiró un puñado de galletas dejando solo una en el plato. Margot lo miró seriamente.

—Está bien… está bien, no me mires así —y colocó primero una galleta más y ante la mirada ceñuda de Margot dejó caer otra. Sin darle tiempo a nada giró y salió—. ¡Cuida a Deanna!

Margot se quedó mirando su espalda, solo cuando desapareció giró para ver a Deanna y sonrió.

—Estos muchachos. Aman la comida casera.

Deanna sonrió levemente.

Su cabeza era un caos.

Oliver sabía lo que pasaría si se encontraba con Dereck. Siempre lo había sabido y jamás se lo había dicho. De manera casi ausente tomó una galleta del platito en la bandeja.

¿Mis decisiones?

No pudo ni morderla.

La avioneta decoló dejando a Jules North en el aeropuerto. Había insistido en acompañarlos ya que debía tomar su propio vuelo dos horas más tarde, desde el mismo lugar. Dereck habló con la torre de control mientras Dominic ponía cómodo a Oliver North.

La noche anterior habían tenido una conversación sorprendente. Oliver había regresado casi a medianoche con el fiel Dominic a su lado. Dereck ya había cenado solo. Las fotos de Deanna en la repisa habían llamado su atención. Muchas fotos mostrando a una taciturna niña convirtiéndose en mujer. Tomó un portarretrato con una foto actual y la miró. No pudo evitar recordar la noche pasada y sentir sus dientes de gato crecer en su boca. Sus dedos mostraban ya largas uñas curvadas. Dejó el retrato y giró al escuchar el característico sonido de la silla de North.

—Qué suerte encontrarte aún levantado —dijo la gélida voz metálica.

—Te esperaba.

—Prepararé su cena, senador —informó Dom.

—Gracias. Toma tu tiempo —fue la respuesta de Oliver.

—¿Cómo está Deanna? —preguntó acercando la silla hacia Dereck.

El cuerpo desnudo de Deanna bajo el suyo pasó por su mente.

—Bien.

—¿Cuál es el problema Dereck?

Dereck no respondió se puso de pie y caminó hasta el bar. Se sirvió una medida de whisky sin decir una palabra. Giró y se encontró con la mirada interrogativa de Oliver.

—¿Te preocupa que Dee sea tu compañera?

La sorpresa lo hizo soltar el vaso, solo sus rápidos reflejos were impidieron que llegara al suelo. Pero todo lo que contenía se derramó en el instante en que Dereck respondía.

—¡¿Qué?!

—Si ese es el tema, deja de dar vueltas. Lo sé todo. Desde hace mucho.

—¿Lo sabes? ¿Qué sabes Oliver?

—Siéntate. Será largo.

Antes de obedecerle se sirvió otro trago y lo tomó de un solo envión.

—¿Alguna vez te conté por qué razón me casé con Deanna?

—Me dijiste que la amabas como una hija.

—Así era y así es.

—Todo el mundo sabe que el padre de Deanna murió en un atentado terrorista. Lo que nadie sabe es que él fue el quién preparó ese atentado.

—¿Qué?

—Sí, tal como escuchas. Yo… amaba a ese hombre. Sí. No me mires con esa cara. Yo lo amaba y quizás lo que amaba de él fue exactamente lo que lo mató: su fragilidad. Louis Nilsen era un jugador compulsivo. Todo lo que ganaba lo jugaba. Se vendió por dinero, aceptó poner una bomba solo que ésta aparentemente explotó antes de tiempo. Tal vez Louis comprendió lo que estaba a punto de hacer y por eso tomó la decisión de suicidarse. Prefiero pensar que la bomba explotó antes de tiempo y se lo llevó con él. A él y a doce soldados más. Dos semanas después me llegó una carta en la que me pedía que me hiciera cargo de su hija y confesaba todo.

—Por eso te casaste con ella.

—Ella no tenía un solo centavo. Nada. Cuando Wilson me dijo que me quedaba poco tiempo de vida solo pensé en ella. La hija amada que Louis me dejó a cargo. Si la agregaba a mi testamento muy probablemente Jules y su padre que aún vivía, lo impugnarían. Una preciosa jovencita viviendo con un pobre paralítico. Pasarían años en guerra y no quería eso para ella. Le dije que era la mejor manera de proteger a todos los que dependían de mí, de la codicia de mi hermano y Jules. Y también era cierto. Solo que jamás imaginé que tú intervendrías y me regalarías tantos años de buena salud, ni que Deanna sería tu compañera.

—¿Quién te lo dijo?

—Fue una conversación inocente con Wolf Carter. ¿Recuerdas la misión en Canadá?

—La del tratado Le Blanc?

—La misma.

—Yo estaba muy intrigado. Mi salud había mejorado tanto que ni Gabriel y mucho menos yo entendía el por qué. Wolf me contó todo lo que sabía sobre los weremindful, y eso incluyó tus negativas a visitarnos. Ahí me habló de tu preocupación por no poder mantener tu forma humana ante Deanna y lo que significaba. Desde entonces he estado intentando reunirlos. Infructuosamente. Deanna es tu compañera, ¿verdad?

—Lo es.

—¿Cuidarás de ella?

—Oliver…

—Amo a esa niña y a ti. No podría ser más feliz si ambos se cuidan uno al otro.

—Su cena, senador.

Ni siquiera habían escuchado a Dominic ingresar a la sala. El gigantesco hombre entró y apoyó sus manos sobre el respaldo de la silla de ruedas de Oliver.

—Te veré mañana. En el aeropuerto.

—Oliver… Tengo una profunda deuda contigo y…

—No digas nada más. Sé la clase de hombre que eres. Y has pagado con creces esa deuda. Me has dado más año de vida de los que jamás imaginé. Quiero verlos felices, a ambos. Y no puedes negármelo. Vamos Dominic tengo hambre y mañana salimos temprano.

—Oliver —lo llamó. Dom detuvo la silla y la giró para ponerlos frente a frente—. Cuidaré de ella. Tienes mi promesa.