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El lobo se detuvo frente a la puerta de Deanna. Había pensado que si no podía conservar su forma humana entonces no pelearía contra su naturaleza, quedaría como lobo. Lo que no supuso fue comprobar que Jules North era tan estúpido como se veía. Había tenido que sujetarse para no lanzarse sobre él y cortar su cuello. Si pudiera esbozar una sonrisa lobuna lo haría. Jules North acababa de tener su última reunión con Deanna.
Deanna…. podía oler su perfume desde donde estaba. El instinto de apareamiento era tan intenso que sintió que si no salía de ahí voltearía la puerta y la tomaría.
Era duro saber que la mujer destinada a ser su mujer era la esposa del hombre que ofreció su propia vida para salvarlo. La pregunta de Jules a Deanna lo había molestado no tanto por expresarla en voz alta sino por meter en su cabeza imágenes imposibles de Deanna en brazos que no fueran los suyos. No tenía ni una sola esperanza con ella aun cuando Oliver North muriera y el solo pensar en ello ya lo hacía sentir pésimo. El cuerpo del lobo tampoco alejaba el caos de sentimientos que lo abrumaban.
Ella jamás sería suya. Nunca. Sin Nehann o con él. Nunca.
El dejar aflorar a su animal interno tampoco había mejorado lo que sentía. La feroz necesidad de aparearse le demostraba que esa había sido la peor elección del mundo.
Salió de la casa, necesitaba correr.
Necesitaba ahogar su deseo.
Se había echado sobre la cama y colocado en su regazo la caja de madera labrada que le fue entregada con su mayoría de edad. Sacó los viejos papeles y la última carta de su madre. ¿Por qué su vida tenía que ser siempre tan dura? Su madre había fallecido cuando cumplió los dos años, ni siquiera podía recordarla. Su padre la envió desde ese momento de un colegio a otro según donde su trabajo como militar le fuera designado: Londres, Malasia, Japón. Siempre internada. Lo veía poco y nada. Para ella siempre fue ese desconocido atento y cariñoso que iba de vez en cuando a visitarla o le comunicaba que se mudarían. Cuando murió en ese atentado en la India pensó que sería libre. Y no fue así. Oliver North apareció en su vida. El mejor amigo de sus padres se hizo cargo de ella. Ahora era Oliver quien la visitaba a cada tanto y la llenaba de regalos. A los dieciocho años y cuando esperaba ser liberada su vida cambió. El día de su cumpleaños un hombre apareció en el exclusivo colegio de señoritas en el que se encontraba para entregarle la caja que ahora tenía en sus manos. Volvió a abrirla y pasó un dedo por las líneas que conocía de memoria.
Mi amada hija:
Hoy es tu cumpleaños número dieciocho. Bienvenida al mundo de los adultos hija adorada. Ahora te veo en tu cunita haciendo tus primeros gorjeos y me maravilla lo rápido que creces. Sí, he dejado en custodia esta carta hasta el día que cumplas tu mayoría de edad ya que no podré acompañarte y verte crecer mi amada y soñada hija. Estoy llorando. Me aterra de igual manera el solo pensar que voy a perderme tanto. Hoy me decidí a escribirte esta carta porque el médico fue muy claro: me quedan pocos meses de vida. Y quiero dejar escrito de mi puño y letra que eres lo que más he amado y amaré en este mundo.
No he sido la mejor madre del mundo, pero lo intento, mientras esté en este mundo, lo intentaré con cada fibra de mi cuerpo y sé que por la decisión que he tomado y la responsabilidad de la que estoy haciéndote cargo, que quizás termines pensando que no lo he logrado. Jamás tendré perdón divino. Pero quiero que sepas la verdad que no podré decir en voz alta. Pienso que dentro de 18 años podrás entenderme y mirar mi tremenda mentira de otra manera, con la piedad de tus jóvenes años.
Aún no te mantienes sobre tus piecitos y ya estoy dejándote la terrible tarea de hacerle saber a Louis que no es tu padre. Sí, mi niña amada. Louis, el hombre que más me ama en este mundo no es tu padre. He intentado amarlo, lo intento tanto como ansío vivir. Y me siento miserable. Mi corazón siempre ha pertenecido a Oliver North. El nombre de quien creo es tu verdadero padre. Nuestra historia fue a destiempo. Conocerlo y amarlo fue lo mejor y lo peor que me ha pasado en la vida. Tener la bendición de amar a alguien, mi hija adorada es ya una bendición, pero cuando ese amor no es correspondido, es el más horrible infierno que puedas imaginar. Engañé a Oliver, nunca supo cómo me aproveché de él luego de una dura batalla que lo llevó a buscar alivio en una botella. Esa noche pensé que había tocado el cielo con las manos y qué equivocada estaba. No me amaba, y nunca me amará. Y tú, preciosa Deanna creciste en mi vientre con la angustiosa duda de no saber quién es tu padre. Deseo con todo mi corazón que sea Oliver y que alguna vez él sepa que eres sangre de su sangre pero desear no es más que eso. Nunca tuve la respuesta, y tampoco hice nada para obtenerla. ¿Qué sentido tenía saber quién era tu padre? En mi corazón es Oliver, el único hombre al que he amado. Mi corazón, mi alma, mi sangre siente que eres su hija. Pero no estoy completamente segura.
Louis puede que no sea tu padre pero te ama como si lo fueras y ahora que sabe que me quedan pocos meses de vida se ha aferrado a ti porque cree que eres lo único de mí que permanecerá en su vida. ¿Cómo sabiendo de su amor puedo siquiera decirle que sospecho que su amada hija no es su hija? Te dejaré a ti, como una cobarde, la triste decisión de decírselo a ambos si crees que vale la pena.
No siempre se obtiene en esta vida lo que anhelas, pero si tienes la oportunidad de conocer el amor y ser correspondida, aférrate con uñas y dientes, ser feliz es tan difícil que jamás debes desechar la oportunidad.
Te amo hija amada, te amo. He decidido que estos meses que me quedan de vida, sirvan para que sepas cómo he sido, qué he pensado, en qué he acertado y en qué errado. Vive feliz adorada hija. Y perdona a esta madre la enorme tarea que te deja.
Suzanne.
Su padre, al que siempre consideró un padre había muerto cuatro años antes de recibir la caja con cintas, grabaciones y cartas de su madre. Ese día lloró hasta quedar sin lágrimas. Le había llevado mucho tiempo leer sus cartas, ver sus fotos, sus grabaciones… le llevó mucho más poder entender a esa mujer que le dio la vida. Pero lo había logrado. Y las sorpresas no acabaron ahí: Oliver North, se hizo cargo de ella hasta su mayoría de edad.
El mismo día en que cumplía veinte años la hizo llamar a su biblioteca. El hecho de por sí era inusitado. Pensó que le daría un regalo especial, siempre había sido atento y cariñoso. Se había ocupado de ella mucho más que Louis Nilsen y le había dado su total apoyo desde el instante en que su padre fue asesinado pero jamás reunió el valor de confesar el secreto de su madre. Y había decidido que nunca se lo diría. ¿Con qué objeto?
Lo que jamás esperó fue la confesión y el pedido de Oliver.
Dominic la estaba esperando en la puerta de la biblioteca y salió cerrando detrás de sí. Entró y saludó a Oliver como siempre hacia cuando lo veía por primera vez en el día, con un suave beso en la mejilla.
—Siéntate.
Pidió a través de la voz sintética.
—¿Pasa algo?
—Pasa. Quiero contarte algo.
—¿Sí? Dime.
—He pensado mucho si decirte esto o no, pero si quiero que me digas que sí, tengo que hacerlo.
—¿Qué sucede?
—Conocí a tu padre hace cerca de 50 años.
—Lo sé, fueron a la escuela secundaria juntos.
—Así es. Cuando egresamos, Louis se inscribió en la marina y yo lo seguí.
—Lo sé. Papá lo apreciaba mucho.
—Sí, esa es la palabra: apreciaba. Pero yo…
—…
—No sé cómo tomarás esto hija, pero debo decírtelo.
—¿Qué cosa?
—Apreciaba a tus padres…
—Lo sé Oliver, y jamás dejaré de agradecerte que te hayas ocupado de mi cuando papá murió. No sé qué hubiera hecho sola en este mundo.
—Te amo como una hija…
—Y yo… como si fueras mi padre… te lo he dicho.
—Sí… siempre has sido la criatura más afectiva que he conocido.
—¿Qué pasa Oliver?
—Siempre pensé que algún día alguien me amaría.
—Muchos te aman. Eso también lo sabes.
—Sí, soy afortunado, tengo muchos amigos, te tengo a ti… pero no hablo de esa clase de amor.
—El amor es amor. Siempre es de la misma clase.
—Dices eso porque eres una niña.
—¿Acaso hay más de una clase de amor?
—Claro que sí. Mírate, eres la hija que jamás pude tener.
—Y te amo como a un padre. ¿Qué quiere decirme?
—Yo… yo habló de otra clase de amor, el amor de una pareja. Algún día te enamorarás y sabrás de qué hablo.
—¿Te preocupa que me vaya?
—No, no. No.
—Oliver, por favor, no me asustes. ¿Qué pasa?
—Yo estaba profundamente enamorado Deanna, y amé toda mi vida sin esperar nada.
—¿A mi madre? ¿Amaste a mi madre?
—Sí, amé a tu madre, pero mi amor por ella era un amor filial… Verás Deanna. Yo… amé a tu… padre.
¿Qué? ¿Mi padre? ¿Qué es esto?
—Yo… lo… amé… lo amaba. No me mires así. Has escuchado bien.
La carta de su madre pasó ante sus ojos. ¿Amaba?
—Nunca lo supo. Tu padre amó a tu madre más que a nada en este mundo.
—Incluso más que a mí.
—Lo sé.
—¿Cómo podría decirle algo así? Eran otras épocas, otra manera de ver el mundo. Jamás se lo dije, y aceptarlo fue para mí años y años de terapia. Creo que eres la primera persona que lo sabe además de mi terapeuta...
—¿Y por qué has decidido contármelo ahora, tantos años después…?
—Porque necesito que entiendas lo que voy a pedirte en las condiciones en que lo haré.
—¿Pedirme? ¿Qué necesitas?
—Quiero pedirte que seas mi esposa.
—¿Qué? No entiendo.
—Quiero que te cases conmigo.
—¿Casarnos? ¿Casarnos? ¿Por qué?
—Mis médicos dicen que no tendré mucho tiempo de vida.
Deanna se puso violentamente de pie.
—¿Qué?
—Espera, siéntate y escúchame.
—El único heredero legal que poseo es Jules. Tú lo conoces.
—Sí. Es el hijo de tu hermano mayor.
—Hijo adoptivo.
—¿Eso te molesta?
—¡No! Por supuesto que no. Honestamente, él me ha desilusionado, pero no solo a mí, sino a cientos de personas que confiaron en él.
—¿Qué hizo?
—Cuando cumplió los veinticinco años le entregué una floreciente empresa maderera. Solo tres años después ciento cuatro personas quedaron sin trabajo. Un grave error que ni siquiera preví. Es un licenciado en comercio internacional, da conferencias por todo el mundo, y no pudo mantener una empresa que no tenía un solo problema. Jules es como un niño, caprichoso, inconsistente, que solo piensa en sí mismo. Muchas personas dependen de mí y no puedo cometer el mismo error dos veces.
—No entiendo…
—Deanna, eres la hija que nunca tendré, te amo pequeña y eres la única persona en la que puedo confiar para que cuando yo no esté aquí puedas seguir mi legado. Tú lo harías bien porque si algo te define es tu generosidad.
—Puede dejar todo ordenado sin necesidad de casarse conmigo.
—Lo he pensado mucho, mucho, casi demasiado. Sé que eres una niña, que puedes enamorarte y amar a alguien, y sería terrible que encuentres el amor siendo mi esposa, pero aun así, no tengo un buen pronóstico médico.
—¡Oliver!
—Espera… es la verdad, si pudiera confiar en Jules, pero ya lo he hecho, muchas veces. Eres la única persona que puede ayudarme.
¿Será este el momento de hablarle del secreto de mi madre?
—Oliver, yo…
—Te he contado el mayor secreto de mi vida: amé a tu padre, quise muchísimo a tu madre y creo que eres mi única opción. O el legado de mi vida se perderá.
¿Lo es? ¿Qué hago? ¿Qué hago?
—Este es el único favor que voy a pedirte en vida.
—Oliver… hay algo que debes saber.
—Lo único que voy a pedirte es que aceptes casarte conmigo, si pudiera adoptarte lo haría, pero ya estuve viendo las opciones, es demasiado tarde para mí, y jamás de los jamases te quitaría el apellido de tu padre.
—Oliver…
—Louis Nilsen es tu verdadero padre y así será siempre. Estoy segura que él también opinaría lo mismo. Pedirte en matrimonio, no solo es cuidar tu futuro sino el de toda esa gente que depende de mí. ¿Quieres pensarlo querida Deanna?
Afirmó.
Lo pensaría. Pero no su propuesta. Pensaría contarle y mostrarle el secreto de su madre.
“Oliver amó a su padre…” Increíble.
“No necesitas adoptarme, soy tu hija”
“Mi madre durante mucho tiempo pensó que eras mi padre”
“No puedo casarme con quién durante los últimos años pensé era mi padre”
“Es imposible siquiera pensarlo, tienes que saber la verdad, tengo que saber la verdad.
Las preguntas la torturaron muchos días. ¿Qué pasaba si le decía la verdad? Un ADN confirmaría su linaje y la convertiría en su heredera legal sin necesidad de mentir con un matrimonio falso. ¿Y si no lo era?
Bueno, no podía seguir callando. Cualquiera fuera la respuesta que le devolviera incluiría destapar muchas verdades.
Y tenía que averiguarlas.
En uno de los habituales viajes al senado de Oliver, Deanna tomó cabello del cuarto de baño de Oliver y con él buscó un análisis de ADN.
La respuesta la aturdió. Oliver había sido más amable y considerado que su propio padre. Louis la puso en un colegio desde que fue un bebé y ahí creció. Oliver la sacó de allí y le dio un hogar.
El resultado decidió su respuesta: Oliver North no era su padre… pero sería su esposo.
Se lo debía.