15
El fresco contacto la despertó. Abrió somnolienta sus ojos para ver a Dereck arrodillado junto a la cama limpiándola. Supo que se había puesto roja. Intentó avergonzada cerrar sus piernas, pero Dereck no se lo permitió. Limpió suavemente las huellas de su pasión se puso de pie y, sin decir una palabra, regresó al baño.
Dee no sabía qué hacer. ¿Se tapaba? ¿Salía de la cama? ¿Pedía más? ¿Se daba vuelta?
Cuando Dereck reapareció, ella cerró sus ojos.
—Dee, preciosa. Mírame —pidió Dereck mientras la erguía y sentaba tomándola de su torso.
Dee abrió los ojos y lo miró. Levantó una de sus manos y acarició su barbilla. El largo cabello de Dereck caía a sus costados. Seguramente caía hasta su cintura. Dee se demoró tocando sus labios y Dereck bajó su boca hasta ella y la besó. Quedaron abrazados largos minutos mientras la realidad se abría paso dentro del placer que los había sobrecogido.
—Yo…
—Espera Dee —pidió Dereck soltándola. Movió sus manos y una exquisita camisola de vestir apareció entre ellas.
—¡Qué?!
—Sube los brazos.
Ella lo hizo, obedeció dócilmente y se dejó vestir. Cuando terminó Dereck la alzó en brazos y se sentó con ella en su regazo. Abrazándola y besando su cabeza.
Dee tocó su camisola.
—¡Eres… increíble!
—Tú eres la increíble, y no sabes cuánto.
—Dereck…
—¿Sí?
—Quiero… necesito hablar con Oliver.
—Lo sé. Tenemos que hacerlo.
—No.
—Sí, ambos.
—Tú… no sabes todo.
—¿Todo? ¿Qué es todo?
—Hay cosas que no sabes.
—¿Cómo que acabo de hacerle el amor a la esposa de un amigo que ofreció su vida por la mía?
—Hay más que eso —ella susurró apesadumbrada. Se acercó y besó su mandíbula. Su tono había sido tan triste—. ¿Estás arrepentido?
—No. Siento que debería estarlo. Pero no. Tú eres mía. Ya lo sé. Tú lo sabes. ¿Verdad?
—Sí. Dereck pero hay cosas que tú no sabes.
—¿Cómo cuáles? ¿Quieres contármelas?
—Necesito contártelo. ¿Por dónde empiezo?
Dereck no dijo una sola palabra. Tomó la rubia cabellera de Deanna la anudó en su puño y luego la retiró hacia su espalda. Su fina melena se había convertido en un verdadero desorden. Su posición le permitía ver las doradas pecas en sus hombros. Simplemente la alentó besando su sien.
—Siempre he sido buena… una buena hija, buena alumna, buena maestra, buena… esposa… siempre acepté sin siquiera reclamar las decisiones que los demás tomaron por mí. Falleció mi madre y mi padre me llevó hasta Japón y me dejó en el primero de una serie de muchos colegios en distintos países como pupila. Jamás reclamé. Si estaba ahí, era porque mi padre pensaba que era lo mejor para mí. Cuando mi padre murió Oliver se hizo cargo de mí, y tampoco dije nada. Mis padres toda la vida confiaron en él, ¿por qué yo debería cambiar eso? Cuando cumplí mi mayoría de edad…
Dee apretó sus dedos en el fuerte brazo de Dereck.
—… una carta cambió mi vida. En ella mi madre me contaba que toda su vida había estado enamorada de Oliver North y que pensaba que era mi padre.
—¿Tú padre?
—¡Qué complicada somos las personas! Mi madre engañó a Louis con Oliver y pensó que yo era su hija y Oliver amó a mi padre como mi madre hubiera soñado ser amada.
—¿A Oliver?
—A Oliver. Y cuando Oliver me pidió casarnos con la excusa de proteger su herencia y protegerme porque su salud estaba muy resquebrajada, ni siquiera fui valiente. Acepté —Dee comenzó a llorar—. Acepté sin cuestionar… sin pensar, solo porque… porque… me rompía el corazón —su cuerpo comenzó a temblar—. Entonces decidí averiguarlo. ¿Oliver era mi padre? Sí así era, él sería feliz. Por fin sería la hija que siempre dijo que era. Pero no lo era. Y seguí con el matrimonio. Oliver no viviría mucho tiempo me dijo el doctor Wilson. Era lo mínimo que podría hacer por el hombre que me había cuidado durante toda mi vida. Sí él creía que casarnos lo haría más feliz, yo lo haría. No pensé… nunca pensé. Solo fui cómoda una vez más y dejé que Oliver tomara la decisión por mí.
Sus sollozos se hicieron más fuertes y desgarradores.
—Shhhhh, está bien.
—No… no entiendes…
—¿Qué cosa?
—Lo que significas para mí. Lo que debo decirle a Oliver.
—Dímelo.
—¿Sabes qué terrible es descubrir que tu vida ha sido un largo, largo vacío? No he vivido Dereck, solo he vegetado, pero anoche… anoche… nací, ahora… sé quién soy…
—Mi compañera.
—¿Cómo puedes pensar en mi como una compañera? Ni siquiera me conozco. Te mereces alguien mucho mejor que yo, te mereces…
—No. Escucha, escucha Dee. Tú y yo. “Tú” y “yo”, hemos tenido la gran fortuna de conocernos. Yo también nací anoche. Yo también comprendí quién era en el mismo y exacto momento en que tú y yo éramos un solo cuerpo.
—¿También lo crees?
Dereck se estiró y recogió de la pequeña mesa de luz un pañuelo y sonó su nariz, mientras le decía:
—Claro que sí. Fue mágico, increíble. Yo lo sé, mis weres lo saben.
—Debo hablar con Oliver.
—Debemos Dee.
—No. Esto debo hacerlo sola.
—No.
—Sí, tienes que entenderme. Nunca me he hecho cargo de mi vida, siempre alguien toma las decisiones por mí. Esta es mi primera… no mi segunda decisión.
—¿Segunda?
Ella le sonrió con tristeza.
—La primera fue dejarme llevar por mis sentimientos. La primera fue… aceptar que te necesitaba e ir por ti.
—Yo vine por ti.
—Sí. Y yo dije sí. Dereck… por favor.
—Entiendo. Pero no puedo dejarte ir, no me gusta la sola idea de ponerte en peligro. No es el mejor momento.
—No soy el objetivo de los atentados.
—Lo eres.
—Dereck, piensa… ¿quién podría querer matarme? La única persona que tengo en el mundo es Oliver. De la escuela pasé a la casa, lo único que hago es dictar clases a niños. No tengo enemigos. No conozco a personas del entorno de Oliver, rara vez me han fotografiado. A nadie le importo. Ni siquiera conozco a los miembros de Gallia y se supone que estuvieron en mi boda.
—Entiendo tus argumentos, pero volaron tu casa, podrías haber muerto quemada. Aún tienes pesadillas con ello.
—Lo sé. Dereck yo… por favor. Volaron la casa de Oliver North. Ahí vivo. Por favor…
—Me pides algo muy difícil.
—Por favor… necesito hacer esto.
—No estoy de acuerdo… pero aceptaré, te dejaré hablar con North, pero estaré contigo.
—Debo hablar con Oliver… a solas. Tengo algunas cosas que decirle.
—¿Lo de tu padre?
—Sí, y lo de mi madre, lo de papá… todo.
Los fuertes brazos la sostenían de su cintura y comenzaron a subir bajo la camisola. Sus manos sin garras tomaron posesión de sus pechos. Primero los amasó, suavemente. Luego sus dedos apresaron sus pezones, trabajando sobre ellos hasta convertirlos en duros botones hambrientos de pasión. Las amplias manos de Dereck cubrían sus senos por completo, mientras sus dedos trabajaban con suavidad sobre los duros pezones.
Aún no salía de su asombro, hacer el amor con Dee había superado todo lo que alguna vez hubiera vivido. Así que eso era el Nehann. Esa necesidad y ese salvaje placer recorriéndolo a ambos, uniéndolo de una manera que ni siquiera podía explicarse. Los dichos de Michael ni siquiera parecían un fiel reflejo de lo vivido.
Dee realizó un movimiento decidido y se colocó sobre Dereck a horcajadas. Dereck sonrió y Dee se restregó contra su verga.
—¿Crees que…? —deslizó Dereck sin aire ante la rápida respuesta de su cuerpo.
—Creo que —le respondió con una sonrisa. Se sostuvo de sus fuertes bíceps y se irguió para envainarse. Dereck la detuvo.
—Pequeña…
—Shhhh… —dijo y se asentó completamente en él. Dereck cerró los ojos y Dee hizo lo mismo. Como si lo hubiera hecho cientos de veces ella comenzó a cabalgarlo. De pronto ambos respiraban con dificultad. Dee abrió su boca para poder hacerlo. Elevó sus brazos y se colgó de sus hombros. Levantó más sus piernas y se afirmó al borde de la cama, se sostuvo en ella e incrementó sus movimientos. Como en cámara lenta vio el largo cabello de Dereck elevarse de su espalda hacia arriba.
—¡¿Qué?
Dereck solo se esforzaba por respirar.
Los cristales comenzaron a sonar y Dee sintió su propia cabellera elevarse en el mismo segundo en que Dereck se corría dentro de ella. No pudo ni encontrar un pensamiento razonable que pudiera explicar por qué las cosas a su alrededor volaban incluidas las almohadas y tampoco tuvo tiempo para explicar qué pasaba.
—¡Dereck!
—Shhhhh.
Los chorros de semen y el fuerte orgasmo que la golpearon la llevaron a apoyarse sobre su pecho. Abrió los ojos para ver volar su ropa mientras el ruido de cristales chirriando se mezclaban con sus fuertes gemidos. Envuelta en una espesa nube de placer cerró sus ojos y se entregó.
Unido aún a Dee, Dereck intentó ponerse de pie y no pudo. ¿Qué demonios? Y lo intentó de nuevo. Dee no pesaba nada ¿por qué no podía ponerse de pie? Ella dormía profundamente entre sus brazos. Miró a su alrededor; las cosas, descuidadamente en el suelo, eran el fiel reflejo de lo que había sucedido. ¿Es que acaso esa maravilla del Nehann se volvía más y más fuerte? Tendría que hablar sobre ello con los chicos de Gallia. Usando la fuerza de sus brazos intentó levantarse de la cama, lo logró y con mucho esfuerzo los acomodó a ambos en la cama. Ella lo había vaciado con la misma intensidad con que lo había llenado. ¡Qué increíble contraste! Pero ¿tanto como para que no le quedaron fuerzas ni para ponerse de pie? Sonrió. Apoyó su cabeza en la almohada, y movió una de sus manos para cubrirlos con el cubrecama. Michael le había hablado del Nehann, le había contado que la energía a su lado cambiaba cuando ambos llegaban al clímax, pero no le había servido para entender en toda su dimensión la extraordinaria exacerbación de sus sentidos. El Nehann intensificaba de manera sideral absolutamente todo: los sentidos, el placer, sus orgasmos y sus sentimientos.
Soy feliz.
El pensamiento llegó de improviso, sin aviso para luego dejar pasar un…
¿Debería mostrarme agradecido?
La imagen de Oliver North llegó a él como un relámpago y lo golpeó sacándolo de la nube en la que había subido. El hombre que se interpuso entre las balas y él. El esposo de la mujer que dormía desnuda junto a él. El pesar lo sobrecogió. Ya no había marcha atrás ni tiempo para remordimientos. Debía hablar con él y decírselo. De ninguna manera dejaría que Deanna enfrentara sola lo que había hecho.
¿Qué le dirás Logan? Amo a Dee y la he amado desde que la vi. Ella es mi compañera. Solo con ella tendré futuro.
Respiró con dificultad.
¿Y crees que el hombre lo entenderá?
La respuesta era “espero”. Era extraño pero confiaba más en ese hombre que en él mismo. Oliver North era mejor persona de lo que él sería jamás.
Recordó las palabras de su casamiento “es la hija que nunca tuve”. ¿Catorce años después seguirá pensando de la misma manera?
Miró a Dee dormida. Las cosas no mejorarían. Viajar hasta la capital era un riesgo que no estaba dispuesto a dejarla correr. Si de algo estaba seguro era de que alguien estaba detrás de ella.
Y lo averiguaría. Pero en sus terrenos. Cualquiera que estuviera atentando contra Deanna no tenía la menor idea del fenomenal enemigo que se había ganado.