12
La nave aterrizó suavemente. Desde la ventanilla Deanna observó la pista. Por el tamaño debía ser privada, un giro de la avioneta buscando su lugar le mostró el signo de Gallia en frente del único hangar que se veía. El día era claro, limpio, con un cielo muy azul. Cuando se detuvo totalmente, vio a un hombre mover una escalera hasta la nave. El breve vistazo de su figura la hizo pensar en alguien conocido.
Levantó su vista y se encontró con los oscuros ojos verdes de Dereck.
—Llegamos Deanna.
—¿Dónde estamos?
—Pegados al Lago Cedar, a unos 80 km de Houston.
Dereck había abierto la puerta de la aeronave mientras hablaba. Del lado de afuera se escuchó una voz que decía:
—Logan, no pensé que regresarías tan pronto.
—Boduus, también me alegro de verte.
El hombre subió ágilmente la escalera. Al igual que Dereck era alto y moreno con rasgos muy parecidos. Si no fuera por el brillante tono de sus ojos podría haber jurado que eran gemelos. Los ojos de este hombre eran… celestes o… turquesas. El hombre la miró y le sonrió haciendo una venia leve frente a ella.
—Señora North, es un gusto volver a verla.
Deanna no recordaba haberlo visto nunca. Su rostro debió reflejar la duda porque el hombre estiró su mano y agregó:
—André Dupois, no conocimos el día de su boda… recuerdo que fue muy entretenida… —el hombre le dio una espléndida sonrisa— es normal que no me recuerde.
Ella extendió su mano y le sonrió.
—Mucho gusto señor Dupois.
—André, dime André o Boduus. ¿Tuvieron buen viaje?
—De lo mejor —respondió Dereck de mala manera.
—¿Boduus?
—Boduus es algo así como… cuervo en celta.
Cómo llamó a Dereck… ¿Logan? ¿Qué significará?
—¿Podemos continuar? —dijo malhumorado Dereck.
Gruñón, se respondió la misma Deanna y lo miró sorprendida por su malhumor. Él siempre parecía tan equilibrado y ecuánime. ¿Qué le pasaba? André hizo lo mismo, luego sonrió y regresó su mirada hacia Deanna, señaló la pequeña maleta y preguntó:
—¿Tu equipaje?
—Sí.
—Vamos, deja que te muestre nuestro hogar.
André giró hacia la salida y le hizo una seña con su mano para que avanzara. Y ella lo siguió. Detrás los siguió Dereck con el rostro ceñudo.
La brisa fresca la terminó de despertar. Había tenido el sueño más caliente de su vida y despertar con su dedo siendo chupado por Dereck fue tan intenso y perturbador como el mismo sueño. André le dio la mano y la ayudó a bajar. La pista estaba en un lugar desierto, altos pastizales, agua clara y aves volando fue la primera imagen que tuvo.
—Hermoso. ¿Verdad?
—Sí. ¿Ese es el lago Cedar?
—No. Está como a unos cinco kilómetros hacia allá.
André la dirigió hacia la camioneta negra estacionada un poco más allá.
Deanna se detuvo de golpe maravillada.
—¡¿Esos son flamencos?!
—Sí, hermosos ¿no?
—Sí… hay muchísimos.
—Así es. Estamos dentro de una reserva protegida.
André abrió la puerta delantera de la camioneta y la instó a subir a ella. Deanna se movió cómodamente con su nueva ropa.
André giró y pasó hacia adelante, abrió la puerta trasera del lado del conductor y dejó ahí su maleta. Por sobre el vehículo encontró la mirada feroz de Dereck y le hizo un mohín risueño mientras lo señalaba con un dedo. Sin esperar respuesta abrió la puerta del conductor y se sentó.
—¿Conocías Texas?
—No. Nunca tuve esa oportunidad.
—Espero que te guste.
—No pensé que fuera tan húmeda.
—En este lugar estamos rodeados de agua.
Dereck había subido atrás y cerrado la puerta con un golpe sordo. André lo vigiló por el espejo retrovisor y arrancó.
Sobre el panel de instrumento había una carpeta que André tomó y la pasó hacia atrás.
—Lo que pediste —le dijo.
Dereck olvidó su molestia y se enfocó en la carpeta.
Una lectura rápida le dio los datos que había pedido: los explosivos usados en casa de Oliver era C4, un explosivo plástico, lamentablemente demasiado fácil de encontrar, pero de los más seguros de usar. Los detonadores habían sido bridgewire, y podían encontrarse en… cualquier lado. ¡Demonios! Nada rastreable. Para las detonaciones, tres en total, habían usado un temporizador. Eso solo podía indicar que quien los puso se aseguró no encontrarse en el lugar. ¿Algunos de los empleados de Oliver que trabajaban durante el día? ¿O quizás… el impresentable de Jules North?
Reno se había ocupado de las patentes. El grupo que había vigilado la casa esa noche había estado conformado por una serie de vagos que a veces se alquilaban al mejor postor. Aprendices de matones. Todos estaban detenidos, pero ninguno de ellos pudo informar quién los había contratado. Sus órdenes habían sido claras: esperar que alguien saliera de la casa y matarlo. Nadie salió. Se completó su trabajo y así lo informaron. El número al que habían hablado era de un celular recién comprado y Reno dudaba que volviera a ser usado.
Lo único seguro: alguien estaba detrás y tenía los medios para lograr sus propósitos. Pero no había pista alguna.
Cuando levantó su vista André y Deanna seguían charlando. Cerró la carpeta enojado y los escuchó.
—Entonces compramos toda esta tierra que ves, al tiempo decidimos crear una reserva de vida salvaje. Y nos hemos convertido en sus protectores. Con la inmensa ventaja de vivir en un hermoso lugar lleno de una fauna y vegetación muy variada. Ahora es una reserva protegida.
—¿Solo de aves?
—No, yacarés, flamencos… ya los vistes, hay por todos lados; lobos, serpientes… cuervos… —agregó con una sonrisa.
¿Tú también vuelas? Se preguntó Deanna observándolo. ¿Eres cómo Dereck? “Tendemos a vivir en manada”.
—…pero lo mejor es que todo parece cerca. Si quieres pasar tiempo junto al lago, o si quieres pescar en el océano, las playas de la costa del golfo son preciosas. Todo está a mano. Y si quieres divertirte tienes a Galveston e incluso a Houston a una hora de viaje.
—El paisaje es hermoso.
André la miró y observó a Dereck por sobre el espejo retrovisor.
—Sí, muy hermoso.
El gruñido sorprendió a André y Deanna. André miró por el espejo retrovisor. Sí, Dereck sabía perfectamente de qué hermosura hablaba. Deanna solo apretó sus manos sobre su regazo. El gruñido era su culpa, había pasado de su sueño a la realidad sin darse cuenta de lo que hacía. Ahora ni siquiera podría mirar a Dereck a los ojos. Se había comportado de manera horrenda. ¿Qué pensaría de ella? Se mantuvo en silencio. Habían salido de la ruta y adentrado en un camino asfaltado pero más angosto. Al final el cielo azul se unía al lago. El espejo de agua llamó su atención No pudo evitar lanzar un suspiro de placer, ni tampoco ahogar un grito cuando vio la construcción completamente sobre el agua.
—¡¿Qué?!
—Grandioso, ¿verdad?
La construcción frente a sus ojos era muy grande. Al menos 5 casas que parecían flotar en el agua y comunicadas con una en el centro. Una verdadera postal futurista. El diseño no se parecía a nada que hubiera visto, cada parte de la construcción tenía una planta baja y un primer piso donde el vidrio era el material predominante. Los techos en sus extremos se elevaban al cielo. El camino por el que iban se extendía hasta el lago Cedar. La casa del centro tenía ese extraño dibujo y a su lado decía Gallia.
—¿Quién hizo algo tan hermoso?
—Pierre Langlois, uno de nuestros socios.
El auto se detuvo en la segunda de las casas que se alineaban una frente a la otra. La puerta de atrás se abrió y Dereck y André se apresuraron a bajar y rodear el vehículo para ayudar a Deanna a descender. André ganó y le abrió la puerta. Ella dejó de mirar la espléndida casa e intentó bajar y se detuvo en el acto. La carretera se había vuelto transparente y debajo de ella podía verse el agua.
—No tengas miedo —le dijo Dereck ante su indecisión detrás de ella y la sostuvo con una mano.
Deanna miró el fondo de la carretera y una multitud de peces apareció bajo ella, su grito de embelesada sorpresa le impidió ver la garra que sostenía su brazo. Pero André sí la vio y se apresuró a iniciar el traslado hacia la casa indicándole con un suave movimiento que reiniciara la marcha. Sin quitar la vista del fondo Deanna dio unos pasos tambaleantes y el cardumen la siguió. Lanzó una fresca carcajada sorprendida.
—Me parece que me consideran un rico bocado.
Apetitoso. Exquisito y hermoso bocado. Pensó Dereck sorprendido por su juvenil risa, mientras la veía avanzar hacia su casa. Los ajustados vaqueros se adherían a su figura dando lugar a curvas perfectas que su anterior ropa no le había permitido avizorar. Ella tenía una manera de caminar muy sexy y solo verla lo había puesto duro.
Estás en problemas Dereck. No podía sostener su forma humana. Apretó la carpeta que llevaba en sus manos.
—André —llamó— acomoda a la señora North. Estaré en la oficina.
Ni siquiera esperó la respuesta y enfiló antes de entrar hacia el edificio que se ubicaba como una isla en el centro del impresionante lugar.
El rostro de Deanna le señaló lo mal que se sentía.
—Discúlpalo Deanna, suele ser más educado.
—Es mi… culpa. Volaron mi casa y él ha tenido que hacerse cargo de mí…
—Ven, no te preocupes.
Extrañamente la casa apenas tenía muebles.
—Sí, no hay muebles, supongo que Dereck jamás se tomó el trabajo de pensar qué poner. Pasa. El comedor está a tu izquierda, la cocina un poco más allá y por la derecha, si no me equivoco hay una biblioteca, esa está llena —dijo risueño— y un escritorio. Esa escalera da al salón de televisión, creo… —bajó la voz y en tono secreto agregó— está bajo el agua.
No le fue muy difícil a André darse cuenta del interés de Deanna.
—¿Quieres verla?
Deanna afirmó con una sonrisa. Caminar por sobre el agua y poder ver los peces debajo de ella la había dejado impactada y lo siguió por una pequeña escalera caracol hacia abajo. El cuarto que encontró ahí la dejó muda. Enorme en tamaño, con luces empotradas; una gran pecera con tres paredes de vidrio. Sobre la única pared de piedra del interior, un televisor gigante y en el centro del cuarto, un sillón de cuatro cuerpos. Eran los únicos muebles que había adentro.
La luz del día atrapó su atención, cientos de peces, de tamaños diferentes, se movían de un lado para otro sobre exuberante vegetación marina y rocas; un verdadero acuario.
—¡Hermoso! ¿Todas las casas son iguales?
—Con algunas diferencias. En cuanto a la distribución de los espacios. Pierre ama el agua, así que puso aquí su dormitorio.
—¿Tú no?
—No, yo necesito aire. Moriría de solo pensar en dormir en un lugar así. Soy… Boduus.
—¿Boduus?
—¿No conoces la lengua celta?
—No. Nada.
—Boduus sería algo así como… cuervo.
Deanna sonrió pensativa. Recordó que Dereck lo había llamado así.
Sí, tal vez él también es como Dereck.
Miró el acuario que la rodeaba, tocó el vidrio y lo acarició. Una sonrisa se dibujó en su rostro.
—Es muy hermoso.
—Me alegra que te guste. Ven, subamos te diré donde dormirás.
¿Dormir? ¿Cuántos dormitorios habrá en la casa? Su mente regresó hacia el extraño sueño en el avión. Sueños húmedos lo llaman las novelas románticas. ¿Por qué tendría sus primeros sueños húmedos con un hombre que no solo no conocía sino que además era…? ¿Cómo se llamó a sí mismo? ¿Weremindful?
El primer piso tenía una vista impresionante. De un lado el lago, del otro, el mar. La casa parecía estar suspendida en el agua con paredes transparentes.
La guió por un espacio completamente vacío hacia el lado derecho de la casa. Ellos caminaban por una especie de gran balcón cerrado completamente transparente hacia el exterior y una única pared interior en piedra sin adorno alguno. Sobre ella, varias puertas. André abrió una y le dio paso. El cuarto era muy grande pero casi no tenía muebles.
—La cama, seguro estarás cómoda. El armario… —señaló una de las paredes—, y lo más importante… —caminó dos pasos y le mostró una gran panel lleno de botones— No te asustes por tantos botones. Están señalizados —dijo— Ventanas —apretó un botón y lo fue bajando como si usara una consola de sonidos, a medida que bajaba la ventana iba cambiando de color, hasta oscurecerla por completo—. Nadie puede ver desde el exterior —le aclaró—. Pero si tú quieres puedes hacerlo. Luces, aire… calefacción… cualquier cosas que necesites, solo levanta el tubo. Nada más. Alguien te responderá. Pide lo que necesites. En la casa trabaja Margot, llega como en… —miró su reloj— cualquier momento. Es una mujer muy agradable trabaja para Dereck desde hace más de quince años. Ella y su marido son las únicas personas fijas de la casa. Hay algunos empleados temporarios. Mientras te acomodas seguramente estará llegando. Cualquier cosa…
—Gracias André. Estaré bien.
—Nos vemos en el almuerzo entonces.
Deanna se sentó en la cama. La casa impresionaba con su tamaño y el hecho de no tener muebles. En el cuarto excepto la cama no había nada más. Se puso de pie colocó su maleta sobre el somier y la abrió. Ella no había elegido su ropa, y se sorprendió. No solo habían vaqueros, grata sorpresa fue encontrar largos y vaporosos vestidos del estilo hippie de los sesenta, en color blanco, pantalones y camisolas con un exquisito bordado en el mismo tono de blanco. Y la ropa interior… sexi y transparente. Sintió que los colores subían por su cuello. Tomó un sostén y avanzó hacia la puerta que daba a lo que suponía era el baño. Gigantesco como todo a su alrededor el espejo de pared a pared le dio una vista de sí misma y se sorprendió. Nunca había usado un equipo en tela de jean y se sorprendió ante la forma en que se ajustaba a su cuerpo. Se había sentido muy cómoda con ellas, quizás debería incorporarlas definitivamente. Miró el sostén en sus manos y se lo puso por sobre la camisa parecía exactamente su talle. No se había equivocado, Dereck había acertado en ello. Esta vez el espejo le devolvió su rostro ruborizado. El baño también tenía ventanales de cristal que dejaban ver el paisaje del exterior. Era un hermoso día de sol. En su casa no había tanta luz…. el recordar los sucesos la llenó de miedo. Regresó hasta la cama y se sentó. Apretó sus manos una contra la otra.
La palabra volaron la llenó.
¿Qué significaba exactamente que hubieran “volado” su casa?
De pronto la certeza de que si no hubiera estado Dereck cuidándola ya habría muerto, quemada… la hizo temblar de frío. Levantó sus pies y abrazó sus largas piernas. ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Por qué no insistió en viajar a casa de Oliver? ¿Quién intentaba matarla? ¿A ella o a Oliver? ¿Y por qué razón? ¿Algo relacionado con la política?
Una locura, una verdadera locura.
Todo es una absoluta locura.
Sus ojos se llenaron de lágrimas y su mente regresó hacia la figura de Dereck Lenoir. ¿Por qué estaba enojado con ella? No pidió venir a su casa y ahora ni siquiera quería verla.
El golpe en la puerta atrajo su atención. Manoteó sus lágrimas y preguntó:
—¿Sí?
—Señora North, soy Margot. ¿Puedo pasar?
—Sí, por supuesto —dijo y se puso de pie.
Una fornida mujer de furiosos cabellos rojos y grandes aros turquesas asomó por la puerta. La expresiva mujer le indicó con la mano que se volviera a sentar. Sus muñecas estaban llenas de pulseras que tintinearon con su movimiento. Cuando lo hizo, ella lo hizo a su lado Su rostro mostraba una gran sonrisa.
—Es un placer conocerla señora North —tomó su mano y la sostuvo con las dos suyas—. Logan me pidió que me presentara y me pusiera a su disposición.
La mujer hablaba muy rápido y no había duda de su origen irlandés.
—¿Logan?
—El señor Lenoir.
—No sabía que se llamaba Logan.
La mujer levantó vivamente sus manos y negó también con su cabeza.
—Logan es su apodo. Pensé que lo sabía.
—¿Apodo?
—Sí, todos esos hermosos hombres los tienen.
Ante su rostro de sorpresa Margot agregó rápidamente:
—Pierre, Reno, André, Gabriel y Dereck. A ver —comenzó a contar con sus dedos— al señor Pierre le dicen Dublín…
—¿Cómo la ciudad?
—Sí, yo nací cerca, pero nooooo no es por la ciudad sino que significa agua o estanque algo así. Habrá notado dónde está ubicado el complejo, ese hombre ama el agua. A veces creo que es más pez que hombre. Cómo sufrí la primera vez que vine, temía que los cristales estallaran en cualquier momento y el agua inundara todo; en ese entonces… ups, ya me desvié, espere —siguió contando con sus dedos—, al señor Reno le dicen York, eso es tejón. Qué gracioso. Una vez le pregunté por qué le dicen tejón ¿y sabe qué me respondió? “Me gusta la carne, soy un gran cazador y amo la miel”. Eso fue muy gracioso, amo la miel. Pero leí en internet que el tejón es uno de los animales más peligrosos que existen —bajó un poco la voz y usando un tono más confidente agregó—: debe ser por eso que trabaja en la FBI, y siempre anda metido en misiones peligrosas, yo creo que… espere… ¿por dónde iba? Ya me acuerdo, el señor André…
—Boduus.
—Sí. ¿Se lo dijo?
Ella afirmó.
—¿Y sabe qué significa?
—No. Pensé que era un apellido.
—No qué va, es un sobrenombre, significa Cuervo —Margot lanzó una carcajada—. Con esos ojos llamarse cuervo, estos chicos y… ¿quién me falta? Ah sí, Gabriel, a ese sí que su apodo le queda bien, Gabro.
—¿Gabro? ¿Es una deformación de su nombre?
—No. Significa cabrón —lanzó otra fuerte carcajada—. Y bien que le queda. Ese hombre es muy inteligente. Ellos… ¿los conoce, verdad?
—Me temo que no los recuerdo. Se supone que estuvieron en mi casamiento.
—Bueno, creo que no los conoce. Nadie que los haya conocido los olvida —lanzó un hondo y exagerado suspiro para terminar lanzando una carcajada—. Si tuviera 30 años menos, le juro que no se me escaparían. Tan altos, tan apuestos, tan listos… ¡Bombones! Otra vez me desvié ¿no? Logan dice que si fuera muda se casaría conmigo sin dudarlo —lanzó otra carcajada—. Menos mal que tengo a mi Teddy, él no será un bomboncito como esos niños, pero es… mi vida. Cuando Logan me dijo que la traería acá, uff, las cosas que le dije, pero me aclaró que usted es la señora de Oliver North. Y viendo lo hermosa que es… ay, tendré que seguir esperando. ¿Tiene hambre, mi niña?
—¿Qué? —la verborragia de Margot la había mareado—. ¿Hambre?
—Hoy es un día especial. Casi todos los niños están en Gallia. Puede cenar con ellos. Solo tengo que llamarlos, les encanta mi cocina; o si prefiere, también puede cenar sola en el cuarto.
—No quiero causarle problemas.
La mujer palmeó sus manos entrelazadas.
—Cariño, usted jamás me molestaría. Esta casa está demasiado tiempo sola, es un placer tener a alguien con quien charlar. ¿Está cansada?
Lo estaba, física y emocionalmente. No pudo evitar asentir.
—Preferiría cenar aquí si no es una molestia.
—Excelente idea.