17

Cuando Raimundo abandonó el restaurante y estuvo a solas en su despacho, telefoneó a Juan Antonio para comunicarle la relación que existía entre su hermana y Arturo. Quiso advertir a su amigo de lo inconveniente que era. Juan Antonio telefoneó a Carlota.

—Dígame.

—Sé que estás liada con Arturo —dijo Juan Antonio.

—Tú no sabes nada. Desde que comenzaste a trabajar con él no has querido saber nada de mí.

—¿Cómo puedes decir eso? Yo fui quien le propuso tu contratación. Le puse como única condición para aceptar trabajar con él, que tú formases parte del equipo. Que encontrase un puesto para ti. ¿Crees que me fue fácil? Si piensas que lo fue, te equivocas. Parecía un niño tonto pidiendo que no le separasen de su hermana. ¿No lo entiendes? Fue ridículo.

—Pues tu ridículo le ha hecho un poco más rico y bastante más feliz de lo que era. Creo que Arturo te estará agradecido toda su vida —contestó irónica Carlota.

—Qué equivocada estás. Arturo no te quiere. Arturo sólo se quiere a sí mismo. En cuanto te tenga, en el momento que sepa que le perteneces en cuerpo y alma, dejarás de interesarle. Siempre pensé que eras más inteligente. ¡No eres la única! Todo el mundo lo sabe. Arturo tiene muchas mujeres. Te está utilizando. Está casado. Debes respetar a Adela. Tú también le debes mucho a ella. Te dio toda su confianza, y ahora estás acostándote con su marido. ¡Si ella se entera te destruirá! No parará hasta destruir tu carrera.

—Hermanito, Adela está loca, completamente obsesionada con el que fuera su marido, con un muerto. Su vida se centra en investigar lo que hizo antes de ser encausado. Como dice Arturo, no se preocupó de él en vida y lo hace ahora que está muerto. ¿No crees que es de locos? No vayas a creer que todo esto lo sé porque me lo haya dicho Arturo, lo sé porque lo he visto, he podido comprobarlo. Arturo no quiere abandonarla, es demasiado bueno. No dejará que se vuelva una demente, ni permitirá que se recluya en su soledad. Creo que la soledad para los locos es lo peor que hay. Incluso hemos comentado la posibilidad de convencerla entre los dos de que visite a un psiquiatra. Pero eso, hermanito, que Adela esté enferma, no quiere decir que yo tenga que renunciar a estar con Arturo. Sé que me casaré con él. Tarde o temprano, seré tu jefa.

—Eres una ignorante. Adela está perfectamente. Ayer hablé con ella. No necesita llevar la agencia, valora tu trabajo, y no sabes de qué forma. No tiene reparos en decirlo. Está realizando un trabajo sobre la vida de Abelardo, por eso está recopilando información. Quiere escribir su biografía. Arturo te ha mentido; él sabe lo que está haciendo Adela. Y no sólo te ha mentido, habló de ti en una comida de negocios. Te considera una adquisición más. Nunca volverá a casarse.

—En una comida. ¿Estabas tú? —preguntó Carlota.

—No. Me lo ha dicho Raimundo.

—¡No vuelvas a meter tus narices en mi vida! Procura cuidar de tu trabajo y olvidarte de la vida personal de los demás. Y dile al engreído de Raimundo que se vaya a la mierda —dijo Carlota colgando el teléfono.