Capítulo 76

Siempre me he preguntado por la extraña habilidad que tienen los alománticos para penetrar las brumas. Cuando uno quema estaño, puede ver más allá en la noche, mirando a través de las brumas. Para el profano, esto podría parecer una conexión lógica: el estaño, después de todo, amplifica los sentidos.

La mente lógica, sin embargo, puede encontrar un enigma en esta habilidad. ¿Cómo puede el estaño, exactamente, permitir ver a través de las brumas? Siendo una obstrucción, no están conectadas con la calidad de la vista. Tanto el erudito miope como el explorador de vista de águila tendrían el mismo problema para ver en la distancia si hubiera un muro de por medio.

Ésta tendría que haber sido, pues, nuestra primera pista. Los alománticos podían ver a través de las brumas porque las brumas estaban, de hecho, compuestas por el mismo poder que la alomancia. Al quemar estaño, el alomántico era casi parte de las brumas. Y por tanto, éstas eran más transparentes para él.

Vin… flotaba. No estaba dormida, pero no se sentía despierta del todo. Estaba desorientada, insegura. ¿Todavía yacía en el patio destrozado de Kedrik Shaw? ¿Estaba dormida en su camarote a bordo del barco con Elend? ¿Se hallaba en sus aposentos de palacio, allá en Luthadel, durante el asedio de la ciudad? ¿Estaba en el taller de Club, preocupada y confusa por la amabilidad de esta extraña banda nueva?

¿Estaba acurrucada en un callejón, llorando, la espalda dolorida por otra de las palizas de Reen?

Palpó a su alrededor, tratando de sentir su entorno. Sus brazos y piernas no parecían funcionar. De hecho, no podía concentrarse en ellos. Cuanto más flotaba, sin embargo, más clara se volvía su visión. Estaba… en Luthadel. Después de matar a los inquisidores.

¿Por qué no podía sentir nada? Trató de extender los brazos, de ponerse de rodillas, pero el suelo parecía extrañamente lejano. Y no veía brazo ninguno. Sólo continuaba flotando.

Estoy muerta, pensó.

Cuando se le ocurrió esa idea, despertó un poco más. Podía ver, aunque era como si mirara a través de una hoja de vidrio muy borrosa y distorsionada. Sentía… que un poder zumbaba en su interior. Una capacidad distinta a la de sus miembros, pero de algún modo más versátil.

Consiguió darse la vuelta y pudo ver la ciudad. Y, en pleno giro, se encontró cara a cara con algo oscuro.

No supo decir a qué distancia estaba. Parecía cercano y lejano al mismo tiempo. Podía verlo con detalle, con mucho más detalle de lo que podía ver el mundo real, pero no podía tocarlo. Instintivamente, supo qué era.

Ruina ya no parecía Reen. En cambio, se manifestaba como una gran mancha de cambiante humo negro. Un ser sin cuerpo, pero con una consciencia superior a la de un simple humano.

En esto… es en lo que me he convertido, advirtió Vin, la mente más despejada.

Vin, dijo Ruina. Su voz no era la de Reen, sino algo más… gutural. Era una vibración que la barría como un pulso alomántico. Bienvenida a la deidad.

Vin permaneció en silencio, aunque sondeó con su poder, tratando de decidir qué podía hacer. Comprender parecía a su alcance. Era como antes, cuando tomó el poder del Pozo de la Ascensión. Enseguida supo cosas. Sólo que esta vez el poder era tan vasto, la comprensión tan grande, que parecía haberla aturdido. Por fortuna, su mente se expandía, y ella crecía.

Despertaba.

Se alzó sobre la ciudad, sabiendo que el poder que la surcaba, el núcleo de su existencia, era simplemente un foco de poder que se extendía por el mundo entero. Vin podía estar donde se le antojara. De hecho, una parte de ella estaba en todas partes a la vez. Podía ver el mundo como un todo.

Y estaba muriendo. Sentía sus temblores, veía que su vida menguaba. Prácticamente toda la vida vegetal del planeta estaba ya muerta. Los animales desaparecerían rápido, y los que sobrevivieran serían aquellos que pudieran encontrar un modo de comer el follaje muerto cubierto ahora de ceniza. Los humanos no tardarían mucho, aunque a Vin le resultaba interesante advertir que un sorprendente porcentaje de ellos había encontrado de un modo u otro el camino a las cavernas de almacenaje.

No son cavernas de almacenaje…, pensó Vin, comprendiendo por fin el propósito del Lord Legislador. Son refugios. De ahí su enorme tamaño. Son como fortalezas para que la gente se esconda a esperar, a sobrevivir un poco más.

Bien, ella lo arreglaría. Se sentía electrizada de poder. Extendió la mano y cubrió los montes de ceniza. Los aplacó, los mató, eliminó su habilidad de esparcir ceniza y lava. Después, se volvió hacia el cielo y borró el humo y la oscuridad de la atmósfera, como una criada que limpia el hollín de una ventana sucia. Lo hizo todo en cuestión de instantes: en el mundo de abajo no habrían pasado más de cinco minutos.

Inmediatamente, la tierra empezó a arder.

El sol era sorprendentemente poderoso: ella no había advertido cuánto hacían la ceniza y el humo para proteger la tierra. Gritó, haciendo girar al mundo tan rápidamente que el sol se movió al otro lado. Cayó la oscuridad. Y, en cuanto Vin hizo aquello, las tormentas empezaron a barrer el paisaje. El movimiento perturbó las borrascas, y en el mar apareció una súbita ola, gigantesca. Rodó hacia la costa, amenazando con arrasar a su paso varias ciudades.

Vin gritó de nuevo, extendió la mano para detener la ola. Y algo la detuvo.

Oyó risas. Se volvió en el aire, para ver a Ruina en forma de tormenta ondulante.

Vin, Vin… ¿Te das cuenta de cuánto te pareces al Lord Legislador? Cuando él tomó el poder por primera vez, trató de resolverlo todo. Todos los males del hombre.

Ella lo veía. No era omnisciente: no podía ver todo el pasado. Sin embargo, sí podía ver la historia del poder que detentaba. Podía ver cuándo lo tomó Rashek, y pudo verlo a él, frustrado, tratando de colocar al planeta en una órbita adecuada. Sin embargo, lo llevó demasiado lejos, dejando al mundo frío y congelado. Volvió a atraerlo, pero su poder era demasiado vasto, demasiado terrible para que pudiera controlarlo adecuadamente. Así que dejó el mundo de nuevo demasiado caliente. Toda la vida habría perecido.

Abrió los montes de ceniza, nublando la atmósfera, volviendo el sol rojo. Y, al hacerlo, salvó al planeta… pero lo condenó también.

Eres tan impetuosa, pensó Ruina. Tengo este poder desde hace mucho más tiempo del que puedas imaginar. Hace falta cuidado y precisión para usarlo correctamente.

A menos, por supuesto, que sólo quieras destruir.

Extendió un poder que Vin pudo sentir. Inmediatamente, sin saber cómo ni por qué, Vin lo bloqueó. Lanzó su poder contra el de Ruina, y él se detuvo, incapaz de actuar.

Debajo, el tsunami se estrelló contra la costa. Aún había gente allá abajo. Gente que se había escondido de los koloss, que había sobrevivido gracias a la pesca cuando fallaron las cosechas. Vin sintió su dolor, su terror, y gritó mientras trataba de protegerlos.

Y, de nuevo, fue detenida.

Ahora conoces la frustración, dijo Ruina mientras el tsunami destruía aldeas. ¿Qué fue lo que dijo tu Elend? Por cada empujón, hay un tirón. Lanza algo hacia arriba, y caerá. Oposición.

Para Ruina, existe Conservación. ¡Tiempo inmemorial! ¡Eternidad! Y cada vez que yo empujo, TÚ empujas a tu vez. Incluso muerto, me detuviste, porque somos fuerzas. ¡No puedo hacer nada! ¡Y tú no puedes hacer nada! ¡Equilibrio! La maldición de nuestra existencia.

Vin sufrió mientras la gente abajo era aplastada, barrida, ahogada. Por favor, dijo. Por favor, déjame salvarlos.

¿Por qué?, preguntó Ruina. ¿Qué es lo que te dije antes? Todo lo que haces me sirve a mí. Te detengo sólo por amabilidad. Pues, aunque pudieras alcanzarlos, destruirías más de lo que conservas.

Así son siempre las cosas.

Vin flotó, escuchando los gritos. Y, sin embargo, una parte de su mente (ahora tan vasta, tan capaz de muchos pensamientos a la vez) diseccionó las palabras de Ruina.

Eran falsas. Decía que todas las cosas destruían, pero se quejaba del equilibrio. Advertía que ella sólo destruiría más, pero no podía creer que la detuviera por amabilidad. Quería que ella destruyera.

No podía ser de ambas maneras. Vin sabía que era su antítesis. Podría haber salvado a esa gente, si él no la hubiera detenido. Cierto, probablemente aún no tuviera la precisión necesaria para hacerlo. Sin embargo, eso no era culpa del poder, sino de ella. Él tenía que detenerla para que no aprendiera, como había hecho el Lord Legislador, y adquiriera más habilidad con el poder.

Vin se apartó de él, volviéndose de regreso a Luthadel. Su consciencia seguía expandiéndose, pero le confundió algo que vio. Brillantes puntos de luz, moteando el paisaje, brillando como bengalas. Se acercó, tratando de descubrir qué eran. Sin embargo, de la misma manera que costaba mirar directamente a un farol encendido y ver qué emitía la luz, difícil era discernir la fuente de este poder.

Lo descubrió cuando alcanzó Luthadel. Un gran resplandor surgía del palacio roto. La mayor forma de la luz tenía vagamente forma de…

Torres. Metal. Eso era lo que causaba el poder brillante. Yo tenía razón. El metal es poder, y por eso Ruina no podía leer las cosas escritas en acero. Vin se apartó de una aguja brillante. Como siempre, Ruina estaba allí, observándola.

Me sorprendió cuando Conservación dijo que quería crearos, dijo Ruina, con un poco de curiosidad en la voz. La otra vida la ordena la naturaleza. Equilibrada. Pero Conservación… quería crear algo intencionadamente desequilibrado. Algo que pudiera elegir conservar en ocasiones, destruir en otras. Algo con la forma de lo que habíamos visto antes. Fue intrigante.

Me parece extraño que gastara tanto de sí mismo en crearos. ¿Por qué debilitarse a sí mismo, renunciando a la fuerza para destruir el mundo, solo para colocar en éste seres humanos? Sé que otros consideran que su muerte para aprisionarme fue un sacrificio, pero ése no fue el sacrificio. Su sacrificio se produjo mucho antes.

Sí, intentó traicionarme… aprisionarme. Pero no pudo detenerme. Sólo pudo refrenarme. Retrasarme. Desde el día que os creamos, ha habido un desequilibrio. Yo era más fuerte. Y él lo sabía.

Vin frunció el ceño… o al menos sintió como si hiciera ese gesto, aunque ya no tenía cuerpo. Sus palabras…

Dice que es más fuerte, pensó. Sin embargo, somos parejos. ¿Está mintiendo de nuevo?

No… no mentía. Al recordar con su mente cada vez más expandida. Ella vio que todo lo que Ruina decía, lo creía. Pensaba de verdad que todo lo que ella hacía le ayudaba. Veía el mundo a través de las lentes de la destrucción.

No mentía respecto a que era más poderoso que ella. Sin embargo, obviamente en este momento estaban igualados. Lo que significaba…

Hay otro pedazo de Ruina ahí fuera, pensó Vin. Conservación es más débil porque renunció a un trozo de sí mismo para crear la humanidad. No su consciencia (ésa la usó para impulsar la prisión de Ruina), sino un trozo real de su poder.

Lo que antes había sospechado, ahora lo sabía con claridad. El poder de Ruina fue concentrado, oculto en alguna parte por Conservación. El atium. Ruina era más fuerte. O lo sería, cuando recuperara la última parte de su esencia. Entonces podría destruir por completo… ya no estarían equilibrados.

Giró frustrada, una brillante aura blanca de bruma con tentáculos ondulantes se extendió por todo el mundo. Hay tantas cosas que todavía no sé, pensó.

Era extraño reconocer aquello, con su mente ampliándose para incluir tanto. Sin embargo, su ignorancia ya no era la de una persona. Su ignorancia estaba relacionada con la experiencia. Ruina tenía una enorme ventaja sobre ella. Había creado para sí sirvientes que podían actuar sin su dirección, y por eso ella no podía bloquearlos.

Vio sus planes manifiestos en el mundo. Lo vio influenciando sutilmente al Lord Legislador mil años antes. Aunque Rashek tenía el poder de Conservación, Ruina le había susurrado al oído, dirigiéndole hacia la hemalurgia. Y Rashek había obedecido sin darse cuenta, creando sicarios, ejércitos de ellos, para que Ruina los tomara cuando fuera el momento adecuado.

Vin pudo verlos convergiendo hacia Luthadel. Los koloss.

Te reconozco una cosa, Vin, dijo Ruina, flotando cerca. Destruiste a mis inquisidores. A todos menos uno, al menos. Fueron muy difíciles de crear. Yo…

Ella dejó de concentrarse en él, al menos con la mayor parte de su mente. Otra cosa llamó su atención. Algo se dirigía hacia Luthadel, volando sobre lanzas de luz.

Elend.

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