LÁGRIMAS

¡Tierno, celeste amor! Si llegara a olvidarte,

si llegara… Y vosotras, islas que el destino ha herido,

que sólo sois ceniza, ardientes,

desiertas y además abandonadas,

islas que tanto quiero, pupilas de un mundo extraordinario,

ya sólo me importáis vosotras,

las orillas donde el amor expía, frente

al cielo de dios, su idolatría.

Pues en lejanos días, los santos y los héroes feroces

sirvieron con fervor excesivo a la belleza.

Y árboles sin número

y ciudades enteras se erigieron, a la vista de todos,

semejantes a un hombre ensimismado. Ahora

los héroes están muertos, y las islas de amor,

desfiguradas. Así, engañado,

loco incluso, ha de estar el amor en todas partes.

Vosotras, blandas lágrimas, no lleguéis a apagar

del todo la luz ante mis ojos. Dejad al menos,

ladronas y engañosas, que un recuerdo,

para poder morir más noblemente, sobreviva.