ALBERT TOOLE JR.
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Albert Toole murió tres años después de salir de la cárcel, en 1972. Su hígado estaba completamente hecho paté. El Gobierno estadounidense le concedió, además de la libertad, una pequeña pensión vitalicia que destinaba a pagar el alquiler de un cuchitril, a follar putas cuando su pene se podía poner erecto, que no era muy a menudo, y a comprar whisky, sobre todo a comprar whisky, que ingería a todas horas. Murió tirado en el rellano de su casa como un perro, envuelto en un charco de vómito y sangre. Nadie le echó de menos, ni reclamó su cadáver, que fue a parar a manos de un hospital estatal para que los estudiantes de medicina realizasen prácticas con él. El cadáver de Albert acabó flotando en una piscina de formol, de la que salía de vez en cuando para que unos cuantos estudiantes le abrieran en canal y metieran mano dentro de sus maltrechas entrañas.
Además del vómito, del charco de sangre y de su contribución involuntaria a la ciencia, Albert dejó un hijo en este mundo: Albert Toole Jr.
Albert Toole Jr. nació fruto de la relación con una prostituta de origen español a la que Albert padre chuleó durante una temporada, hasta que ella decidió abandonar a ambos Albert, cansada de que Albert padre le robase todo su dinero, le fuese infiel y le pusiese la mano encima en alguna que otra ocasión. El pequeño Albert contaba con diez años. Sufrió por dejar al chico en manos de aquel cerdo hijo de puta, pero ella no podía hacerse cargo de él y la vida que hubiese llevado a su lado no habría sido mucho mejor que la que le esperaba.
Una mañana, mientras Albert Toole dormía la resaca de la noche anterior, recogió sus cosas y se largó sin mirar atrás. Pasaron dos días hasta que él la echó en falta. Albert hijo la odió para siempre por haberlo dejado allí, tirado con aquel cabrón al que le costaba llamar papá. A él era imposible que lo pudiese odiar más de lo que ya lo hacía.
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El pequeño de los Albert nació en un ambiente poco propicio para ser una persona de provecho; cualquiera hubiese apostado por que en un plazo breve de tiempo se habría convertido en un delincuente de poca monta o en cualquier cosa peor. Eso si no acababa muerto en alguna esquina víctima de una sobredosis. Lejos de eso y contra todo pronóstico, consiguió escapar a un destino que no auguraba nada bueno. Puede que a veces la vida ya tenga previsto un camino para nosotros.
Quiso ser músico y aprendió a tocar la guitarra de manera autodidacta, practicando noche y día con una Fender que robó junto a un colega en unos grandes almacenes: ese fue su único delito. No lo hacía mal del todo, aunque tampoco se puede decir que fuese un genio. El caso es que a los diecisiete años montó un grupo con unos amigos. Daban algunos conciertos en clubs locales y ganaban algo de dinero tocando versiones de Elvis Presley y Chuck Berry. Entre eso y un trabajo de camarero en un restaurante de comida rápida, que también servía a domicilio, consiguió largarse de casa y perder de vista al borracho de su padre y a todas las putas que frecuentaban su casa. Nunca más supo de él. Mejor dicho: nunca supo de él hasta febrero de 1969. Pero no nos anticipemos a esto.
El grupo de Albert se acabó disolviendo, como era de prever, y Albert, gran aficionado al cine, en el que pasaba buena parte de sus ratos libres, con algunos ahorrillos y gracias a una beca, entró en la escuela de imagen y sonido. Acudía a las clases que le permitía el trabajo y estudiaba duro por las noches. Consiguió terminar sus estudios y salir con el título de técnico en montaje. Para esto, a diferencia de la música, sí que tenía un gran talento y, al poco tiempo de entrar como ayudante de montaje en prácticas en una pequeña productora, acabó siendo primer montador, para pasar poco después a ser un montador de renombre en la cadena más importante de televisión estadounidense.
El tiempo de las borracheras, los suburbios y las neveras vacías con latas de moho había quedado atrás para Albert Toole Jr. Una vez más el sueño americano se había hecho realidad y había permitido a un chico salido desde lo más profundo de la miseria, con un futuro incierto, labrarse un presente prometedor. Si vales, lo conseguirás: ese era el lema, y la prueba fehaciente de él era Albert Toole Jr.