Mi pequeña niña,
Te escribo estando ya muy cerca del final y a ti te reconoceré que tengo mucho miedo. Miedo a convertirme en una sombra de lo que fui y que ése sea el recuerdo que os quedé de mí, con la cabeza ida, desvariando y gritándoos cosas horribles… sufriendo, sufriendo mucho, y sin necesidad, en una batalla perdida y haciéndoos sufrir a mi lado. Al final tenía razón mi madre y no siempre se puede ganar en todo. Pero aunque no gane, al menos aún me queda decidir cómo quiero que sea mi marcha y hacer lo necesario para irme siendo y sintiéndome yo misma. No voy a permitir que tenga la última palabra esta enfermedad.
Espero que podáis comprenderlo y que de nuevo, una vez más, en la historia de nuestra amistad, no necesitemos juzgarnos. Lo he meditado y lo he decidido sabiendo que es la última decisión que tomaré en mi vida y de la que también me sentiré orgullosa.
Hay demasiadas cosas que quiero decir y que me gustaría que de alguna forma perdurasen más allá de mi recuerdo. Yo que siempre he tenido el don de la palabra ahora me cuesta elegir las más adecuadas para poder trasmitirte mi profundo amor y gratitud por haber formado parte de mi vida.
¿Te acuerdas de aquel verano que nos fuimos de camping?, bueno, que intentamos pasar de camping por hacernos las aventureras, pero que a la segunda noche cambiamos por un hotel de cuatro estrellas con vistas al mar. ¡Así quiero que me recuerdes siempre!, como ese verano. Sintiéndonos satisfechas relajadas y felices. Orgullosas de ser como somos sin necesitar aparentar nada.
Sé que a pesar de ser así Adriana, de tener claro lo que nos gusta, lo que no y cómo queremos vivir, a veces sientes demasiado miedo. Y lo que me da miedo a mi es que te pierdas todas las cosas maravillosas que te esperan por no ser capaz de desprenderte de él.
Atrévete a muchas cosas, Adriana. Atrévete a vivir, deja de torturarte y de sufrir por las cosas que crees que no te han salido bien, sólo tenemos una vida y no debemos pasarla esperando a que las cosas buenas nos lleguen. Hay que dejar que nos pasen. Abraza la vida, los momentos y las alegrías que te traiga. Sigue siendo siempre así de maravillosa y cuidando tanto a la gente de tu alrededor. Y recuerda siempre estas palabras para cuando yo no esté para decírtelas y necesites escucharlas.
“Sí. ¡Atrévete! Esa es siempre la respuesta”.
Te estaré esperando en el más allá, no te quepa duda que voy a coger el mejor sitio con las mejores vistas. Espero, por la cuenta que le trae a San Pedro, que no falten por allí los tíos buenos y las buenas copas en vaso de sidra.
No olvides jamás, sé que no lo harás, que te quiero con toda mi alma y que te seguiré queriendo sea cual sea la forma en la que se pueda seguir queriendo allá donde vaya. Ten por seguro que buscaré la forma de hacértelo saber.
Un beso.
Tu amiga.
Paola.