24. No abuses de mi inspiración

 

Damián había insistido en llevarme al aeropuerto, quería desearme suerte y despedirse. Habíamos hablado poco esos días y no me pareció mala idea. Fue una despedida extraña, sin rozarnos siquiera durante todo el trayecto y con conversaciones llenas de formalismos. Quedamos en volver a hablar a mi vuelta y justo antes de pasar el control de seguridad, me abrazó con fuerza, me dijo que lo haría de maravilla y que estaba orgulloso de mí. Besó suavemente mi mejilla y se quedó esperando al otro lado de la pared de cristal hasta que dejé de estar en su campo de visión. Me giré por última vez para ver si seguía allí antes de recorrer el pasillo hasta mi puerta de embarque, levantó el brazo, dijo adiós y me miró como la primera vez que me dijo te quiero. Fue una tarde después de ir al cine mientras nos reíamos de lo mala que había sido la película. Se paró en medio de la calle y entre carcajada y carcajada lo dijo sin más. Se le escapó sin querer, que ya no le cabía más en el pecho dijo, que conmigo había perdido el control y el filtro de chico duro.

No fue hasta que llegué a Roma y me reuní con Carlos cuando pude dejar de pensar en aquella mirada. Nos abrazamos como si nos conociéramos de mucho tiempo y rápidamente empezamos a parlotear de todo lo que nos deparaban esos días. En el taxi de camino a nuestro hotel me vibró el móvil anunciando la llegada de un SMS. Del susto que me llevé al ver de quien era, se me cayó al suelo del coche, bajo los pies de Carlos que me lo entregó con cara de preguntarse si el móvil daba calambre

- Me gusta la carcasa de tu móvil- Dijo Carlos en lo que no parecía una broma.

Giré el iPhone y lo levanté sobre mi mano para que pudiéramos verla un poco mejor, casi sorprendida de que la carcasa estuviese allí. Suele pasar que estas tan acostumbrada a ver algo, que llega a pasar desapercibido y dejas de apreciarlo.

- Muchas gracias- Dije aún procesando aquel mensaje y disimulando el desconcierto que me había causado.- Me recuerda a las vacaciones de verano, creo que por eso la elegí. Bueno, por eso, y porque me encantan los flamencos. Me flipan- Dije sonriente como quien confiesa ser la fan número uno de Winnie the Pooh.- Tengo neceseres, camisetas, tazas, estuches, la alfombrilla del ordenador… todo con flamencos.

La carcasa tenía sobre un fondo azul turquesa dos flamencos de perfil, uno frente a otro, y al estar en esa posición, sus cabezas hacían la forma de un corazón. A sus pies, sobre el agua, su reflejo.

- ¿Y porque te gustan tanto los flamencos?

- Mmmm, ¿además de por tener ese color rosa tan bonito y diferente al resto de aves, esas patas estilizadas que ya las quisiera yo, de resultar tan elegantes y alegres quieres decir?- Se rio conmigo. Ya hablaba con él como lo haría con un amigo de toda la vida. No lo veía ni como mi jefe, ni mentor, ni como el súper fotógrafo de renombre que era. Carlos inspiraba cercanía y confianza.

- Te diré algo que seguro que no sabes de los flamencos, pequeña saltamontes- Decidió empezar a llamarme así a la tercera vez que yo le llamé maestro- y que además es por lo que también me gustan mucho a mi esos animaluchos descoloridos.

- ¡Otro fan! ¡Qué bien ya podemos formar un club!-Bromeé- aunque espero que tú no tengas camisetas repletas de flamencos, porfa.

- No tengo camisetas, no, pero ¡sí que tengo un bañador!- reímos de nuevo.

- ¡Necesito verlo, dime que lo has traído!

- Tendrá que ser en otra ocasión, señorita

- ¡¡Oooh!! Me partes el corazón, bueno pero no te enrolles y cuéntame qué es eso que sabes de los flamencos, friki.

- Pues me lo contaron cuando tuve que realizar un reportaje para National Geographic. Tenía que fotografiarlos en su hábitat natural durante días para captar su baile nupcial

- ¿Baile nupcial?

- Sí, para elegir a su pareja hacen una especie de baile que se conoce por ese nombre. En un grupo de unos 150 aproximadamente, todos a la vez levantan sus cuellos y mueven sus alas, haciendo unos graznidos extraños y hermosos. Después, eligen a su pareja y lo más fascinante para mí es que permanecen junto a esa pareja el resto de su vida. Son monógamos, y además, a la hora de incubar a sus huevos, se turnan entre el macho y la hembra la mitad del tiempo, compartiendo así juntos la espera de la llegada de su cría.

Y lo contó, como el que cuenta una preciosa historia de amor, con pausas, con calma, poniendo énfasis en aquellas palabras que debían atrapar mi atención, mirándome fijamente a los ojos y acariciando levemente mi mano cuando señaló a los flamencos de mi carcasa del móvil como broche final de la historia. Oficialmente me acababa de poner cachonda escuchando hablar del apareamiento de los flamencos.

- No tenía ni idea de que fueran tan románticos.- Dije intentando deshacerme del acaloramiento que, entre una cosa y otra, recorría mi cuerpo- Lo del baile nupcial suena mucho mejor que ligar en una discoteca al ritmo de Paquito el chocolatero.- Ya está, después de invocar a Paquito el chocolatero ¿a quién no se le enfrían las ideas? – Y tienes razón, maestro, una vez más. Ahora me gustan todavía más los flamencos.

Me miró intensamente durante unos segundos- Sí, a veces pasa, mientras más sabemos sobre algo que en un principio solo nos resultaba atractivo, más y más nos gusta. Puede llegar a ser adictivo descubrir que es aún mucho mejor de lo que a simple vista imaginabas…

Me ruboricé y me pregunté si habíamos dejado de hablar de los flamencos o eran solo imaginaciones mías.

No dije nada más y me dediqué a descubrir la belleza de la ciudad que ante nosotros se iba abriendo paso mientras pensaba en los flamencos y en aquel mensaje que, como siempre pasa con estas cosas, llegaba en el momento más inoportuno.

Hola princesa. Espero que todo esté mejor que la última vez que hablamos. Aunque me jode que me tengas bloqueado entiendo porque estás enfadada. Me asusté. Lo siento, soy un idiota y la cagué. Ahora lo sé. Quería dejarte espacio y tiempo. Me gustaría que nos viésemos y hablásemos en persona guapa. Besazos. Tu Peter Pan.”

Que no te duerman con cuentos de hadas
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