8
Por encima del viento, Jonnie escuchó el traqueteo de un camión. Miró hacia el norte. Un camión vacío se aproximaba a velocidad considerable. Sus ocupantes quedaban invisibles bajo esa luz. Detrás del camión y hasta el horizonte, se veía sólo la planicie vacía sin ningún otro vehículo.
Escuchó otro ruido. ¿Un avión? Lo localizó en el este, aproximándose lentamente por debajo del nublado. Sólo un avión de reconocimiento de lento vuelo, realizando sus interminables millones de fotografías.
Bueno: por esos lados no llegaría verdadera ayuda. Estaba solo. Probablemente el camión, que ya se acercaba, sería de ellos y formaría parte de esta burla.
Jonnie volvió a mirar el complejo. Tenía el sentimiento de que allí había ojos vigilantes y peligro.
Los dos guardias brigantes lo flanqueaban, un paso más retrasados. Parecían estar vigilando el nuevo camión. El volumen del coche de superficie ocultaba a los del camión el hecho de que estaban armados.
El inmenso vehículo pasó rugiendo por el otro lado del coche de superficie. Recorrió una distancia por la pendiente, en dirección a Bailarín. Se detuvo súbitamente, golpeando el suelo en medio de una nube de polvo al cerrar la suspensión.
Alguien bajó saltando los ocho pies del suelo de la cabina, en medio del polvo, y empezó a correr en dirección a Bailarín.
Jonnie no podía creer lo que estaba viendo.
¡Era Bittie Mac Leod! Llevaba algo en la mano. ¿Una fusta? ¿Un látigo?
—¡Bittie! —gritó Jonnie, alarmado.
La voz del niño llegó flotando, llevada por el viento.
—Yo cogeré los caballos, sir Jonnie. ¡Es mi trabajo!
Bittie corría colina arriba.
—¡Regresa! —gritó Jonnie. Pero el runruneo del avión de reconocimiento y el estallido de un trueno en las montañas ahogó el sonido de su voz.
El ruso tenía problemas para equilibrar el coche. Había quedado inclinado a causa de una piedra. Pero ahora abrió la puerta y gritó a Bittie:
—¡Bitushka! ¡Astanovka! (¡Alto!)
Una súbita ráfaga de viento y el avión de reconocimiento apagaron su voz.
—¡Vazvratnay! (¡Regresa!)
El chico siguió corriendo. Estaba casi junto a Bailarín, dispuesto a librarlo de la cuerda.
—¡Por Dios, Bittie, regresa! —gritó Jonnie.
Era demasiado tarde.
Desde detrás de la piedra que había más allá de Bailarín, surgió un brigante, levantó su ametralladora y le disparó una ráfaga directamente en el estómago.
Bittie fue empujado hacia atrás, perforado por las balas que levantaban su cuerpo en el aire. Se derrumbó.
El ruso corría hacia adelante, tratando de descolgar de su espalda el rifle de asalto y llegar junto a Bittie.
Aparecieron otros dos brigantes por distintos lugares y rugieron tres ametralladoras. El ruso quedó hecho pedazos.
¡Jonnie enloqueció!
Los dos guardias brigantes no tenían ninguna posibilidad. Con una zancada hacia atrás, se puso a su espalda. Los hizo chocar entre sí como dos cáscaras de huevo.
Cogió el arma de uno de los brigantes que caía y aplastó su talón sobre un lado del cráneo del mercenario, rompiéndolo.
Hizo dar vuelta el arma y agujereó al otro brigante desde una distancia de tres pulgadas.
Jonnie cayó sobre una rodilla, puso la Thompson de lado de modo que el retroceso dispersara las balas y voló en pedazos a los dos últimos brigantes.
Giró para encontrar al que había disparado a Bittie. Ése no estaba a la vista.
Cinco brigantes salieron corriendo por una puerta del complejo y enviaron en su dirección una lluvia de plomo.
La Thompson que había usado estaba trabada. No amartillaba. La tiró al suelo y cogió la otra.
Totalmente indiferente a las balas que levantaban el polvo a su alrededor, corriendo agachado y disparando mientras lo hacía, fue hacia el ruso caído.
Se arrodilló detrás del cuerpo, puso la Thompson de costado y dirigió una lluvia de balas a aquellos cinco. Quedaron aplastados contra el complejo, y sus cuerpos saltaron cuando una segunda rociada de balas los golpeó antes incluso de que pudieran derrumbarse.
Jonnie cogió el rifle de asalto del ruso y lo abrió de un tirón para poner una bala en la recámara.
Buscaba al brigante que había disparado contra Bittie.
A su izquierda y detrás de él, ocho mercenarios que esperaban en el barranco aparecieron a la vista.
Jonnie giró. Después se quedó allí, tranquilo, hasta que el último hubo salido del barranco.
Se acercaban disparando.
Jonnie levantó el rifle de asalto a la altura del hombro y apuntó cuidadosamente. Disparó primero al último de la línea para que los otros no lo vieran caer y después lanzó una barrera de disparos en abanico, desde allí hasta el que iba a la cabeza.
El escuadrón cayó hacia adelante, en una avalancha de cadáveres.
Abajo, en el garaje, Lars escuchó los disparos. Salió corriendo en dirección a la meseta. Después escuchó el agudo ladrido del rifle de asalto rebotando contra el complejo. Supo instantáneamente que Jonnie no estaba muerto. Ningún brigante tenía rifles de asalto. Esta munición intermedia, a medio camino entre una pistola y un rifle, era mucho más exacta que la de una Thompson. Lo sabía. Había tratado de conseguirla, pero no había podido. Se detuvo.
Se escuchó otra ráfaga prolongada de rifle de asalto. El pesado staccato de las ametralladoras disminuía. De pronto a Lars se le ocurrió algo que le convenía más.
Regresó al garaje. Corrió para sumergirse en sus profundidades. Encontró un viejo coche ruinoso y se arrastró bajo las chapas dañadas. Volvió a escuchar el martilleo lejano del rifle de asalto. Se agazapó más, sollozando de terror. Jonnie corrió hacia un lado para ver mejor detrás de la piedra, tratando todavía de crucificar al mercenario que había disparado a Bittie.
Por el otro lado del complejo apareció corriendo un grupo de mercenarios, disparando con sus ametralladoras.
Jonnie se apoyó en una roca, disparó por encima y los acribilló.
En la jaula, Terl se había dejado caer detrás del parapeto en el que encajaban los barrotes, estirándose para quedar fuera del camino recorrido por las balas. Ahora se levantó con precaución. ¡Era el animal! Volvió a agacharse. Suponía que en cualquier momento el animal se abalanzaría hacia allí y lo aniquilaría. Era lo que él hubiera hecho. Se preguntó si podría llegar a la carga explosiva oculta en el agujero y hacer con ella una granada, pero comprendió que se expondría a sí mismo al hacerlo y abandonó la idea. Se quedó allí tirado, jadeando un poco a causa del miedo.
Aprovechándose de árboles y piedras, corriendo de unos a otras con intenciones asesinas, Jonnie seguía tratando de encontrar al brigante que había disparado contra Bittie.
Se estaba levantando viento. Entre las descargas se escuchaba el trueno. Para entonces el avión de reconocimiento estaba casi encima de sus cabezas.
¿Dónde demonios estaba ese brigante?
Por una puerta aparecieron dos mercenarios y le dispararon con las Thompson. Una bala le rozó un lado del cuello.
Con el rifle de asalto, Jonnie los transformó en rodantes pelotas de carne muerta.
Cogió nueva munición de la bolsa. El mico que buscaba debía de haberse refugiado detrás de un tractor arruinado. Jonnie hizo la prueba con balas disparadas por detrás del vehículo.
Corrió, disparando mientras lo hacía.
¡Allí estaba!
El brigante huía. Jonnie apuntó. El brigante se volvió y empezó a disparar.
Jonnie lo partió en dos con el rifle de asalto.
El ruido del avión de reconocimiento fue disminuyendo. En ese momento no tronaba. Todo parecía extrañamente tranquilo, pese al gemido del viento.
Jonnie puso otro cargador en el rifle de asalto. Recorrió rápidamente el terreno, mirando a los muertos.
Un mercenario se arrastraba tratando de poner las manos encima de una Thompson. Jonnie lo remató.
Esperó. En esa zona no parecía haber sonido ni movimientos peligrosos.
Durante el tiroteo, Bailarín se había liberado y huido colina abajo.
Jonnie tenía preparado el rifle de asalto, apoyado en el antebrazo. Su furia desapareció.
Bajó la cuesta en busca de Bittie.