Capítulo 23
Cuando Julia se despertó el jueves por la mañana, le llevó un instante recordar por qué se sentía como si la hubiese atropellado un camión. El Hombre Primitivo. Además, había admitido que amaba a Ben.
Genial, simplemente genial. ¿Cómo había sido posible que hubiese bajado la guardia y se hubiese enamorado exactamente del tipo de hombre que quería evitar?
Cerró los ojos aspirando profundamente, y se acordó de algo más. Ben, allí parado, diciéndole que la quería. Y ella le creía, pero ¿era suficiente? ¿Podrían comprometerse y hacer que funcionase? Tal y como Chloe y Kate le habían dicho, no podía ni comprometerse con una suscripción a un periódico, así que mucho menos con un hombre. ¿Era Ben Prescott diferente? ¿Podría darse por completo a otra persona?
No podía encontrar la respuesta, con el lío que tenía en la cabeza, especialmente cuando tenía mayores preocupaciones: ¡su programa! KTEX no había podido hacer nada más que suspender Hombre Primitivo y sustituirlo por capítulos repetidos de Friends. Algunos anunciantes habían retirado la publicidad y los que no lo habían hecho habían pedido una gran reducción en el precio por la que iban a mantener.
Negándose a escapar de las responsabilidades, Julia había llamado personalmente a Fiona para disculparse. Pero la cita del cavernícola estaba demasiado enfadada como para hablar.
Rocco había sido otra historia. Le estaba contando lo sucedido a todo el que quisiera escucharle. Se sentía como un semental, como si romper el corazón de una mujer mereciese una medalla de oro. Por lo que se refería a Julia, se merecía una medalla de oro al mayor cabronazo.
Gimió en la almohada, y se forzó a salir de la cama. No quería mirar los periódicos de la mañana, ni escuchar las noticias. Lo único que la consolaba era que los periodistas o espectadores nunca llegarían a entender de verdad la totalidad del desastre, ya que no se emitiría el programa. La historia de un hombre rompiendo el corazón de una mujer era una cosa, pero ver cómo la cortejaba por la televisión, bajo las instrucciones de Julia, para luego leer cómo se la folló y la dejó en una sola tarde, habría dejado una imagen mucho más vívida y perjudicial en la audiencia.
Por Fiona, y por la cadena, que en ese momento era todo lo que a Julia le importaba.
Se duchó y se vistió, y para cuando llegó a la cocina, Ben ya se había marchado. De hecho, tenía que preguntarse si incluso había llegado a dormir allí. Sintió un pinchazo de pesar por los dos: el amor tal vez no sería suficiente. Pero en aquel momento no podía pensar en ello.
Julia preparó el desayuno, intentando hacer todo lo posible por mantenerse ocupada mientras se le ocurría una nueva profesión. ¿Qué podría hacer? ¿Cómo podía ganarse la vida si no era en la televisión? No importaba que se le hubiesen ocurrido varias ideas de programas, e incluso ideas de cómo mejorar Hombre Primitivo, porque sabía que no le darían una segunda oportunidad.
Hacia mediodía, todavía no había señal de Ben, y era demasiado consciente de que los minutos iban avanzando hasta el momento en que su programa no se emitiría.
Los periodistas y los espectadores estaban esperando, y podía imaginarse la cantidad de correo en contra que tanto ella como la cadena recibirían, cuando el tan anunciado programa no se materializase en la pantalla.
Desde las cinco hasta las siete, su estómago estuvo encogido en un puño, tanto por el programa, como por no haber escuchado todavía ni una palabra de Ben. Pegó un bote cuando la puerta de atrás se abrió y se cerró dando un portazo. Ben entró corriendo con un aspecto maravilloso, de chico malo, como siempre. Se odió por sentirse aliviada.
—¡Rápido, pon la televisión! —dijo exaltado y quitándose la chaqueta de piel.
—¿Te has olvidado que el Hombre Primitivo no va a emitirse?
Ben le guiñó un ojo y la arrastró por toda la casa hasta el salón, la plantó en el sofá y encendió la tele. Se dejó caer a su lado justo en el instante en que pasaban el último anuncio antes de las siete, cuando se suponía que su programa habría salido al aire.
—¿Qué pasa? —preguntó Julia, e incluso ella pudo escuchar el temblor en su voz.
—Ya verás.
El corazón le subió a la garganta.
—¿Qué has hecho? ¡Dime que no has forzado a Sterling a emitir el programa! ¡El Hombre Primitivo no puede emitirse, ya te lo dije! ¡Solo empeoraría las cosas!
Se le encogió el estómago al escuchar la banda sonora que había compuesto para el programa.
—¡Ben, no!
Encima tenía el descaro de poner esa diabólica sonrisa, una sonrisa tan sexy que podía hacer pecar a un santo.
—Ten un poquito de fe, bizcochito. ¿Crees que este cavernícola te decepcionaría?
Dejándose caer hacia atrás en los mullidos cojines, miró con miedo mientras el desastre de su programa comenzaba a emitirse. El título, los créditos, las imágenes de El Paso que se había esmerado tan dolorosamente en conseguir y que mostraban la belleza de la ciudad. Entonces se escuchó su voz superpuesta sobre aleatorias tomas de guapísimos chicos malos y de aplicados tacaños.
Y en el último segundo, antes de que comenzase la primera parte, su voz diciendo deliciosamente: «Toda mujer merece lo mejor de ambos mundos, tener su pastel y también comerlo. Un delicioso hombre primitivo que ha sido transformado en un príncipe encantador».
Entonces el programa empezó de verdad, y refunfuñando Julia escondió la cara entre las manos.
—Estoy perdida. Estoy perdida.
Ben se rio entre dientes y la obligó a mirar... justo cuando su imagen aparecía en la pantalla. Sentado al lado de Julia, dio un silbido.
—No está mal ese tipo, qué quieres que te diga —bromeó.
Dando un grito, Julia miraba de un lado a otro, primero al Ben de la pantalla y luego al Ben sentado en el sofá a su lado.
—¿Qué has hecho?
—Relájate y disfruta del espectáculo.
Su corazón latía demasiado fuerte como para poder encontrar palabras, así que se quedó mirando la pantalla con una combinación de terror y curiosidad.
—¿Qué has hecho? —volvió a repetir en un susurro de asombro.
Julia miraba, tensa y sin respirar, mientras el programa seguía su curso. Reconoció todo lo que ella, Rob y Todd habían grabado y captado, pero ahora habían editado el programa de forma diferente. Rocco había desaparecido, y Ben le había sustituido.
—¿Cómo lo has hecho? —preguntó Julia, casi sin aliento.
—¿Quién iba a decir que había salido en tantas de las imágenes? —dijo encogiéndose de hombros.
Y era cierto.
Ben llamándola «bizcochito». Ben, el chico malo y sensual. Ben, el oso herido. Todo eso, empalmado con trozos de cinta de Julia dando instrucciones sobre lo que un hombre necesitaba hacer para llegar a ser un verdadero caballero. La audiencia nunca se daría cuenta de que había estado dando instrucciones a otro hombre.
Julia estaba sorprendida de lo a menudo que Ben había estado allí, observándolo todo. Y entonces apareció el momento en que la había cogido entre sus brazos para demostrarle a Rocco cómo se bailaba con una mujer. Julia se atragantó. Había estado metida en la televisión el tiempo suficiente como para saber que esa misma expresión de asombro estaba resonando a través de todo El Paso en aquel mismo instante. Cada una de las espectadoras femeninas, de edades comprendidas entre los ocho y los ochenta, estaría suspirando por lo que se iba revelando poco a poco como un hombre sensual pero sensible.
Se quedó sentada boquiabierta durante los primeros pocos anuncios. Pero finalmente se volvió hacia él alucinada.
—¿Cómo te las has arreglado? —preguntó confundida.
—Todd, Kate y yo reeditamos algunas cosillas. Incluso Folly ayudó —dijo encogiéndose de hombros.
—¿Folly?
—¡Claro! No es idiota, y sabe reconocer algo bueno cuando lo tiene delante. Julia se echó hacia atrás, demasiado conmovida como para hablar. Después de un momento preguntó:
—¿Qué habéis utilizado en lugar de la gran cita final?
Ben sonrió con malicia y señaló la televisión cuando Hombre Primitivo volvía a la pantalla.
—Observa y aprende.
Sus ojos se abrieron y se quedó boquiabierta cuando obtuvo su respuesta: Ben en la cocina con un delantal puesto, sirviendo aquel desayuno gigantesco, y creando lo que parecía ser un hombre que idolatraba a Julia. Julia se quedó sin habla.
—Este fue uno de los cortes más difíciles —explicó Ben.
—¿Por qué?
—Como tal vez recordarás —dijo arqueando una de sus cejas oscuras—, no te quedaste muda por el shock, sino porque en ese momento no me hablabas en absoluto.
Julia se rio con ganas; el horrible nudo alrededor de su corazón comenzó a aflojarse. Cogiéndose las rodillas contra el pecho, vio cómo se desarrollaba el programa con ilusión, como sabía que la audiencia lo estaría viendo. No tenía ni idea de cómo Ben concluiría el programa. Pero tuvo la respuesta segundos más tarde. Finalmente, derramó las lágrimas contra las que había estado luchando mientras la cámara mostraba a Ben entrando en el gran salón. Aquel Ben, el mismo que estaba sentado a su lado en el sofá, susurró:
—No puedes creer lo duro que fue conseguir esa toma de mí entrando en el salón sin que te enterases. Jesse me ayudó; lo grabamos anoche mientras dormías.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque quería estar seguro de que funcionaría antes de que te hicieras falsas esperanzas. No quería que te llevases otra decepción. Además —le cogió la mano mirándola a los ojos—, te lo debía.
—No dejas de decir eso, y yo sigo diciendo que no me debes nada.
—Pero era cierto, te debía la misma bondad y consideración que tú me has dado durante todo este mes. Has estado ahí para mí y quería devolverte el favor.
—Ben.
—Chis, mira el resto del programa.
Cuando se volvió, Ben el hombre primitivo, se había acercado a la cámara con su chaqueta de piel y con la misma pinta de malo de siempre. El hombre de la pantalla le sonrió: «Tal vez no sea el perfecto príncipe encantador.»
Julia se rio a través de las lágrimas.
—¡No he conseguido que te pongas un esmoquin o que me regales rosas ni cuando intentabas ayudarme!
«... pero sí que me has cambiado. Me has cambiado, pero lo que es más importante, me has salvado. Tal vez protesté dando patadas y gritando, pero tú me enseñaste a ser un hombre mejor.»
Ben sonrió a la cámara con esa sonrisa sexy que rompía el corazón y dijo:
«¿Qué te parecería darle una oportunidad a un hombre primitivo que promete trabajar
duro para convertirse en un príncipe encantador?»
En el sofá, mientras sonaba la música y comenzaban a pasar los créditos, Julia se volvió
hacia él.
—¿Por qué? —preguntó—. De verdad, ¿por qué lo has hecho?
La miró durante lo que pareció una eternidad, observándola con atención, y ella comenzó a ponerse nerviosa. ¿Qué diría aquel hombre? ¿Que de verdad lo único que quería era darle las gracias, o la misma excusa de siempre que utilizaba una y otra vez de que se lo debía, de que no era nada más que eso?
—Quería ser tu caballero de brillante armadura.
Las palabras provocaron un estremecimiento de sorpresa que recorrió su espalda. Ben le cogió la mano.
—. el tipo que estuvo allí cuando más lo necesitabas; quería que me mirases a los ojos con todo el amor que tienes para dar y lo dirigieras hacia mí. —Oh, Ben —susurró.
—Lo decía de verdad cuando te aseguré que te amaba —añadió—. Y quería hacer cualquier cosa para demostrártelo.
Julia echó los brazos a su alrededor y lo abrazó con fuerza; ya no pensaba en ser fría o esquiva, ni salvaje y sexy.
—Te quiero, Ben Prescott. Y adoro que seas mi caballero de brillante armadura y vinieses a mi rescate.
—No te he rescatado —dijo abrazándola—, solo he ayudado. Eso es lo que nunca has entendido, que no tienes que hacerlo todo por ti misma.
Julia estaba empezando a entenderlo. Ahora se daba cuenta de que siempre había sentido que tenía que ser como el llanero solitario, ayudando a los demás, pero sin dejar que los otros entrasen de verdad en su corazón. Se había convertido en una cuestión de orgullo: ser fuerte y autosuficiente, hacerlo todo a su manera y por sí misma. Pero ahora lo veía de otro modo. No podía hacerlo todo sola, y no era un crimen dejar que los demás la ayudasen. El éxito de su programa había requerido del esfuerzo de todo un equipo.
—Lo que me recuerda algo —dijo Ben.
—¿Qué?
—Me preguntaba si te interesaría un compañero. —¿Un compañero? —Lo miró con curiosidad. —Prescott y Boudreaux. Productores. —¿Quieres decir trabajar juntos? ¿Tú y yo?
—Sí.
—Pero eres un poli.
—Era. Estoy empezando a pensar que Serpico hizo bien cuando se salió del cuerpo y se metió a hacer películas.
Julia volvió a reírse de pura sorpresa y alegría por ser la compañera de aquel hombre.
Aunque había una cosa más.
Lo miró pestañeando con coquetería.
—Creo que Boudreaux y Prescott suena como un equipo fantástico. Eso si puedes aceptar que una mujer te dé órdenes.
—¿Qué tal cincuenta y cincuenta? —dijo, siendo él el que se reía esta vez.
—La verdad es que no lo querría de ninguna otra forma —asintió Julia. —Entonces, trato hecho.
Se dieron la mano, pero cuando ella comenzó a retirase, Ben no la dejó ir.
—Hablaba en serio —susurró delicadamente besándole los dedos.
—Y yo he dicho que sí.
—Pero quiero algo más que una compañera de trabajo. ¿Me darás una oportunidad?
Su corazón dio un salto cuando se dio cuenta de lo que le estaba pidiendo.
—¿A un chico malo? —preguntó con una sonrisa maliciosa.
Pero él no le devolvió la sonrisa, sino que su expresión se volvió feroz.
—A un hombre que te ama. A un hombre que no sabía que tenía la capacidad de amar tanto a alguien, no hasta. —se le quebró la voz, pero enérgicamente se sacudió la emoción de encima—. que vi a Sonja volver aquella pistola hacia ti. cuando pensé que podría perderte.
Julia le acarició la mejilla con la palma de la mano interrumpiéndole. Su encantadora pulsera se deslizó por la muñeca, sonando como siempre.
—Tal y como tú me dijiste, no pasó nada. Todo el mundo está a salvo. Y te amo, como te he amado desde el primer día en que te vi con ese aspecto de ser el más malo de los chicos malos.
Ben la cogió entre sus brazos y enterró la cara en su pelo. —¿Es eso un sí? ¿Me darás una oportunidad?
Julia se echó hacia atrás lo suficiente como para poder mirarlo, y entonces hizo lo que había querido hacer desde hacía días, lo besó, larga y profundamente, con pasión desmedida.
—Sí —susurró contra él—, si tú puedes darle una oportunidad a una chica mala que no supo muy bien cómo ser buena.