Capítulo 13

Viernes, 19 de noviembre.

Era casi mediodía y el Hombre Primitivo iba a toda marcha. Todd estaba a punto de salir de la escuela y empezar las vacaciones de Acción de Gracias, y él, Rob y Rocco habían quedado en llegar a la una en punto para comenzar el rodaje de: De Hombre Primitivo a Príncipe Encantador.

Julia había llegado a un acuerdo con Sonja, la peluquera, para que asistiese y le cortase el pelo al Hombre Primitivo. Julia había mirado en internet y ojeado revista tras revista con el fin de encontrar el estilo perfecto para Rocco y su largo pelo rubio, ya que tenía que estar sexy y al mismo tiempo tener el aspecto de una persona respetable y responsable. Había conseguido el estilo perfecto, un cruce entre Pierce Brosnan y un descuidado Tom Cruise, solo que en rubio.

También había ido a Fashion Place y conseguido todo un completo vestuario masculino. Julia se paseaba nerviosa de un lado a otro, lista para empezar. Cuando sonó el timbre, corrió hacia la puerta y la abrió de un tirón antes de que este dejara de sonar.

Ben colgó el teléfono. Todo estaba preparado. Iba a intentar introducirse en la guarida de Morales el sábado por la noche. El plan era que los refuerzos ya estuviesen en su sitio sobre las ocho de la tarde, un poco antes de que Ben llegara. Por el momento, lo único que podía hacer era trabajar en el aspecto online del caso.

Durante la siguiente hora leyó más de cincuenta respuestas a los correos que él había enviado el sábado por la noche a las páginas de contactos. Algunos eran divertidos, otros patéticos, y los había que resultaban inquietantes. Decidió que había unos cuantos que necesitaban ser investigados en profundidad, aunque no tuviesen nada que ver con respecto a la búsqueda del asesino de Henry. Remitió los e-mails sospechosos a un colega de la división de crímenes sexuales, y se centró en tres e-mails donde se mencionaba la necesidad de hacer dinero. Les envió un correo electrónico respondiéndoles, para tantear el asunto. Rápidamente descubriría si querían su dinero o si le estaban ofreciendo maneras de conseguirlo fácilmente.

Acababa de enviar la última de las tres respuestas cuando sonó el timbre de la puerta. Oyó a Julia hablando con otra mujer. Unos segundos más tarde oyó cómo entraban Todd y Rob, y al final oyó la voz de otro hombre.

No tenía ni idea de por qué le cabreaba tanto la decisión de Julia de elegir a Rocco. Había algo en él que no le gustaba, y a pesar de lo que dijese Julia, no tenían nada en común. No le molestaba el hecho de que el tipo respondiese a muchas de las preguntas del cuestionario como él lo habría hecho: era cierto que le gustaban los tejanos, la piel y las botas; y qué si le gustaba una mujer que estuviese buena y no fuese una estrecha, y que él no estuviese interesado en comprometerse. Él era más que todo eso. Pero ver a Rocco pavoneándose por ahí y mirando a Julia hacía que le hirviese la sangre. Aunque no fue por eso por lo que se dirigió hacia el otro lado de la casa, de verdad que no; solo quería ver a Todd. Pero cuando entró en la cocina se encontró con Todd grabando, con Rob cargando su cámara y con Rocco sentado en un taburete, sin camisa, y comiéndose a Julia con la mirada. ¡Y Julia también lo estaba mirando a él!

La mujer que se había presentado ofreciendo sus servicios como peluquera también estaba allí, Sonja. No había ninguna duda de que la tía estaba buenísima; era magnífica. Y en cuanto él entró en la cocina, ella abandonó lo que fuese que estuviera haciendo, lo recorrió con la mirada y le sonrió de forma prometedora. Seis semanas antes habría estado interesado, pero un montón de cosas habían cambiado en seis semanas.

—¿Qué te parece este estilo? —preguntó Julia a la peluquera.

Sonja dirigió una última sonrisa a Ben antes de volverse hacia Julia.

—Es genial, parecerá un perfecto y sexy banquero.

Rocco gruñó, y Ben habría jurado que Julia hizo una mueca ante el gruñido. —Cuando acabes con el pelo me gustaría que le hicieses la manicura y una limpieza de cutis —le indicó Julia.

—No necesito una manicura para chicas —se mofó Rocco.

Julia cambió la expresión de la cara, adoptando una de las que la vieja Julia solía poner.

—Firmaste un contrato dando tu consentimiento, donde dice que harás todo lo que yo diga, siempre y cuando no te cause ningún daño físico.

—Está bien, está bien —cedió Rocco—, pero nada de ponerme esmalte de uñas ni ninguna de esas mariconadas.

Julia sacó rápidamente un bloc de notas y anotó: «Trabajar en las palabrotas y en mejorarle el lenguaje».

Rocco se quejó y por un segundo Ben sintió verdadera lástima por el tipo.

—Y luego nos preguntamos por qué los hombres son tan malos novios —observó Sonja.

Julia la miró con curiosidad y luego, poniéndole la mano en el hombro, le dijo:

—Es solo que todavía no has encontrado al hombre adecuado.

—¡Hola, Ben! —dijo Todd entusiasmado, grabándole con la nueva cámara.

Ben levantó la mano rápidamente.

—No soy yo a quien debes grabar.

—No me digas que eres de los que les da vergüenza que les graben —dijo Todd riéndose.

—Ese soy yo —respondió cogiendo uno de los bollos de canela con los dedos, lo que hizo que Julia le diese un palmetazo en la mano y que Todd se riese, ya que, a pesar de las instrucciones, lo había grabado todo.

Para el sábado por la mañana, los nervios de Julia se habían multiplicado por diez. La audiencia iba a quedarse alucinada con las tomas del antes y del después de Rocco Russo. Poco menos de veinticuatro horas después de haberle acicalado, ya tenía el aspecto del hombre que todas las madres sueñan para sus hijas; siempre y cuando mantuviese la boca cerrada y la vista al frente, en vez de comerse con los ojos cada parte del cuerpo femenino.

Aquel día Julia iba a concentrarse en lo que le quedaba por pulir. Después de haberle dejado el pelo fantástico a Rocco, Sonja había vuelto y se había ofrecido para cualquier otra cosa en la que pudiese ayudar en las mañanas en las que no tuviese que trabajar. Julia estaba feliz de tenerla cerca. Echaba de menos a sus amigas, los momentos que pasaban hablando y riendo, y aunque Sonja nunca reemplazaría a Chloe o a Kate, era muy divertida y le hacía reír.

—¿Qué toca hoy? —preguntó Sonja.

—Baile, conversación y buenos modales. Para cuando termine el día, nuestro nuevo y acicalado chico malo deberá saber cómo tratar a una dama.

—Buena suerte —dijo Sonja arqueando una ceja—. Lo único que Rocco tenía que hacer ayer era quedarse sentado y dejar que lo mimaran, en cambio hoy tendrá que trabajar. De todas formas, si alguien puede conseguirlo, esa eres tú —le dijo sonriendo.

—Gracias, espero que tengas razón. No he sido muy buena tratando con hombres últimamente.

—¿Como con quién?

—Mi jefe, por una parte. Ben, por la otra.

Sonja miró hacia la puerta, como si alguien fuese a entrar en cualquier momento.

—¿Cuánto tiempo hace que tú y Ben estáis juntos?

—¿Juntos? —Julia estuvo a punto de escupir el té—. ¿Quieres decir juntos, juntos?

—¿Hay alguna otra forma?

—Bueno, esto... no, no estamos juntos. Simplemente se aloja aquí durante... un tiempo.

Sonja volvió a echar un vistazo a la puerta.

—¿De verdad? —dijo susurrando—. Me apuesto algo a que es un diablillo —se rio—, lo que es una buena señal. Es muy guapo y escurridizo, justo el tipo de hombre que hace que una mujer se interese por él.

Incorporándose en la silla, Julia sintió otro pinchazo, y se juró a sí misma que no eran celos. Primero lo de la página de contactos, y ahora Sonja interesada en Ben.

¡Interesada en Ben! El malhumor, los celos o lo que fuese se evaporó en cuanto se le ocurrió la idea. ¡Sonja estaba interesada en Ben!

Julia se había fijado en cómo Ben había mirado a la hermosa mujer, y en cómo su mirada ardiente había repasado su estupendo cuerpazo. Y ahora Sonja decía que estaba interesada en él. La cuestión era si ella debía hacer algo al respecto.

El timbre de la puerta sonó, y Julia oyó a Rocco dando voces al entrar.

—Buenos días, Rocco —dijo cuando apareció por la puerta.

Rocco arrastró una de las sillas de la cocina, y se repantingó en ella con las rodillas separadas y una sonrisa amplia y agresiva en la cara. A Julia le dio un escalofrío, y no de los buenos.

—Hola, guapa, ¿cómo lo llevas? —Y dando un serio repaso a Sonja, añadió—: Mmm., cariño, tienes un aspecto sensacional esta mañana.

Por un instante Julia pensó que Sonja, con toda su gloria nórdica, iba a estampar todo su cuerpo de hombre primitivo contra las tazas de té de la mesa, pero al final simplemente le sonrió, como a uno de esos niños pesados e insoportables. Tal vez fuese un buen partido para Ben, después de todo.

—Ya lo creo que sí, esa es la forma ideal de impresionar a una mujer —respondió Sonja.

Rocco murmuró algo incomprensible, y Julia se puso de pie.

—Este es un ejemplo perfecto para la primera lección del día: cómo hablar con propiedad.

—Genial. ¿Vas a quejarte de alguna otra cosa más?

—Rocco, ¿quieres que te transformemos o no? Dijiste que querías ser el tipo de hombre capaz de deslumbrar a Fiona Branch.

—Bueno, sí —gruñó—. Dios, está buenísima.

—Regla número uno: nada de «Dios, está buenísima». Puedes utilizar palabras como guapa, bonita. «Estás preciosa» funcionaría perfectamente.

Rocco murmuró algo, pero cuando Julia le preguntó, simplemente sonrió diciendo:

—Tú eres la jefa.

—Eso es cierto —sentenció.

Dentro de los preparativos para el día de trabajo, Julia había cocinado para Rocco con el fin de poder observarle mientras comía, y así poder señalarle sus defectos.

—Rob y Todd, ¿estáis listos?

—Sí, todo el mundo a su sitio —gritó Rob.

Primero trabajaron en la disposición de la mesa: qué tenedor utilizar y cuándo. Julia tuvo que darle en la mano cuando hizo lo mismo que había hecho Ben: estirarse para coger un bollo de canela con los dedos.

—Hombres —se quejó Julia bajito.

Cuando Rocco se limpió la boca con la manga en vez de utilizar una servilleta, Julia le

gritó:

—¡Nada de utilizar las mangas de la camisa!

—Nada de utilizar los dedos, ni las mangas, nada de hablar normal y corriente. ¿Cómo esperas que me acuerde de todo esto? —se quejó Rocco.

—Ya sé que es mucho —lo consoló Julia—, por eso te he preparado unas fichas. Quiero que desde hoy hasta el gran día memorices cada uno de los ejemplos y que practiques. Practicar, practicar, practicar.

—¡Joder, tío!

—Fiona —le recordó Julia.

Eso fue suficiente para que cambiase el tono, e inmediatamente cogió la servilleta de un tirón y se la pasó por la boca.

Ben se pasó todo el día en su habitación dando los últimos retoques al plan para encontrarse con Morales esa misma noche. Horas más tarde, para cuando todo estaba programado, todavía podía oír a Julia trabajando. Se levantó, estiró los músculos y se fue en su busca, como si algo le arrastrase hacia ella.

Eran las siete y cuarto cuando encontró al pequeño equipo en el gran salón, donde habían retirado los muebles y enrollado la alfombra a un lado. Julia parecía agotada y Rocco tenía el aspecto de haber sido arrollado por un camión. El perfecto peinado de Sonja ya no era tan perfecto. Todo el mundo parecía destrozado.

No tenía mucho tiempo.

—Está bien, Rocco —dijo Julia suspirando—, quiero que me expliques todo lo que harías en una cita típica y luego lo perfeccionaremos. Además, voy a enseñarte a bailar.

—Joder, tía, estoy hecho polvo. ¿No podemos hacerlo otro día?

—No, no podemos. Tenemos que acabar con los buenos modales y la etiqueta o nunca conseguiremos tener el programa terminado a tiempo.

Rocco murmuró algo y luego gruñó asintiendo.

—¡Se acabaron los gruñidos! —gritó Julia agobiada por el cansancio.

Rocco suspiró y dijo con un tono de voz profundo y educado:

—Te pido disculpas, Julia.

Ella se atragantó, dio un salto y batiendo las palmas dijo:

—¿Lo ves? ¡Puedes hacerlo! ¡Lo sabía!-El cansancio disminuyó momentáneamente —. Dime, ¿cómo le pides a una mujer que salga contigo? ¿Cómo la pasas a recoger? ¿Adónde vais? ¿Dónde acabas la cita?

Rocco se encogió de hombros, echó la cabeza hacia delante y pareció pensarlo. Entonces, de repente, olvidó todos sus buenos modales.

—Llamo a una tía y le pregunto: ¿Quieres hacer algo el sábado por la noche? Entonces le digo dónde encontrarnos. Nos tomamos unas birras, la llevo de vuelta a su casa y jugamos un rato a meter y sacar la banana.

Obviamente, Rocco pensó que aquello era gracioso. Era evidente que, Julia no pensó lo mismo. Ben nunca había visto tanta incredulidad en la cara de alguien.

—¿Meter y sacar la. la banana? —balbució.

Rob se rio entre dientes, Todd dijo «¡Guay!» y Sonja contuvo la risa.

—Sí —dijo Rocco satisfecho de sí mismo—, me lo he inventado yo.

—¿Por qué no me sorprende? —dijo Julia con sarcasmo—. Se está haciendo tarde, tenemos que pasar al baile.

Ben se negó a pensar en los tiempos en los que él solía llamar a tener sexo «lambada horizontal». Había estado bromeando, de verdad que sí.

Se moría de ganas de marcharse, sentía cómo le comenzaba a subir la rabia por el cuerpo de una forma desproporcionada para lo que en realidad estaba pasando allí, pero aquel tipo lo sacaba realmente de sus casillas. De ninguna manera él se parecía a un tío tan detestable. La idea le sorprendió, y esa tuvo que ser la única explicación posible de lo que ocurrió a continuación.

Cuando Julia le pidió a Rocco que se levantase y le enseñara cómo bailaba, el tipo la cogió de la mano y la estrechó contra su pecho con un golpe seco. Su mano bajó hasta llegar a la curva del final de su espalda. Un segundo más tarde Ben tenía a Rocco acorralado contra la pared.

—¡Ben! ¿Qué estás haciendo? —preguntó Julia.

—¡Joder! —dijo Todd con emoción.

—Voy a enseñarle a este capullo cómo tratar a una dama.

—Por lo que yo sé, cómo clavar a alguien contra la pared no es un capítulo de ningún libro de etiqueta.

Ben no podía creer, una vez que los hubieron separado, lo que acababa de hacer. —¡Joder, tío! —gritó Rocco—, ¿qué narices te pasa? Ben se preguntaba exactamente lo mismo.

—Simplemente está tratando de mostrarnos a su manera cómo ser un chico malo —dijo Julia.

—¿Quieres ver a un hombre en acción? —Las palabras le salieron de la boca antes de que tuviese tiempo de pensar en lo que estaba haciendo. O por qué.

Cuando Julia comenzaba a alejarse, Ben la cogió del brazo. A ella se le cortó el aliento y sus labios se entreabrieron. Despacio, Ben atrajo hacia sí a una Julia boquiabierta, y entonces comenzó a bailar con ella por todo el salón.

La sostenía cerca, y Ben pudo sentir cómo latía su corazón de una forma que no comprendía demasiado bien. La guió por el suelo de madera a un suave ritmo tejano de dos tiempos. La realidad se esfumó, y lo único que podía ver era a Julia entre sus brazos. Parecía como si hubiese estado esperando aquello, y en cuanto vio cómo Rocco la tocaba lo entendió todo.

Se había dado cuenta de que la quería, y la quería como nunca había querido a ninguna mujer. Olvidándose de que no estaban solos, la soltó y la miró. Permanecieron quietos, observándose el uno al otro. Ben alargó la mano y le acarició la mejilla con los dedos.

—¡Vaya! ¿Quién iba a decir que sabías bailar? —dijo Todd.

Ben se sintió como si le acabasen de echar por encima un cubo de agua helada. Tardó unos segundos en entender lo que había pasado.

Todd, Rob, Sonja y Rocco los miraban fijamente.

—Oh. bueno —dijo Julia llevándose las manos a las mejillas como si estuviese avergonzada.

Rob había tenido la decencia de dejar de grabar, pero Todd le estaba enfocando la cara con el zoom.

—Todd, por favor —dijo Julia levantando una de sus manos para esconderse de la cámara—, esta no es una de esas secuencias con las que vas a ganar puntos en tu currículo de vídeo.

—¿Qué demonios pasa aquí? —quiso saber Rocco—. Yo soy el Hombre Primitivo, no tú, ¡así que lárgate!

Ben volvió a ponerse tenso, pero fue Sonja la que llamó la atención de Julia: la estaba mirando con una ceja arqueada. Julia se alejó de Ben diciendo: —Tú eres el Hombre Primitivo, Rocco, no te preocupes.

Pero Ben la cortó cuando de golpe la cogió de la mano y la arrastró hacia la puerta principal.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Julia.

Ben no contestó hasta que el equipo de Hombre Primitivo ya no podía verlos, y entonces dio media vuelta para ponerse frente a ella.

—Voy a arrepentirme el resto de mi vida de lo que voy a hacer, lo sé.

—¿Arrepentirte de qué?

—De esto.

Y entonces hizo lo que no había hecho en años: le cogió delicadamente la barbilla con las manos, se aproximó y la besó en los labios. Le sorprendió la intimidad de un simple beso en la boca. Y ella debió de sentir lo mismo porque le cogió por los brazos y le retorció la camisa con los dedos. Fue entonces cuando Ben cedió como un hombre hambriento. Le separó los labios con su lengua, olvidándose del resto del mundo. Ben gimió en su boca, saboreándola. Un puro anhelo le recorrió el cuerpo, y cuando las manos de Julia se deslizaron por su pecho, sucumbió al deseo. Ben le rozó los pezones con los pulgares, y el débil gemido de Julia casi lo deshizo. Sí, la quería. Tanto que estaba perdiendo el sentido. Tanto que lo único que quería era llevarla a su habitación y acabar con todo aquello. Pero no podía, ahora no.

De mala gana la empujó hacia atrás. Julia tenía los ojos violetas, casi de color púrpura, y sus labios estaban carnosos y jugosos por el beso.

—Tengo que irme —le dijo.

Al principio ella pareció decepcionada, pero luego, de repente, sus ojos se encendieron con furia.

—¿Irte? ¿Irte adónde? —preguntó.

—Por ahí.

—¿Otra vez?

—Sí, otra vez. Tengo trabajo que hacer.

Ben abrió la puerta para marcharse, pero en el último momento se volvió y le acarició la mejilla. Julia no podría haberse resistido cuando se agachó para besarla una última vez, aunque su vida hubiese dependido de ello; y se deshizo con su calor, enrollando los dedos en su chaqueta. Después de un segundo Ben la echó hacia atrás.

—¡Maldita sea! —dijo, pero estaba sonriendo. Entonces se dio la vuelta y se fue.

Aturdida, no se dio cuenta de que Todd estaba allí hasta que empezó a hablar.

—No eres tan lista como yo pensaba, si te gusta Ben —dijo con sorprendente veneno en la voz. Sacudió la cabeza, y se disponía a irse cuando Julia lo cogió del brazo.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Nada —prácticamente gruñó.

—¿Todd? ¿Qué quieres decir?

—Él y su trabajo, igual que mi padre —dijo maldiciendo. Un escalofrío le recorrió la espalda. —¿Qué es lo que es igual que tu padre?

—Siempre se estaba marchando —dijo inclinando la cabeza—, exactamente igual que

Ben.

Julia no tenía ni idea de a qué venía todo aquello.

—Pero Ben tenía que marcharse, ha dicho que tenía trabajo que hacer.

—Claro, trabajo. Lo mismo que mi padre —se burló Todd.

—¿A qué se dedicaba tu padre? —preguntó con el estómago encogido.

—Era un hombre de negocios —dijo gruñendo—, y viajaba un montón.

—¿Qué tipo de negocios, Todd? —Vendía cosas. —¿Qué tipo de cosas?

—No lo sé —respondió encogiéndose de hombros—. Es difícil obtener respuestas de alguien que no está nunca en casa para contestarlas. Tampoco es que fuese a creerme lo que me contase, de todas formas.

—¿Por qué dices eso?

—Oye, no me mires así. Mi madre tampoco le creía.

—¿Cómo lo sabes?

—Oí cómo se lo decía. —Puso los ojos en blanco—. Oí cómo se lo gritaba un millón de veces.

Julia trató de buscar alguna respuesta en su cabeza.

—Todos los padres se pelean, Todd.

—Sí, esos eran mis padres: tan solo un par de normales ciudadanos de a pie.

—Espera, habla conmigo.

—De ninguna manera. Lo único que quiero es acabar mi currículo de vídeo y conseguir entrar en el taller.

De: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com›

Para: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com›

Asunto: Hombres

¿Quién los necesita? Especialmente para casarse con ellos. Con la excepción de Sterling y Jesse, no se me ocurre ni uno que sea sencillo y honesto.

Besos, J.

De: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com› Para: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com› Asunto: re: Hombres

¿A qué viene eso?

Kate

Katherine C. Bloom Presentadora de Informativos KTEX TV, Oeste de Texas

De: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com›

Para: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com›

Asunto: re: re: Hombres

Un adolescente,

Besos, J.

De: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com› Para: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com› Asunto: ¡No!

¡No me digas que ahora estás saliendo con niñatos!

K

De: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com›

Para: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com›

Asunto: re: ¡No!

No, claro que no. Te olvidas de que he jurado no salir con nadie excepto con hombres serios y responsables, lo que quiere decir que no estoy saliendo absolutamente con nadie, porque ese hombre no existe. No hace falta que te diga que un vibrador es todo lo que necesita una mujer. Olvídate de los hombres. Pero un vibrador con pilas de larga duración no tiene precio.

Besos, J.

De: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com› Para: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com› Asunto: El problema...

... con los vibradores es que no te envían tarjetas de cumpleaños, ni te invitan a una cena romántica. Y seguro que no puedes abrazarte a uno de ellos frente a la chimenea.

De: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com›

Para: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com›

Asunto: re: El problema.

Podría intentarlo.

Besos, J.

De: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com› Para: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com› Asunto: Otro problema

Claro, podrías intentarlo, pero probablemente se derretiría.