C apítulo 20
Ben dejó a Julia en la cama y se reclinó sobre ella soportando su peso sobre un codo. Ella supo que iba a besarla, quería sentir sus labios en los suyos, quería sentir la forma en la que Ben siempre se las apañaba para dejarla sin aliento, como si tan solo él tuviese la habilidad de robarle lo que ella no quería dar.
Julia no pudo evitar que sus labios se entreabrieran, ni tampoco pudo evitar acercar su barbilla hacia él. El contacto fue eléctrico, sacudiéndola hasta lo más íntimo de su ser. Estaba excitada, excitada y húmeda, y anhelándole. La necesidad la arrollaba en su interior, haciendo que se marease de deseo.
Con la destreza de un experto, le rozó la boca yendo de un lado a otro. Julia sintió su lengua rozándole los labios y sus dientes pellizcándole, mientras iba bajando. Entonces ella gimió y le acarició los hombros y los brazos con las manos.
Ben le recorrió con el dedo desde la frente hasta la barbilla, y siguió hasta su boca. Cuando la punta del dedo le rozó los labios, ella lo chupó. Ben gimió mientras la cogía por las muñecas y se las subía por encima de la cabeza. Julia pensó que si hubiese tenido una cinta, Ben la hubiese atado. En cambio, la sujetó fuertemente con una mano y la envolvió en un torbellino de sensaciones cuando le abrió los bordes de su vestido, como si estuviese desenvolviendo un regalo muy preciado.
Julia pudo ver la emoción en su cara cuando la miró. Pudo sentir el temblor que le recorría la piel. Él la deseaba. Quería saborearla y hacer que el cuerpo de Julia le implorase que la tocara.
Con la mano libre, desabrochó el cierre del sujetador entre sus pechos, liberando los montes de la presión del encaje. En el momento en que la miró, Julia sintió cómo sus pezones se erizaban con anticipación. Un gruñido de pura y masculina lujuria sonó profundamente dentro del pecho de Ben antes de que cediera y le besase primero un pecho y luego el otro.
Presionó los labios contra la suave piel de debajo de sus pechos y entonces subió más alto, y los ojos de Julia parpadearon hasta cerrarse. Cuando le tomó un pezón con la boca, Julia se arqueó hacia él con las manos todavía cogidas, y su cuerpo se tensó buscándolo.
Ben pretendía mantener el control, y así era. Pero de alguna forma Julia sabía que le estaba resultando muy difícil. Podía sentir su duro bulto apretando contra los tejanos y presionando contra su muslo. Cuando ella se movió contra él, su gruñido se hizo feroz y Ben juntó sus cuerpos. Metió la cara en el pelo de Julia, oliéndola, como si pudiese inspirar la fuerza que necesitaba para resistirse a ella. Entonces se echó hacia atrás y la levantó de la cama.
—¿Qué estás haciendo?
Ben no contestó con palabras. Ella aspiró bruscamente cuando centímetro a centímetro y prenda a prenda le quitó la ropa. Ben se quedó sin aliento cuando finalmente estuvo completamente desnuda delante de él, excepto por los zapatos de tacón.
—Dios, eres increíble.
La miró de arriba abajo y murmuró con aprobación cuando sus pezones se pusieron erectos sin siquiera tocarla. Sabía que Julia le deseaba.
Inclinó su cabeza hacia ella y le rozó el cuello con los labios hasta que su lengua se deslizó hacia su oreja. Le cogió el lóbulo suavemente entre los dientes. Su aliento se hizo entrecortado cuando Julia gimió de placer y deslizó sus manos por sus antebrazos.
Como siempre, su belleza le conmovió. Aunque no se trataba de una belleza normal y corriente, más bien se trataba de una belleza de las praderas o de las majestuosas alturas de las montañas Rocosas, una belleza que un hombre no podía apresar ni retener. Solo podía disfrutarla, absorberla y saborearla. Su belleza no era tan solo de cara y cuerpo, sino también de mente y alma. Y se dio cuenta de que era allí hacia donde se habían estado dirigiendo desde el día en que se habían conocido, porque aquel momento iba más allá del placer: se trataba de amor.
Amaba a Julia, amaba todo en ella, desde su evidente sensualidad, hasta su vulnerabilidad profundamente escondida. Y quería que ella también le amase. Pero ¿cómo probarle que estaban hechos el uno para el otro? ¿Que no se trataba tan solo de una broma ni de una jugarreta para tratar de dominarla? No lo sabía. Todo cuanto sabía era que no se trataba tan solo de sexo; quería hacerle el amor.
Como si le hubiese leído el pensamiento, Julia se extendió y comenzó a tirarle de la camiseta. Cuando la rompió al sacársela por la cabeza, Julia presionó las palmas de las manos contra su pecho. Su respiración era rápida al dejar que tocara a sus anchas. Él la quería, en sus brazos y a su lado. La quería con un dolor tan intenso que pensó que reventaría, allí mismo, en aquel momento, tan solo con mirarla.
Ben se inclinó para apresar sus labios en una casi imperceptible caricia. Solo para probar. Pero el cuerpo comenzó a arderle, lentamente, intensamente. La cabeza le daba vueltas. Volvió a besarla, esta vez con más fuerza. Julia buscó la presión. El deseo avanzó a través de él de forma incontrolable, convirtiendo su beso en una reclamación, hasta que se liberó, rasgando el resto de ropa que le quedaba. Volvió a besarla.
La acercó hacia sí, aplastándola contra él. Bajando su cabeza al nivel de la de Julia, tomó sus labios en un abrazo agotador. Con una mano en su espalda, recorrió el camino de su espina dorsal, presionando sus cuerpos. Julia le devolvió el abrazo desinhibidamente; el roce de su lengua mostraba cuánto le deseaba. Ben no podía creerse que hubiese tardado tanto tiempo en ceder y besarla en la boca. Ahora parecía no tener suficiente.
Ben le mordisqueó la comisura de sus labios, buscando una entrada a su boca con la lengua. Al contacto de lengua contra lengua, Ben se olvidó de todo; su único pensamiento era Julia, su tacto, su calor. Julia, su cabeza repetía una y otra vez, al mismo ritmo que su lengua, despacio y lánguidamente.
Ben gimió al recorrer su cuello con los labios, y Julia se estremeció cuando le pasó la lengua por el pulso en su cuello. Muy despacio volvió hacia su boca, besándola, en una sensual danza de labios y lengua, invitando, tentando.
Ben sintió su respuesta en forma de un profundo gemido dentro de su pecho cuando le rodeó los hombros, agarrándose con una intensidad que le sorprendió. Sus bocas unidas se movían de un lado a otro desesperadamente, y entonces Julia se abrió para él.
—Julia —susurró con la voz llena de pasión, grave y quebrada.
Ella solo dijo una palabra:
—Ben.
El cuerpo de él se estremeció a la vez que perdía el control. Volvió a tumbarla en la cama y esta vez sí que encontró algo con que atarla. El cuerpo de Julia tembló cuando Ben encontró dos pañuelos de seda y le amarró ligeramente las manos a los barrotes de hierro de la cabecera de su cama. Julia podría haberse soltado, pero no lo hizo. No quería. Y no fue hasta que le abrió las piernas y se las ató a los pies de la cama, que se sintió un poco nerviosa.
—¿Ben? —preguntó.
—En el momento en el que quieras que pare, dímelo —prometió.
—¿Estás intentando demostrar que no soy una buena chica? La pregunta le hizo detenerse y mirarla con sorpresa.
—Quiero que sientas. Quiero que sientas lo que es para alguien darse enteramente a ti sin tomar nada a cambio. Pero si crees que se trata de mí intentando demostrar que estás equivocada...
—¡Tócame! —Eso fue lo único que Julia supo decir para llamar su atención. Ben la miró durante una eternidad, como debatiendo lo acertado de continuar por aquel camino.
—Por favor —añadió Julia.
Y Ben cedió.
Deslizó un brazo por debajo de su espalda, arqueándosela, mientras con la palma le empujaba hacia arriba primero un pecho, luego el otro. Ben gimió en su cuello tentándolo con su boca, para luego deslizarse hacia abajo y acabar, primero en un pezón, chupándoselo, jugueteando, y luego en el otro, introduciéndoselo profundamente dentro de la boca, haciendo que la respiración de Julia saliera en diminutos jadeos. Ella se atragantó cuando la mano de Ben bajó hacia sus costillas, para seguir bajando más. Julia sostuvo la respiración. La punta de sus dedos dibujó una línea bajando por el centro de su torso. Julia se sintió animal y hambrienta. Él conseguía ponerla así. Una parte de ella entendió que Ben tenía experiencia en hacer que las mujeres le desearan, y a la otra parte no le importó. Ella quería estar con aquel hombre, cualquiera que fuesen los motivos.
Sin pensar, intentó tocarlo, pero solo consiguió dar un tirón a las cintas de seda.
—Mmm —susurró ella y Ben recogió el sonido en su boca cuando se inclinó sobre ella para volver a besarla.
El cuerpo de Julia se acercó hacia él, mientras Ben la besaba por todas partes. Primero la frente, luego la nariz, la barbilla, los hombros. Bajando cada vez un poco más, sus labios seguían a sus manos, hasta que sus expertos dedos encontraron los rizos entre sus piernas entreabiertas.
A Julia se le escapó un lento y profundo gemido cuando le entreabrió los labios con la parte interior de su pulgar.
—Estás húmeda —murmuró Ben con la voz llena de asombro y gratitud.
Y lo estaba. Se sentía ardiendo por el exquisito y escultural ardor de él. Y entonces su cuerpo comenzó a balancearse, cuando él le pasó la lengua alrededor de su ombligo y después la metió en el pequeño agujero en el mismo momento en que le introducía uno de los dedos en su interior. Sus caderas se arquearon hacia delante para tomar más de él.
—Sí —susurró Ben, acariciándola atrevidamente y empujando hasta que la punta de su dedo tocó su centro más sensible, moviéndolo en círculos y deslizándolo más profundamente, haciendo que el cuerpo de Julia se moviese por voluntad propia.
Ben sacó el dedo y ella gritó.
—Sssh —murmuró contra ella, deshaciendo los nudos de sus tobillos—. Levanta las rodillas —le indicó con voz grave y ronca.
Ella le miró, y los ojos de Ben se encendieron hambrientos y con un brillo rapaz. Las manos de Julia todavía estaban atadas, sus pechos lo reclamaban con sus pezones en punta, y ella subió las rodillas.
El cuerpo de Ben dio un brinco, y Julia podía decir que estaba aguantando con un control increíble. Y entonces volvió a tocarla: separó sus húmedos labios, encontró el escondido y sensible clítoris con un dedo y lo movió en círculos mientras los ojos de ella aleteaban cerrados y su boca se abría en un silencioso grito de placer. Entonces su dedo se deslizó más profundamente, y la cogió con la palma de la mano.
Ya había perdido la compostura y el sentido común, y todo lo que ella quería era más de lo que le estaba dando. La acarició, y cuando Julia pensaba que no podía sentir nada mejor, su boca tomó la suya una vez más. El empuje de su lengua fue carnal haciendo que su excitación llegase a lo más alto al introducir un segundo dedo en su interior. Ella se retorció queriendo más.
Su beso se volvió duro y brutal, caliente y húmedo. Ella no podía acercarse lo suficiente a su calor. Lo quería todo de él: su erección en su interior y su fuerza rodeándola. Quería sentir la sólida fuerza encima de ella y las manos libres para poder explorar su cuerpo.
Ben rompió el beso y le deshizo los nudos de sus muñecas permitiéndole que lanzara los brazos a su alrededor, sosteniéndolo muy cerca. Sus cuerpos se fundieron en un abrazo.
Dieron vueltas por la cama entrelazados, ambos desesperados. Volvieron a rodar, él encima de ella. La cogió por las mejillas y se quedó mirándola.
—¿Qué haces? —le preguntó Julia comenzando a retorcerse.
—Mirándote aquí, conmigo. —Sonrió y volvió a inclinarse sobre ella.
La besó disfrutando de cada trozo de su cuerpo: los lados de sus pechos, la sensible curva de su axila, las partes traseras de sus rodillas e incluso los dedos de los pies. Se sintió adorada y amada. Sí, eso era amor —se dio cuenta Julia—. No simplemente deseo. Y se quedó alucinada.
Ben bajó su cabeza hacia sus pechos desnudos, y su enloquecedora lengua jugueteó con sus pezones, cada uno de ellos amorosamente atendidos. Ben susurró palabras de asombro antes de echarse hacia atrás. Y de repente, su calor desapareció, dejándola caliente y fría al mismo tiempo. Y entonces tan solo calor, cuando se arrodilló en el suelo entre sus rodillas levantadas. Cogiéndola por las nalgas, la arrastró hasta el mismo borde de la cama. El corazón de Julia comenzó a latir de expectación, y cuando sus manos calientes le rozaron el interior de sus muslos, las manos de ella se agarraron al edredón. Los labios dejaron una senda ardiente a lo largo de la sensible piel que iba desde las rodillas hasta los rizos entre sus piernas. Con ambos pulgares, la separó tiernamente.
—Quiero saborearte.
La excitación la sacudió de arriba a abajo, e inclinó las caderas hacia él. Sintió una bocanada de un aliento frío contra su húmedo centro y a continuación fuego al primer contacto de su lengua deslizándose a lo largo de sus labios.
—¡Ben! —Le cogió la cabeza con los dedos entrelazados en su pelo negro.
Él volvió a hacerla callar, con su ancha mano extendida sobre su abdomen.
—Esta eres tú, feroz, desinhibida y apasionada.
Y cuando sus labios se cerraron sobre el tierno centro, chupando suavemente, Julia se acercó aún más. Gritó por la intensidad que se estaba formando y que crecía, amenazando con consumirla como un fuego. Las sensaciones la arrollaban, y cuando Ben levantó sus caderas para tomarla más intensamente, muy suavemente pellizcó su clítoris. Julia casi perdió el control, pero Ben se retiró, besando el interior de su muslo.
Julia era pequeña y ligera, y cuando Ben se levantó, la subió con él, haciéndola reír hasta que se quedó sin aliento. La necesidad tronaba a través de él y enterró la cara en su cuello, alzándola cuando ella rodeó con las piernas sus caderas. Quería hundirse profunda y fuertemente. Pero se negaba a ser el primate que ella le había acusado de ser; en vez de eso, la cogió por el trasero, separándoselo suavemente con los dedos mientras la bajaba hacia su miembro. Cuando el secreto pliegue de su carne tocó su exquisita dureza, Ben pudo sentir que las sensaciones dejaban sin aliento a Julia, y ella no pudo contener el gemido que comenzó profundo en su garganta.
Dirigiéndola con sus manos, la acercó hacia él, moviendo sus caderas en círculos. La boca de Julia amagó un silencioso grito sofocado mientras su cuerpo se abría para él.
—Dios —susurró Ben en un suspiro estrangulado.
Espirando agudamente, la apartó hasta que estuvieron casi separados. Pero entonces la volvió a empujar contra sí, una y otra vez, casi sin moverse, despacio, deliciosamente, hasta que ella volvió a moverse otra vez por su cuenta. Moviéndose y deslizándose, todavía buscando y pidiendo más con cada erótico jadeo. Entonces Ben se hundió profundamente en su interior. Ambos gritaron, y Julia se pegó a él mientras se movían juntos, jadeando, buscando. Los movimientos de Ben se hicieron más rápidos al empujar dentro de Julia. Ambos se sentían calientes y húmedos, y deliciosamente salvajes.
Las caderas de Ben se arquearon contra ella, cuyo cuerpo se inclinó para tomarlo más profundamente de una forma en la que Ben nunca antes había penetrado a una mujer. Nunca había sentido algo tan increíble.
—No puedo aguantar más —resolló Julia.
Con furiosa necesidad, el cuerpo de Ben se puso tenso y gimió mientras ambos caían juntos en la cama.
Se puso encima de ella; Julia mirándolo con los labios entreabiertos y su pelo enredado entre las sábanas y el edredón.
—Ahora —gritó Julia.
Ben colocó sus poderosos muslos entre sus piernas, y acercó su duro miembro contra ella, frotándola eróticamente.
Con un grito frustrado, Julia se movió contra él, se estiró hacia él mirándolo a los ojos.
—Ámame —susurró Julia.
Ámame.
Las palabras resonaron en su cabeza mientras se metía entre sus rodillas inmovilizándola. Su duro miembro encontró su dulce calor mientras ambos se miraban fijamente a los ojos. Ben vio su deseo, pero había algo más. Emoción, profunda y pura, y mucho más allá de la simple necesidad sexual.
Ante aquello ya no pudo aguantar por más tiempo. Se introdujo en su interior, cogiéndola por las caderas, empujando su cuerpo hacia arriba para que se encontrara con el suyo. Julia le cogió por los hombros, jadeando, necesitando. Ben empujó en su interior; el deseo y la pasión corrían por cada una de sus terminaciones nerviosas, y entonces ocurrió. Ben sintió cómo el cuerpo de Julia se convulsionaba con intensidad creciente, con cada sentido tambaleándose y despierto, y solo entonces permitió que la estremecedora explosión de su cuerpo le ganase por completo. Gritó su nombre sujetándola fuertemente contra su corazón al enterrar la cabeza en su pelo.
«Ámame», había susurrado.
Y Ben supo con certeza en ese momento que lo había hecho.
De: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com› Para: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com› Asunto: Es una locura
¡No vas a creértelo! El teléfono no deja de sonar, y solo después de un pase promocional del programa. ¡Toda la ciudad está intrigada con Hombre Primitivo!
K.
Katherine C. Bloom Presentadora de Informativos KTEX TV, Oeste de Texas
De: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com›
Para: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com›
Asunto: re: Es una locura
¡Estás de coña! ¿Cuándo pasasteis la promo? ¡¡¡¿Y para cuándo habéis fijado la hora del programa?!!!
Besos, J.
De: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com› Para: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com› Asunto: Franja horaria
Andrew ha fijado la hora para pasar el programa justo después de la reposición de Friends el jueves por la noche. No está mal, viniendo de alguien a quien no le gustabas demasiado. Obviamente ha cambiado de parecer después de ver lo que has hecho. La franja horaria es la mejor que tenemos por las noches. ¡Los vas a dejar alucinados!
K.
PD: Nos están pidiendo varias entrevistas contigo.
De: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com›
Para: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com›
Asunto: ¿Por qué a mí?
¿Por qué quieren entrevistarme a mí? Deberían entrevistar a Rocco. Besos, J.
De: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com› Para: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com› Asunto: re: ¿Por qué a mí?
El turno de Rocco vendrá después de que se emita el programa. Mientras, El Paso está interesado en la chica mala que está haciendo el bien.
De: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com›
Para: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com›
Asunto: El bien es un término relativo
Tal vez esté haciendo el bien, pero yo he dejado de ser buena. De hecho, ayer tuve la noche más salvaje de mi vida.
De: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com› Para: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com› Asunto: re: El bien es un término relativo
¡¡¡¿Qué hiciste?!!! Cuéntamelo todo, Jules.
De: Julia Boudreaux ‹julia@ktextv.com›
Para: Katherine Bloom ‹katherine@ktextv.com›
Asunto: Luego
No se pueden contar los detalles por e-mail. Hablamos luego. Besos, J.