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23 de Enero del 2015
—¡Te ves preciosa!
Sandy daba de brincos y aplaudía como ya era su costumbre, sonreí al verme en el espejo.
Estabamos en las pruebas de peinados y me encantaba el que me acababan de hacer: un tipo moño con una trenza al rededor y gajos de cabello cayendo.
Estaba demasiado ansiosa por la boda y un poco estresada por la exposición que se me venía en encima.
—Estoy segura, este es el que quiero.
—Estamos todos encantados, así que este será.
Sandy volvió a aplaudir, saqué mi celular del bolsillo y le llamé a Samuel.
Seguro estaba trabajando porque no contestó, lo volví a guardar y continuamos con las compras.
—Mira, se me antoja una nieve de mango.
—Yo voy por ella, esos antojitos no me están gustando.
Ella fue por mi helado y me senté en una banca, crucé los pies y toqué mi vientre.
Me encantaba pensar en la posibilidad de estar embarazada, formar una familia con el hombre de mi vida era mi sueño.
Tenía días sintiéndome mal y pensando en que quizás estaba embarazada aunque solo no me tomara la pastilla un dia, podía pasar.
—Ojala —susurré.
—Kathe...
Volteé ante el llamado, mi madre me abrazó y besó mis mejillas.
—¿Por qué no me has llamado? Te olvidas que tienes madre.
—No, no lo olvido.
—Querida, quiero que sepas que te perdono por el comportamiento del cavernícola de tu novio.
—¡La que tiene que perdonar soy yo!
Sentí la mano de Sandy en mi hombro y posé la mía sobre ella.
—Por favor Katherine, entiende que lo único que quiero es lo mejor para ti.
—Si eso fuera entonces sabrías que Samuel es el hombre de mi vida, me decepciona tanto que no aceptes a alguien solo por no tener dinero ni ser de tu círculo social.
—Algun día lo entenderás y entonces me lo vas a agradecer.
—No lo creo ¿cuando vas a madurar?
—No me hables así que soy tu madre y me debes respeto.
—No, voy a respetarte en el momento en que tu respetes a Samuel.
Bajó la mirada incapaz de creer lo que estaba escuchando, miró mi mano y se puso pálida al ver mi anillo de compromiso.
—No es lo que estoy pensando ¿verdad?
—Sí, lo es. Voy a casarme con Samuel porque nos amamos.
—¿Qué sabes de amor?
—Mucho más que tú.
Estrelló su mano nuevamente en mi mejilla y caí al piso, lo único que recuerdo fue el llanto lejano de Sandy.
Luché por abrir los ojos pero era imposible, era como si algo me impidiera hacerlo.
Dejé de escuchar a Sandy y cuando por fin logré abrir los ojos no sabía lo que había pasado, estaba aturdida y muy mareada.
—Amiga ¿te encuentras bien?
Todavía no podía tener los ojos bien abiertos, la luz era insoportable y me dolía mucho la cabeza.
—¿Qué pasó?
—Tu madre te golpeó y te desmayaste, tuve que comerme tu nieve porque se estaba derritiendo.
Asentí cuando lo recordé, me sentía fatal.
Abrí los ojos completamente, estaba en una camilla de hospital muy incomoda. Mi madre se encontraba a lado de Sandy con un pañuelo en la mano y los ojos llorosos.
—¿Como te sientes?
—Fatal, tengo ganas de volver el estomago.
—Es por el bebé amiga ¡vas a ser madre!
Me quedé unos segundos viendo sus ojos pensando que tal vez estaba bromeando, pero no aguanté y comencé a llorar junto con mi madre. Seguro no soportaba la idea pero yo... yo me sentía en las nubes.
Feliz porque a mi Sam le encantaban los niños y en mi mente vagaban sus palabras en navidad.
"Adoro los bebés ¿y si hacemos uno?".
—Le estuve llamando a Samuel para decirle que estabas aquí pero tiene su móvil apagado.
Hice puchero y le pedí mi celular, me lo dio y le marqué pero de nuevo entró la contestadora.
Tenía un mal presentimiento a parte de las náuseas y mareos, era mayor.
Él nunca había negado una llamada mía ni apagaría su celular.
Necesitaba saber de él, necesitaba compartir la alegría de nuestro bebé con él.