El Ocaso de Alejandría.
Jose Barroso.
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Número de registro de la Propiedad Intelectual: 201499901257353
Depósito Legal: GR 1545-2014
Autor: Jose Barroso.
Diseño de Portada: María Garrido. Uvadoble Soluciones Creativas.
A mi pequeño consejo de ancianos:
Ineva Troya.
Ifigenia Borrego.
Angel D. García.
Jose Silva.
Gracias por vuestro tiempo, consejos y críticas.
Índice:
Mapa: página 7.
Prólogo: página 9.
Capítulo I: El retorno del Rey. Página 11.
Capítulo II: La joven Cleopatra. Página 53.
Capítulo III: Cleopatra y Julio César. Página 99.
Capítulo IV: Cleopatra y Marco Antonio. Página 247.
Prólogo.
Norte del Nilo.
Ciudad de Alejandría. Egipto. Octubre, año 69 antes de nuestra era.
Ptolomeo XII “Auteles” permanecía recostado sobre un sillón de piel marrón con forma de cabeza de toro que había sido un regalo de Mitriades VI del Ponto. Tenía su inseparable copa en la mano, estaba medio borracho y ensimismado en sus pensamientos mientras esperaba noticias de las matronas.
Caleb, un eunuco sacerdote de Karnak, augur y hombre de confianza del rey en la corte, esperaba impaciente frente a las puertas de las habitaciones donde la esposa de Ptolomeo XII, Cleopatra V Trifena, daba a luz con cierto aturdimiento debido a los calmantes suministrados por los médicos.
Dos matronas empapaban la sangre real en sudarios de lino blanco inmaculado mientras un médico de la corte introducía unas pinzas en el útero de la reina para tirar de la cabeza del nonato sin miedo a deformarla, pues los cráneos alargados eran símbolo de belleza y sabiduría.
Los Ptolomeos no son egipcios, son griegos, pero intentan seguir la costumbre del incesto, así como otras costumbres egipcias, para congraciarse con el pueblo al que someten y conseguir ser nombrados Faraones por el sumo sacerdote del templo de Karnak, cerca de Tebas, la antigua capital del imperio. Un Ptolomeo puede ser rey por nacimiento, pero para ser Faraón debe ser ungido en Karnak.
Cleopatra V Trifena respira con visible alteración mientras los presentes le piden un último esfuerzo. El médico que la asiste ya tiene asida la cabeza del feto y tira de ella con todas sus fuerzas hacia el exterior. Al fin, el útero de la reina dilata lo suficiente y se produce el alumbramiento entre los gritos de la parturienta que se siente desgarrada.
Caleb, entra en la estancia donde un sirviente se ocupa de que la copa del rey siempre permanezca llena, se dirige a Auteles y dice:
—Ha sido una niña, majestad.
—Cleopatra Filopator Nea Thea —dice el rey, casi ausente.
Será inscrita en los libros como Cleopatra VII, aunque pasará a la historia simplemente como: Cleopatra.