C. 610 Ciencia de la reproducción. Sobre los efectos ambientales del flujo menstrual

En su popular compendio enciclopédico Etimologías, san Isidoro de Sevilla describió los efectos dañinos de la sangre menstrual:

Al contacto con estos cuajarones, las plantas de cultivo no germinan, el vino se agria, las hierbas mueren, los árboles pierden su fruto, el hierro es corrompido por la herrumbre, el cobre ennegrece. Si acaso los perros comen algo de dicha sangre, enloquecen. Incluso la cola bituminosa, que no es disuelta ni por el hierro ni por el agua, se deshace por sí sola.

Estas supersticiones misóginas que pasaban por ciencia no eran nuevas. Plinio el Viejo, en su Historia natural (c. 77 d. C.) afirmaba que cuando se acerca una mujer en dicho estado, la leche se torna agria, las semillas que toca se tornan estériles, los injertos se marchitan, las plantas de jardín se agostan, y los frutos caerán del árbol bajo el que dicha mujer se siente.

642 Biblioteconomía. ¿El fin del saber antiguo?

Según la leyenda, el ejército árabe conquistador incendió la gran Biblioteca de Alejandría, repositorio de gran parte del saber (científico y otros) del mundo antiguo. Cuenta la historia que cuando el comandante árabe Amr ibn al’Aas le preguntó al califa Umar qué había que hacer con la biblioteca, este le ordenó quemar todos los libros, «porque o bien se opondrán al Corán, y por tanto son heréticos, o bien estarán de acuerdo con él, en cuyo caso son superfluos». Se decía que hubo un número suficiente de libros para caldear el agua de baño para todo el ejército durante seis meses. Sin embargo, la biblioteca había sufrido varios incendios en el pasado, y muchos eruditos no dan crédito a la historia de la destrucción del año 642.

672 Química. Lanzallamas bizantinos

Según el cronista bizantino Teófanes, un arquitecto de Heliópolis, en Egipto, llamado Calínico inventó un arma naval que llegó a conocerse como «fuego griego». Se trataba de una mezcla inflamable que se expelía a través de un tubo o sifón a barcos enemigos, mediante el uso de bombas a presión. Ana Comneno, la princesa bizantina e historiadora del siglo XII, ha dejado el siguiente relato del uso del fuego griego por parte de su padre, el emperador Alejo I Comneno, contra una flota pisana:

Como supiera que los pisanos eran hábiles en la guerra marítima y temiera entablar batalla con ellos, en la proa de cada barco dispuso fijar una cabeza de león o de otro animal terrestre, hecha de bronce o hierro con la boca abierta, y después totalmente dorada, de modo que su mero aspecto era terrorífico. Y el fuego que tenía que dirigirse contra el enemigo mediante tubos lo hizo pasar a través de la boca de las bestias, de manera que parecía que los leones y otros monstruos similares vomitaran fuego.

Se atribuye al fuego griego haber salvado a Constantinopla de dos asedios árabes, y tal era su importancia que cronistas bizantinos posteriores dijeron que el método para hacerlo fue revelado por vez primera por un ángel a Constantino, el primer emperador cristiano, en el siglo IV. Su receta exacta se ha perdido, pero podía haber contenido algunos de los siguientes ingredientes o todos: azufre, cal viva (óxido cálcico), nafta (petróleo sin refinar) y nitro (nitrato potásico o nitrato sódico), con resina utilizada como agente espesante e inflamable. Podía arder en la superficie del mar, pero podía extinguirse si se cubría con arena (que lo privaba de oxígeno). También eran efectivos para extinguir el fuego orina vieja o vinagre fuerte, que presumiblemente descomponían su composición química.

El fuego griego en acción, según se ilustra en el Códice Skylitzes, un manuscrito bizantino miniado, del siglo XII[*].

C. 721 Química. ¿El origen del guirigay?

Nacimiento de Geber, versión latinizada de Jabir ibn Hayyan, el erudito árabe o persa al que se considera «padre de la química». Entre sus muchos logros se cuenta el desarrollo de la alquimia en una ciencia experimental: comprendía el funcionamiento de los ácidos y los álcalis (dio nombre a estos últimos) y descubrió que al hervir vino se liberaba un vapor inflamable, el alcohol. Sus inventos incluyen papel a prueba de luego, tinta que podía leerse en la oscuridad, y una sustancia (presumiblemente de base oleica) que volvía los tejidos impermeables y mantenía el hierro libre de herrumbre. Escribió sus textos alquímicos en un lenguaje muy esotérico, incomprensible para los no iniciados, y se ha sugerido que su nombre dio origen a la palabra inglesa gibberish[*]. (Otra teoría deriva el termino de Gibraltar, donde los nativos confundían a los forasteros mezclando español e inglés en la misma frase).

820 Matemáticas. El origen del álgebra

El matemático persa Al-Juarismi escribió su tratado para resolver ecuaciones polinomiales, Hisab al-jabr w’al-muqabald, cuyo título dio origen a nuestra palabra «álgebra[*]». El término árabe al-jabr puede significar recolocar los huesos[*], o reunificación, o reducción matemática.

850 Tecnología. El libro de los artefactos ingeniosos

Los hermanos Banu Musa, tres eruditos persas que vivían en Bagdad, publicaron su Libro de los artefactos ingeniosos. Incluía las descripciones de decenas de autómatas y otros dispositivos mecánicos, algunos de los cuales se remontaban a los griegos, y otros de su propia invención. Entre éstos hay varios instrumentos musicales mecánicos, como un órgano accionado por agua que podía tocar automáticamente cilindros intercambiables, y un flautista automático, quizá la primera máquina programable.

875 Aeronáutica. Algunos de los primeros hombres-pájaro

En el emirato de Córdoba, en España, el inventor morisco Abbas Ibn Firnas, que entonces tenía sesenta y cinco años, hizo un intento pionero de vuelo tripulado, como muchos siglos después describió el historiador Ahmed Mohammed al-Maqqari (fallecido en 1632):

Entre otros experimentos muy curiosos que realizó, está su intento de volar. Para tal fin se cubrió de plumas, fijó un par de alas a su cuerpo y, subiendo a una prominencia, se lanzó al aire y, según el testimonio de varios autores fiables que presenciaron la proeza, voló una distancia considerable, como si hubiera sido un pájaro, pero, al aterrizar de nuevo en el lugar desde el que había emprendido el vuelo, se lesionó gravemente la espalda porque, al no saber que cuando los pájaros toman tierra lo hacen sobre su cola, se olvidó de procurarse una.

Abbas Ibn Firnas ha sido conmemorado en varios sellos de correos, y un cráter de la Luna lleva su nombre.

Otro aeronauta temprano es un monje inglés llamado Eil-iner, quien en 1010 se lanzó desde la torre de la abadía de Malmesbury, en Wiltshire, y planeó unos ciento ochenta metros usando unas alas de fabricación casera, antes de aterrizar y romperse ambas piernas. También merece mencionarse el vuelo en 1507 del padre John Damian, un notorio alquimista y curandero, desde las murallas del castillo de Stirling, en Escocia. Damian, cuyo esfuerzo contempló el rey Jacobo IV, había intentado volar directamente hasta Francia, pero en lugar de ello aterrizó en un montón de estiércol y se rompió el fémur. Se ha dicho que sus alas tuvieron que ser razonablemente efectivas, porque el castillo de Stirling se eleva sobre una roca empinada y si no hubiera planeado una cierta distancia, quizá ochocientos metros, se habría matado. El mismo Damian atribuyó su fracaso a su elección de materiales: no debería haber usado las plumas de gallinas, dijo, porque dichas aves «desean los basureros [montones de estiércol] y no los ciclos». Se supone que todos estos intentos buscaban imitar el planeo de las aves, porque los humanos no tienen la musculatura necesaria para batir alas artificiales. Tal como el biólogo J. B. S. Haldane señaló en su ensayo «Sobre tener el tamaño adecuado», de 1927:

Un ángel cuyos músculos no desarrollaran más potencia, peso por peso, que los de un águila o una paloma necesitaría un tórax que sobresaliera aproximadamente 1,2 metros para alojar los músculos implicados en accionar sus alas, mientras que, para economizar en peso, sus piernas tendrían que reducirse a simples zancos.

994 Toxicología/Patología. Las cosas se caen

Miles de personas murieron en Aquitania, en el suroeste de Francia, después de haber comido centeno infectado con un moho, Claviceps purpurea, el cornezuelo del centeno, que contiene una serie de alcaloides tóxicos. Esta forma de envenenamiento fúngico, entonces llamado fuego de San Antonio y ahora conocido como ergotismo, causa convulsiones, diarrea, vómitos, manía, psicosis, alucinaciones y gangrena de las extremidades, seguida de muerte. En un brote anterior, en 857, un observador informó que

una gran peste de ampollas hinchadas consumía a las personas mediante una putrefacción repugnante, de manera que sus miembros se aflojaban y caían antes de la muerte.

La enfermedad se llamaba fuego de San Antonio porque se creía que si se rezaba a san Antonio se obtendría la curación; hacia 1095 se fundó la Orden de San Antonio para cuidar de los que padecían la enfermedad. Se ha sugerido que los síntomas de embrujamiento (convulsiones, alucinaciones, sensaciones de hormigueo sobre la piel, etc.) que mostraban los acusados en los juicios por brujería de Salem en 1692-1693 indican que podían haber padecido ergotismo.

Siglo XI Botánica/Zoología. El cordero vegetal de Tartaria

Llegaron a Europa informes de una planta que crecía en Asia Central, conocida como Agnus scythicus («cordero escita»), o Planta tartárica barometz («cordero vegetal de Tartaria», siendo barometz el término local de «cordero»). El fruto de esta extraña planta era un cordero, que se hallaba conectado por un tallo o cordón umbilical. Al tener así su movilidad limitada, el cordero comía la hierba que crecía alrededor de la planta, y cuando aquélla se consumía totalmente, tanto el cordero como la planta morían. El mito bien pudiera ser un medio para explicar el algodón, y la planta se identificaba asimismo con Cibotium barometz, el helecho lanudo, nativo de regiones de China y la península Malaya.

1006 Astronomía. Luces brillantes

En China, Oriente Medio y Europa se hicieron observaciones, en la parte baja del cielo meridional, de una supernova: la gran explosión que tiene lugar cuando mueren determinados tipos de estrellas. Se dice que la supernova de 1006 tenía hasta tres veces el tamaño de Venus y poseía la cuarta parte de la luminosidad de la Luna. Los chinos informaron de que lema la mitad del tamaño de la Luna y que era tan brillante que a su luz podían verse de noche objetos sobre el suelo. Los astrólogos creían que no presagiaba nada bueno, y que era seguro que sucederían guerra y hambre. La supernova de 1054, vista por astrónomos chinos, japoneses, persas y árabes fue quizá más brillante, y fue visible durante el día a lo largo de 23 días. Sus restos todavía son visibles: constituyen la nebulosa del Cangrejo. En el registro histórico, únicamente otras dos supernovas han sido visibles a simple vista: las que tuvieron lugar en 1572 y 1604, que fueron registradas respectivamente por Tycho Brahe y Johannes Kepler. Tycho Brahe concluyó, correctamente, que la aparición y desaparición de la supernova de 1572 demostraba que las estrellas no estaban fijas ni permanecían inalteradas, como habían creído los astrónomos griegos, sino que nacían y, finalmente, morían.

1037 Medicina. Enfermo de amor

Muerte del gran médico persa Avicena (Ibn Sina), cuyos escritos de medicina se convirtieron en obras canónicas en el mundo musulmán y en Europa hasta el siglo XVIII. Entre sus muchas innovaciones cabe citar su comprensión del efecto de las emociones sobre los procesos fisiológicos, y se cuenta la historia de que le tomaba el pulso a un hombre muy enfermo al tiempo que pronunciaba una serie de nombres de lugares y de personas. Se dio cuenta de que el pulso del paciente se aceleraba cuando se mencionaban determinados nombres, y por ello dedujo que su paciente estaba enamorado de una determinada joven. Inmediatamente recomendó el matrimonio como cura, y poco después de la boda el hombre se había repuesto completamente.

1066 Astronomía. El cometa es origen de lágrimas

(20 de marzo). La aparición del cometa Halley se consideró un mal augurio en Inglaterra. «Has venido, ¿verdad?», dijo Eilmer, el monje volador de Malmesbury (véase 875), quien pudo haber contemplado la aparición previa del cometa, en 989. «Has venido, tú, origen de lágrimas para muchas madres, tú, maligno. ¡Te odio! Ha pasado mucho tiempo desde que te vi; pero tal como te veo ahora eres mucho más terrible, porque te veo blandiendo la ruina de mi país. ¡Te odio!». (Al menos, así es como William de Malmesbury, que escribía en el siglo siguiente, registró las palabras de Eilmer). Siete meses después de la aparición del cometa, los ingleses fueron derrotados de manera decisiva por los normandos dirigidos por Guillermo el Conquistador en la batalla de Hastings, y su rey, Haroldo II, fue muerto. Fue el fin de la Inglaterra anglosajona. Véase también 1835.

1550 Tecnología. ¿Una rueda con movimiento perpetuo?

El matemático y astrónomo indio Bhaskara II dio con el primer diseño conocido de una máquina de movimiento perpetuo, en forma de una rueda que poseía contenedores de mercurio alrededor del borde. Según decía, dicha rueda giraría sin cesar, pues un lado de la misma siempre era más pesado que el olio. No hay documento que indique que tuviera éxito en la construcción de un modelo que funcionara. Ahora sabemos que cualquier tipo de máquina de movimiento perpetuo es una imposibilidad, porque violaría una u otra de las leyes de la termodinámica.

1217 Guerra Química. Cal viva en los ojos

(24 de agosto). En la batalla de Sandwich, en aguas de la costa de Kent, una flota inglesa derrotó a una fuerza invasora francesa bajo el mando del jefe pirata Eustaquio el Monje. Un momento clave fue cuando los ingleses lanzaron marmitas de cal viva (óxido cálcico) en polvo a la cubierta del buque insignia francés. La tripulación francesa, cegada de esta manera, no pudo repeler a los caballeros armados ingleses que entonces abordaron el barco y masacraron a todos los que encontraron. A Eustaquio el Monje lo encontraron agazapado en la sentina y, después de haber rechazado su oferta de un rescate de diez mil marcos, le cortaron la cabeza y la exhibieron en el extremo de una lanza.

El siguiente avance en guerra química llegó algunos siglos después, cuando Leonardo da Vinci sugirió que las embarcaciones utilizaran catapultas para lanzar marmitas de «creta, sulfuro fino o arsénico y cardenillo en polvo» a las galeras enemigas.

C. 1232 Geomorfología. Partiendo montes

Muerte de Miguel Escoto, el matemático y erudito escocés que trabajó en España y en la corte siciliana del emperador Federico II. Escoto tradujo al latín varias obras de Aristóteles sobre biología y astronomía desde el árabe, en que se habían conservado. Sus propias obras se referían principalmente a astrología y alquimia, y se ganó una extensa reputación como mago; de ahí su aparición en el octavo círculo del Infierno junto a otros hechiceros y adivinos en el Inferno de Dante. Entre las muchas leyendas que se contaban de él estaba la que decía que empleó un demonio para partir los montes Eildon, en el distrito de Scottish Borders, en tres cumbres separadas, y que en Cumbria petrificó literalmente un círculo de brujas, cuyo resultado fue el círculo de rocas conocido como la Larga Meg y sus hijas.

C. 1264 Física. Viaje al centro de la Tierra

Muerte del fraile dominico francés Vincent de Beauvais, autor del Speculum maius («gran espejo»), la principal enciclopedia utilizada en la Edad Media. El Speculum es en gran medida un resumen de la ciencia, historia natural, geografía e historia que se conocía en Europa occidental en esta fecha. Vincent incluyó asimismo algunas de sus propias hipótesis, tales como el método de comunicación que empleaban los ángeles (una forma de habla inteligible) y lo que le ocurriría a una piedra que se dejara caer por un agujero excavado directamente a través de la Tierra (decidió que se detendría en el centro).

1267 Tecnología. Soñar con volar

Roger Bacon, el fraile franciscano y erudito inglés, envió su Opus maius al Papa. En esta obra, que se ocupa de ciencia, matemática, gramática y filosofía, Bacon anticipó inventos posteriores como microscopios, telescopios, gafas, barcos de vapor y máquinas voladoras. Con posterioridad, alrededor de Bacon nacieron muchas leyendas, como la de que construyó una cabeza de bronce que podía no sólo hablar, sino contestar a cualquier pregunta que se le planteara. Dicha cabeza aparece en la obra teatral de Robert Greene Friar Bacon and Friar Bungay (hacia 1589), en la que sólo consigue emitir tres cortas frases («Es hora», «Era hora», «Pasó la hora») antes de caer al suelo y hacerse pedazos.

C. 1275 Medicina. El pus no es saludable, después de todo

Guillermo de Saliceto, un cirujano lombardo, contradijo de forma temeraria las enseñanzas de Galeno (véase 157 d. C.), que durante mucho tiempo se consideraron sacrosantas, al afirmar que la presencia de pus en una herida no era en realidad una señal saludable. Galeno había llegado a la conclusión de que la formación de «pus saludable». («Pus bonum et laudabile») en una herida formaba parte del proceso de curación, y aplicaba diversas sustancias, entre ellas estiércol, para fomentar esta formación. Sin embargo, observó que la extensión de la infección de una herida a menudo resultaba en sepsis sistemática y muerte. Casi un siglo después de Guillermo de Saliceto, el gran cirujano Guy de Chauliac todavía mantenía la opinión de Galeno en su Chirurgia magna (1363). Sin embargo, a su debido tiempo surgió entre los cirujanos un nuevo proverbio, a saber: «Ubi pus, ibi evacúa». («Allí donde haya pus, eliminadlo»).

1280 Fisiología. Un uso para el pene del lobo

(15 de noviembre). Muerte de Alberto Magno, el científico y teólogo alemán conocido como «el simio de Aristóteles», tal era su devoción para con el antiguo griego. También produjo sus propias teorías; por ejemplo, en De animalibus afirmaba:

Si se asa el pene de un lobo en un horno, se corta en fragmentos pequeños y se mastica una pequeña porción de los mismos, quien los consumiere experimentará de inmediato un ansia de cópula sexual.

También señalaba que las estrellas de mar eran un afrodisiaco tan fuerte que era probable que el sujeto terminara eyaculando sangre. En una tal eventualidad, el sujeto debería comer algo refrescante, como lechuga. Alberto Magno no se quedaba corto por lo que a consejos médicos útiles se refiere. Por ejemplo, si uno se hallaba infestado de piojos, la cura más rápida era embadurnarse la piel con el excremento de un elefante.

1352 Oftalmología. De dos a cuatro ojos

Tomaso da Modena pintó un retrato del cardenal Hugo de Provenza, la primera ilustración que se conoce del uso de gafas (espejuelos) empleadas para leer. La fabricación de las primeras de tales gafas se ha atribuido a Salvino D’Amato de Florencia; aunque esto se haya puesto en duda, es probable que las primeras gafas se hicieran realmente en Italia entre 1280 y 1300. Las primeras gafas para miopía pudo haberlas hecho Nicolás de Cusa en el siglo XV, mientras que las primeéis bifocales las inventó (y las llevó) Benjamín Franklin en 1784.