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Ya hace dos semanas que empecé en la facultad y he de reconocer que me gusta mucho. Como me imaginaba, Maravillas se ha pegado a mí como una lapa. Coincidimos en el horario y se pone siempre a mi lado. Lucía también está contenta. Ya ha hecho amistades nuevas y hoy regresamos todos juntos en el autobús universitario. Uno de sus amigos se llama Diego y no me quitó ojo durante todo el camino. Luego, Lucía me llamó para decirme que le había pedido mi número de teléfono, pero ella le cortó diciendo que tenía novio. Un novio que a veces es un poco idiota, la verdad.
Estábamos aquí en casa cuando llegó mamá y se puso a reñir a Dani porque se había olvidado de ir a buscar a Álex al cursillo de baloncesto. Tuvo que ir ella, teniendo que dejar el trabajo. Él y yo la escuchábamos desde el salón porque estaban en el hall. Y va Jorge y como si la cosa fuera con él decidió largarse. Ni se despidió de mí, pasó al lado de mamá y dijo: «Yo ya me voy». Ella se quedó cortada porque ni sabía que estuviéramos en casa.
—¿Se puede saber qué hacíais en el salón tan silenciosos? —preguntó mirándome cuando él cerró la puerta.
Le dije que solo veíamos la tele. Mi hermano empezó a acusarme de que nos estábamos morreando con lengua en el sofá, uno encima del otro. Que nos había visto y no sé qué chorradas más. Quería que mamá dejara de reñir con él y que empezara conmigo. Le llamé idiota. Lo acusé de que nos estaba espiando. Nos pusimos a discutir hasta que mamá nos gritó: «¡Basta! ¡No quiero oíros!».
Luego llamé a Jorge para ver si nos veíamos, pero no me respondió. Me dejó plantada cuando pensábamos salir a tomar algo por ahí. Decidido: es imbécil. Ni sé dónde está ni por qué se ha ido. ¿Acaso nunca le habrán reñido en su casa? ¿Se asustó de las voces de mi madre o pensó que luego le gritaría a él? He estado esperando que se conectara, pero nada. No ha aparecido. Luego, mamá me dijo que me fuera a dormir, que no eran horas de estar en el ordenador. Después de cenar es la única hora en la que puedo estar tranquila conectada sin que me molesten mis hermanos. Siempre acabamos peleándonos por usarlo. Al final mamá se enfada y no nos deja a ninguno, algo que no me parece nada justo.
Ya sé lo que pediré a mi padre por navidad: un portátil para mí sola. Mamá también tiene uno para ella, pero, como tiene cosas del trabajo y supongo que sus secretos, no nos lo deja casi nunca. Y, si lo hace, es poco tiempo. Supongo que porque una vez se lo dejó a mi hermano Dani y al día siguiente no funcionaba. Al parecer, había descargado algo que iba con virus incluido y por supuesto a mamá no le hizo ninguna gracia tener que llevarlo a arreglar y gastarse una pasta.