El registro de recién nacidos contrahechos

 

 

UN DIAGNÓSTICO PRECOZ PARA UN TRATAMIENTO LETAL

 

La decisión de asesinar a niños con discapacidades físicas y psíquicas siguiendo determinados criterios se tomó en el verano de 1939 en la cancillería de Hitler. En ella participaron, aparte de los sobradamente conocidos representantes del Ministerio de Interior y de la cancillería del Führer, los médicos Ernst Wentzler, Werner Catel y Hans Heinze. En la primavera de 1938 ya se había creado una comisión, medio pública, medio secreta, que firmaba con el pomposo nombre de Comité del Reich para el Registro Científico de Enfermedades Genéticas y Constitucionales Graves y tramitaba peticiones derivadas de la política demográfica del gobierno nacionalsocialista, es decir, excepciones a la estricta prohibición del aborto y, también, solicitudes de eutanasia activa.
El decreto confidencial con el que, el 18 de julio de 1939, se introdujo la obligación de inscribir en un registro a, literalmente, «recién nacidos contrahechos, etc.», fue dado a conocer por la institución a los profesionales de la salud pública, comadronas, enfermeras diaconisas y médicos pediatras, de cabecera y clínicos. En lo sucesivo, todos ellos tenían la obligación de informar de la existencia en sus centros de lactantes y niños de corta edad que tuvieran alguna discapacidad. Las comadronas residentes cobraban dos marcos por cada inscripción que realizaban. En el caso de los recién nacidos, el formulario cumplimentado se enviaba a la oficina de Salud del lugar de residencia. Desde allí, el oficial médico lo reenviaba por correo a la dirección del Comité del Reich: apartado de correos 101, oficina de correos de Berlín W 9, Linkstrasse; justo al lado de la Cancillería del Reich.168
Los responsables justificaban la obligatoriedad de inscribir a los enfermos diciendo que los datos recabados servían para mejorar la prevención: «Para aclarar las cuestiones científicas en los ámbitos de la malformación congénita y el subdesarrollo mental, es necesario un registro temprano de los casos pertinentes». En el encabezamiento de los pliegos de registro no constaba el nombre de la víctima potencial, sino el diagnóstico: «Notificación de un caso de...». Había que informar de los niños con «idiocia, mongolismo, microcefalia, hidrocefalia, malformaciones de cualquier tipo, especialmente de extremidades, formaciones fisurales graves de cráneo y columna, etc., parálisis, incluida la enfermedad de Little» (la enfermedad de Little se conoce actualmente como parálisis cerebral, y el mongolismo, como síndrome de Down o trisomía 21). El pliego de inscripción se reveló pronto como demasiado impreciso y fue ampliado. En adelante, los médicos responderían a preguntas sobre los hitos del desarrollo infantil (motricidad, higiene o habla en sus distintas fases), informarían de la aparición de episodios de ataques y valorarían las perspectivas de supervivencia, «mejoría o curación» del niño afectado.169
Simultáneamente, los organizadores del Comité del Reich crearon los tres primeros departamentos especiales en los establecimientos psiquiátricos de Brandeburgo-Görden, Am Spiegelgrund (Viena) y Eglfing-Haar (Múnich). Estas secciones llevaban el eufemístico nombre de Unidad Especializada de Pediatría (Kinderfachabteilung) y se utilizaron para examinar, realizar experimentos médicos y asesinar a una parte considerable de los niños ingresados en los citados hospitales.
Asimismo, en el verano de 1940 apareció publicado —camufladamente, por supuesto— un decreto destinado a la práctica del homicidio infantil. En él, sus redactores establecieron lo siguiente: «A partir de ahora, el Comité del Reich para el Registro Científico de Enfermedades Genéticas y Constitucionales Graves dispone de una Unidad Especializada en el establecimiento regional de Görden, en la ciudad de Brandeburgo, destinada al tratamiento de niños contrahechos, etc. previamente inscritos y en la que, bajo dirección facultativa, se aprovecharán todas las posibilidades terapéuticas que ofrecen los últimos descubrimientos científicos. Aparte de esta unidad, está previsto crear otros establecimientos y unidades especializadas. En lo sucesivo, el Comité del Reich se dirigirá a los oficiales médicos en cuyo distrito viva el niño destinado a hospitalización y les comunicará el establecimiento donde podrá efectuarse la admisión. Corresponde a los oficiales médicos informar a los padres del niño en cuestión acerca de las posibilidades de tratamiento disponibles en el establecimiento o unidad designada más cercana y, al mismo tiempo, sugerirles que hospitalicen rápidamente a su hijo. A este respecto, se hará saber a los padres que, en determinadas enfermedades, e incluso en casos que hasta ahora se daban por imposibles, podría haber una posibilidad de obtener ciertos resultados de curación a través del tratamiento».170
La última frase lo dice todo. Era necesario que los padres esperaran éxitos terapéuticos para que, medio voluntariamente, medio obligados, autorizaran el ingreso de su hijo discapacitado en una de aquellas unidades especializadas cuyo objetivo principal consistía en el asesinato clínicamente adornado. Cuando los colaboradores del Comité del Reich preguntaban a los oficiales médicos sobre el estado de un niño inscrito, utilizaban una fórmula estandarizada: «...solicito informe médico relativo a la evolución del niño a su muerte acaecida en el ínterin».171
En 1949, la fiscalía de Schwerin averiguó cómo se habían organizado los trámites burocráticos en la oficina central del Comité del Reich y presentó una demanda contra Richard von Hegener, el máximo responsable de la organización: «Los miembros de la oficina II de la Cancillería del Reich se encargaban diariamente de vaciar la casilla postal. La tarea de Von Hegener consistía en examinar escrupulosamente los formularios de inscripción que se recibían cada día y separar los casos que probablemente se someterían a tratamiento». Von Hegener disponía de tres secretarias para realizar este trabajo y, en caso de duda, consultaba a su superior, Hans Hefelmann. Los asuntos especialmente importantes los firmaban Viktor Brack o su adjunto, Werner Blankenburg. Los fondos presupuestarios necesarios para la labor del Comité del Reich eran transferidos desde el Ministerio de Interior, donde firmaban Herbert Linden y Fritz Cropp como responsables. Pronto, a medida que el Comité del Reich ampliaba sus «tareas especiales», las necesidades financieras fueron aumentando.172
Guiándose por criterios ya establecidos, el pequeño grupo de burócratas sin formación médica informaba a los tres expertos del Comité del Reich de aquellos niños que, según los cuestionarios, padecían trastornos graves. Para ello, los ayudantes copiaban los cuestionarios por triplicado y enviaban un ejemplar a cada uno de los tres expertos que colaboraron ininterrumpidamente entre 1939 y 1945: Werner Catel, director de la clínica pediátrica universitaria de Leipzig: Ernst Wentzler, médico pediatra práctico empleado en una clínica privada de Berlín; y Hans Heinze, director del hospital psiquiátrico regional de Brandeburgo-Görden y uno de los pioneros de la psiquiatría infantil y juvenil. Una vez que los expertos habían dictado por unanimidad las sentencias de muerte, Von Hegener y sus tres secretarias volvían a entrar en acción. Si había que hospitalizar al niño en una de las unidades dedicadas al asesinato, escribían lo siguiente al jefe médico: «No hay inconvenientes para el tratamiento». Además, Von Hegener pedía que se le comunicara «en su debido momento el resultado del tratamiento».

 

Los tres expertos no solo decidieron sobre la vida y la muerte de muchos miles de niños y niñas y, más tarde, también de adolescentes, primero de hasta 14 años y, después, hasta 17, sino que ellos mismos también asesinaron en sus clínicas, motivo por el cual la unidad de Heinze en el hospital de Brandeburgo-Görden se convirtió en una institución docente del Comité del Reich. Es decir, Heinze enseñó allí a médicos mayormente jóvenes, hombres y mujeres, a perpetrar el homicidio clínico tal como mandaban los cánones.
Si en sus valoraciones redactadas por separado los expertos llegaban a la conclusión de que probablemente habría que matar al niño, lo mandaban ingresar en una de las Unidades Especializadas de Pediatría a través de Richard von Hegener. Según sus datos, hacia el final del Tercer Reich fueron inscritos en el Comité del Reich alrededor de 100.000 niños discapacitados, de los cuales «unos 5.200 fueron sometidos a tratamiento (muerte)». Para ello, los funcionarios y expertos del Comité del Reich fueron creando paulatinamente alrededor de 25 Unidades Especializadas de Pediatría, principalmente en clínicas psiquiátricas y, en menor cantidad, en hospitales infantiles. Allí, después de un período de observación frecuentemente largo, los médicos, y también muchas doctoras y enfermeras, mataron a los niños a base de sobredosis de tranquilizantes, principalmente Luminal.173 La cifra de 5.200 niños asesinados por este procedimiento indicada por Von Hegener es, probablemente, demasiado baja. Es posible que entre mil y dos mil menores más, entre bebés, niños y adolescentes, cayeran víctimas del método organizado por el Comité del Reich. Además, investigaciones recientes han demostrado que unos 4.500 niños y adolescentes también murieron asfixiados en las cámaras de gas de la Acción T4.174 Algo parecido sucedió en la segunda fase —descentralizada— de los asesinatos por eutanasia. Así, de las 18 niñas que el 17 de agosto de 1943 fueron deportadas de Hamburgo a Viena junto con mujeres adultas, doce fueron asesinadas en la Unidad Especializada de Pediatría del hospital de destino, mientras que las otras seis chicas del mismo grupo de edades hallaron la muerte en el establecimiento psiquiátrico vecino sin los dictámenes del Comité del Reich. Visto así, es seguro que entre 1939 y 1945 fueron asesinados más de diez mil niños y niñas física y psíquicamente discapacitados.
EDAD CRONOLÓGICA DE 14, 8; EDAD MENTAL DE 8, 6: SENTENCIA DE MUERTE

 

No pocas unidades especializadas del Comité del Reich evolucionaron más allá de su objetivo original, exclusivamente homicida, y se convirtieron también en centros de diagnóstico donde los propios médicos de plantilla presentaban las solicitudes de infanticidio a los expertos del comité, los cuales se encargaban de examinarlas y, la mayoría de las veces, aprobarlas. Con respecto a las unidades de psiquiatría juvenil de los establecimientos de Lüneburg, Brandeburgo-Görden, Stadtroda, Lubliniec, Berlín-Wittenau y Viena (Am Spiegelgrund) relacionadas con las mortíferas Unidades Especializadas de Pediatría, se sabe que allí fueron ingresados, diagnosticados, transferidos y posiblemente dados de alta o también asesinados muchos niños y niñas con trastornos o lesiones graves.

 

Un ejemplo es la Unidad Especializada de Pediatría del establecimiento de curación y cuidados de Lubliniec, en la Alta Silesia. El Dr. Ernst Buchalik dirigía la institución y la Dra. Elisabeth Hecker era la responsable de la unidad infantil y juvenil. Tras una fase de observación en la unidad de admisión de psiquiatría social, los médicos dividían a los pacientes en seis categorías.
«Tras su admisión en la clínica, a los niños se les practicaba un frotis faríngeo y eran sometidos a un examen de difteria. Nunca se declaró ninguna epidemia. En la clínica había un promedio de 60 niños y niñas de edades comprendidas entre los ocho meses y los 18 años. Su estancia duraba de seis a ocho semanas. En función del resultado del examen, los residentes eran asignados a distintos grupos y repartidos entre las distintas instalaciones de la siguiente manera: 1. Los niños de cuatro a ocho años considerados normales eran trasladados a un hogar infantil con escuela. 2. Los niños deficientes mentales de cinco a dieciocho años que podían aprender un oficio manual eran transferidos al establecimiento psiquiátrico de Bergstadt. 3. Los niños y jóvenes psicopáticos de seis a catorce años eran asignados al centro de Klosterbrück. 4. Los adolescentes varones de catorce a dieciocho años hospitalizados por orden judicial iban al centro de recuperación de Grottkau. 5. Las adolescentes de la misma edad hospitalizadas por orden judicial iban al centro de recuperación de Lubliniec. 6. Los niños deficientes, idiotas, epilépticos, mongoloides, hidrocefálicos, paralíticos, etc. eran transferidos a la unidad B del establecimiento de Lubliniec.»175
La clínica inscribía en el Comité del Reich a los niños y niñas del último grupo. La unidad B —la B se refería posiblemente a Behandlung (tratamiento)— estaba destinada, en tanto que Unidad Especializada de Pediatría, a la muerte rápida de los ingresados en ella. Los médicos que practicaban esta forma de selección podían gozar, por iniciativa del experto Heinze, de una mejor reputación, ya que sus centros dejaban de ser simples establecimientos para deficientes mentales y se convertían en clínicas de psiquiatría juvenil.
En sus «Propuestas para una futura remodelación de los establecimientos de psiquiatría juvenil», y siguiendo el esquema aplicado en Lubliniec y más sitios, Heinze reclamó una «planificación diferenciada». En primer lugar, los pacientes recién ingresados debían someterse a un diagnóstico en una «unidad de admisión y observación dirigida por psiquiatras juveniles». Paralelamente, había que establecer un «plan educativo y de tratamiento específicos» y aspirar a un «internamiento diferenciado en establecimientos también diferenciados». Solo en un marco con semejante grado de especialización se podría, según Heinze, «solucionar de manera impecable las tareas encomendadas al Comité del Reich», es decir, decidir sobre la vida y la muerte con la suficiente precisión.176 Los hombres y mujeres que asesinaban en colaboración con el Comité del Reich no perseguían el objetivo de matar a todos los niños que se desviaran de la norma. Más bien querían separar a los niños educables de los no educables y a los adolescentes afectados principalmente por el entorno de aquellos a los que Heinze consideraba «de carácter constitucionalmente anormal». Partiendo de esta premisa, ordenó reformar las Hilfsschulen177 de manera que en ellas no se exigiera demasiado a los niños mentalmente retrasados. Así, en estos niños y adolescentes había que potenciar las «capacidades prácticas suficientes» que los hicieran «aptos para ocupar un lugar modesto en la vida profesional».178
El patrón de diagnóstico en el establecimiento de Brandeburgo-Görden dirigido por Heinze se basaba en extensos tests psicológicos destinados a otorgar rigor científico a la asignación de pacientes infantiles y juveniles a cada grupo de casos.179 La terminología empleada en los dictámenes del equipo multidisciplinar del establecimiento de Görden con resultado de sentencia de muerte también destilaba precisión y objetividad. Heinze y su médico de unidad Hans Fischer emitieron un juicio sobre un adolescente de apenas 15 años que había ido a parar a la educación correccional por haber cometido algunos hurtos. Para ello utilizaron unos tests que el psicólogo del establecimiento había realizado siguiendo los más modernos métodos de la época.
«Walter pasó el test de inteligencia de Binet-Simon con una edad cronológica de 14, 85 años y registró una edad mental de 8, 60, es decir, un retraso intelectual de 6, 25 años. Durante la prueba se mostró accesible, algo ansioso y preocupado por responder correctamente. Sus conocimientos escolares y generales no se correspondían en absoluto con su edad. No era capaz de decir su fecha de nacimiento ni la fecha del día de la prueba. No podía escribir espontáneamente ninguna frase sencilla. A la hora de redactar su resumen biográfico, no sabía explicarse ni contextual ni ortográficamente. En cálculo, solo pudo resolver ejercicios de las dos primeras operaciones de aritmética elemental con números del 1 al 10. Solo leía sílabas sueltas y letra a letra. Su expresión oral era primitiva y con frecuencia agramatical. (...) Le costaba realizar trabajos manuales de trenzado y solo los podía hacer correctamente con ayuda. Los ejercicios de enganchar papeles de colores los realizaba de manera sucia y primitiva, como si fuera un niño de cinco años. En los ejercicios prácticos más sencillos también se mostró poco hábil. La tarea de sacar el polvo la ejecutaba sin ninguna cautela. En esta tarea también se mostraba incapaz de aprender. Después de tres semanas de estar aquí, tampoco fue capaz de hacerse la cama autónomamente como es debido a pesar de que se le enseñaba una y otra vez. (...) Aparte del infantilismo corporal, manifestaba tendencias también infantiles desde el punto de vista psicológico. Desde el principio se relacionaba con escolares considerablemente más jóvenes. Nunca pidió quedarse despierto por las noches con los adolescentes de su misma edad. Su ocupación preferida era la de ensartar abalorios, como un niño pequeño. No se detectó ningún indicio para desempeñar rigurosamente ninguna profesión.»180 De esta manera tan elaborada formulaban Heinze y sus colaboradores los fundamentos para las ejecuciones clínicas.
Aparte de la cifra estimada de niños que, siguiendo el procedimiento del Comité del Reich, murieron de pulmonía artificialmente inducida, hay que considerar un número elevado de casos no registrados. Muchos factores indican que la práctica de dejar morir o inducir la muerte de forma activa se convirtió progresivamente en algo rutinario en residencias de maternidad y clínicas pediátricas. Karl Kötschau, un reputado médico naturista, publicó en 1942 el artículo Der neue deutsche Arzt («El nuevo médico alemán») en el Boletín Alemán de Medicina, donde dijo que el sometimiento de la raza enemiga —a saber, los judíos— era tarea militar y que, en cambio, era deber del médico «acabar con la contraselección en la propia raza nacional». Por este mismo motivo, el destacado precursor de la pediatría Adalbert Czerny ya había afirmado que «la mortalidad en edad lactante es una forma de selección y afecta en su gran mayoría a los constitucionalmente inferiores».181
A diferencia de las víctimas adultas de la Acción T4, a los niños que caían en las garras del Comité del Reich y sus expertos se les quitó la vida desde el principio individualmente. Los tres expertos prodigaban opiniones y, no por casualidad, el psiquiatra Hans Heinze, activo en ambas agencias homicidas —la Acción T4 y el Comité del Reich—, recomendó a sus colegas de la T4, cuya brutalidad aumentaba con la prolongación de la guerra, las «experiencias del Comité del Reich» como «modelo» para «llevar las cosas por los cauces adecuados».182
LOS ASESINOS EN MASA DISEÑAN ACOGEDORES HOSPITALES INFANTILES

 

El proyecto Hospital Infantil Alemán es un ejemplo de cómo el avance científico, la voluntad reformista y la preocupación por los millones de niños sanos o curables estuvieron íntimamente relacionados con los asesinatos. Después de haber dictado sentencias de muerte para muchos miles de niños, el experto del Comité del Reich Ernst Wentzler se presentó en 1942 ante el juzgado municipal del distrito berlinés de Berlín-Mitte para registrar la asociación Hospital Infantil Alemán (Deutsches Kinderkrankenhaus e. V.) bajo los auspicios de Leonardo Conti, máximo responsable de Salud del Reich.
A la asamblea fundacional se presentaron un representante de la Oficina Principal del NSDAP para la Salud Nacional (Hauptamt für Volksgesundheit der NSDAP) y otro de la Oficina para la Salud del Bienestar del Pueblo Nacionalsocialista (Amt für Gesundheit der NS-Volkswohlfahrt), amén de Viktor Brack en calidad de enviado de la cancillería del Führer. Los reunidos eligieron presidente a Wentzler y delegado a Brack, dos hombres que desde hacía más de dos años ejercían de asesinos en masa, pero cuyos crímenes se consideraban medidas útiles para el futuro próspero de los alemanes.183 Partiendo de esta premisa, aquellos que enviaron a la muerte a miles de niños discapacitados o racialmente indeseados se comprometieron al mismo tiempo por una descendencia aria hereditariamente sana. Entre los favorecidos había más del 90 por 100 de todos los niños y jóvenes del país.
Los fundadores de alto rango de la asociación Hospital Infantil Alemán tenían previsto introducir cambios «fundamentalmente en el ámbito del internamiento de niños enfermos en hospitales infantiles» desde un punto de vista humano-emocional, educativo, médico, económico y arquitectónico. Entre sus objetivos principales estaba el de duplicar, de 3, 9 a 8 por cada diez mil habitantes, el número de camas de hospital para tratamiento pediátrico y poner en marcha el correspondiente proyecto de construcción de 300 clínicas. El programa de la asociación no solo incluía avances cuantitativos, sino, sobre todo, también cualitativos: los «establecimientos mastodónticos», «generalmente confusos» y «sin alma» eran cosa del pasado y los nuevos hospitales proyectados debían disponer de entre 100 a 200 camas, como máximo, «para que se establezca en todo momento un contacto humano entre el jefe médico, los padres y el niño confiado al primero». De acuerdo con los objetivos reformistas, las futuras clínicas debían «unir las ventajas de los hospitales públicos con las de las clínicas privadas» y, por lo tanto, debían gestionarse bajo los «puntos de vista de la economía privada», aunque «respondiendo en todos los sentidos a las demandas del bien común». Pensando en los niños, a los fundadores de la asociación les pareció correcto limitar el monopolio del tratamiento ambulatorio que tenían los médicos con consulta privada y permitir a las clínicas pediátricas desarrollar «una actividad policlínica (...) en amistosa colaboración con los médicos que ejercen por libre»:
«La supervisión psicológica y educativa de los niños se debe tener en cuenta y aplicar conscientemente como factor terapéutico ya durante la construcción de los edificios y la planificación organizativa, y especialmente también durante el tratamiento de los niños. (Color de las salas, unidades de cuidados con 12 a 16 camas cada una, contratación de maestras de jardín de infancia y personal educativo, etc.) (...) Principalmente el jefe de pediatría deberá ser responsable de todos y cada uno de los niños, de manera que la actividad del especialista consultado, reconociendo absolutamente su enorme valor como tal, constituya simplemente una tarea adicional y, mayormente, excepcional. (...) Está prevista la creación de una escuela oficial de niñeras y enfermeras de lactantes destinada a aquellos “Hospitales Infantiles Alemanes” que dispongan de una determinada cantidad de camas y unidades de enfermedades infecciosas. (...) Habrá que prestar una atención especial a la higiene preventiva, o sea, al asesoramiento de madre e hijo, la prevención del raquitismo y enfermedades infecciosas, especialmente tuberculosis, difteria y escarlatina, y una higiene dental juvenil regular.»
La asociación tenía previsto construir un nuevo edificio en la clínica de Wentzler en colaboración con Walter Krüger, un respetado arquitecto, y Carl Nöggerath, el catedrático de Pediatría de la Universidad de Friburgo. La nueva edificación se iba a levantar en el norte de Berlín, «en un terreno con pinos y árboles de fronda distribuidos a modo de parque», y debía servir de modelo para 300 hospitales infantiles más. Los promotores querían aprovechar el parón constructivo causado por la guerra para realizar estudios previos que permitieran ejecutar posteriormente el proyecto «de la mejor manera y sin errores».184 Para financiar la clínica modelo para la descendencia aria hereditariamente sana tenían previsto realizar expropiaciones. Por este motivo gravaron con una enorme hipoteca la propiedad de una orden católica demandada por supuestas hostilidades hacia el Estado.185