Acción T4: camufladamente pública
EL REGISTRO «ECONÓMICAMENTE PLANIFICADO» DE LOS ENFERMOS
La muerte acelerada comenzó en muchos
establecimientos psiquiátricos alemanes en 1938. Utilizando medios
discretos, el personal médico y sanitario causó la muerte prematura
de cada vez más pacientes. Las tasas de mortalidad, que en general
rondaban el 5 por 100, aumentaron ostensiblemente en muchos
lugares, sobre todo en los establecimientos cuyos directores
destacarían después como activistas de la eutanasia. Para muchos
centros psiquiátricos está documentado que la acción asesina
centralizada, iniciada en el verano de 1939, era la continuación de
unas prácticas ya existentes.37 Quizás ello explica también por qué Hitler
redactó en octubre de 1939 el escrito con el que legitimaba los
asesinatos por eutanasia no como orden del Führer, sino como autorización del homicidio en
masa. A base de expresiones imprecisas, el texto rezumaba energía
contenida y ambición planificadora, y estimulaba la fantasía
práctica y una actuación burocrática bien calculada.
Mi padre, que entonces trabajaba de empleado
de las Juventudes Hitlerianas en el Palatinado, pasó en 1938 uno de
los habituales exámenes genéticos en el establecimiento
psiquiátrico de Klingenmünster. Al final de la ronda de inspección,
donde mostraron a mi padre —tal como posteriormente me contó—
también a «enfermos muy aterradores», el director Gottfried
Edenhofer explicó lo siguiente al grupo de visitantes: «Esperamos
que en breve podamos hacer algo para acortar la vida en muchos
casos». En la segunda mitad de la guerra, Edenhofer aumentó la tasa
de mortalidad anual de sus pacientes a una cifra claramente
superior al 20 por 100.38
(A propósito de los controles genéticos, cuando estudié en la
Escuela Alemana de Periodismo de Múnich en el curso 1967-1968,
todavía nos hacían realizar las prácticas en el establecimiento
psiquiátrico de Gabersee, en la Alta Baviera, al estilo de las
enseñanzas propagadas por la higiene genética. El director de la
escuela era entonces Franz-Hugo Mösslang, calificado en numerosas
ocasiones de propagandista nazi y, posteriormente, redactor jefe de
las revistas Quick y Epoca.)
Pocos meses antes del inicio de la invasión
de Polonia el 1 de septiembre de 1939, el gobierno designó una
comisión interministerial formada por peritos y destinada a
preparar los asesinatos por eutanasia. Formaban parte de ella
psiquiatras y pediatras en ejercicio, así como colaboradores de la
cancillería del Führer, el
Sicherheitsdienst (el servicio de inteligencia de las SS) y el
departamento de Salud Pública del Ministerio de Interior. En
aquella época todavía no existía ningún ministerio autónomo con
competencias de Sanidad.39
El programa asesino comenzó oficialmente el
18 de agosto de 1939. Ese día, el Ministerio de Interior del Reich
presentó a los funcionarios de sanidad y a los médicos una
institución hasta entonces desconocida: el Comité del Reich para el
Registro Científico de Enfermedades Genéticas y Constitucionales
Graves (Reichsausschuss zur wissenschaftlichen Erfassung erb— und
anlagebedingter schwerer Leiden). La presentación se hizo mediante
un decreto confidencial publicado, pasado un tiempo y con una
redacción ligeramente maquillada, en el Deutsches Ärzteblatt («Boletín Alemán de Medicina»)
de marzo de 1940.40
Supuestamente, el Comité del Reich tenía la función de recopilar
datos de «recién nacidos contrahechos, etc.» con el objetivo de
analizarlos científicamente para introducir mejoras de prevención y
terapia. Sin embargo, su tarea real consistió desde el principio en
mandar asesinar a niños y niñas que padecían discapacidades
graves.
El departamento de Salud Pública del
Ministerio de Interior del Reich gestionó asimismo los preparativos
para iniciar externamente los asesinatos de enfermos mentales
adultos. Esto se hizo visible el 21 de septiembre. También aquí, el
acceso burocrático fue lo primero que se hizo, pero al principio no
sobre personas individuales, sino sobre «todos los establecimientos
situados en el territorio del Reich en los que se custodia, no solo
provisionalmente, a enfermos mentales, epilépticos y deficientes
mentales». Dos semanas y media después, el 9 de octubre, comenzó el
«registro económicamente planificado» e individual de una parte
considerable de los pacientes con la ayuda de
cuestionarios.41
A través de ellos se preguntaban datos como la duración de la
estancia, diagnósticos, grado de dependencia, capacidad laboral de
los enfermos, religión y eventual internamiento preventivo en caso
de criminales con incapacidad mental. Además, el Ministerio de
Interior solicitaba información sobre la frecuencia con la que los
familiares visitaban a los tutelados. La presencia de enfermedades
hereditarias entre los pacientes no era motivo de interés.
El 9 de octubre también se celebró en la
cancillería del Führer la reunión del
consejo directivo de la acción en ciernes. A ella asistieron Viktor
Brack (nacido en 1904), su adjunto Werner Blankenburg (1905), Hans
Hefelmann (1906) y Reinhold Vorberg (1904) por la cancillería del
Führer, así como Werner Heyde (1902) y
Paul Nitsche (1876), ambos profesores de psiquiatría y neurología y
predestinados a dirigir la futura organización mortífera. Heyde
pertenecía a las SS y había visitado durante años los campos de
concentración, donde había emitido dictámenes para esterilizaciones
forzadas. Nitsche era psiquiatra en la región de Sajonia, director
del establecimiento psiquiátrico de Sonnenstein bei Pirna y
directivo de la Sociedad Alemana de Psiquiatría y Neurología. Al
contrario que el ambicioso Heyde, Nitsche era un hombre de la vieja
escuela cuyo decidido reformismo le hizo ganarse la simpatía de los
pacientes sajones en la década de 1920. Por parte de la Sección IV
del Ministerio de Interior del Reich asistieron a la reunión
Gerhard Bohne (1902) y Herbert Linden (1899). Poco después, el
ministerio nombró a Bohne jefe administrativo de la central
homicida para garantizar el buen funcionamiento de la burocracia
mortífera. Dietrich Allers (1910) le sucedió a partir de 1941 con
más eficacia que su predecesor.
Hasta el final de la guerra, Herbert Linden
reguló perfectamente y sin hacer ruido la colaboración entre la
administración sanitaria estatal y las instancias de la cancillería
del Führer que trabajaban en secreto. Su
ponencia IV3a en el Ministerio de Interior del Reich incluyó los
asuntos «política demográfica (fundamental), biología criminal,
conservación genética y racial, psiquiatría».42
En septiembre de 1941, Linden ascendió en la jerarquía de los
asesinos y se situó en lo sucesivo inmediatamente por debajo de
Blankenburg, de la Cancillería del Reich. La Oficina de Policía
Criminal del Reich envió al alto funcionario Dr. Paul Werner (1900)
a la reunión del 9 de octubre para ayudar a los asistentes a
encontrar técnicas óptimas para matar sin dejar huella.43
La edad de los participantes en esta reunión
da una idea de la juventud de la elite nacionalsocialista. Si
excluimos al más veterano, Paul Nitsche, el promedio de edad de los
responsables organizativos se situaba en los 37 años, y en el caso
de los médicos que trabajaron en los centros de gaseamiento era de
30 años. Por encima del consejo directivo se hallaban Karl Brandt y
Philipp Bouhler, de la cancillería del Führer, a quienes Hitler había atribuido la
responsabilidad del programa de eutanasia, y Max de Crinis,
profesor berlinés de neurología y psiquiatría y hombre de confianza
y amigo de Reinhard Heydrich. De Crinis desempeñaba una función
organizativa, pero participó en todas las decisiones
importantes.
La reunión del 9 de octubre giró en torno a
la pregunta «¿quién y cómo?». El «cómo» ya se sabía. Los
funcionarios del Instituto Técnico de Criminalística habían
aconsejado matar o «desinfectar» a los enfermos —tal como se decía
camufladamente— con gas CO, es decir, monóxido de carbono. Otros
peritos habían definido numéricamente el «quién» de manera precisa.
Los participantes determinaron la cantidad de pacientes que había
que asesinar sirviéndose de un modelo estadístico: «La cifra es el
resultado de un cálculo basado en la relación 1.000:10:5:1. Es
decir, de cada mil personas, diez necesitan asistencia
psiquiátrica, de las cuales cinco en tratamiento hospitalario. Pero
de ellas, solo una se incluye en la acción». Se referían a los
enfermos que requerían una asistencia costosa y no eran aptos para
trabajar. Según el cálculo, ello implicaba lo siguiente: «De cada
mil personas, la acción registra a una. Traducido a la población
total del Gran Reich Alemán, estamos hablando de 65.000-70.000
casos. Con este cálculo quedaría respondida la pregunta relativa al
“quién”».44
Al margen del encuentro del 9 de octubre,
los señores de la plana mayor organizativa discutieron sobre qué
médicos podrían recibir el encargo de los asesinatos en masa y,
posteriormente, es posible que mantuvieran las primeras entrevistas
personales. En cualquier caso, el 18 de octubre de 1939, Herbert
Linden pidió al primer alcalde de Halle, el oficial médico adjunto
Horst Schumann, que estuviera «disponible para un encargo especial
importante».45
Cuatro días después, Schumann se incorporó al servicio en Berlín y
fue nombrado a las pocas semanas director del centro de gaseamiento
de Grafeneck. El 28 de noviembre de 1939 se determinó el cierre del
establecimiento de Sonnenstein-Pirna. Poco después, los
organizadores de la eutanasia edificaron allí una cámara de gas y
un crematorio.46
LA PEQUEÑA OFICINA MORTÍFERA DE LA CALLE TIERGARTEN 4
Como los asesinatos debían realizarse en
secreto, por un lado, y siguiendo unos procedimientos burocráticos
estrictos y bajo criterios parcialmente objetivables, por otro, el
aparato necesario para ello necesitaba una denominación de
camuflaje. Pronto surgieron expresiones «Acción» o «Departamento
Central T4». Esta última se refería a la dirección de la sede,
situada en la calle Tiergarten 4. A menudo, el conjunto de la
actividad homicida se designaba utilizando simplemente esta
dirección. En el directorio de calles de Berlín de 1943 solo consta
para este inmueble el siguiente dato: «P (= propietario): sin
nombre». En lo sucesivo utilizaré la expresión Acción T4 o,
simplemente, T4 para referirme a la autoridad asesina que estuvo
activa hasta 1945, si bien dichas denominaciones se utilizaron muy
excepcionalmente durante el periodo en el que se produjeron los
hechos. El edificio, una casa urbana con jardín de la época de la
expansión industrial de finales del siglo XIX, había sido
expropiado a los judíos en el marco la arización. Más tarde fue
ampliado con algunos barracones de oficinas y, finalmente,
destruido por los bombardeos. Los trabajadores más importantes
residieron allí hasta que, a finales de 1943, tuvieron que mudarse
a otros distritos de la ciudad.
La pequeña pero industriosa oficina escondía
un conglomerado de departamentos con membretes muy imaginativos
—cambiaban en función del destinatario— que se utilizaban en la
correspondencia mantenida con pagadores, administraciones de
cementerios, familiares y centros psiquiátricos. De puertas afuera,
la Acción T4 firmaba como «Grupo de Trabajo del Reich para
Establecimientos de Curación y Cuidados» (Reichsarbeitsgemeinschaft
Heil— und Pflegeanstalten, RAG, Berlín W 9, apartado de correos
262). Los jefes de la Acción T4, primero Werner Heyde y después su
sustituto Paul Nitsche, utilizaban el encabezamiento «Director del
Grupo de Trabajo del Reich para Establecimientos de Curación y
Cuidados». A su lado estaba la Institución de Utilidad Pública para
el Cuidado en Establecimientos (Gemeinnützige Stiftung für
Anstaltspflege), que era la persona jurídica del crimen, la entidad
necesaria para firmar los contratos laborales de entre 300 y 400
empleados y los contratos de compraventa y alquiler. Su dirección
era: Berlín W 35, Tiergartenstrasse 4. De los traslados de
pacientes a los establecimientos mortíferos se encargaba la
Sociedad Limitada de Utilidad Pública para el Transporte de
Enfermos (Gemeinnützige Kranken-Transport-GmbH), llamada Gekrat,
con sede en la dirección Berlín W 9, Potsdamer Platz 1. De puertas
afuera, las instalaciones de gaseamiento se denominaban «División
de la Sociedad Limitada de Utilidad Pública para el Transporte de
Enfermos».47
Las cámaras de gas eran las estaciones término de los transportes.
Por último, en 1941 se creó la Oficina de Compensación Central para
Establecimientos de Curación y Cuidados (Zentralverrechnungsstelle
Heil— und Pflegeanstalten, ZVSt). Bajo este membrete se gestionaban
todos los problemas económicos y financieros relacionados con la
muerte de personas sometidas a cuidados en establecimientos y que
determinarían —cada vez con mayor frecuencia— los criterios de los
homicidios desde una perspectiva de costes.
Hasta el otoño de 1941, la Acción T4
dependió directamente de la cancillería del Führer, pero, a partir de septiembre de 1941, una
institución recién creada, el Comisario del Reich para los
Establecimientos de Curación y Cuidados (Reichsbeauftragter für die
Heilund Pflegeanstalten), comenzó a ejercer una influencia
evidente. Tras esta denominación se ocultaba la Sección IV del
departamento de Salud del Ministerio de Interior del Reich,
responsable de la salud pública y el bienestar de la nación. Hasta
septiembre de 1941, esta sección dirigida por Herbert Linden había
prestado ayuda organizativa sobre todo en el registro de los
establecimientos psiquiátricos y sus tutelados, pero, después, las
relaciones jerárquicas se invertirían progresivamente. A partir del
otoño de 1941, el Departamento Central T4 dejó de actuar de manera
extrainstitucional y se fue integrando paulatinamente al aparato
estatal. A final, el organismo semiclandestino de la calle
Tiergarten 4 tuvo que ser rebautizado como Oficina del Reich para
Establecimientos de Curación y Cuidados (Reichsamt für die Heil—
und Pflegeanstalten).48
Cuando, el 24 de agosto de 1941, Hitler
interrumpió los asesinatos de enfermos mentales alemanes de forma
repentina e inesperada para los organizadores de la Acción T4, el
objetivo originalmente fijado de matar a 70.000 personas se había
superado en 273. Con esta cifra argumentó Viktor Brack los motivos
por los que había pedido la concesión de la cruz del mérito militar
a Werner Blankenburg, su sucesor. Según esta petición, Blankenburg
se había «dedicado a la ejecución de una misión (Asunto Secreto del
Reich) ordenada por el Führer» y había
cumplido su tarea en los plazos previstos: «Solo gracias a su
decisiva colaboración ha sido posible llevar a cabo la misión
especial estratégica de tan amplia envergadura al ritmo mandado y,
de esta manera, obtener los correspondientes resultados
militarmente importantes».49
Los seis establecimientos mortíferos equipados con cámaras de gas y
crematorios fueron:
Localidad | Período de los asesinatos | Cifra de asesinados |
Grafeneck (Reutlingen)
|
enero a diciembre de 1940
|
9.839 |
Ciudad de Brandeburgo
|
febrero a septiembre de 1940
|
9.772 |
Bernburg (Saale)
|
octubre de 1940 a agosto de 1941
|
8.601 |
Hadamar (Hesee)
|
enero a agosto de 1941
|
10.072 |
Hartheim (Linz)
|
mayo de 1940 a agosto de 1941
|
18.269 |
Sonnenctein (Pirna)
|
junio de 1940 a agosto de 1941
|
13.720 |
Total
|
70.273 |
Los centros de gaseamiento de Bernburg y
Hartheim siguieron funcionando después del 1 de septiembre de 1941,
ya que los responsables de la Acción T4 y la administración de los
campos de concentración también mandaron asesinar allí, aunque en
cantidades comparativamente menores, a reclusos, criminales o los
llamados psicópatas, destinados a morir por no ser aptos para
trabajar u otros motivos. Entre el 1 de septiembre de 1941 y
diciembre de 1944, en la cámara de gas de Hartheim murieron otras
12.000 personas, principalmente reclusos del cercano campo de
concentración de Mauthausen.50 En Hadamar también se volvió a asesinar
entre 1942 y 1945. En esta segunda fase murieron allí más de 4.500
personas de inanición y por dosis mortales de determinados
medicamentos tóxicos. En la segunda mitad de 1941 fueron asesinados
en Pirna-Sonnenstein varios centenares de reclusos de campos de
concentración. Posteriormente se desmanteló la cámara de gas y el
crematorio, y los edificios se destinaron a otros usos. En el caso
de Bernburg, el administrador anotó lo siguiente el 15 de enero de
1943: «Desde el 24-8-1941 está paralizada la actividad de la
Institución de Utilidad Pública para el Cuidado en Establecimientos
y, por consiguiente, también el funcionamiento de todos los
establecimientos (de gaseamiento). Desde esta fecha se han
efectuado desinfecciones solo en cantidades muy reducidas. En lo
sucesivo, este también será el caso a una escala muy
limitada».51
Las instalaciones mortíferas de Bernburg fueron desmanteladas en
1943.
UN BUEN DÍA LLEGA UN PAQUETE CON UNA URNA
Un acta que, por su valor histórico,
reproduzco aquí íntegramente demuestra hasta qué punto los
organizadores de la Acción T4 velaban por el cumplimiento de sus
objetivos entre un círculo de cargos oficiales más amplio. El
Consejo de Municipios Alemanes (Deutsche Gemeindetag) con sede en
Berlín convocó una reunión para el 3 de abril de 1940 a la que
invitó a todos los primeros alcaldes y altos funcionarios
municipales alemanes. La invitación fue anunciada por el director
de la Sección III (política social de establecimientos
psiquiátricos) del Consejo de Municipios. Se llamaba Georg Schlüter
y ya había ocupado dicho cargo en la República de Weimar.
En la carta de invitación, Schlüter informó
de que la reunión se celebraría «a instancia de un alto
departamento» y que «el objeto de la misma se anunciará durante la
sesión». El 3 de abril se presentaron cerca de 200 primeros
alcaldes y representantes de las confederaciones municipales. Uno
de ellos, el primer alcalde de Plauen, Eugen Wörner, mecanografió
un acta. Todo indica que, por motivos de confidencialidad, lo hizo
a solas y, aparentemente, al no tener experiencia previa con el
manejo de una máquina de escribir, utilizando solamente un dedo de
cada mano. El documento original está plagado de faltas de
ortografía. He añadido algunas palabras entre paréntesis y
corregido solo algunos errores que podrían impedir una lectura
fluida..52
«Acta de la reunión del Consejo de
Municipios Alemanes del 3 abr. 1940. ¡Incluir en los expedientes
secretos de la administración central! Comun(I)car solo al
inspector jefe Hopfe.
»El 3 de abril de 1940 se celebró una
reunión secreta en el Consejo de Municipios Alemanes en Berlín. En
ella, bajo la presidencia del Reichsleiter Fiehler,53
tomó la palabra Brack, un viejo camarada del partido, y habló de
los enfermos alojados en los establecimientos de cuidados de las
distintas ciudades. Explicó lo siguiente: que en los muchos
establecimientos de cuidados del Reich se encuentran alojados
infinidad de enfermos incurables de todo tipo que no sirven
humanamente para nada, antes bien suponen tan solo una carga,
causan costes de alimentación inme(n)sos y, a la vez, no existe
ninguna probabilidad de que estas personas puedan volver a estar
sanas o ser miembros útiles de la sociedad humana. vegetan como
animales, son personas asociales que no merecen vivir, pero al
mismo tiempo tienen los órganos internos absolutamente sanos y
todavía pueden vivir décadas. Que se limitan a quitar alimento a
las otras personas sanas y necesitan 2 o 3 veces más cuidados. Que
hay que proteger de estas personas al resto de la población. Que
hoy hay que tomar tantas más precauciones para mantener a las
personas sanas, cuanto más preciso es que se elimine primero a
estos seres para el mejor restablecimiento de los enfermos curables
ingresados en los establecimientos de curación y cuidados. Que es
necesario hacer sitio para todas las contingencias estratégicamente
importantes de la guerra: hospitales militares, civiles y
auxiliares.
»Que, por consiguiente, hay que apiñar a los
enfermo(s) graves tomados en consideración, es decir, incurables,
en sanatorios especiales muy primitivos, y en estas residencias
especialmente creadas no habría que hacer nada para mantener a
estos enfermo(s) graves, sino que, al contrario, debería hacerse lo
posible para que mueran fulminantemente. Que para ejecutar esta
acción se ha nombrado a una comisión de médicos que, en
consecuencia, hará una criba de todos los establecimientos tomados
en consideración y decidirá qué enfermo(s) irán a dichos centros.
Que por encima de esta comisión hay otra comisión superior que
tomará una decisión definitiva en casos especiales.
»Que todo este problema es muy grave y hay
que actuar con cuidado, ya que la opinión pública no debe saber
nada al respecto; que sobre todo es difícil por culpa de la
Iglesia, porque no quiere saber nada de la incineración de muertos,
y tampoco sería de desear actualmente un enfrentamiento con el
Papa, e igualmente es peligroso debido a los americanos, quienes
por un motivo tal podrían entrar en guerra contra nosotros. Que el
problema se puede esconder a la población, eso no es tan grave.
Mucho más difícil es la cuestión en los propios establecimientos.
Que lo mejor es que, por motivos tácticos, se aloje a los tomados
en consideración en un barracón en malas condiciones, donde puedan
contraer una pulmonía, o sea, que no la contraigan artificialmente,
sino más bien que se acelere su muerte. Los así fallecidos deberán
ser incinerados por motivos epidemiológicos, pero no en los
crematorios de las ciudades, sino en hornos de cremación propios de
los establecimientos. Que a este respecto habrá que tener en cuenta
el enfrentamiento con la Iglesia, sobre todo la católica, y evitar
cualquier tensión. Que tampoco hay que olvidar que la mayoría de
familiares todavía está hoy en contra de la incineración.
»Que, en la práctica, la acción deberá
ocurrir aproximadamente como sigue: que la comisión haga una criba
de los enfermos tomados en consideración y los evacue a otro
establecimiento para que la cremación de los cadáveres ocurra en
estos establecimientos. Que ante los familiares de los enfermos
afectados se proceda preferiblemente de manera que el centro
comunique el óbito a los familiares comentándoles que, por motivos
técnicos, (la incineración del) afect. ya se ha efectuado, que la
urna con los restos mortales está a disposición de la familia y que
se remitirá gratuitamente, pero solo si en el lugar de origen o sus
alrededores no existe ninguna posibilidad de alojar urnas, en ese
caso la urna se remitirá gratuitamente a la oficina funeraria más
próxima para su alojamiento provisional, donde la urna esté
disponible en todo momento, hasta que los familiares quieran tener
la urna.
»Cuando estas urnas se remitan a la oficina
del cementerio, esta no deberá levantar acta alguna. ni tampoco
relación de costes alguna sobre posibles gastos derivados, de
manera que no se deje huella alguna de la acción. El sepelio de
tales urnas deberá efectuarse de la forma más sencilla y sin ningún
tipo de ceremonia, de forma muy primitiva y neutra. Todas estas
urnas deberán conservarse en un lugar, de manera que se pueda saber
su destino en cualquier momento, porque en cada urna consta el
nombre del afect., día de nacimiento y defunción y lugar de origen,
de manera que cuando los familiares quieran tener la urna, se pueda
comprobar inmediatamente. En lo posible, los familiares no podrán
ser conducidos al lugar de la urna, sino que la urna deberá ser
recogida por el administrador del cementerio.
»En la práctica, el procedimiento en la
administración del cementerio será el siguiente: un buen día llega
a la oficina del cementerio un paquete acompañado de una carta en
la que pone algo así como: Adjunta le enviamos la urna del
fallecido tal, nombre, fecha de nacimiento, fecha de defunción,
nombre del municipio de origen. Le rogamos que se encargue del
sepelio de la urna adjunta. La administración del cementerio lleva
esta urna a un lugar previamente determinado, donde se alojarán
todas las urnas enviadas en el futuro por este mismo procedimiento,
y allí permanecerán las mismas. Así queda resuelta toda la
ceremonia. Para el municipio solo supondrá un gasto mínimo, ya que
los costes de incineración corren a cargo del Reich. por lo demás,
la Acción exonera a los municipios de toda carga relacionada con la
conservación y el mantenimiento. Las preguntas deberán dirigirse al
Sr. Dr. Schlüter, delegado del Consejo de Municipios en
Berlín.»54
Después de pasar arduamente a papel toda
esta información, el primer alcalde Wörner mandó llamar al
inspector jefe de cementerios Wilhelm Hopfe y le dio «instrucciones
de alto secreto referidas a urnas que podrían llegar en
breve».55
A diferencia del primer alcalde de Plauen,
el alcalde regente de Hamburgo, Krogmann, no levantó ninguna acta
sobre la reunión de Berlín, sino que se limitó a escribir un
lacónico apunte en su diario: «3 de abril de 1940, tarde, reunión
sobre establecimientos de curación y cuidados en el Consejo de
Municipios».56
En cambio, el senador Erich Vagts, representante en Berlín de las
ciudades de Oldenburg y Bremen, se explayó un poco más y envió una
nota manuscrita al alcalde regente de Bremen. En sus
consideraciones se quedó claramente más corto que el primer alcalde
de Plauen, pero aportó otros datos acerca del secretismo del
proyecto. Según esta nota, en abril de 1940 —es decir, al comienzo
de la Acción T4—, Brack dio por sentado que los traslados podrían
«causar cierta inquietud entre la población» y propuso por ello a
los presentes de forma expresa «tranquilizar a la población».
Además, dijo: «Si los jefes de departamento o funcionarios de la
administración de cementerios demostraran una actitud de rechazo
ante la cuestión, esta deberá evitarse a toda costa. La
incineración (de los muertos) se pagará; hay que evitar que vayan
rondando por ahí facturas innecesarias». Finalmente, el Reichsleiter Fiehler «exhortó» a los representantes
de los municipios y asociaciones municipales, en lo sucesivo ya
familiarizados con el homicidio, a «mantener el máximo
secreto».57
Un año más tarde, el 23 de abril de 1941,
Brack se mostró mucho más confiado. En esta ocasión, acompañado de
Werner Heyde, director médico de la Acción T4, informó del estado
de la matanza a los presidentes de las audiencias regionales y
fiscales generales convocados en Berlín. Los ponentes ya no se
extendieron más sobre el envío de urnas ni las exhortaciones al
mantenimiento del secreto. También renunciaron a hacer creer nada
sobre «sanatorios muy primitivos» a los máximos representantes de
la justicia. Más bien hablaron sin rodeos del procedimiento real.
Sobre ello dan cuenta las notas que tomó el presidente de la
Audiencia Provincial de Colonia, Alexander Bergmann, durante las
intervenciones.
Según estos apuntes, Brack dijo: «Hay que
camuflar con nombres no comprometedores —los mejores psiquiatras—
aquellos establecimientos de curación y cuidados provistos de
instalaciones especiales para la ejecución de medidas humanas.
Encontrar a hombres con valentía para actuar y nervios para
aguantar. Envío de pliegos de inscripción del Ministerio de
Interior del Reich al establecimiento de curación y cuidados con
parte médico. Devolución al ministro de Interior. Fotocopia por
parte del organismo del Reich (= Acción T4). Entrega a varios
(tres) expertos independientes entre sí. Tras devolución (de los
pliegos de inscripción), nueva fotocopia de los tres dictámenes;
entrega al experto jefe. Si también es para liquidación, traslado
del paciente a otro establecimiento de cuidados; allí, examen del
paciente según conocimientos personales. Tras observación, traslado
a centro de liquidación. También allí, el médico ejecutor de la
medida puede ejercer su derecho de veto. Amplio aparato
administrativo. Enfrentamiento con los familiares. Resolución de
bienes. La comunicación a los familiares fue al principio una
elección desafortunada». Inmediatamente después habló Heyde, quien
concluyó con el siguiente comentario: «El paciente fallece de causa
mortal inventada; motivo: orden del Führer de mantenimiento del secreto. Certificado de
defunción. La fecha y causa de la muerte son falsas, pero en
paralelo se lleva un registro real».58
UN MÉDICO AFABLE, REFORMISTA Y ASESINO EN MASA
De las actas anteriormente citadas se
podría desprender que los médicos que participaron en los
asesinatos por eutanasia eran la oveja negra depravada y sin
escrúpulos de la profesión. Quizás fuera así en algún caso, pero
ciertamente no en todos. El profesor Paul Nitsche, decano de los
asesinatos por eutanasia, formaba parte desde hacía tiempo del
grupo de psiquiatras alemanes reformistas especialmente
comprometidos con su oficio. En 1903, el reputado neurólogo de
Frankfurt Emil Sioli dio fe del compromiso de Nitsche cuando este
todavía era un ayudante de 27 años: «Gracias a su destreza en el
trato con los enfermos y a su gran amabilidad personal, se ha
ganado el cariño de los enfermos y el respeto del personal y del
resto de trabajadores».59
De Frankfurt, Nitsche pasó a trabajar para
Karl Bonhoeffer en la clínica psiquiátrica de la universidad de
Heidelberg. Cuando Bonhoeffer fue destinado a Breslavia, afirmó que
se habría «llevado gustoso» a Nitsche a su nuevo destino, pero el
famoso neurólogo Emil Kraepelin se le había adelantado y había
atraído al joven colega hacia Múnich. En su informe de fin de
estudios de Heidelberg, Franz Nissel, sucesor de Bonhoeffer,
escribió lo siguiente sobre Nitsche: «Valoro la labor, excelente en
todos los sentidos, desempeñada por él como jefe médico de unidad,
y tanto más valor tiene cuanto que ha despachado todos los asuntos
de una unidad altamente congestionada, en la cual no se han
permitido los aislamientos ni el uso de medios coercitivos
mecánicos. Al mismo tiempo, el Dr. Nitsche se ha abstenido de
esquematizar el tratamiento de los enfermos y se ha tomado la
molestia de atenderlos individualmente. Se ha mantenido
extraordinariamente fiel a sus obligaciones en el tratamiento de
los enfermos y ha aplicado todos los esfuerzos imaginables con
pacientes especialmente alterados y difíciles de tratar. De hecho,
ha sido una persona extraordinariamente querida entre los
enfermos». Cuando trabajó con Kraepelin en Múnich, Nitsche también
se ganó «el amor y el agradecimiento de los enfermos a él
confiados».60
De vuelta a Sajonia, Nitsche fue nombrado
jefe médico del establecimiento municipal de curación y cuidados de
Dresde. En 1913, en la representativa obra de dos volúmenes
Die deutschen Heil— und Pflegeanstalten in
Wort und Bild («Los establecimientos de curación y cuidados
alemanes en palabras e imágenes»), Nitsche dijo de su centro que se
podría «calificar de hito en la historia de la gestión hospitalaria
alemana». La unidad de cuidados de enfermos mentales de Dresde fue
separada del resto de servicios en 1908 y fue precisamente Nitsche
quien la dirigió desde el principio. Pero, según su informe, ya
algunos años antes, concretamente en 1903, se había alojado a una
gran cantidad de enfermos crónicos «en otra parte», al parecer en
un asilo más rentable, «para descongestionar el centro». En esa
época, los tutelados con enfermedades crónicas y aptos para
trabajar fueron trasladados de la unidad II de Nitsche a la unidad
III, donde trabajaron tanto como pudieron transportando carbón,
encuadernando, trenzando mimbre, encolando cucuruchos de papel,
deshilachando cabos o devanando cuerdas.61
Después de pasar por una unidad intermedia
en el establecimiento de Pirna-Sonnenstein, Nitsche ascendió al
cargo de director. Desde el 1 de abril de 1918 dirigió el gran
establecimiento de curación y cuidados de Leipzig-Dösen y en 1927
fue nombrado psiquiatra asesor para establecimientos mentales del
gobierno —socialdemócrata— de Sajonia. Dos años después publicó el
capítulo central del Handbuch der
Geisteskrankheiten («Manual de enfermedades mentales») de
Oswald Bumke, titulado «Terapia general y profilaxis», en el que
defendía una psiquiatría eficaz y no violenta. En su opinión, la
medicina debía aspirar a «encontrar una terapia causal para cada
enfermedad», pero se lamentaba de que los neurólogos que aplicaban
tratamientos «principalmente sintomáticos» estaban muy lejos de
lograr dicho objetivo. El autor tomó como modelo los planteamientos
del hasta hoy respetado psiquiatra reformista de Gütersloh Hermann
Simon.
Seguidamente abordó en su escrito la
cuestión de cómo desterrar del funcionamiento de todo
establecimiento psiquiátrico la extendida creencia de que «los
cuidadores están en contra de los enfermos»: «Hay que advertir
explícitamente a cuidadores y cuidadoras del peligro que entraña
una actitud errónea; hay que llamar la atención sobre el hecho de
que una manera de proceder torpe y grosera puede embrutecer el
cuidado del demente». Según Nitsche, el enfermo «debe percibir en
todo momento propósitos amables y bienintencionados» que permitan
crear una atmósfera general sugestiva en la cual, en vez de
intentar curar los síntomas, se pueda desarrollar una terapia
activa y eficaz. Por consiguiente, según el autor, los médicos y
personal sanitario deben esforzarse por «tener en cuenta de forma
terapéuticamente activa a todos los pacientes de cada unidad»,
porque cada individuo no influenciado terapéuticamente contamina la
atmósfera y, por consiguiente, hace imposible la «sugestión en
masa». Nitsche predicó con entusiasmo entre sus colegas el respeto
al paciente y la consiguiente renuncia a los métodos violentos
tradicionales, a la sazón habituales: «Mantener alejado cualquier
tipo de medio coercitivo del aparato terapéutico habitual
constituye, justamente, la reivindicación básica del tratamiento
moderno de los dementes. La limitación mecánica, tan a la orden del
día antes de la introducción de la terapia “no restraint”, es
inhumana, indigna, afecta al espíritu del personal médico y de
enfermería e inflige un daño corporal y físico a los
enfermos».
El movimiento no
restraint surgió en el siglo XIX en el Reino Unido. Sus
precursores intentaron desterrar el carácter carcelario de los
manicomios y eliminar del repertorio médico los medios violentos y
coercitivos. Nitsche fue uno de los más acérrimos defensores de
estas ideas en el territorio alemán. Hasta el final de sus días
rechazó categóricamente el uso de cadenas, camisas de fuerza,
castigos corporales y aislamientos, así como la entonces tan
extendida costumbre de envolver al enfermo con paños húmedos como
medida disciplinaria, «un medio coercitivo que limita absolutamente
al enfermo» y que debía ser «desaprobado a toda costa». Este futuro
asesino en masa se opuso insistentemente a la narcosis prolongada,
entonces considerada una terapia moderna, porque provocaba
demasiadas muertes.
Nitsche también reivindicó una psiquiatría
social abierta porque consideraba que «el cuidado en
establecimientos de ningún modo es el método definitivo para tratar
a enfermos mentales». En su lugar, defendió los servicios de
psiquiatría social de cercanía, entonces denominados centros de
asistencia abierta, como paso previo al establecimiento
psiquiátrico. En 1925, Nitsche pudo amparar su reivindicación en la
ley sajona de bienestar: «En muchos casos, el médico asistencial
puede intervenir mediante la orientación y la ayuda sin que el
paciente sea sometido a tratamiento hospitalario, es decir, sin
tener que arrancarlo de su actividad laboral. Esto tiene una
relevancia extraordinaria en muchos aspectos, no solo
psicoterapéuticamente, sino también económicamente para los
pacientes y sus familias».62
El psiquiatra Valentin Faltlhauser destacó
igualmente como precursor teórico y práctico de la asistencia
abierta. También él se convirtió después en un asesino sin
escrúpulos. En la década de 1920 consiguió que, en la región de
Erlangen-Núremberg, los pacientes dados de alta y transferidos a la
asistencia abierta o a una familia de acogida recibieran un
subsidio equivalente a entre dos y tres quintas partes de los
costes hospitalarios diarios. Faltlhauser lo justificó con
argumentos materiales y sociales: por un lado, las asociaciones
asistenciales y los distintos pagadores se ahorraban unos gastos
considerables; por otro, «se facilita al enfermo, incluso en
condiciones externas difíciles, su adaptación y asentamiento en el
mundo exterior».63
Para completar el sistema de asistencia psiquiátrica abierta,
Nitsche y Faltlhauser incorporaron las organizaciones laicas, es
decir «las asociaciones de beneficencia para dementes existentes
desde hace décadas en muchos países». Estas organizaciones
atendían, en palabras de Nitsche, a los «enfermos mentales que
viven en libertad» y a las familias de los tutelados en los
establecimientos «prestando ayuda económica, ofreciendo trabajo,
orientando, consolando y, además, explicando a la población la
problemática de la locura».64
La distinción clara entre enfermos mentales
tratables y no tratables y la mejor integración social posible para
los pacientes tratados con éxito también formó parte de los
intereses de Hermann Simon, un psiquiatra por el que Nitsche guardó
un profundo respeto y considerado el precursor de la terapia
laboral moderna. En el libro Aktivere
Krankenbehandlung in der Irrenanstalt («Un tratamiento más
activo para enfermos en el manicomio»), publicado en 1929, Simon
resumió un planteamiento que fue considerado modélico por el sector
más receptivo de la profesión y que atrajo hacia el establecimiento
de Gütersloh a numerosos oyentes que querían conocer in situ los
principios de ese «tratamiento más activo de enfermos», entre ellos
Paul Nitsche en el otoño de 1925.65 Los expertos de una comisión de la T4 que
en 1942 acudieron a Gütersloh para evaluar las instalaciones
quedaron impresionados por el activismo terapéutico que todavía se
respiraba en el establecimiento. El experto Dr. Herbert Becker lo
elogió con estas palabras: «Gracias a la terapia laboral practicada
de un modo quizás demasiado militar, reina una calma agradable y
llamativa, en comparación con el resto de establecimientos, incluso
en las bulliciosas unidades de admisión. Se pueden observar flores,
jarrones y manteles en perfecto estado, incluso en presencia de los
enfermos más alborotados. Los internos han desbrozado el jardín y
lo están reforestando. La escasa intranquilidad demostrada por los
pacientes, fruto de la terapia de trabajo, hace que se necesite
poco personal. (...) En resumen, es un establecimiento que merece
la pena estudiar en profundidad e impulsar. Propuesta de uso:
establecimiento de curación».66
Los colegas médicos y homicidas de la Acción T4 demostraron respeto
por Hermann Simon y su obra porque defendía un procedimiento
terapéutico moderno y profundamente transgresor. De Nitsche,
admirador de Simon, hay una frase documentada que pronunció durante
el período de los asesinatos: «Será maravilloso cuando nos hayamos
deshecho del lastre en los establecimientos y podamos aplicar la
terapia correcta».67
Tan importante como los progresos
terapéuticos y la integración social de los enfermos curados y
estabilizados era, para los reformistas de la década de 1920, la
profilaxis. Nitsche y Simon la veían alcanzable a través de
esterilizaciones en masa. Ambos sabían que la genealogía exacta y
el peso de los factores hereditarios todavía eran desconocidos para
la declaración de una enfermedad psíquica, pero aconsejaron las
esterilizaciones masivas «por motivos de probabilidad» y por los
efectos beneficiosos que tendrían en futuras generaciones.68
La voluntad reformadora, la búsqueda de
métodos terapéuticos curativos y un deseo latente de apartar a
enfermos especialmente graves e incurables caracterizaron desde el
principio a muchos de aquellos médicos que, más tarde, de forma
activa o pasiva, participarían en los asesinatos por eutanasia. La
utopía biopolítica de una sociedad formada por individuos más
eficientes, vitalistas y sanos los predisponía para el proyecto del
futuro nacionalsocialista. En 1934, Nitsche tramitó la fundación de
la Sociedad de Neurólogos y Psiquiatras Alemanes, se convirtió en
su presidente y redactó unos estatutos que el Ministerio de
Interior del Reich autorizó «sin enmienda alguna». Sobre el objeto
de la organización, Nitsche escribió: «La Sociedad trabaja con el
fin de promocionar, desde el punto de vista científico y práctico,
la neurología y la psiquiatría en el estado nacionalsocialista y,
de esta manera, contribuir a la conservación de la salud y la
selección de la raza de la nación alemana».69
El 25 de marzo de 1948, Nitsche fue guillotinado en Dresde a la
edad de 71 años por su participación destacada en los asesinatos
por eutanasia, pero durante toda su trayectoria fue considerado un
reformista y, también, un médico muy apreciado por pacientes y
compañeros de profesión.
LAS MOTIVACIONES MATERIALISTAS DE LOS ASESINOS
Ya en sus conversaciones preliminares, los
ideólogos y organizadores de los asesinatos de enfermos situaron
los beneficios económicos y fiscales en el núcleo de su proyecto.
En la memoria elaborada para Hitler en el verano de 1939, Theo
Morell citó exclusivamente motivos utilitaristas y ninguna
justificación relacionada con la higiene genética. Y si en alguna
ocasión se adujeron argumentos eugenésicos, sirvieron únicamente de
mascarada para tranquilizar las conciencias de los que no querían
matar por puro materialismo, sino que aspiraban al fin más elevado
de mejorar la salud de la raza nacional.
En los pliegos de inscripción de enfermos
enviados poco después había preguntas acerca de la duración de la
estancia y la capacidad laboral de los pacientes. Con esta
información se calculaban los costes originados por el enfermo
inscrito en el registro. Los médicos debían indicar los pacientes
«que previsiblemente nunca serán dados de alta y que, además, no
trabajen lo suficiente como para poder pagar su
manutención».70 La información sobre eventuales
enfermedades hereditarias no interesaba a los organizadores de la
Acción T4. Los temas de higiene genética quedaron relegados al
campo de investigación de científicos que, por motivos prácticos,
solo combinaron sus investigaciones con el asesinato en algunos
centenares de casos.
En opinión de los políticos
nacionalsocialistas, la Acción T4 eximía a la comunidad solidaria
de la nación alemana de tener que correr con gastos innecesarios. O
como escribió Goebbels: «Es intolerable que, en plena guerra,
tengamos que cargar con el peso de cientos de miles de personas
completamente inadecuadas para la vida práctica, que están
totalmente entontecidas y nunca podrán sanar, y que lastran el
presupuesto social del país de tal manera que apenas quedan medios
ni posibilidades para desarrollar una actividad social
constructiva».71
De los pacientes asesinados hasta el 24 de agosto de 1941, solo el
10, 8 por 100 fueron clasificados como laboralmente
«productivos».72 En este sentido, parecía lógico llevar una
contabilidad exacta de los resultados del homicidio en masa y
calcular el ahorro económico correspondiente. El estadístico Edmund
Brandt, que después de la guerra trabajó en el Ministerio de
Interior de la República Federal de Alemania, redactó en 1942 un
informe sobre la primera fase de los asesinatos bajo el epígrafe
«¿Cuál es el grado de rendimiento y desinfección registrado hasta
hoy en los distintos establecimientos?». Con «establecimientos» se
refería Brandt a los seis centros mortíferos de Grafeneck,
Brandeburgo, Bernburg, Hadamar, Hartheim y Pirna, mientras que
«desinfección» era sinónimo de homicidio por gaseamiento. Según los
cálculos de Brandt, el total de enfermos asesinados entre enero de
1940 y agosto de 1941 fue de 70.273. Esta parte de la estadística,
reproducida en la página 49 del presente libro, está extraída del
informe de rendimiento elaborado por Brandt.
Los homicidas se defenderían después con el
argumento de que habían concedido la muerte de gracia a enfermos
terminales que habrían muerto en breve, pero el estadístico Brandt
calculó en 1942, cuando trabajaba para el Ministerio de Agricultura
del Reich, una previsión de ahorro en comida, techo, abrigos y
camisas a diez años vista, hasta 1951. Partiendo del gasto diario
requerido para un ingresado en un establecimiento psiquiátrico, de
dicho cálculo se desprendía que, mediante el asesinato de enfermos
no aptos para trabajar —Brandt denominó este concepto
«rendimiento»— se podrían ahorrar más de 880 millones de marcos del
Reich en costes falsos hasta 1951.73
(En el año 2010 habría supuesto un ahorro de unos 10.000 millones
de euros.)
A medida que se prolongaba la guerra, los
asesinos fueron ampliando los grupos de víctimas potenciales
teniendo en cuenta aspectos exclusivamente materiales. Así, en los
campos de concentración apartaron a los llamados «psicópatas» para
llevarlos a las cámaras de gas, empezaron a asesinar
sistemáticamente a alemanes tuberculosos y, después, a trabajadores
forzados enfermos. También pusieron los ojos en los hombres y
mujeres sin recursos de las casas de trabajo, adolescentes con
dificultades para aprender y ancianos dementes o, incluso, solo
transitoriamente perturbados. Una vez en marcha, los asesinos
fueron ampliando su radio de acción año tras año. Casi siempre, lo
primero que se preguntaban era: ¿Es apto o no apto para trabajar?
¿Es aprovechable o prescindible?
En los expedientes personales de Paul
Nitsche hay un intercambio de correspondencia que refleja de forma
extravagante la inspiración materialista de los asesinatos de
enfermos. Nitsche ostentaba el cargo de alto consejero de Sanidad y
funcionario del estado de Sajonia. El 1 de mayo de 1940 fue
oficialmente «eximido de sus funciones, hasta nuevo aviso y
conservando la nómina», «para prestar sus servicios al Grupo de
Trabajo del Reich». Así lo habían acordado Viktor Brack, de la
cancillería del Führer, y el Gauleiter de Sajonia. No obstante, los altos
funcionarios del Ministerio de Interior sajón en Dresde no
comprendían por qué un encargo del Reich debía remunerarse desde
sus arcas. A resultas de ello, mantuvieron durante dos años una
enconada disputa acerca de quién debía costear a Nitsche.
Finalmente, la cancillería del Führer cedió y asumió el pago del salario a partir
del 1 de abril de 1942. Sin embargo, la administración sajona no
quedó satisfecha y llegó a exigir al Reich que le reembolsara
retroactivamente el sueldo del funcionario arrebatado, en concreto,
a partir del 1 de octubre de 1939, fecha en la que Nitsche había
recibido el mandato del gobierno sajón. Blankenburg, el adjunto de
Brack, respondió que, «lamentablemente», por motivos
presupuestarios no podía aceptar tal pretensión y alegó otra
justificación hasta cierto punto objetiva: «Sin embargo, supongo
que el conjunto de la acción (T4) ha sido tan provechosa para el
estado de Sajonia que este se puede permitir renunciar al reembolso
del sueldo de Nitsche desde 1939 hasta hoy. Muchas gracias de
antemano por su amable colaboración».74
La relación coste-beneficio fue, desde el
principio, la base de los asesinatos de enfermos en Alemania.