Acción T4: camufladamente pública

 

 

EL REGISTRO «ECONÓMICAMENTE PLANIFICADO» DE LOS ENFERMOS

 

La muerte acelerada comenzó en muchos establecimientos psiquiátricos alemanes en 1938. Utilizando medios discretos, el personal médico y sanitario causó la muerte prematura de cada vez más pacientes. Las tasas de mortalidad, que en general rondaban el 5 por 100, aumentaron ostensiblemente en muchos lugares, sobre todo en los establecimientos cuyos directores destacarían después como activistas de la eutanasia. Para muchos centros psiquiátricos está documentado que la acción asesina centralizada, iniciada en el verano de 1939, era la continuación de unas prácticas ya existentes.37 Quizás ello explica también por qué Hitler redactó en octubre de 1939 el escrito con el que legitimaba los asesinatos por eutanasia no como orden del Führer, sino como autorización del homicidio en masa. A base de expresiones imprecisas, el texto rezumaba energía contenida y ambición planificadora, y estimulaba la fantasía práctica y una actuación burocrática bien calculada.
Mi padre, que entonces trabajaba de empleado de las Juventudes Hitlerianas en el Palatinado, pasó en 1938 uno de los habituales exámenes genéticos en el establecimiento psiquiátrico de Klingenmünster. Al final de la ronda de inspección, donde mostraron a mi padre —tal como posteriormente me contó— también a «enfermos muy aterradores», el director Gottfried Edenhofer explicó lo siguiente al grupo de visitantes: «Esperamos que en breve podamos hacer algo para acortar la vida en muchos casos». En la segunda mitad de la guerra, Edenhofer aumentó la tasa de mortalidad anual de sus pacientes a una cifra claramente superior al 20 por 100.38 (A propósito de los controles genéticos, cuando estudié en la Escuela Alemana de Periodismo de Múnich en el curso 1967-1968, todavía nos hacían realizar las prácticas en el establecimiento psiquiátrico de Gabersee, en la Alta Baviera, al estilo de las enseñanzas propagadas por la higiene genética. El director de la escuela era entonces Franz-Hugo Mösslang, calificado en numerosas ocasiones de propagandista nazi y, posteriormente, redactor jefe de las revistas Quick y Epoca.)
Pocos meses antes del inicio de la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939, el gobierno designó una comisión interministerial formada por peritos y destinada a preparar los asesinatos por eutanasia. Formaban parte de ella psiquiatras y pediatras en ejercicio, así como colaboradores de la cancillería del Führer, el Sicherheitsdienst (el servicio de inteligencia de las SS) y el departamento de Salud Pública del Ministerio de Interior. En aquella época todavía no existía ningún ministerio autónomo con competencias de Sanidad.39
El programa asesino comenzó oficialmente el 18 de agosto de 1939. Ese día, el Ministerio de Interior del Reich presentó a los funcionarios de sanidad y a los médicos una institución hasta entonces desconocida: el Comité del Reich para el Registro Científico de Enfermedades Genéticas y Constitucionales Graves (Reichsausschuss zur wissenschaftlichen Erfassung erb— und anlagebedingter schwerer Leiden). La presentación se hizo mediante un decreto confidencial publicado, pasado un tiempo y con una redacción ligeramente maquillada, en el Deutsches Ärzteblatt («Boletín Alemán de Medicina») de marzo de 1940.40 Supuestamente, el Comité del Reich tenía la función de recopilar datos de «recién nacidos contrahechos, etc.» con el objetivo de analizarlos científicamente para introducir mejoras de prevención y terapia. Sin embargo, su tarea real consistió desde el principio en mandar asesinar a niños y niñas que padecían discapacidades graves.
El departamento de Salud Pública del Ministerio de Interior del Reich gestionó asimismo los preparativos para iniciar externamente los asesinatos de enfermos mentales adultos. Esto se hizo visible el 21 de septiembre. También aquí, el acceso burocrático fue lo primero que se hizo, pero al principio no sobre personas individuales, sino sobre «todos los establecimientos situados en el territorio del Reich en los que se custodia, no solo provisionalmente, a enfermos mentales, epilépticos y deficientes mentales». Dos semanas y media después, el 9 de octubre, comenzó el «registro económicamente planificado» e individual de una parte considerable de los pacientes con la ayuda de cuestionarios.41 A través de ellos se preguntaban datos como la duración de la estancia, diagnósticos, grado de dependencia, capacidad laboral de los enfermos, religión y eventual internamiento preventivo en caso de criminales con incapacidad mental. Además, el Ministerio de Interior solicitaba información sobre la frecuencia con la que los familiares visitaban a los tutelados. La presencia de enfermedades hereditarias entre los pacientes no era motivo de interés.
El 9 de octubre también se celebró en la cancillería del Führer la reunión del consejo directivo de la acción en ciernes. A ella asistieron Viktor Brack (nacido en 1904), su adjunto Werner Blankenburg (1905), Hans Hefelmann (1906) y Reinhold Vorberg (1904) por la cancillería del Führer, así como Werner Heyde (1902) y Paul Nitsche (1876), ambos profesores de psiquiatría y neurología y predestinados a dirigir la futura organización mortífera. Heyde pertenecía a las SS y había visitado durante años los campos de concentración, donde había emitido dictámenes para esterilizaciones forzadas. Nitsche era psiquiatra en la región de Sajonia, director del establecimiento psiquiátrico de Sonnenstein bei Pirna y directivo de la Sociedad Alemana de Psiquiatría y Neurología. Al contrario que el ambicioso Heyde, Nitsche era un hombre de la vieja escuela cuyo decidido reformismo le hizo ganarse la simpatía de los pacientes sajones en la década de 1920. Por parte de la Sección IV del Ministerio de Interior del Reich asistieron a la reunión Gerhard Bohne (1902) y Herbert Linden (1899). Poco después, el ministerio nombró a Bohne jefe administrativo de la central homicida para garantizar el buen funcionamiento de la burocracia mortífera. Dietrich Allers (1910) le sucedió a partir de 1941 con más eficacia que su predecesor.
Hasta el final de la guerra, Herbert Linden reguló perfectamente y sin hacer ruido la colaboración entre la administración sanitaria estatal y las instancias de la cancillería del Führer que trabajaban en secreto. Su ponencia IV3a en el Ministerio de Interior del Reich incluyó los asuntos «política demográfica (fundamental), biología criminal, conservación genética y racial, psiquiatría».42 En septiembre de 1941, Linden ascendió en la jerarquía de los asesinos y se situó en lo sucesivo inmediatamente por debajo de Blankenburg, de la Cancillería del Reich. La Oficina de Policía Criminal del Reich envió al alto funcionario Dr. Paul Werner (1900) a la reunión del 9 de octubre para ayudar a los asistentes a encontrar técnicas óptimas para matar sin dejar huella.43
La edad de los participantes en esta reunión da una idea de la juventud de la elite nacionalsocialista. Si excluimos al más veterano, Paul Nitsche, el promedio de edad de los responsables organizativos se situaba en los 37 años, y en el caso de los médicos que trabajaron en los centros de gaseamiento era de 30 años. Por encima del consejo directivo se hallaban Karl Brandt y Philipp Bouhler, de la cancillería del Führer, a quienes Hitler había atribuido la responsabilidad del programa de eutanasia, y Max de Crinis, profesor berlinés de neurología y psiquiatría y hombre de confianza y amigo de Reinhard Heydrich. De Crinis desempeñaba una función organizativa, pero participó en todas las decisiones importantes.
La reunión del 9 de octubre giró en torno a la pregunta «¿quién y cómo?». El «cómo» ya se sabía. Los funcionarios del Instituto Técnico de Criminalística habían aconsejado matar o «desinfectar» a los enfermos —tal como se decía camufladamente— con gas CO, es decir, monóxido de carbono. Otros peritos habían definido numéricamente el «quién» de manera precisa. Los participantes determinaron la cantidad de pacientes que había que asesinar sirviéndose de un modelo estadístico: «La cifra es el resultado de un cálculo basado en la relación 1.000:10:5:1. Es decir, de cada mil personas, diez necesitan asistencia psiquiátrica, de las cuales cinco en tratamiento hospitalario. Pero de ellas, solo una se incluye en la acción». Se referían a los enfermos que requerían una asistencia costosa y no eran aptos para trabajar. Según el cálculo, ello implicaba lo siguiente: «De cada mil personas, la acción registra a una. Traducido a la población total del Gran Reich Alemán, estamos hablando de 65.000-70.000 casos. Con este cálculo quedaría respondida la pregunta relativa al “quién”».44
Al margen del encuentro del 9 de octubre, los señores de la plana mayor organizativa discutieron sobre qué médicos podrían recibir el encargo de los asesinatos en masa y, posteriormente, es posible que mantuvieran las primeras entrevistas personales. En cualquier caso, el 18 de octubre de 1939, Herbert Linden pidió al primer alcalde de Halle, el oficial médico adjunto Horst Schumann, que estuviera «disponible para un encargo especial importante».45 Cuatro días después, Schumann se incorporó al servicio en Berlín y fue nombrado a las pocas semanas director del centro de gaseamiento de Grafeneck. El 28 de noviembre de 1939 se determinó el cierre del establecimiento de Sonnenstein-Pirna. Poco después, los organizadores de la eutanasia edificaron allí una cámara de gas y un crematorio.46
LA PEQUEÑA OFICINA MORTÍFERA DE LA CALLE TIERGARTEN 4

 

Como los asesinatos debían realizarse en secreto, por un lado, y siguiendo unos procedimientos burocráticos estrictos y bajo criterios parcialmente objetivables, por otro, el aparato necesario para ello necesitaba una denominación de camuflaje. Pronto surgieron expresiones «Acción» o «Departamento Central T4». Esta última se refería a la dirección de la sede, situada en la calle Tiergarten 4. A menudo, el conjunto de la actividad homicida se designaba utilizando simplemente esta dirección. En el directorio de calles de Berlín de 1943 solo consta para este inmueble el siguiente dato: «P (= propietario): sin nombre». En lo sucesivo utilizaré la expresión Acción T4 o, simplemente, T4 para referirme a la autoridad asesina que estuvo activa hasta 1945, si bien dichas denominaciones se utilizaron muy excepcionalmente durante el periodo en el que se produjeron los hechos. El edificio, una casa urbana con jardín de la época de la expansión industrial de finales del siglo XIX, había sido expropiado a los judíos en el marco la arización. Más tarde fue ampliado con algunos barracones de oficinas y, finalmente, destruido por los bombardeos. Los trabajadores más importantes residieron allí hasta que, a finales de 1943, tuvieron que mudarse a otros distritos de la ciudad.
La pequeña pero industriosa oficina escondía un conglomerado de departamentos con membretes muy imaginativos —cambiaban en función del destinatario— que se utilizaban en la correspondencia mantenida con pagadores, administraciones de cementerios, familiares y centros psiquiátricos. De puertas afuera, la Acción T4 firmaba como «Grupo de Trabajo del Reich para Establecimientos de Curación y Cuidados» (Reichsarbeitsgemeinschaft Heil— und Pflegeanstalten, RAG, Berlín W 9, apartado de correos 262). Los jefes de la Acción T4, primero Werner Heyde y después su sustituto Paul Nitsche, utilizaban el encabezamiento «Director del Grupo de Trabajo del Reich para Establecimientos de Curación y Cuidados». A su lado estaba la Institución de Utilidad Pública para el Cuidado en Establecimientos (Gemeinnützige Stiftung für Anstaltspflege), que era la persona jurídica del crimen, la entidad necesaria para firmar los contratos laborales de entre 300 y 400 empleados y los contratos de compraventa y alquiler. Su dirección era: Berlín W 35, Tiergartenstrasse 4. De los traslados de pacientes a los establecimientos mortíferos se encargaba la Sociedad Limitada de Utilidad Pública para el Transporte de Enfermos (Gemeinnützige Kranken-Transport-GmbH), llamada Gekrat, con sede en la dirección Berlín W 9, Potsdamer Platz 1. De puertas afuera, las instalaciones de gaseamiento se denominaban «División de la Sociedad Limitada de Utilidad Pública para el Transporte de Enfermos».47 Las cámaras de gas eran las estaciones término de los transportes. Por último, en 1941 se creó la Oficina de Compensación Central para Establecimientos de Curación y Cuidados (Zentralverrechnungsstelle Heil— und Pflegeanstalten, ZVSt). Bajo este membrete se gestionaban todos los problemas económicos y financieros relacionados con la muerte de personas sometidas a cuidados en establecimientos y que determinarían —cada vez con mayor frecuencia— los criterios de los homicidios desde una perspectiva de costes.
Hasta el otoño de 1941, la Acción T4 dependió directamente de la cancillería del Führer, pero, a partir de septiembre de 1941, una institución recién creada, el Comisario del Reich para los Establecimientos de Curación y Cuidados (Reichsbeauftragter für die Heilund Pflegeanstalten), comenzó a ejercer una influencia evidente. Tras esta denominación se ocultaba la Sección IV del departamento de Salud del Ministerio de Interior del Reich, responsable de la salud pública y el bienestar de la nación. Hasta septiembre de 1941, esta sección dirigida por Herbert Linden había prestado ayuda organizativa sobre todo en el registro de los establecimientos psiquiátricos y sus tutelados, pero, después, las relaciones jerárquicas se invertirían progresivamente. A partir del otoño de 1941, el Departamento Central T4 dejó de actuar de manera extrainstitucional y se fue integrando paulatinamente al aparato estatal. A final, el organismo semiclandestino de la calle Tiergarten 4 tuvo que ser rebautizado como Oficina del Reich para Establecimientos de Curación y Cuidados (Reichsamt für die Heil— und Pflegeanstalten).48
Cuando, el 24 de agosto de 1941, Hitler interrumpió los asesinatos de enfermos mentales alemanes de forma repentina e inesperada para los organizadores de la Acción T4, el objetivo originalmente fijado de matar a 70.000 personas se había superado en 273. Con esta cifra argumentó Viktor Brack los motivos por los que había pedido la concesión de la cruz del mérito militar a Werner Blankenburg, su sucesor. Según esta petición, Blankenburg se había «dedicado a la ejecución de una misión (Asunto Secreto del Reich) ordenada por el Führer» y había cumplido su tarea en los plazos previstos: «Solo gracias a su decisiva colaboración ha sido posible llevar a cabo la misión especial estratégica de tan amplia envergadura al ritmo mandado y, de esta manera, obtener los correspondientes resultados militarmente importantes».49 Los seis establecimientos mortíferos equipados con cámaras de gas y crematorios fueron:

 

Localidad Período de los asesinatos Cifra de asesinados
Grafeneck (Reutlingen)
enero a diciembre de 1940
9.839
Ciudad de Brandeburgo
febrero a septiembre de 1940
9.772
Bernburg (Saale)
octubre de 1940 a agosto de 1941
8.601
Hadamar (Hesee)
enero a agosto de 1941
10.072
Hartheim (Linz)
mayo de 1940 a agosto de 1941
18.269
Sonnenctein (Pirna)
junio de 1940 a agosto de 1941
13.720
Total
70.273

 

Los centros de gaseamiento de Bernburg y Hartheim siguieron funcionando después del 1 de septiembre de 1941, ya que los responsables de la Acción T4 y la administración de los campos de concentración también mandaron asesinar allí, aunque en cantidades comparativamente menores, a reclusos, criminales o los llamados psicópatas, destinados a morir por no ser aptos para trabajar u otros motivos. Entre el 1 de septiembre de 1941 y diciembre de 1944, en la cámara de gas de Hartheim murieron otras 12.000 personas, principalmente reclusos del cercano campo de concentración de Mauthausen.50 En Hadamar también se volvió a asesinar entre 1942 y 1945. En esta segunda fase murieron allí más de 4.500 personas de inanición y por dosis mortales de determinados medicamentos tóxicos. En la segunda mitad de 1941 fueron asesinados en Pirna-Sonnenstein varios centenares de reclusos de campos de concentración. Posteriormente se desmanteló la cámara de gas y el crematorio, y los edificios se destinaron a otros usos. En el caso de Bernburg, el administrador anotó lo siguiente el 15 de enero de 1943: «Desde el 24-8-1941 está paralizada la actividad de la Institución de Utilidad Pública para el Cuidado en Establecimientos y, por consiguiente, también el funcionamiento de todos los establecimientos (de gaseamiento). Desde esta fecha se han efectuado desinfecciones solo en cantidades muy reducidas. En lo sucesivo, este también será el caso a una escala muy limitada».51 Las instalaciones mortíferas de Bernburg fueron desmanteladas en 1943.
UN BUEN DÍA LLEGA UN PAQUETE CON UNA URNA

 

Un acta que, por su valor histórico, reproduzco aquí íntegramente demuestra hasta qué punto los organizadores de la Acción T4 velaban por el cumplimiento de sus objetivos entre un círculo de cargos oficiales más amplio. El Consejo de Municipios Alemanes (Deutsche Gemeindetag) con sede en Berlín convocó una reunión para el 3 de abril de 1940 a la que invitó a todos los primeros alcaldes y altos funcionarios municipales alemanes. La invitación fue anunciada por el director de la Sección III (política social de establecimientos psiquiátricos) del Consejo de Municipios. Se llamaba Georg Schlüter y ya había ocupado dicho cargo en la República de Weimar.
En la carta de invitación, Schlüter informó de que la reunión se celebraría «a instancia de un alto departamento» y que «el objeto de la misma se anunciará durante la sesión». El 3 de abril se presentaron cerca de 200 primeros alcaldes y representantes de las confederaciones municipales. Uno de ellos, el primer alcalde de Plauen, Eugen Wörner, mecanografió un acta. Todo indica que, por motivos de confidencialidad, lo hizo a solas y, aparentemente, al no tener experiencia previa con el manejo de una máquina de escribir, utilizando solamente un dedo de cada mano. El documento original está plagado de faltas de ortografía. He añadido algunas palabras entre paréntesis y corregido solo algunos errores que podrían impedir una lectura fluida..52
«Acta de la reunión del Consejo de Municipios Alemanes del 3 abr. 1940. ¡Incluir en los expedientes secretos de la administración central! Comun(I)car solo al inspector jefe Hopfe.
»El 3 de abril de 1940 se celebró una reunión secreta en el Consejo de Municipios Alemanes en Berlín. En ella, bajo la presidencia del Reichsleiter Fiehler,53 tomó la palabra Brack, un viejo camarada del partido, y habló de los enfermos alojados en los establecimientos de cuidados de las distintas ciudades. Explicó lo siguiente: que en los muchos establecimientos de cuidados del Reich se encuentran alojados infinidad de enfermos incurables de todo tipo que no sirven humanamente para nada, antes bien suponen tan solo una carga, causan costes de alimentación inme(n)sos y, a la vez, no existe ninguna probabilidad de que estas personas puedan volver a estar sanas o ser miembros útiles de la sociedad humana. vegetan como animales, son personas asociales que no merecen vivir, pero al mismo tiempo tienen los órganos internos absolutamente sanos y todavía pueden vivir décadas. Que se limitan a quitar alimento a las otras personas sanas y necesitan 2 o 3 veces más cuidados. Que hay que proteger de estas personas al resto de la población. Que hoy hay que tomar tantas más precauciones para mantener a las personas sanas, cuanto más preciso es que se elimine primero a estos seres para el mejor restablecimiento de los enfermos curables ingresados en los establecimientos de curación y cuidados. Que es necesario hacer sitio para todas las contingencias estratégicamente importantes de la guerra: hospitales militares, civiles y auxiliares.
»Que, por consiguiente, hay que apiñar a los enfermo(s) graves tomados en consideración, es decir, incurables, en sanatorios especiales muy primitivos, y en estas residencias especialmente creadas no habría que hacer nada para mantener a estos enfermo(s) graves, sino que, al contrario, debería hacerse lo posible para que mueran fulminantemente. Que para ejecutar esta acción se ha nombrado a una comisión de médicos que, en consecuencia, hará una criba de todos los establecimientos tomados en consideración y decidirá qué enfermo(s) irán a dichos centros. Que por encima de esta comisión hay otra comisión superior que tomará una decisión definitiva en casos especiales.
»Que todo este problema es muy grave y hay que actuar con cuidado, ya que la opinión pública no debe saber nada al respecto; que sobre todo es difícil por culpa de la Iglesia, porque no quiere saber nada de la incineración de muertos, y tampoco sería de desear actualmente un enfrentamiento con el Papa, e igualmente es peligroso debido a los americanos, quienes por un motivo tal podrían entrar en guerra contra nosotros. Que el problema se puede esconder a la población, eso no es tan grave. Mucho más difícil es la cuestión en los propios establecimientos. Que lo mejor es que, por motivos tácticos, se aloje a los tomados en consideración en un barracón en malas condiciones, donde puedan contraer una pulmonía, o sea, que no la contraigan artificialmente, sino más bien que se acelere su muerte. Los así fallecidos deberán ser incinerados por motivos epidemiológicos, pero no en los crematorios de las ciudades, sino en hornos de cremación propios de los establecimientos. Que a este respecto habrá que tener en cuenta el enfrentamiento con la Iglesia, sobre todo la católica, y evitar cualquier tensión. Que tampoco hay que olvidar que la mayoría de familiares todavía está hoy en contra de la incineración.
»Que, en la práctica, la acción deberá ocurrir aproximadamente como sigue: que la comisión haga una criba de los enfermos tomados en consideración y los evacue a otro establecimiento para que la cremación de los cadáveres ocurra en estos establecimientos. Que ante los familiares de los enfermos afectados se proceda preferiblemente de manera que el centro comunique el óbito a los familiares comentándoles que, por motivos técnicos, (la incineración del) afect. ya se ha efectuado, que la urna con los restos mortales está a disposición de la familia y que se remitirá gratuitamente, pero solo si en el lugar de origen o sus alrededores no existe ninguna posibilidad de alojar urnas, en ese caso la urna se remitirá gratuitamente a la oficina funeraria más próxima para su alojamiento provisional, donde la urna esté disponible en todo momento, hasta que los familiares quieran tener la urna.
»Cuando estas urnas se remitan a la oficina del cementerio, esta no deberá levantar acta alguna. ni tampoco relación de costes alguna sobre posibles gastos derivados, de manera que no se deje huella alguna de la acción. El sepelio de tales urnas deberá efectuarse de la forma más sencilla y sin ningún tipo de ceremonia, de forma muy primitiva y neutra. Todas estas urnas deberán conservarse en un lugar, de manera que se pueda saber su destino en cualquier momento, porque en cada urna consta el nombre del afect., día de nacimiento y defunción y lugar de origen, de manera que cuando los familiares quieran tener la urna, se pueda comprobar inmediatamente. En lo posible, los familiares no podrán ser conducidos al lugar de la urna, sino que la urna deberá ser recogida por el administrador del cementerio.
»En la práctica, el procedimiento en la administración del cementerio será el siguiente: un buen día llega a la oficina del cementerio un paquete acompañado de una carta en la que pone algo así como: Adjunta le enviamos la urna del fallecido tal, nombre, fecha de nacimiento, fecha de defunción, nombre del municipio de origen. Le rogamos que se encargue del sepelio de la urna adjunta. La administración del cementerio lleva esta urna a un lugar previamente determinado, donde se alojarán todas las urnas enviadas en el futuro por este mismo procedimiento, y allí permanecerán las mismas. Así queda resuelta toda la ceremonia. Para el municipio solo supondrá un gasto mínimo, ya que los costes de incineración corren a cargo del Reich. por lo demás, la Acción exonera a los municipios de toda carga relacionada con la conservación y el mantenimiento. Las preguntas deberán dirigirse al Sr. Dr. Schlüter, delegado del Consejo de Municipios en Berlín.»54

 

Después de pasar arduamente a papel toda esta información, el primer alcalde Wörner mandó llamar al inspector jefe de cementerios Wilhelm Hopfe y le dio «instrucciones de alto secreto referidas a urnas que podrían llegar en breve».55
A diferencia del primer alcalde de Plauen, el alcalde regente de Hamburgo, Krogmann, no levantó ninguna acta sobre la reunión de Berlín, sino que se limitó a escribir un lacónico apunte en su diario: «3 de abril de 1940, tarde, reunión sobre establecimientos de curación y cuidados en el Consejo de Municipios».56 En cambio, el senador Erich Vagts, representante en Berlín de las ciudades de Oldenburg y Bremen, se explayó un poco más y envió una nota manuscrita al alcalde regente de Bremen. En sus consideraciones se quedó claramente más corto que el primer alcalde de Plauen, pero aportó otros datos acerca del secretismo del proyecto. Según esta nota, en abril de 1940 —es decir, al comienzo de la Acción T4—, Brack dio por sentado que los traslados podrían «causar cierta inquietud entre la población» y propuso por ello a los presentes de forma expresa «tranquilizar a la población». Además, dijo: «Si los jefes de departamento o funcionarios de la administración de cementerios demostraran una actitud de rechazo ante la cuestión, esta deberá evitarse a toda costa. La incineración (de los muertos) se pagará; hay que evitar que vayan rondando por ahí facturas innecesarias». Finalmente, el Reichsleiter Fiehler «exhortó» a los representantes de los municipios y asociaciones municipales, en lo sucesivo ya familiarizados con el homicidio, a «mantener el máximo secreto».57
Un año más tarde, el 23 de abril de 1941, Brack se mostró mucho más confiado. En esta ocasión, acompañado de Werner Heyde, director médico de la Acción T4, informó del estado de la matanza a los presidentes de las audiencias regionales y fiscales generales convocados en Berlín. Los ponentes ya no se extendieron más sobre el envío de urnas ni las exhortaciones al mantenimiento del secreto. También renunciaron a hacer creer nada sobre «sanatorios muy primitivos» a los máximos representantes de la justicia. Más bien hablaron sin rodeos del procedimiento real. Sobre ello dan cuenta las notas que tomó el presidente de la Audiencia Provincial de Colonia, Alexander Bergmann, durante las intervenciones.
Según estos apuntes, Brack dijo: «Hay que camuflar con nombres no comprometedores —los mejores psiquiatras— aquellos establecimientos de curación y cuidados provistos de instalaciones especiales para la ejecución de medidas humanas. Encontrar a hombres con valentía para actuar y nervios para aguantar. Envío de pliegos de inscripción del Ministerio de Interior del Reich al establecimiento de curación y cuidados con parte médico. Devolución al ministro de Interior. Fotocopia por parte del organismo del Reich (= Acción T4). Entrega a varios (tres) expertos independientes entre sí. Tras devolución (de los pliegos de inscripción), nueva fotocopia de los tres dictámenes; entrega al experto jefe. Si también es para liquidación, traslado del paciente a otro establecimiento de cuidados; allí, examen del paciente según conocimientos personales. Tras observación, traslado a centro de liquidación. También allí, el médico ejecutor de la medida puede ejercer su derecho de veto. Amplio aparato administrativo. Enfrentamiento con los familiares. Resolución de bienes. La comunicación a los familiares fue al principio una elección desafortunada». Inmediatamente después habló Heyde, quien concluyó con el siguiente comentario: «El paciente fallece de causa mortal inventada; motivo: orden del Führer de mantenimiento del secreto. Certificado de defunción. La fecha y causa de la muerte son falsas, pero en paralelo se lleva un registro real».58
UN MÉDICO AFABLE, REFORMISTA Y ASESINO EN MASA

 

De las actas anteriormente citadas se podría desprender que los médicos que participaron en los asesinatos por eutanasia eran la oveja negra depravada y sin escrúpulos de la profesión. Quizás fuera así en algún caso, pero ciertamente no en todos. El profesor Paul Nitsche, decano de los asesinatos por eutanasia, formaba parte desde hacía tiempo del grupo de psiquiatras alemanes reformistas especialmente comprometidos con su oficio. En 1903, el reputado neurólogo de Frankfurt Emil Sioli dio fe del compromiso de Nitsche cuando este todavía era un ayudante de 27 años: «Gracias a su destreza en el trato con los enfermos y a su gran amabilidad personal, se ha ganado el cariño de los enfermos y el respeto del personal y del resto de trabajadores».59
De Frankfurt, Nitsche pasó a trabajar para Karl Bonhoeffer en la clínica psiquiátrica de la universidad de Heidelberg. Cuando Bonhoeffer fue destinado a Breslavia, afirmó que se habría «llevado gustoso» a Nitsche a su nuevo destino, pero el famoso neurólogo Emil Kraepelin se le había adelantado y había atraído al joven colega hacia Múnich. En su informe de fin de estudios de Heidelberg, Franz Nissel, sucesor de Bonhoeffer, escribió lo siguiente sobre Nitsche: «Valoro la labor, excelente en todos los sentidos, desempeñada por él como jefe médico de unidad, y tanto más valor tiene cuanto que ha despachado todos los asuntos de una unidad altamente congestionada, en la cual no se han permitido los aislamientos ni el uso de medios coercitivos mecánicos. Al mismo tiempo, el Dr. Nitsche se ha abstenido de esquematizar el tratamiento de los enfermos y se ha tomado la molestia de atenderlos individualmente. Se ha mantenido extraordinariamente fiel a sus obligaciones en el tratamiento de los enfermos y ha aplicado todos los esfuerzos imaginables con pacientes especialmente alterados y difíciles de tratar. De hecho, ha sido una persona extraordinariamente querida entre los enfermos». Cuando trabajó con Kraepelin en Múnich, Nitsche también se ganó «el amor y el agradecimiento de los enfermos a él confiados».60
De vuelta a Sajonia, Nitsche fue nombrado jefe médico del establecimiento municipal de curación y cuidados de Dresde. En 1913, en la representativa obra de dos volúmenes Die deutschen Heil— und Pflegeanstalten in Wort und Bild («Los establecimientos de curación y cuidados alemanes en palabras e imágenes»), Nitsche dijo de su centro que se podría «calificar de hito en la historia de la gestión hospitalaria alemana». La unidad de cuidados de enfermos mentales de Dresde fue separada del resto de servicios en 1908 y fue precisamente Nitsche quien la dirigió desde el principio. Pero, según su informe, ya algunos años antes, concretamente en 1903, se había alojado a una gran cantidad de enfermos crónicos «en otra parte», al parecer en un asilo más rentable, «para descongestionar el centro». En esa época, los tutelados con enfermedades crónicas y aptos para trabajar fueron trasladados de la unidad II de Nitsche a la unidad III, donde trabajaron tanto como pudieron transportando carbón, encuadernando, trenzando mimbre, encolando cucuruchos de papel, deshilachando cabos o devanando cuerdas.61
Después de pasar por una unidad intermedia en el establecimiento de Pirna-Sonnenstein, Nitsche ascendió al cargo de director. Desde el 1 de abril de 1918 dirigió el gran establecimiento de curación y cuidados de Leipzig-Dösen y en 1927 fue nombrado psiquiatra asesor para establecimientos mentales del gobierno —socialdemócrata— de Sajonia. Dos años después publicó el capítulo central del Handbuch der Geisteskrankheiten («Manual de enfermedades mentales») de Oswald Bumke, titulado «Terapia general y profilaxis», en el que defendía una psiquiatría eficaz y no violenta. En su opinión, la medicina debía aspirar a «encontrar una terapia causal para cada enfermedad», pero se lamentaba de que los neurólogos que aplicaban tratamientos «principalmente sintomáticos» estaban muy lejos de lograr dicho objetivo. El autor tomó como modelo los planteamientos del hasta hoy respetado psiquiatra reformista de Gütersloh Hermann Simon.
Seguidamente abordó en su escrito la cuestión de cómo desterrar del funcionamiento de todo establecimiento psiquiátrico la extendida creencia de que «los cuidadores están en contra de los enfermos»: «Hay que advertir explícitamente a cuidadores y cuidadoras del peligro que entraña una actitud errónea; hay que llamar la atención sobre el hecho de que una manera de proceder torpe y grosera puede embrutecer el cuidado del demente». Según Nitsche, el enfermo «debe percibir en todo momento propósitos amables y bienintencionados» que permitan crear una atmósfera general sugestiva en la cual, en vez de intentar curar los síntomas, se pueda desarrollar una terapia activa y eficaz. Por consiguiente, según el autor, los médicos y personal sanitario deben esforzarse por «tener en cuenta de forma terapéuticamente activa a todos los pacientes de cada unidad», porque cada individuo no influenciado terapéuticamente contamina la atmósfera y, por consiguiente, hace imposible la «sugestión en masa». Nitsche predicó con entusiasmo entre sus colegas el respeto al paciente y la consiguiente renuncia a los métodos violentos tradicionales, a la sazón habituales: «Mantener alejado cualquier tipo de medio coercitivo del aparato terapéutico habitual constituye, justamente, la reivindicación básica del tratamiento moderno de los dementes. La limitación mecánica, tan a la orden del día antes de la introducción de la terapia “no restraint”, es inhumana, indigna, afecta al espíritu del personal médico y de enfermería e inflige un daño corporal y físico a los enfermos».
El movimiento no restraint surgió en el siglo XIX en el Reino Unido. Sus precursores intentaron desterrar el carácter carcelario de los manicomios y eliminar del repertorio médico los medios violentos y coercitivos. Nitsche fue uno de los más acérrimos defensores de estas ideas en el territorio alemán. Hasta el final de sus días rechazó categóricamente el uso de cadenas, camisas de fuerza, castigos corporales y aislamientos, así como la entonces tan extendida costumbre de envolver al enfermo con paños húmedos como medida disciplinaria, «un medio coercitivo que limita absolutamente al enfermo» y que debía ser «desaprobado a toda costa». Este futuro asesino en masa se opuso insistentemente a la narcosis prolongada, entonces considerada una terapia moderna, porque provocaba demasiadas muertes.
Nitsche también reivindicó una psiquiatría social abierta porque consideraba que «el cuidado en establecimientos de ningún modo es el método definitivo para tratar a enfermos mentales». En su lugar, defendió los servicios de psiquiatría social de cercanía, entonces denominados centros de asistencia abierta, como paso previo al establecimiento psiquiátrico. En 1925, Nitsche pudo amparar su reivindicación en la ley sajona de bienestar: «En muchos casos, el médico asistencial puede intervenir mediante la orientación y la ayuda sin que el paciente sea sometido a tratamiento hospitalario, es decir, sin tener que arrancarlo de su actividad laboral. Esto tiene una relevancia extraordinaria en muchos aspectos, no solo psicoterapéuticamente, sino también económicamente para los pacientes y sus familias».62
El psiquiatra Valentin Faltlhauser destacó igualmente como precursor teórico y práctico de la asistencia abierta. También él se convirtió después en un asesino sin escrúpulos. En la década de 1920 consiguió que, en la región de Erlangen-Núremberg, los pacientes dados de alta y transferidos a la asistencia abierta o a una familia de acogida recibieran un subsidio equivalente a entre dos y tres quintas partes de los costes hospitalarios diarios. Faltlhauser lo justificó con argumentos materiales y sociales: por un lado, las asociaciones asistenciales y los distintos pagadores se ahorraban unos gastos considerables; por otro, «se facilita al enfermo, incluso en condiciones externas difíciles, su adaptación y asentamiento en el mundo exterior».63 Para completar el sistema de asistencia psiquiátrica abierta, Nitsche y Faltlhauser incorporaron las organizaciones laicas, es decir «las asociaciones de beneficencia para dementes existentes desde hace décadas en muchos países». Estas organizaciones atendían, en palabras de Nitsche, a los «enfermos mentales que viven en libertad» y a las familias de los tutelados en los establecimientos «prestando ayuda económica, ofreciendo trabajo, orientando, consolando y, además, explicando a la población la problemática de la locura».64

 

La distinción clara entre enfermos mentales tratables y no tratables y la mejor integración social posible para los pacientes tratados con éxito también formó parte de los intereses de Hermann Simon, un psiquiatra por el que Nitsche guardó un profundo respeto y considerado el precursor de la terapia laboral moderna. En el libro Aktivere Krankenbehandlung in der Irrenanstalt («Un tratamiento más activo para enfermos en el manicomio»), publicado en 1929, Simon resumió un planteamiento que fue considerado modélico por el sector más receptivo de la profesión y que atrajo hacia el establecimiento de Gütersloh a numerosos oyentes que querían conocer in situ los principios de ese «tratamiento más activo de enfermos», entre ellos Paul Nitsche en el otoño de 1925.65 Los expertos de una comisión de la T4 que en 1942 acudieron a Gütersloh para evaluar las instalaciones quedaron impresionados por el activismo terapéutico que todavía se respiraba en el establecimiento. El experto Dr. Herbert Becker lo elogió con estas palabras: «Gracias a la terapia laboral practicada de un modo quizás demasiado militar, reina una calma agradable y llamativa, en comparación con el resto de establecimientos, incluso en las bulliciosas unidades de admisión. Se pueden observar flores, jarrones y manteles en perfecto estado, incluso en presencia de los enfermos más alborotados. Los internos han desbrozado el jardín y lo están reforestando. La escasa intranquilidad demostrada por los pacientes, fruto de la terapia de trabajo, hace que se necesite poco personal. (...) En resumen, es un establecimiento que merece la pena estudiar en profundidad e impulsar. Propuesta de uso: establecimiento de curación».66 Los colegas médicos y homicidas de la Acción T4 demostraron respeto por Hermann Simon y su obra porque defendía un procedimiento terapéutico moderno y profundamente transgresor. De Nitsche, admirador de Simon, hay una frase documentada que pronunció durante el período de los asesinatos: «Será maravilloso cuando nos hayamos deshecho del lastre en los establecimientos y podamos aplicar la terapia correcta».67
Tan importante como los progresos terapéuticos y la integración social de los enfermos curados y estabilizados era, para los reformistas de la década de 1920, la profilaxis. Nitsche y Simon la veían alcanzable a través de esterilizaciones en masa. Ambos sabían que la genealogía exacta y el peso de los factores hereditarios todavía eran desconocidos para la declaración de una enfermedad psíquica, pero aconsejaron las esterilizaciones masivas «por motivos de probabilidad» y por los efectos beneficiosos que tendrían en futuras generaciones.68
La voluntad reformadora, la búsqueda de métodos terapéuticos curativos y un deseo latente de apartar a enfermos especialmente graves e incurables caracterizaron desde el principio a muchos de aquellos médicos que, más tarde, de forma activa o pasiva, participarían en los asesinatos por eutanasia. La utopía biopolítica de una sociedad formada por individuos más eficientes, vitalistas y sanos los predisponía para el proyecto del futuro nacionalsocialista. En 1934, Nitsche tramitó la fundación de la Sociedad de Neurólogos y Psiquiatras Alemanes, se convirtió en su presidente y redactó unos estatutos que el Ministerio de Interior del Reich autorizó «sin enmienda alguna». Sobre el objeto de la organización, Nitsche escribió: «La Sociedad trabaja con el fin de promocionar, desde el punto de vista científico y práctico, la neurología y la psiquiatría en el estado nacionalsocialista y, de esta manera, contribuir a la conservación de la salud y la selección de la raza de la nación alemana».69 El 25 de marzo de 1948, Nitsche fue guillotinado en Dresde a la edad de 71 años por su participación destacada en los asesinatos por eutanasia, pero durante toda su trayectoria fue considerado un reformista y, también, un médico muy apreciado por pacientes y compañeros de profesión.
LAS MOTIVACIONES MATERIALISTAS DE LOS ASESINOS

 

Ya en sus conversaciones preliminares, los ideólogos y organizadores de los asesinatos de enfermos situaron los beneficios económicos y fiscales en el núcleo de su proyecto. En la memoria elaborada para Hitler en el verano de 1939, Theo Morell citó exclusivamente motivos utilitaristas y ninguna justificación relacionada con la higiene genética. Y si en alguna ocasión se adujeron argumentos eugenésicos, sirvieron únicamente de mascarada para tranquilizar las conciencias de los que no querían matar por puro materialismo, sino que aspiraban al fin más elevado de mejorar la salud de la raza nacional.
En los pliegos de inscripción de enfermos enviados poco después había preguntas acerca de la duración de la estancia y la capacidad laboral de los pacientes. Con esta información se calculaban los costes originados por el enfermo inscrito en el registro. Los médicos debían indicar los pacientes «que previsiblemente nunca serán dados de alta y que, además, no trabajen lo suficiente como para poder pagar su manutención».70 La información sobre eventuales enfermedades hereditarias no interesaba a los organizadores de la Acción T4. Los temas de higiene genética quedaron relegados al campo de investigación de científicos que, por motivos prácticos, solo combinaron sus investigaciones con el asesinato en algunos centenares de casos.
En opinión de los políticos nacionalsocialistas, la Acción T4 eximía a la comunidad solidaria de la nación alemana de tener que correr con gastos innecesarios. O como escribió Goebbels: «Es intolerable que, en plena guerra, tengamos que cargar con el peso de cientos de miles de personas completamente inadecuadas para la vida práctica, que están totalmente entontecidas y nunca podrán sanar, y que lastran el presupuesto social del país de tal manera que apenas quedan medios ni posibilidades para desarrollar una actividad social constructiva».71 De los pacientes asesinados hasta el 24 de agosto de 1941, solo el 10, 8 por 100 fueron clasificados como laboralmente «productivos».72 En este sentido, parecía lógico llevar una contabilidad exacta de los resultados del homicidio en masa y calcular el ahorro económico correspondiente. El estadístico Edmund Brandt, que después de la guerra trabajó en el Ministerio de Interior de la República Federal de Alemania, redactó en 1942 un informe sobre la primera fase de los asesinatos bajo el epígrafe «¿Cuál es el grado de rendimiento y desinfección registrado hasta hoy en los distintos establecimientos?». Con «establecimientos» se refería Brandt a los seis centros mortíferos de Grafeneck, Brandeburgo, Bernburg, Hadamar, Hartheim y Pirna, mientras que «desinfección» era sinónimo de homicidio por gaseamiento. Según los cálculos de Brandt, el total de enfermos asesinados entre enero de 1940 y agosto de 1941 fue de 70.273. Esta parte de la estadística, reproducida en la página 49 del presente libro, está extraída del informe de rendimiento elaborado por Brandt.
Los homicidas se defenderían después con el argumento de que habían concedido la muerte de gracia a enfermos terminales que habrían muerto en breve, pero el estadístico Brandt calculó en 1942, cuando trabajaba para el Ministerio de Agricultura del Reich, una previsión de ahorro en comida, techo, abrigos y camisas a diez años vista, hasta 1951. Partiendo del gasto diario requerido para un ingresado en un establecimiento psiquiátrico, de dicho cálculo se desprendía que, mediante el asesinato de enfermos no aptos para trabajar —Brandt denominó este concepto «rendimiento»— se podrían ahorrar más de 880 millones de marcos del Reich en costes falsos hasta 1951.73 (En el año 2010 habría supuesto un ahorro de unos 10.000 millones de euros.)
A medida que se prolongaba la guerra, los asesinos fueron ampliando los grupos de víctimas potenciales teniendo en cuenta aspectos exclusivamente materiales. Así, en los campos de concentración apartaron a los llamados «psicópatas» para llevarlos a las cámaras de gas, empezaron a asesinar sistemáticamente a alemanes tuberculosos y, después, a trabajadores forzados enfermos. También pusieron los ojos en los hombres y mujeres sin recursos de las casas de trabajo, adolescentes con dificultades para aprender y ancianos dementes o, incluso, solo transitoriamente perturbados. Una vez en marcha, los asesinos fueron ampliando su radio de acción año tras año. Casi siempre, lo primero que se preguntaban era: ¿Es apto o no apto para trabajar? ¿Es aprovechable o prescindible?
En los expedientes personales de Paul Nitsche hay un intercambio de correspondencia que refleja de forma extravagante la inspiración materialista de los asesinatos de enfermos. Nitsche ostentaba el cargo de alto consejero de Sanidad y funcionario del estado de Sajonia. El 1 de mayo de 1940 fue oficialmente «eximido de sus funciones, hasta nuevo aviso y conservando la nómina», «para prestar sus servicios al Grupo de Trabajo del Reich». Así lo habían acordado Viktor Brack, de la cancillería del Führer, y el Gauleiter de Sajonia. No obstante, los altos funcionarios del Ministerio de Interior sajón en Dresde no comprendían por qué un encargo del Reich debía remunerarse desde sus arcas. A resultas de ello, mantuvieron durante dos años una enconada disputa acerca de quién debía costear a Nitsche.
Finalmente, la cancillería del Führer cedió y asumió el pago del salario a partir del 1 de abril de 1942. Sin embargo, la administración sajona no quedó satisfecha y llegó a exigir al Reich que le reembolsara retroactivamente el sueldo del funcionario arrebatado, en concreto, a partir del 1 de octubre de 1939, fecha en la que Nitsche había recibido el mandato del gobierno sajón. Blankenburg, el adjunto de Brack, respondió que, «lamentablemente», por motivos presupuestarios no podía aceptar tal pretensión y alegó otra justificación hasta cierto punto objetiva: «Sin embargo, supongo que el conjunto de la acción (T4) ha sido tan provechosa para el estado de Sajonia que este se puede permitir renunciar al reembolso del sueldo de Nitsche desde 1939 hasta hoy. Muchas gracias de antemano por su amable colaboración».74
La relación coste-beneficio fue, desde el principio, la base de los asesinatos de enfermos en Alemania.