Reasentamiento, guerra y asesinato de
enfermos
EL ALOJAMIENTO PROVISIONAL DE DESPLAZADOS EN ESTABLECIMIENTOS PSIQUIÁTRICOS
Ya antes de que personas necesitadas de
ayuda y cuidados murieran en las cámaras de gas de la Acción T4,
dos comandos de las SS fusilaron a enfermos mentales alemanes y
polacos o los asfixiaron en camiones de gaseamiento construidos
expresamente. Las masacres tuvieron lugar entre octubre de 1939 y
la primavera de 1941 y estuvieron directamente relacionadas con el
reasentamiento de 60.000 alemanes bálticos que, a consecuencia del
pacto de no agresión germano-soviético de agosto de 1939, fueron
trasladados a Alemania e instalados progresivamente en los
territorios anexionados de Polonia. A estos les siguieron los
miembros de las minorías de origen alemán que vivían en la Lituania
anexionada por la Unión Soviética, en Polonia oriental y en las
zonas de Rumanía también soviéticas a partir de entonces. El
reasentamiento de los alemanes que vivían en el extranjero fue una
consecuencia del sorprendente acuerdo entre Alemania y la URSS y
del consiguiente establecimiento fronteras de interés mutuo a lo
largo de los territorios del este centroeuropeo.
El tratado germano-soviético y los acuerdos
adicionales para el reasentamiento de cientos de miles de personas
fueron tan repentinos como poco preparadas estaban las autoridades
alemanas para poner en práctica la política de «retorno al Imperio»
de los alemanes residentes en el extranjero. Tres instituciones,
todas ellas bajo las órdenes de Heinrich Himmler, asumieron la
responsabilidad de los desplazamientos y los reasentamientos: la
Oficina de Enlace para los Alemanes Étnicos (Volksdeutsche
Mittelstelle), la Oficina Central de Inmigración
(Einwandererzentralstelle) y el Comisario Político del Reich para
el Fortalecimiento de la Etnicidad Alemana (Reichskommissar für die
Festigung deutschen Volkstums). Los trabajadores de estas
organizaciones de precipitada creación tenían el cometido de
preparar, en poco tiempo, alojamiento provisional, hospitales y
campamentos de acogida para los desplazados, para lo cual mandaron
vaciar algunos establecimientos psiquiátricos. Con el fin de
acomodar rápidamente y sin papeleos a los recién llegados, los
responsables pusieron a los pacientes de estos establecimientos en
manos de los comandos asesinos de las SS. Como los desplazados de
Estonia y Letonia llegaban en barco, las primeras víctimas de los
desalojos fueron los pacientes de los establecimientos situados en
los alrededores de las ciudades portuarias de Gdansk, Gdynia
(rebautizada como Gotenhafen), Świnoujście y Szczecin. Algo más
tarde fueron asesinados en masa los residentes de los
establecimientos situados en los distritos administrativos polacos
de Poznan y Lodz, entonces anexionados al Reich en la región
administrativa del Warthegau y poblados con alemanes.
El comando especial del consejero criminal
Herbert Lange se dedicó a asesinar a enfermos con la ayuda de
camiones de gaseamiento, mientras que los fusilamientos en masa
eran competencia del comando especial Eimann.122
El jefe de unidad de asalto Kurt Eimann comenzó su actividad en las
afueras de Neustadt/Prusia occidental, mientras que Lange y sus
hombres llegaban a los correspondientes establecimientos con sus
vehículos especialmente preparados. Por fusilamiento o asfixia en
camiones de gaseamiento, murieron pacientes alemanes de Pomerania,
así como pacientes judíos alemanes y polacos del Warthegau y de las
regiones de Prusia oriental y occidental ampliadas con territorios
polacos. En total, murieron más de 13.000 personas.123
Establecimiento | Número de asesinados |
De octubre a diciembre de 1939, en lacs
afueras de Neus- tadt/Prusia occidental fueron fusilados pacientes
procedentes los establecimientos pomeranos de Stralsund, Lauenburg,
Ueckermünde, y Treptow an der Rega.
|
1.400 |
Konradstein/Prusia occidental (Kocborow),
entre el 22-9-1939 y el 4-1-1940.
|
1.692124 |
Swiecie, octubre de 1939.
|
1.068 |
Dziekanka-Gniezno, entre el 7-12-1939 y el
12-1-1940.
|
1.043 |
Treskau junto a Posen, de octubre a
diciembre de 1940.
|
1.000 |
Chelm / Lubelski, 12-1-1940.
|
441125 |
Koscian, entre el 13 y el 22-1-1940 y del 9
de febrero a marzo de 1940, pacientes de Brandeburgjo y
Pomerania.
|
2.730 |
Gostynin, entre el 3-2 y el 3-4-1940.
|
48 |
Lodz (residencia de judia de enfermos
mentales), marzo de 1940.
|
50 |
Kochanówka (junto a Lodz), entre el 13 y el
27-3-1940.
|
692 |
Warta (sector de Schieratz), abril de
1940.
|
792 |
Soldau, entre el 21-3 y el 3-6-1940.
|
1.558 |
Total
|
13.130 |
Seguramente, la lista es incompleta. En
1962, un testigo declaró que los camiones de gaseamiento se
emplearon primero en Stralsund para matar a enfermos
mentales.126
Tal como se desprende de un informe elaborado el 11 de diciembre de
1942 por el médico de la Acción T4 Robert Müller, de un total de
7.500 pacientes, al principio de la guerra fueron trasladados a
Pomerania unos 5.000, la mayor parte de los cuales fueron
probablemente asesinados. En el Warthegau se registraron cifras
similares. Allí, de un total 4.650 camas existentes en los
establecimientos psiquiátricos, 2.800 fueron «destinadas a otros
fines» en el invierno de 1939 a 1940, y en Gdansk-Prusia occidental
fueron unas 2.500 camas.127
Para organizar la matanza, las autoridades
del Warthegau crearon primero la Oficina Central para Traslados de
Enfermos (Zentralstelle für Krankenverlegungen) en Kalisz y,
después, otra institución homónima en Poznan dirigida por el alto
consejero de Salud Pública Hans Friemert. Un colaborador suyo, el
inspector Otto Fischer, dirigió una oficina especial de registro
civil creada para camuflar la operación y emitió certificados de
defunción para los asesinados con datos y causas de muerte
falseadas.128
En la ciudad pomerana de Pila también se creó una institución
provisional similar.129
El 23 de octubre de 1939, el jefe de la
Oficina Central de Inmigración, Martin Sandberger, pidió «con
urgencia» que le enviaran «como mínimo 5.000 camas, colchones,
sábanas y platos».130
El 2 de noviembre comunicó que «de momento en Poznan solo hay
alojamientos esclusa131
para 6.000 personas». Como, según el acuerdo con la Unión
Soviética, el reasentamiento de los 60.000 alemanes étnicos
procedentes de Letonia debía concluir el 15 de diciembre de 1939,
era necesario hospedar primero a los desplazados en alojamientos
alternativos.132
El 29 de octubre de 1939, los funcionarios
de la Oficina Central de Inmigración hablaron de la «asistencia a
alemanes bálticos enfermos y frágiles». La conclusión fue que había
que «llevarse en transportes» a 700 alemanes frágiles, para lo cual
se tuvieron que ordenar «de inmediato» todas las medidas necesarias
para «desocupar el antiguo centro asistencial de Neustadt». Según
consta en el acta de esa reunión, lo mismo debía suceder en los
alrededores de las ciudades portuarias de Pomerania donde
atracarían los barcos que traerían a alemanes evacuados de los
territorios bálticos.133
Que esto sucedió realmente se desprende, por ejemplo, de una
petición del alemán báltico desplazado W., cuya «muy frágil»
hermana había sido «trasladada primero al sanatorio de Stralsund»
y, de allí, al establecimiento de Meseritz-Obrawalde. Asimismo,
para el establecimiento de curación y cuidados de Üeckermunde está
documentado que en sus dependencias se alojó provisionalmente a un
gran número de alemanes bálticos enfermos y achacosos.134
Al principio de sus acciones asesinas, la
gente de las SS recogía a los enfermos de Pomerania en los
establecimientos psiquiátricos y los enviaba directamente a Prusia
occidental para ejecutarlos. Al poco tiempo, el traslado de
pacientes se efectuó con el mismo secretismo con el que después se
llevarían a cabo los crímenes de la Acción T4: los infortunados
eran trasladados a centros intermedios para camuflar
provisionalmente su desaparición y muerte repentina. A principios
de octubre de 1939, los primeros pacientes tuvieron que abandonar
el establecimiento psiquiátrico de Lauenburg, en Pomerania.
Posteriormente, la enfermera jefe Maria Lüdtke declararía al
respecto: «Después del primer o segundo traslado ya se rumoreaba
que los transportes iban a Neustadt, en Prusia occidental. Allí
había otro establecimiento de curación y cuidados del que se decía
que ya estaba despejado. También se decía que el cura de Lauenburg,
que tenía algún vínculo con Neustadt, habría dicho que allí había
muchas fosas comunes y que se había avisado a la población de que
por la noche se llevarían a cabo maniobras (militares).
Oficialmente supe por parte del responsable de cuidados Jobst, que
ejercía en Tiegenhof (Gdansk), que estos enfermos habían sido
fusilados». Después, según Lüdtke, los transportes ya no fueron a
Neustadt, sino a Koscian, y a los enfermos ya no los venían a
recoger las SS, sino que «se los llevaba el personal de
cuidados».135
El mismo procedimiento atestiguaron las
enfermeras del establecimiento de Meseritz-Obrawalde, en
Brandeburgo oriental: «En febrero de 1940, un transporte con
enfermos mentales fue al establecimiento de Koscian, en Polonia. El
establecimiento de Stralsund fue clausurado y una parte del
personal y los pacientes vino a Obrawalde». De nuevo se elaboraron
listas con nombres de pacientes. Después, llegaron autobuses y se
llevaron a los pacientes en el transcurso de varios días. Entonces,
un acompañante apartó «los objetos de valor y los bocadillos que
habíamos preparado para el viaje». El establecimiento psiquiátrico
de Kückermühle se clausuró siguiendo el mismo procedimiento. Todos
los enfermos y algunos empleados fueron trasladados a Lauenburg. De
allí, muchos pacientes tuvieron que continuar el viaje hasta
Koscian, y ello significaba la muerte.136
A principios de marzo de 1940, cuando el
establecimiento psiquiátrico de Lauenburg fue «transferido a las
SS», la citada enfermera Lüdtke fue destinada a Tiegenhof, donde
vivió la siguiente experiencia: «También aquí, la oficina
administrativa me entregó listas ya preparadas. En ellas había
sobre todo personas ancianas y achacosas. Las tuvimos que agrupar
en la unidad de enfermos crónicos. Entonces llegó un camión grande
con gente de las SS y se detuvo frente al edificio de máquinas y la
unidad de crónicos. (...) El vehículo era una especie que camión de
mudanzas pequeño. Delante iban sentados el conductor y un hombre de
las SS; el segundo hombre de las SS llegó después en su coche
privado. (...) En el camión había bancos para sentarse, pero los
enfermos más graves fueron colocados en el suelo sobre paja. En
aquel momento, nadie se atrevió a decir nada, pero supuse que aquel
vehículo era un camión de gaseamiento. El camión no se dirigió,
como de costumbre, a la ciudad de Gniezno, sino en dirección al
gran bosque. Nunca supe nada más de aquellos enfermos».137
El establecimiento de Swiecie también es un
claro ejemplo de la relación que existió entre los reasentamientos
en el Reich de los alemanes que vivían en el extranjero y los
asesinatos de enfermos mentales. En una anotación de la Oficina
Central de Inmigración se puede leer lo siguiente: «Por orden del
capitán de las SS (Hans) Schoeneck, de la Oficina de Salud, el día
2-11-1939 se entablaron negociaciones con el enlace de la Compañía
Ferroviaria del Reich, el asesor de la Compañía Ferroviaria
(Walter) Hözel y, posteriormente, con el director en funciones de
la Oficina de Salud, el subteniente de las SS Dr. (Fritz) Masuhr,
en relación con el transporte de evacuación de los enfermos
mentales polacos y el consiguiente transporte de los alemanes
bálticos frágiles. El transporte de los enfermos mentales polacos
se ha efectuado el 3-11-1939, concretamente, de Swiecie a
Preussisch Stargard. Se trata de 700 enfermos mentales que hay que
derivar desde el manicomio de Konradstein en Preussisch Stargard.
Las plazas liberadas en esta operación serán reocupadas el jueves
4-11-1939 por 200 alemanes bálticos frágiles de Neustadt y 500
alemanes bálticos frágiles de Gdansk».138
Enseguida, con el manicomio convertido en
una apacible residencia de ancianos, la plana mayor de los
reasentamientos tuvo la idea de copiar la «extraordinariamente
afortunada solución» de Swiecie. «Dado que en Prusia occidental hay
ahora más antiguos manicomios disponibles, como por ejemplo en
Riesenburg y Neustadt», se planteaba la cuestión de «si estos no se
podrían transformar en residencias» donde «alojar a otros 1.600
alemanes bálticos frágiles».139
La propuesta fracasó debido a los intereses estratégicos y
militares de la región. Simultáneamente, el director del
departamento de conservación genética y racial de la Oficina de
Salud de Lodz, Herbert Grohmann, visitó el hospital psiquiátrico de
Kochanówka, situado en las afueras de la ciudad, y ordenó, como se
explica posteriormente en un informe, «acuartelar una unidad de las
SS en una de las secciones del hospital, así como vaciar tres
pabellones para alojar a los alemanes repatriados del este.» Poco
después, entre el 13 y el 15 de marzo de 1940, fueron asesinados
aproximadamente 540 pacientes de dicho establecimiento.140 Por último, cuando hubo que reasentar a
algunas decenas de miles de alemanes de Lituania y de la cuenca del
Narew, Wilhelm Koppe, el comandante de las SS y de la Policía en
Poznan, donde estaba destinado como comisionado de Himmler para los
reasentamientos, mandó los camiones de gaseamiento a Dzialdowo, en
Prusia oriental. La ciudad estaba situada cerca de la frontera
lituana y disponía también de un nudo ferroviario y un útil
establecimiento de curación y cuidados que los funcionarios
transformaron en un campamento provisional para reasentados.
Inmediatamente después, entre el 21 de mayo y el 8 de junio de
1940, los hombres del comando especial de Lange asesinaron allí a
alrededor de 300 pacientes polacos y 1.558 pacientes alemanes, más
de un centenar de los cuales provenía de los hospitales vecinos de
Kortau y Tapiau.141
Los comandos de las SS no solo asesinaron en los establecimientos
psiquiátricos en beneficio de los alemanes étnicos reasentados. Por
lo menos desde agosto de 1942 en adelante, y probablemente mucho
antes, en los campamentos destinados a los polacos que debían ser
deportados al centro de Polonia desde los territorios anexionados
del llamado Gobierno General, «fueron seleccionados y evacuados
enfermos y lisiados en repetidas ocasiones». En julio de 1943,
Hermann Krumey, colaborador de Eichmann y responsable de la
deportación de polacos, dijo: «Los enfermos mentales y enfermos
incurables procedentes de la acción (de reasentamiento) han sido
recomendados a la Oficina Principal de Seguridad del Reich para un
tratamiento especial. Se ha concedido la autorización en todos los
casos».142
Los asesinatos en masa perpetrados en los
territorios de la frontera germano-polaca precedieron a la Acción
T4 y se simultanearon con ella todavía durante algunos meses. No
existió ninguna orden concreta para ello, pero los organizadores y
beneficiarios implicados trabajaron codo con codo y consideraron
que actuar conjuntamente era lo adecuado. Solamente hacía falta una
simple indicación verbal expresada sutilmente, una mera propuesta a
la que ningún superior se oponía. Los participantes no asesinaron a
los residentes de los establecimientos psiquiátricos por motivos de
higiene genética y racial —en todo caso, estos solo servían de
justificación—, sino atendiendo a consideraciones prácticas obvias,
por puro utilitarismo. Tampoco fusilaron ni gasearon a los
pacientes de manera sistemática, sino únicamente por la acuciante
falta de espacio y camas o cuando aquellos, por ser polacos o
judíos, debían ser expulsados a la fuerza. Por los mismos motivos,
la Wehrmacht asesinó a partir de 1941 a miles de pacientes de los
hospitales soviéticos.
550 HOSPITALES ECLESIÁSTICOS PARA ALEMANES ÉTNICOS REASENTADOS
El reasentamiento de centenares de miles de
personas de origen alemán procedentes del Báltico y,
posteriormente, de la antigua Polonia oriental, Rumanía, Bulgaria y
el Adigio italiano (o Tirol del sur) también repercutió en el
interior de las fronteras del Reich, donde existió la misma
necesidad autogenerada de facilitar alojamiento provisional a los
desplazados. Ello aceleró la deportación de pacientes a las cámaras
de gas. Algunos ejemplos demuestran esta relación.
En el periodo del 13 al 20 de septiembre de
1940, 218 de los 452 tutelados del establecimiento psiquiátrico de
Schwarzacher Hof en Baden fueron deportados al establecimiento
mortífero de Grafeneck. Poco después, el 30 de octubre, la Oficina
de Enlace para los Alemanes Étnicos confiscó los edificios. El 24
de octubre, el grupo local de la Organización para el Bienestar del
Pueblo Nacionalsocialista (Nationalsozialistische Volkswohlfahrt)
ya había examinado las instalaciones con el objetivo de «alojar a
los alemanes de Dobruja». Pero el proyecto fracasó y, en su lugar,
en la Pascua de 1941, entre 250 y 300 alemanes del sur de Europa
fueron alojados en el establecimiento de Kehl-Kork.143
El 26 de mayo de 1940, la Oficina de Enlace
para los Alemanes Étnicos, responsable del bienestar de los
desplazados, reasentó a 299 tiroleses del sur psíquicamente
enfermos procedentes del hospital de Pergine, en Trento, en el
establecimiento de Schussenried, en el sur de Alemania. A estos les
siguieron, el 1 de noviembre, otros 195 pacientes surtiroleses más.
En cada tanda de reasentamientos, los colaboradores de la Acción T4
habían evacuado la cantidad equivalente de pacientes locales a la
cámara de gas de Grafeneck.144
Después de que, en las semanas anteriores,
fueran asesinados en Grafeneck 320 de los 760 enfermos del
establecimiento de Stetten, la Oficina de Enlace para los Alemanes
Étnicos ocupó los edificios con reasentados el 15 de diciembre de
1940.145
El 12 de octubre, el alto funcionario de Salud Pública del
Ministerio de Interior de Württemberg había calificado este
procedimiento de «medida puramente administrativa (...) motivada
por el hecho de que muchos de los enfermos que han llegado con los
alemanes evacuados desde Rusia y que requerían cuidados se han
tenido que distribuir entre los distintos establecimientos del
Reich».146
El 9 de noviembre de 1940, el director de la
Asociación para la Asistencia Social de la región de Suabia
comunicó por escrito a la dirección de la congregación católica de
San José en Ursberg que el Gau147 de Suabia debía «alojar en campamentos a
unos 7.000 alemanes étnicos procedentes de las zonas del este». La
carta prosigue con estas palabras: «Por ello, me veo obligado a
trasladar (al establecimiento psiquiátrico público de Kaufbeuren) a
los tutelados de su establecimiento cuya atención corre a cargo de
la Asociación para la Asistencia Social de la región de Suabia
(...) y que se encuentran entre el grupo de enfermos considerados
enfermos mentales, débiles mentales, idiotas o epilépticos». El
autor del escrito solamente especificaba cifras («110 tutelados
masculinos y 70 femeninos») e indicaba que los nombres de los
«designados para la entrega» los debía comunicar la directora del
centro. El 18 y 19 de noviembre fueron a recoger a los pacientes
(sobre lo ocurrido el 19 de noviembre, véase la página 89 y
ss.).148
También durante la segunda mitad del año
1940, y por última vez el 2 de diciembre, los transportistas de la
Acción T4 trasladaron a más de 400 pacientes del establecimiento de
los josefinos del sur de Baden. Después, la Oficina de Enlace para
los Alemanes Étnicos alojó allí a 208 alemanes étnicos y, más
tarde, a eslovenos en proceso de germanización.149
En el mismo periodo, la Gekrat vació el
establecimiento Attl en Wasserburg am Inn. En febrero de 1941, el
funcionario responsable de los reasentamientos en la Oficina
Principal de Seguridad del Reich, Hans Ehlich, comentó lo siguiente
aludiendo a este hecho: «Este monasterio pertenece a frailes que
hasta entonces habían alojado en su establecimiento a idiotas
incurables. Una parte de estos ocupantes ya “no está”. El jefe de
distrito del NSDAP ha puesto este centro a disposición del
comandante en jefe de las SS para la admisión de
reasentados».150
Algo parecido sucedió en los
establecimientos de Neuendettelsau, en la Franconia. El 23 de abril
de 1941, el representante del Colegio de Médicos del Reich escribió
al Ministerio de Interior: «El departamento de Asuntos Exteriores
del Colegio de Médicos del Reich, encargado por el comandante en
jefe de las SS de la atención sanitaria de los reasentados
alemanes, solicita al ministro de Interior del Reich, con el
propósito de alojar a tiroleses del sur ancianos, achacosos y
necesitados de cuidados, aplicar la ley de remuneraciones en
especie para deberes del Reich en el caso de los establecimientos
de Neuendettelsau especialmente adecuados. Es necesario dejar 1.800
plazas libres».151
Al igual que en los reasentamientos efectuados en la Polonia
ocupada, el desalojo de los centros se efectuó teniendo en cuenta
que «un tirolés del sur necesita el mismo espacio que dos de los
antiguos tutelados».152
El 20 de abril, el director del establecimiento de las diaconisas
luteranas de Neuendettelsau se declaró dispuesto a «ofrecer 550
camas a los camaradas nacionales del Tirol del sur».153 El 14
de julio de 1941, el Colegio de Médicos del Reich comunicó a las
autoridades de los reasentamientos de Himmler que se había
«alcanzado un amplio acuerdo» con la dirección del establecimiento.
No obstante, esto sucedió después de que Himmler ordenara, el 3 de
julio de 1941, «llevar a cabo de forma inmediata el internamiento
de los ancianos reasentados y ya no operativos del Tirol del
sur».154
En septiembre de 1940, el responsable de la
Oficina de Enlace para los Alemanes Étnicos en Würzburg comunicó lo
siguiente a sus superiores en Berlín: «Para el alojamiento de los
alemanes étnicos de Besarabia previsto para el Gau de Mainfranken, he confiscado, entre otros,
varios edificios del establecimiento neurológico de Werneck y he
llevado a cabo su desocupación mediante el reasentamiento de los
enfermos mentales».155
De los 1.500 edificios que la Oficina de
Enlace para los Alemanes Étnicos utilizó en los años 1940 y 1941
como campamentos para reasentados, 500 eran establecimientos
eclesiásticos.156
CUARTELES RESISTENTES AL FRÍO PARA LA WEHRMACHT
En el verano de 1941, los alemanes
invadieron la Unión Soviética con el propósito de dejar morir de
inanición a 30 millones de personas y asesinar activamente a varios
millones. Tal como dijo el historiador y filósofo alemán Ernst
Nolte en 1963, aquella fue «la guerra de esclavización y exterminio
más atroz que ha conocido la historia moderna».157
Por un lado, los economistas alemanes planearon cortar el
suministro de alimentos a los centros industriales y urbanos
densamente poblados de la Unión Soviética. Por otro, la Wehrmacht y
las SS se pusieron de acuerdo para crear los grupos de operaciones
formados por la Policía de Seguridad (Sicherheitspolizei) y el
Servicio de Seguridad (SD, Sicherheitsdienst), cuya misión especial
era el asesinato en masa, sangriento y directo.
Apoyados por soldados de la Wehrmacht,
regimientos de policía y refuerzos autóctonos, los miembros de las
citadas unidades fusilaron en los primeros seis meses de guerra a
aproximadamente medio millón de hombres, mujeres y niños judíos,
además de algunos miles de comunistas. Durante los primeros ocho
meses, la Wehrmacht dejó morir de inanición en los campos de
prisioneros a unos dos millones de soldados del Ejército Rojo y
apartó a varias decenas de miles de soldados judíos para
ejecutarlos. Antes, durante las marchas hacia los campos de
prisioneros, los soldados de la Wehrmacht habían fusilado en las
cunetas a decenas de miles de militares soviéticos
desarmados.
En la primavera de 1941, el alcalde de
Hamburgo anotó el objetivo perseguido con el asedio alemán de
Leningrado: «Suponemos que la gran mayoría de la gente que vive
allí, aproximadamente 5, 5 millones, morirá de hambre». Un oficial
de alto rango del SD, el Dr. Martin Sandberger, dijo lo mismo con
otras palabras: «En toda la zona se alcanzará un índice de
mortalidad muy elevado por motivos de economía alimentaria, entre
otros». Eduard Wagner, intendente general del ejército en 1941 y
participante en la conspiración contra Hitler del 20 de julio de
1944, había ordenado lo siguiente: «Los prisioneros de guerra que
no trabajen deben morir de inanición».158
En total, la guerra costó al bando soviético 25 millones de
vidas.
Ante semejante escenario del horror, el
homicidio de varias decenas de miles de dementes, discapacitados y
enfermos contagiosos podría ser una cuestión menor. Sin embargo,
estos crímenes afloran en la memoria porque se perpetraron sobre
personas débiles, completamente indefensas y necesitadas de ayuda y
afecto. Para los miembros de la Wehrmacht, lo que importaba eran, a
veces, los alimentos que consumían las «bocas inútiles» en los
establecimientos de curación y cuidados y, casi siempre, los
edificios representativos y bien acondicionados donde residían los
enfermos y que ahora se debían transformar en cuarteles u
hospitales militares. Así, el asesinato de 599 enfermos mentales en
noviembre de 1941 se expresaba en los siguientes términos en un
comunicado emitido por el comando de operaciones especiales 4b: «La
explotación agrícola desalojada mediante el fusilamiento de la
mayor parte de los residentes del manicomio de Poltawa se halla a
disposición preferencial del hospital de campaña local. Las
sábanas, ropa y otros objetos de uso acumulados también se han
distribuido preferentemente entre los hospitales
militares».159
El 8 de octubre de 1941, el jefe del grupo
de operaciones especiales A y general de las SS Franz Walter
Stahlecker hizo constar en un informe que, en varias ocasiones,
altos oficiales de la Wehrmacht le habían pedido «limpiar» con
urgencia los sanatorios neurológicos «necesarios para albergar
cuarteles». El grupo de operaciones A actuaba en el norte de la
Unión Soviética. Durante las dos semanas anteriores, el jefe del
Estado Mayor Franz Halder había hablado en distintas ocasiones con
el intendente general Wagner sobre el uso de los manicomios del
área militar norteña como cuarteles preparados para el frío
invernal. Halder expresó algún reparo, pero reflejó con las
siguientes palabras el resultado de las conversaciones: «Los
enfermos mentales son sagrados para los rusos, pero la matanza es
necesaria». Sin embargo, para Stahlecker eso no era competencia
suya. Este general admitió que sus unidades habían liquidado hasta
mediados de noviembre a 748 enfermos mentales, pero solo porque «se
habían convertido en un peligro para la seguridad», es decir,
porque los alimentos se habían acabado, los cuidadores habían huido
y los enfermos habían escapado del recinto hospitalario. Pero como
las necesidades de acuartelamiento del ejército no tenían nada que
ver con la situación de seguridad, Stahlecker dejó «a criterio de
las instancias de la Wehrmacht adoptar con sus propias fuerzas las
medidas que se estimen necesarias». En su gran mayoría, los
oficiales del ejército no querían tomar tales decisiones y
procuraban en todo momento confiar los asesinatos a la gente de las
SS en vez de a soldados comunes.
A pesar de estas diferencias entre los entes
militares, los alemanes mataron a muchos miles de pacientes
ingresados en manicomios soviéticos. El procedimiento utilizado
para llevar a la práctica estas decisiones queda ilustrado en la
historia del asilo de Makarevskaya. A principios de diciembre de
1941, en este antiguo monasterio situado en los territorios del
frente de Leningrado-Schlüsselburg todavía vivían 240 mujeres.
Sufrían sífilis o epilepsia y la mayoría provenía de la cercana y
entonces sitiada ciudad de Leningrado. El mando del 18.º cuerpo de
la Wehrmacht (el 18.º ejército) quería utilizar el establecimiento
para sus fines y, por ello, propuso que las unidades de las SS
fusilaran a las internas. El oficial al mando en la zona, el
coronel Nikolaus von Vormann, informó de ello al jefe del grupo de
operaciones especiales Stahlecker, pero este —una vez más— se hizo
el sordo. Después de esperar en vano una respuesta durante doce
días, Vormann se dirigió a su superior militar, el coronel general
Georg von Küchler, para pedirle que consiguiera «la correspondiente
aprobación del general de brigada Stahlecker». Aparte de expresarle
que aquello era conveniente para el ejército, Vormann apoyó su
pretensión con otro argumento más: «Hay que añadir que las
residentes del establecimiento también constituyen, desde una
perspectiva alemana, vidas que ya no son dignas de ser
vividas».
Por supuesto, en el invierno de 1941 a 1942,
los oficiales y soldados alemanes que combatían en el frente ruso
tenían problemas más acuciantes que la puesta en práctica de las
ideas eutanásicas. Lo que más les preocupaba era el frío. En el
norte de la Unión Soviética, la temperatura caía en aquella época
hasta los 35 grados bajo cero. En este escenario, el día 25 de
diciembre, el coronel Vormann insistió de nuevo en el traslado de
un regimiento al monasterio de Makarevskaya. Von Küchler «dio su
aprobación para solucionar el problema surgido en el antiguo
monasterio de Makarevskaya» de forma inmediata con el método que le
habían propuesto algunas semanas atrás («matanza necesaria»). Así,
ordenó sin poner ningún reparo: «El SD recibirá las
correspondientes indicaciones de implementación de la medida
directamente del general de brigada de las SS Stahlecker en el
ejército». En el diario de campaña del 18.º cuerpo del ejército se
puede leer lo siguiente con fecha del 3 de enero de 1942: «Asunto:
manicomio de Makarevskaya. La cuestión se ha zanjado».160
Por deseo expreso de los oficiales de la
Wehrmacht locales, un comando del grupo de operaciones especiales
había fusilado a las 240 pacientes. Del examen de los comunicados e
informes de los comandos de operaciones especiales de las SS se
puede deducir que existe documentación, si no de todos, sí de un
gran número de asesinatos en masa cometidos por alemanes sobre
dementes, discapacitados y enfermos soviéticos. He aquí algunos
ejemplos.
De la nota de incidencias número 88, con
fecha del 19 de septiembre de 1941, sabemos que el grupo de
operaciones especiales A, apoyado por el grupo de autoprotección
letón, ejecutó el 22 de agosto a 544 enfermos mentales del
manicomio de Aglona, situado en las afueras de Daugavpils. Diez
hombres «que hay que considerar como curados con defecto» fueron
dados de alta por el Dr. Berg, director del establecimiento,
después de ser esterilizados.
En la nota de incidencias número 132 del 12
y 13 de noviembre de 1941, el jefe del grupo de operaciones
especiales B informó de lo siguiente sobre un comando asesino que
tenía a sus órdenes: «La cifra de ejecutados por el comando de
operaciones especiales 5 ha ascendido a un total de 15.110 hasta el
20 de octubre de 1941. En el periodo del 13 de octubre de 1941 al
19 de octubre de 1941, los fusilados han sido 20 funcionarios
públicos, 21 saboteadores y saqueadores y 1.047 judíos. La
liquidación de 300 enfermos mentales judíos del manicomio de Kiev
llevada a cabo el 18 de octubre de 1941 ha supuesto una presión
psicológica especialmente fuerte para los hombres encargados de la
ejecución.»161
En la nota de incidencias número 148 del 19
de diciembre de 1941 se comunicaba lo siguiente: «En Shumyachi
(cerca de Smolensk) se ha fusilado a 16 niños judíos y rusos
enfermos mentales que se encontraban alojados en un hogar
infantil». Por lo visto, «las autoridades soviéticas los habían
dejado en un estado de completo abandono». También en este caso, un
oficial de la Wehrmacht estaba entre los ejecutores: «El médico
jefe alemán del hospital de Shumyachi a quien se ha consultado ha
explicado que los pacientes del hogar infantil constituían un foco
de infección de primer orden y que por ello era conveniente su
fusilamiento».162
En un informe del comando de operaciones
especiales 2 (del grupo de operaciones especiales A) fechado a
principios de 1942 se hace balance del asesinato en masa de los
judíos letones y se explica la situación en la que se encontraban
los 19.000 judíos deportados a Riga desde el Reich. Estaban
alojados en el gueto de dicha ciudad y en dos campamentos en
condiciones pésimas. «Para tratar desde el principio cualquier
peligro de infección en el gueto y en los dos campamentos», dice el
documento, «se ha apartado y ejecutado individualmente a judíos con
enfermedades contagiosas (disentería y difteria). Para evitar el
conocimiento de estas medidas entre los judíos locales y los judíos
del Reich, el transporte de evacuación se ha camuflado como
traslado a una residencia judía para ancianos y enfermos. Además,
algunos judíos enfermos mentales han sido eliminados utilizando el
mismo procedimiento».163
En diciembre de 1942, el escritor Ernst
Jünger analizó la situación en el campo de batalla y viajó hasta el
Cáucaso. El 1 de diciembre anotó en Woroschilowsk (Stávropol) lo
que había oído durante una visita a un laboratorio de investigación
bacteriológica especializado en el germen causante de la peste:
«Como en el instituto de investigación de la peste también se
elaboran grandes cantidades de vacuna, el edificio está bajo
protección desde la invasión de las tropas alemanas. Para su
avituallamiento se le ha asignado un koljós donde el estado ruso
había dado trabajo y alimentado hasta entonces a 800 enfermos
mentales. Ahora, para vaciar la finca asignada al instituto, estos
enfermos han sido asesinados por el Sicherheitsdienst. Actos de
este género delatan la tendencia de los tecnócratas a confundir
moral por higiene y verdad por propaganda».
Con la sobriedad que le caracterizaba, Ernst
Jünger resumió a finales de diciembre de 1942 sus impresiones sobre
la actuación de las tropas alemanas: «El Imperio (Reich) de la Muerte es como un cuarto trastero:
todo lo que resulta incómodo y difícil se esconde allí para que no
vuelva a salir nunca jamás. Pero quizás se equivocan en este
punto».164
De hecho, se equivocaron. La casualidad quiso que algunas personas
sobrevivieran y hablaran de ello después. Entre ellas, Galina
Getmanschuk, que vivió de niña en una residencia infantil para
discapacitados en la ciudad de Yeisk (región de Krasnodar). El 9 de
octubre de 1942, hombres de las SS llegaron con un camión de
gaseamiento y asfixiaron en su interior a casi todos los 260 niños
de la residencia; más de cien eran todavía pequeños o bebés. Galina
Getmanschuk consiguió esconderse y escapar con unos pocos más. En
1962 explicó su experiencia:
«Con parte de los niños, especialmente los
bebés, acabaron rápido. Después, los alemanes se dirigieron al
edificio de habitaciones y buscaron, allí y en sus alrededores, al
resto de niños. Hoy no puedo describir con exactitud cómo los
cargaron a los camiones, porque no veía nada del miedo que tenía.
Solo recuerdo que uno de los alemanes vino al lavabo, llamó a la
puerta y dijo en alemán: “¡Niños, niños, venid!”. Pero no abrimos.
Entonces, dijo en un ruso chapurreado: “¡Skoro, skoro!” (rápido, rápido). Como pensábamos
que quería ir al lavabo, le abrimos. Pero no entró, sino que nos
llevó al camión. El segundo alemán, que estaba junto al vehículo,
lo señalaba con la mano y gritaba: “¡Sentaos, sentaos!”. Pero no
subí al camión, sino que aproveché una oportunidad que tuve para
correr hacia la casa y esconderme en el piso de arriba. Desde allí
pude oír cómo un traductor preguntaba a una educadora si todos los
niños estaban cargados en el camión. Ella respondió: “No, no
todos”. Entonces, el traductor dijo: “Vale, mañana volveremos”. Al
día siguiente volvieron los alemanes, cargaron a 25 niños más y los
gasearon. Solo cinco pudieron permanecer ocultos y
sobrevivieron.165
Tras la liberación de la ciudad de Krasnodar
en 1943, la justicia soviética procesó a las personas que habían
colaborado con los alemanes. Un testigo declaró en julio de 1943:
«El 22 de agosto (de 1942) me dirigía al hospital municipal número
3, donde me había sometido a un tratamiento, para que me expidieran
un certificado médico. Cuando entré en el patio, vi un gran
automóvil de carga con la carrocería de color gris oscuro. Antes de
que pudiera dar dos pasos, un oficial alemán me agarró del cuello y
me llevó a empujones hasta el furgón. El interior estaba repleto de
gente, unos desnudos y otros en ropa interior. La puerta se cerró
de golpe. Noté que el camión se puso en movimiento. A los pocos
minutos, me mareé y empecé a perder el conocimiento. Tiempo atrás
había asistido a un curso de defensa antiaérea, así que supe
inmediatamente que nos estaban envenenando con algún gas. Rompí la
camisa a jirones, la mojé con orina y me la apreté contra la nariz
y la boca. Así pude respirar más fácilmente, pero al final me
desmayé. Cuando recobré el juicio, me encontré tendido en una fosa,
rodeado de varias docenas de cadáveres. Conseguí salir de allí
reptando como pude y volví a casa arrastrándome».166
En la década de 1960, el médico ucraniano
Prof. W. S. Protopopov describió una escena que había presenciado
en octubre de 1941 en el hospital psiquiátrico de Járkov y que
nunca olvidó: «Era un grupo de enfermos desnudos y desamparados,
rodeados de fascistas armados. Algunos de los enfermos lloraban,
otros reían porque no entendían lo que pasaba a su alrededor y
pensaban —quizás— que se trataba de alucinaciones, y otros se
mostraban completamente indiferentes. Sin duda, muchos enfermos
supieron lo que estaba pasando y por instinto sintieron su muerte
inminente. Su única culpa era estar enfermos y
desamparados».167