Capítulo 13

—Así que esto es Bandera, ¿eh? —dijo Tessa mirando por la ventanilla de la furgoneta de Cole mientras entraban en el pueblo desde la autopista—. Tu madre dice que es la capital mundial de los cowboys, pero a mí no me parece muy diferente a River Bluff.

—Lo que pasa es que Bandera tiene mejor equipo de relaciones públicas.

Tessa sonrió haciendo un esfuerzo. El día había sido muy largo y pesado.

Sunny había tenido fiebre por la noche. Las visitas habían tenido que entrar con máscaras de protección y Joey, que tenía un poco de resfriado, se había tenido que quedar en casa.

Tessa había estado a punto de cancelar la cita que tenía con Cole, pero no quería que cuestionara sus motivos. ¿Quería evitar entrar en contacto con aquel tipo llamado Joel porque era músico?

Aquella misma tarde Tessa había mantenido una conversación seria consigo misma. Que Zeb hubiera sido un músico fracasado no quería decir que aquel hombre fuera un drogadicto sin ningún sentido de la responsabilidad.

Aun así, las dudas la acechaban. Sentía como si mil mariposas le bailaran en el estómago y no se podía concentrar en lo que le estaba contando Cole, que estaba hablando de los monumentos que había en aquella ciudad en honor de los vaqueros de todos los tiempos.

—Vamos a dejar aquí el coche porque, a lo mejor, si vamos más hacia el centro luego no encontramos sitio —comentó Cole.

Una vez en la acera, Cole le ofreció el brazo a Tessa y juntos se encaminaron hacia un local ruidoso que había en la calle siguiente.

—Te advierto que a este sitio le llaman El Bar del Sujetador —le dijo.

—¿Y eso?

—Ya lo verás.

Cuando entraron en el local, a Tessa le pareció que estaba entrando en el decorado de un western. Había mucha gente y el ruido era ensordecedor, pero había un ingenio en el aire que parecía contagioso. Cole le señaló el techo, que era muy alto, y del que colgaban varias docenas de sujetadores como banderas multicolores.

Los había de todos los colores, tamaños y estilos.

—Dios mío —exclamó Tessa—. Me gustaría saber quién fue la primera mujer que dejó aquí su sujetador y por qué lo hizo —añadió.

—Ven —le indicó Cole—. Vamos a la parte de atrás.

Tras pagar la entrada, se encaminaron a un recinto trasero que estaba al aire libre. Tessa se fijó en que había unas cuantas personas en la pista de baile.

—¿Cerveza? —le preguntó Cole.

Tessa asintió. Cualquier cosa que le sirviera para calmar los nervios.

—¿Dónde te quieres sentar?

—No lo sé. No muy cerca del escenario, mira el tamaño de los altavoces. Me van a estallar los tímpanos —contestó Tessa fijándose en que un par de chicas que estaban bailando ataviadas con vaqueros ajustados se fijaban en Cole.

No era para menos, pues estaba realmente guapo con sus vaqueros y su camisa blanca bien planchada. Aunque no llevaba sombrero, estaba en su salsa. Ella, sin embargo, llevaba la misma ropa de hacía dos días, a saber pantalones negros, botas y su jersey de Dolce & Gabbana. Nunca se había sentido más urbanita.

—Ahí veo una mesa libre —comentó Cole.

De camino hacia la mesa, pasaron por un puesto en el que vendían camisetas y tazas. Al acercarse, Cole le señaló unas fotografías que había en un extremo y Tessa sintió que las piernas le flojeaban.

—Dios mío, es Joel West —exclamó.

Cole la agarró del codo y la llevó hacia un taburete cercano. Él también se sentó y leyó a continuación lo que ponía en la fotografía.

El cantante y compositor Joel apellido es oriundo de Tennessee, pero está muy orgulloso de ser hijo adoptivo de Texas.

Tessa se quedó mirando la imagen que acompañaba el texto. Se trataba de un hombre de pelo oscuro y recogido en cola de caballo que llevaba sombrero Stetson y tenía los ojos grandes con unas pestañas muy largas, exactamente igual que las de Joey. Tenía las cejas finas, la nariz recta y una sonrisa que le recordaba la que ponía su sobrino cuando quería hacerse el inocente para que no lo regañara por algo que había hecho.

—Joey y Joel. Qué coincidencia, ¿no? —comentó Cole.

Tessa le dio la vuelta a la fotografía. Por detrás, estaba la dirección de contacto del músico y las actuaciones que tenía programadas. Tessa buscó la fecha en la que Sunny había tenido el accidente.

—Debía de estar viniendo hacía aquí cuando se estrelló.

—¿Quieres ir a los camerinos antes de…?

Como si hubiera presentido que estaban hablando de él, en aquel momento apareció en el escenario un hombre con una camisa con diamantes de imitación y se acercó al micrófono.

—¿Se oye? ¿Podemos empezar? ¿Estáis preparados para escuchar buena música country?

Las hojas de los árboles cercanos vibraron ante los gritos del público.

—Empecemos entonces. El primero en salir al escenario va a ser un músico al que todos conocéis y al que nos gusta mucho tener por aquí. Un aplauso para nuestro texano adoptado, Joel West.

La gente ni siquiera esperó a que el músico llegara al micrófono para abarrotar la pista de baile. Tessa se irguió para poder verlo bien. Sin embargo, no le resultaba fácil porque tenía mucha gente delante.

La primera canción fue rápida y la gente aplaudía y silbaba el estribillo. A Tessa le parecía familiar, pero estaba más interesada en observar al cantante que en tratar de recordar la canción.

—Vamos más cerca —dijo.

Hacía años que no bailaba, pero por alguna extraña conexión de su cerebro comenzó a moverse sin darse cuenta. Cole la agarró de la mano y la giró hacia sí.

Tessa sonrió, olvidando por unos segundos el motivo que la había llevado hasta allí.

—Buenas noches, amigos —dijo el cantante al acabar la canción—. Muchas gracias por estar aquí —añadió deslizando la guitarra hacia su espalda y echándose el sombrero hacia atrás—. Ya sé que estáis esperando a que salgan los titulares, pero, aunque yo solamente soy el telonero, estoy muy agradecido de que me escuchéis a mí también.

Tessa aprovechó para acercarse un poco más. Lo tenía a pocos metros. Tragó saliva. Las palmas de las manos le sudaban. De repente, sintió los brazos de Cole rodeándola y su aliento en el cuello, lo que le tranquilizó.

Cuando Joel West levantó el rostro, los focos le dieron de lleno en la cara y Tessa pudo estudiar sus rasgos. Tenía el aire de un artista torturado y Tessa supuso que a su hermana le podría haber gustado aquel look, pero no veía señales de drogas ni de alcohol. Aquel hombre era joven y parecía sano.

—Los que ya me conocéis sabéis que me gusta interpretar mis propias canciones, canciones que he compuesto yo —los informó—, así que voy a empezar interpretando una canción mía que es lenta y que dedico a todas las parejas que hay en la pista de baile —sonrió mirando a Cole y a Tessa—. Esta canción se titula Algún día, Sunshine.

Tessa dejó escapar una exclamación, pero Joel West no la oyó porque ya estaba tocando la guitarra. Tessa pensó que tenía talento, pero sabía por experiencia propia que se necesitaba algo más que talento para poder vivir de la música. De repente, se le ocurrió que, a lo mejor, su hermana se había ido de Texas sin decirle a Joel que estaba embarazada por temor a que la infancia de su hijo fuera a ser tan triste como la que ellas habían tenido.

De repente, recordó una noche en la que había compartido el saco de dormir con Sunny. Aquel día, habían dormido en un parque porque su padrastro se había gastado lo que había ganado tocando con el grupo en una dosis de droga en lugar de en pagar una habitación en un motel. De repente, sintió que regurgitaba la cerveza y miró nerviosa a su alrededor en busca del baño.

—¿Estás bien? —le preguntó Cole.

Tessa negó con la cabeza.

—Quiero vomitar. Aire, necesito aire.

Cole la agarró de la mano y la llevó hacia la salida. En el camino, recogió las cazadoras. Cuando el portero insistió en marcarles las manos, Cole le preguntó cuándo comenzaría el próximo grupo a tocar.

—Dentro de unos cuarenta minutos.

No pararon ni para ponerse las cazadoras. Tessa corrió hacia el edificio de enfrente dando bocanadas de aire. Cuando se tranquilizó, se sintió avergonzada.

—Lo siento. No me suelen dar ataques de pánico, pero creo que lo que me acaba de pasar ha sido uno.

—A lo mejor ha sido claustrofobia. El río no está lejos. ¿Quieres que vayamos a dar un paseo hasta que te encuentres mejor?

Tessa asintió y bajó la cabeza. Cole sabía que aquello quería decir que estaba disgustada y no quería que le viera los ojos por temor a que leyera algo en ellos. Así que anduvieron en silencio hasta que dejaron de oír la música y pasaron a oír los sonidos de la noche, los grillos, las ranas y unos cuantos aullidos perrunos.

La única iluminación que había mientras se acercaban al agua era la de una farola. No había coches aparcados por allí cerca y no parecía que hubiera nadie.

—Qué sitio tan tranquilo —suspiró Tessa.

—Sí, deberías volver de día, el agua tiene un color azul verdoso que no parece de este mundo.

Tessa se giró de repente hacia él.

—¿Te importaría abrazarme?

Se lo había preguntado con voz trémula y Cole sintió que el corazón le daba un vuelco. La estrechó entre sus brazos y comprobó que Tessa estaba temblando.

—¿Qué te pasa, Tessa?

—Discutí con mi hermana el otro día, cuando la estaba llevando al aeropuerto.

Me pareció que vacilaba, como que no sabía si decirle al padre de Joey que tenía un hijo y así se lo hice saber. Ella me dijo que era su vida y yo le contesté que, si nuestra madre le hubiera dicho a mi padre que yo existía, a lo mejor no me tendría que haber pasado toda la infancia en la calle para pagar las medicinas de su padre, que era un drogadicto.

Cole no supo qué decir ante aquellas palabras tan tajantes y tan duras, así que se limitó a abrazarla y a esperar.

—¿Te ha sorprendido lo que le dije?

—Conoces a mi hermana, así que supondrás que estoy acostumbrado a que las mujeres expresen su opinión —contestó Cole acariciándole la mejilla—. Annie y yo nos hemos dicho muchas cosas y a veces hemos sido muy duros el uno con el otro, pero te aseguro que, si estuviera en el hospital, me sentiría exactamente igual que tú.

Tessa cerró los ojos y suspiró. Cole no la besó a pesar de que le apetecía hacerlo, se conformó con estrecharla con fuerza entre sus brazos y acariciarle la espalda.

—Tessa, tú no tienes la culpa de que Sunny tuviera un accidente. Además, me dijiste que fue decisión suya venir a Texas para hablar con el padre de su hijo. A lo mejor, dudó y le vino muy bien que tú insistieras.

Tessa tomó aire y exhaló lentamente.

—Deberíamos volver.

Cole apartó los brazos y se quedó mirándola.

—Hace poco, Annie escribió un artículo sobre abuso infantil. El médico al que entrevistó le dijo que…

—Zeb jamás abusó de mí —lo interrumpió Tessa—. Era un hombre encantador aunque fuera un fracaso como músico. Si no hubiera enfermado de sida, creo que algún día habría conseguido hacerse famoso, pero se pasó diez años enfermo. Eso significó menos giras con el grupo y más facturas que pagar. Por supuesto, recibimos ayudas estatales y mi madre hizo todo lo que pudo. También me sirvió para aprender desde muy pequeña que no debía depender de nadie —le contó entreteniéndose un buen rato en ajustarse la correa del bolso, que le cruzaba el pecho

—. En cuanto a Joel West, es exactamente el tipo de hombre del que Sunny se enamoraría, pero no es el padre de mi sobrino hasta que haya pasado la prueba de ADN, así que ¿vamos a por una muestra de saliva?

Para volver al local tenían que subir por una cuesta de pavimento irregular. A pesar de que Cole llevaba una venda elástica en el tobillo, para cuando llegaron arriba, le dolía bastante.

Tras enseñarle el sello de la mano al portero, entraron. Los músicos titulares todavía no habían comenzado a tocar, pero el pinchadiscos había puesto Boot Scootin’

Boogie a todo volumen y la gente estaba bailando como loca.

—¡Ahí está! —gritó Tessa.

Efectivamente, Joel West estaba en la barra, flanqueado por dos mujeres. A Cole le pareció que no estaba muy interesado en ninguna de las dos.

Tessa avanzó hacia él a través de la multitud y, una vez a su lado, le dio en el hombro. Cole no pudo escuchar lo que le decía al oído, pero vio que el hombre la miraba con los ojos muy abiertos.

—¿Eres la hermana de Sunny? ¿Eres Tessa? Madre mía. ¿Dónde está tu hermana? —la interrogó mirando a su alrededor—. ¡No te puedes ni imaginar cuánto tiempo llevo esperándola! Se fue sin decirme nada. De repente. Desapareció. Cuando le eche la mano encima… por favor, dime que está aquí. Tengo que hablar con ella.

Tessa miró a Cole.

—¿Se te ocurre algún sitio más tranquilo en el que podamos hablar?

Cole se quedó pensativo un momento.

—Hay un bar de camino al pueblo. No es nada del otro mundo, pero…

Tessa asintió y Cole le dijo el nombre del lugar a Joel, que quedó en reunirse allí con ellos en un cuarto de hora. Era evidente que el joven músico tenía un montón de preguntas, pero Tessa se negó a contestar a ninguna.

Necesitaban intimidad para la conversación que iban a mantener.

El músico empezó a hacerle preguntas en cuanto llegó al lugar en el que habían quedado y se sentó en la tranquila mesa que Cole había pedido. La camarera les dejó las cartas y tres tazas de café y desapareció. Tessa estaba demasiado nerviosa como para beber nada.

—¿Dónde está? ¿Por qué no ha venido ella? —le preguntó a Tessa—. ¿Y tú quién eres? —le dijo a Cole.

—Cole Lawry, un amigo.

—Lawry, me acuerdo de que Sunny me habló de ti. Trabajabais juntos en la inmobiliaria, ¿no? Me contó que la habías ayudado a encontrar trabajo. ¿Qué pasa, tío?

Tessa se echó hacía delante y entrelazó los dedos sobre la mesa.

—Encontré el nombre de Cole en el diario de mi hermana y por él empecé a buscar. Cole me ha ayudado a encontrarte.

—¿Encontrarme? Podrías haberme encontrado hablando con Sunny —comentó Joel confuso—. Me llamó justo después del día de Acción de Gracias y me dijo que quería hablar conmigo, pero no ha aparecido. Ya no sabía qué pensar. ¿Le ha pasado algo?

Cole le explicó que Sunny había tenido un accidente de coche porque Tessa no podía hablar.

—¿Está en coma? —se asustó Joel—. Oh, Dios mío, y yo aquí enfadado mientras ella está en el hospital. ¿En qué hospital está? Quiero ir a verla ahora mismo.

Tessa alargó el brazo al ver que el músico se levantaba. Le caía bien. Parecía realmente preocupado por Sunny.

—Primero, me gustaría hablar contigo. En cualquier caso, las horas de visita ya se han terminado. Te prometo que mañana por la mañana podrás verla, pero antes tengo que hablar contigo y quiero que me cuentes la verdad.

Joel volvió a sentarse y miró a Tessa a los ojos.

—Dispara.

—¿Sabes por qué mi hermana se fue de Texas sin decirte que estaba embarazada?

Joel se quedó con la boca abierta, mirando a Tessa y a Cole de hito en hito.

—¿Estaba embarazada? —tartamudeó tomando aire—. ¿Y… y lo tuvo?

Tessa asintió.

—Sí, se llama Joey y tiene diecinueve meses.

—¿N-no abortó?

—Mi hermana y su hijo viven con mi madre, en Oregón, donde trabaja media jornada en la misma explotación de semillas orgánicas en la que trabaja mi madre.

Joel se echó hacia atrás y cerró los ojos.

—Un hijo, tengo un hijo —murmuró.

Cuando volvió a abrir los ojos, se le habían empañado por las lágrimas.

—Lo que ocurrió entre nosotros, la razón por la que tu hermana se fue… fue culpa mía —declaró—. Lo estropeé todo.

Tessa y Cole se miraron y esperaron a que les explicara.

—Llevo toda la vida componiendo canciones. Vender una canción y ganar dinero es como buscar una aguja en un pajar. La mayor parte de los compositores no vende ni una sola canción en toda la vida. Un mes antes de conocer a Sunny, tuve una gran oportunidad. Bueno, por lo menos en el momento me lo pareció. Encontré un agente que me quería representar. Me dijo que todo iba a ir fenomenal y me convenció de que era sólo cuestión de tiempo. Yo ya me veía viviendo en Nashville y multimillonario —les contó sacudiendo la cabeza.

Ahora que se había quitado el sombrero, Tessa se fijó en que, aunque tenía el pelo recogido en una coleta, lo tenía rizado. Ahora ya sabía de dónde habían salido los rizos de Joey.

—Aproximadamente una semana antes de irse, Sunny me preguntó qué me parecían los niños. Yo supuse que me lo estaba preguntando sin ninguna intención y, como no quería arrastrar a una familia hasta Nashville, le dije que prefería no tenerlos —se lamentó—. Ojalá pudiera dar marcha atrás y cortarme la lengua.

Menudo arrogante y estúpido que fui.

—¿Y qué pasó con el agente? —quiso saber Cole.

—Era un timador. Me di cuenta cuando me pidió mil dólares para contratar a un profesional para que grabara mi canción. Aunque no sea Hank Williams, soy cantante profesional y, si mi voz no vende mi canción, no voy a permitir que la cante otra persona —le explicó bebiéndose el café—. Cuando Sunny se fue, me quedé muy mal, me fui haciendo autostop a casa de mis padres, que viven en la Costa Este. Una vez allí, me entró una depresión, me sentía triste e incomprendido.

»Al final, mis padres me invitaron a que me fuera. Entonces, me fui a Nashville a volver a intentarlo. Al final, me invitaron a tocar con un grupo y me quedé con ellos aproximadamente un año. Consiguieron un contrato para hacer una grabación y probaron con una de mis canciones. Es alucinante, pero está en el álbum que grabaron. Lo malo fue que el grupo se disolvió porque el cantante quería triunfar en solitario. No le interesaba el tipo de música que yo hacía, pero mi tema de vez en cuando da unos cuantos dólares en concepto de derechos de autor. Aprendí mucho y me di cuenta de lo que me gustaba Texas, así que decidí volver.

—¿Y no buscaste a Sunny?

—Claro que sí. Intenté buscarla por internet, pero no encontré a ninguna Sunny Barnes en Portland. Incluso te busqué a ti, puse Tessa Barnes, pero nada.

—Mi madre y Sunny no viven en Portland, la finca en la que trabajan está a unos cincuenta kilómetros, más hacia la costa, y Sunny y yo somos hijas de padres diferentes. Mi apellido es Jamison.

—Sí, es verdad, tu hermana me comentó algo así. Entonces, ¿qué hacemos?

¿Puedo verla?

Tessa se sacó del bolso una tarjeta de Horizon que le habían dado.

—Las horas de visitas empiezan a las diez. Te voy a poner en la lista.

—A las diez. Allí estaré.

—Si a mi madre le parece bien, llevaré a Joey para que lo conozcas, pero te advierto que es muy protectora con él y que no le hace mucha gracia que esté buscando a su padre. A lo mejor, quiere esperar a tener los resultados de las pruebas de ADN.

Joel se quedó mirando la tarjeta, que sostenía en su mano, temblorosa.

—¿ADN? Sí, se hace con saliva, ¿no? ¿Me la pueden hacer en el hospital?

¿Cuánto tardan en darte los resultados? Si Joey es hijo mío, quiero saberlo cuanto antes.

Tessa miró a Cole, que asintió, dándole a entender que su búsqueda había finalizado.

—Mi intuición me dice que tú eres el padre de mi sobrino, pero, si te haces la prueba de ADN, nos quedaremos todos tranquilos —le dijo al músico entregándole un kit que llevaba en el bolso—. Cole, tú estás de testigo.

Joel metió su saliva en el botecito de plástico, lo cerró y puso su nombre en la etiqueta.

—Hay un buzón de mensajería urgente en el camino de vuelta a casa —apuntó Cole—. Podemos pasar ahora.

A Tessa no le apetecía irse, pero sabía que volvería a ver a Joel West por la mañana. Tras despedirse, se dijo que, a lo mejor, el músico podría despertar a su hermana.

Como la Bella Durmiente y el Príncipe Azul.