Capítulo 5

Tessa le estaba leyendo un cuento a Joey cuando se abrió la puerta del motel y entró su madre a toda prisa. Llegaba con su pelo, largo y canoso, suelto y no recogido en la trenza que solía llevar. Una vez dentro, dejó el bolso en el suelo y se acercó a la mecedora en la que estaban sentados Tessa y Joey.

—Estáis aquí. Menos mal —sonrió.

—En cuanto hemos llegado, he llamado a la habitación de Sunny, pero no me contestabas. ¿Todo bien?

A Autumn se le llenaron los ojos de lágrimas, pero asintió. A continuación, se arrodilló a su lado y abrió los brazos.

—Hola, cariño, la abuela te ha echado mucho de menos —le dijo a Joey—. ¿Me das un abrazo?

Joey se lanzó en brazos de su abuela y la besuqueó.

—¿Algún cambio? —quiso saber Tessa.

—No. Ha venido otro especialista esta mañana. Por lo visto, estaban preocupados por los riñones de tu hermana. Me parece que le han cambiado la medicación —contestó su madre acariciando el pelo a Joey—. Bueno, entonces, ¿has visto a Santa Claus?

—Sí —contestó el niño encantado.

—Tengo un par de fotografías —anunció Tessa sacando la cámara fotográfica de su bolso—. Mira.

—No me he traído las gafas, pero… ah, sí, sí, ya os veo. Sí, Joey, mira, estás aquí con Santa Claus. Qué bonito —contestó su madre devolviéndole la cámara a Tessa—.

¿Tienes alguna de ya-sabes-quién?

—No, la situación no se prestó, pero lo vas a conocer en persona porque ha dicho que va a venir hoy a ver a Sunny.

—¿Cómo?

Tessa sabía que a su madre no le iba hacer ninguna gracia que Cole se presentara allí, así que se puso en pie y se dirigió a la cocina a colocar la compra que Joey y ella habían hecho el día anterior en la ciudad.

—Cole me contó, y Amelia me lo ha confirmado, que Sunny y él eran amigos.

Por lo visto, la ayudó a encontrar trabajo y casa.

Su madre no contestó, pero a los pocos segundos Tessa escuchó las voces de los protagonistas de un video infantil y su madre se reunió con ella en la cocina.

—He comprado agua. ¿Quieres un vaso?

—Sí, gracias —contestó Autumn—. La verdad es que se me olvida beber.

Cuando estoy en el hospital, se me olvida todo. Cada vez que entro por la puerta de ese edificio, es como si entrara en un universo paralelo.

Tessa se sirvió también un vaso de agua y ambas mujeres se dirigieron a la mesa que había junto a la ventana.

—Mamá, te tengo que contar un par de cosas y, aunque sé que estás cansada, creo que es mejor que te las cuente cuanto antes.

Autumn asintió.

—No creo que Cole Lawry sea el padre de Joey. Tiene los ojos azules y el pelo claro, pero no es el tipo de Sunny.

—¿Qué te dijo cuando le contaste que podría ser el padre de Joey?

—Al principio, creyó que estaba intentando engañarlo.

—Por favor, tú eres incapaz de una cosa así. Entonces, si él no es el padre,

¿quién será?

—No lo sé. Voy a llamar a la empresa en la que solía trabajar Sunny para ver si alguien se acuerda de ella. Solamente hay otros dos nombres en la lista. Tal vez, «el señor Big» o «G» fueran compañeros de trabajo —contestó sacando su teléfono móvil del bolso y marcando el número que había encontrado en internet.

—Agencia inmobiliaria BJM. ¿Con quién desea hablar?

—Me llamo Tessa Jamison. Mi hermana, Sunny Barnes, trabajó para ustedes y me gustaría saber si podría hablar con alguien que la conociera. Me parece que la contrató Cole Lawry.

—El señor Lawry ya no trabaja aquí.

—Sí, eso ya lo sé, pero a lo mejor hay alguien más que la conociera. Le estoy hablando de hace, más o menos, dos años —añadió Tessa dándole la dirección de la casa alquilada en la que solía vivir su hermana.

—¿Estamos hablando de una chica rubia de la Costa Oeste que era muy guapa?

—Sí, es de Oregón. ¿La conoces?

—No, cuando ella trabajaba aquí yo todavía no estaba, pero he visto fotografías suyas en una fiesta. Es muy guapa.

—Gracias. Verás, bueno… tuvo un accidente la semana pasada y está en coma y yo he venido a la ciudad para intentar saber qué sucedió, pensando que a lo mejor se habría puesto en contacto con la gente con la que solía trabajar. La única persona de la que me habló se llama Cole Lawry.

La recepcionista se quedó en silencio.

—Supongo que estás pasando por un mal momento. Verás, todo esto sucedió antes de que yo entrara a trabajar aquí, pero me lo han contado. Por lo visto, Cole no tardó mucho en marcharse después de que tu hermana dejara el trabajo. Aquí es una persona non grata. Ya sabes, por lo del divorcio con la hija del jefe.

Tessa se quedó estupefacta. ¿La ex mujer de Cole era la hija de su jefe?

—Vaya, por lo que me contó Sunny, parecía un tipo maravilloso.

—Supongo que eso depende de con quién hables. Si hay alguien que te puede ayudar con lo de tu hermana, ése es Big Jim, nuestro jefe, pero yo en tu lugar no mencionaría a Cole Lawry en la conversación.

—¿Y puedo hablar con ese Big Jim ahora? ¿Está por ahí?

—No, lo siento, está en Dallas —contestó la recepcionista—. Si quieres, déjame tu número de teléfono y le digo que te llame.

—Gracias, pero estoy casi todo el día en el hospital y no puedo tener el teléfono encendido. Llamaré más tarde. Muchas gracias.

Tras colgar el teléfono, Tessa le hizo un breve resumen a su madre de la conversación.

—¿Crees que ese Big Jim podría ser «el señor Big» que Sunny menciona en su diario?

—Podría ser —contestó Autumn—, pero, si tiene edad para tener una hija casada, es demasiado mayor para Sunshine.

Tessa no dijo nada, pero sabía que su hermana había salido con hombres mayores en otras ocasiones.

—Esta tarde, le preguntaré a Cole. Si viene, claro.

—No todos los hombres son poco fiables —le dijo su madre frunciendo el ceño.

«Sólo los que han sido importantes en mi vida», pensó Tessa.

A Cole no le gustaban en absoluto los hospitales. En aquellos momentos, hubiera preferido estar en cualquier otro lugar y no en el ascensor que lo conducía a la planta de Cuidados Intensivos. Era la primera vez que iba a aquel hospital. No le había resultado fácil encontrar aparcamiento para el coche, pero por fin lo había conseguido y allí estaba.

Con Tessa.

Aunque fuera extraño, se había alegrado mucho cuando la había encontrado en el vestíbulo unos minutos antes.

—¿Qué tal está?

—Más o menos igual. Mi madre me ha contado que esta mañana les ha dado un susto. Por lo visto, se le habían acumulado líquido en los riñones, pero ya se lo han sacado. Ahora, sólo queda esperar y rezar.

Lo de rezar a su madre se le daba muy bien. Cuando había muerto su padre, sintiéndose terriblemente deprimida y culpable, había buscado consuelo en la iglesia y había dejado a sus dos hijas completamente solas. Les había dado casa y comida, pero nada más.

Tessa sacó un chal del bolso y se lo echó por encima de los hombros.

—Aquí dentro suele hacer mucho frío y, luego, cuando salgo, me aso de calor.

La verdad es que me parece que llevo meses aquí en lugar de días.

—¿Te ha ayudado salir de la ciudad durante unas horas?

—Sí, me ha ayudado mucho ver el campo. Tenéis un campo precioso aquí en Texas. Lo cierto es que jamás lo hubiera imaginado. Creía que me iba a encontrar con un paisaje seco lleno de arbustos y de pozos de petróleo.

—Si vas hacia el oeste, encontrarás eso que tú dices. Texas es tan grande que tienes un poco de todo. Yo soy de aquí, así que no voy a negar que el paisaje que más me gusta de este estado es el que tenemos por aquí.

—¿Siempre has vivido en River Bluff?

—Sí, y en San Antonio —contestó Cole.

Tessa lo miró sorprendida.

—¿Qué pasa? —le preguntó Cole.

—Bueno, lo cierto es que me sorprende que vivas en River Bluff porque, aunque es un sitio con mucho encanto, no tiene mucho movimiento y no creo que haya muchas oportunidades de promoción laboral por aquí.

—Estás en lo cierto —contestó Cole.

Trabajando para la empresa de carpintería para la que trabajaba en aquellos momentos ganaba mucho menos dinero del que había ganado como agente inmobiliario en San Antonio.

—¿Por qué te volviste? Eres joven y este sitio es un poco para jubilados —sonrió Tessa.

No era la primera persona que se lo preguntaba. También lo habían hecho su hermana, su cuñado y sus amigos. Por lo visto, a la gente le costaba mucho comprender que fuera feliz trabajando de carpintero en lugar de dejándose la vida para ganar dinero, como había hecho años atrás.

Claro que ninguno de ellos sabía que aquel trabajo como agente inmobiliario había estado a punto de matarlo, nadie sabía que había estado tomando antidepresivos y pastillas para dormir, nadie sabía de las comidas en las que se tomaba cuatro martinis. En aquel entonces, la tentación de terminar con todo había sido muy fuerte y… había estado a punto de sucumbir ante ella.

—Me gusta lo que hago —contestó Cole mientras abría la puerta del ascensor

—. La carpintería es un oficio muy digno. Ya se hablaba de él en la Biblia.

—Muy bien, mensaje comprendido. No es asunto mío. Por aquí —dijo Tessa encogiéndose de hombros.

Tras darles sus nombres a las enfermeras, Cole se encontró junto a una cama en la que había una persona tapada con una sábana y conectada a varios monitores.

Sunny.

Pero no era la Sunny que él recordaba, no era aquella rubia alegre de sonrisa encantadora. La persona que había en la cama era una completa desconocida a la que le habían rapado la parte derecha de la cabeza y que tenía una cicatriz que le atravesaba el lóbulo temporal.

—Mi ex suegro la llamaba Ricitos de Oro —comentó.

—¿ Papá Oso existe de verdad? —le pregunto Tessa.

—¿Cómo?

—Mi hermana escribió en su diario La verdadera historia de Ricitos de Oro y Papá Oso —contestó Tessa mirando a su hermana sonriendo—. De pequeña, Sunny era una niña muy creativa. Tenía diez amigos imaginarios. Me hablaba de ellos constantemente y me contaba cómo iban vestidos y lo que hacían. La verdad es que siempre estaban metidos en todo tipo de melodramas —recordó bajando la voz—.

Como si no tuviéramos suficiente con el que teníamos nosotras encima —añadió.

—¿Y cuál es esa historia verdadera de la que habla?

—No me acuerdo —suspiró Tessa—. La verdad es que no leí con mucha atención porque en el momento no me pareció importante. Podría ser que « Papá Oso»

fuera el padre de Joey.

—¿Tú crees que Sunny y Big Jim McNally tuvieron una aventura?

—No sé. Tú trabajabas con ellos. Haz memoria.

Cole recordaba perfectamente que Crystal se había puesto como loca cuando Cole había contratado a la atractiva jovencita que llegaba sin apenas credenciales ni experiencia.

«La has contratado porque tiene buen cuerpo, ¿verdad?», le había espetado la que era su mujer por aquel entonces. «Lo has hecho para tentar a mi padre, como si mi madre no tuviera ya suficiente».

Lo cierto era que Cole recordaba perfectamente que su suegro solía mandar todos los lunes un ramo de unos cien dólares a la oficina. Se suponía que eran para todo el mundo, pero todos sabían la verdad.

—A mi hermana siempre le gustaron los hombres mayores porque nuestro padre murió cuando éramos pequeñas.

—Sí, lo sé, me lo contó. Era algo que teníamos en común porque el mío murió cuando yo tenía once años.

—Bueno, por lo menos tú lo conociste —comentó Tessa—. Perdóname un momento. Ahora vuelvo. Le quiero preguntar una cosa a la enfermera.

Una vez a solas, Cole se sentó en una silla, agarró a Sunny de la mano y sintió que un montón de emociones se apoderaban de él.

—Hola, preciosa, la verdad es que nunca me imaginé que nos íbamos a volver a encontrar en una situación así. Quiero que sepas que no me gustó mucho que te fueras sin despedirte. La verdad es que me extrañó porque tú no eras así. Nadie sabe lo que te pasó, pero éramos amigos y podrías haber acudido a mí.

Aunque, a lo mejor, estando él tan bajo personal y profesionalmente, ni siquiera la hubiera podido ayudar.

—Me temo que te fallé. Estabas embarazada y sola y yo no me di cuenta. No supe ayudarte. Lo siento, Sunny —se disculpó Cole apretándole la mano y dando un respingo cuando la enferma se la apretó también.

Estaba a punto de llamar a una enfermera cuando sintió una mano en el hombro.

—Nos han dicho que es el sistema nervioso, que reacciona ante los estímulos. A veces, te sigue con los ojos, pero en realidad no te está viendo —le explicó Tessa—. Es espantoso.

—La verdad es que no sé cómo lo soportáis —suspiró Cole.

—A mí me cuesta mucho —confesó Tessa inclinándose sobre su hermana y besándola en la frente—. Ya sé que suena egoísta, pero no puedo estar mucho tiempo en el hospital. La quiero mucho y no puedo soportar verla así. Menos mal que mi madre me entiende. Por eso es ella la que suele estar aquí y yo la que se queda con Joey.

—Que debe de estar harto de estar metido todo el día en un motel… —comentó Cole—. Tengo un par de horas libres antes de tener que volverme a disfrazar de Santa Claus. ¿Quieres que os enseñe un poco San Antonio? No estamos lejos del río y del Álamo.

Tessa no supo qué contestar.

—Veo que todavía no te fías de mí —comentó Cole—. Sunny y yo éramos amigos. Si me hubieras preguntado en aquellos tiempos, te habría dicho que era como su hermano mayor, pero… bueno, lo cierto es que no me siento orgulloso de lo que pudo haber pasado. No me tengo por un hombre que se emborracha y va por ahí teniendo aventuras sexuales, pero lo cierto es que las fechas coinciden.

—Si te hicieras la prueba de ADN, podríamos salir de dudas.

—Sí, estoy dispuesto a hacérmela —suspiró Cole—. Aunque a mi hermana no le hace gracia…

—No hace falta que me lo digas. Ya me lo ha dejado ella muy claro esta mañana

—contestó Tessa sacándose una cajita de crema hidratante del bolso y poniéndole un poquito a su hermana en los labios.

—¿Has estado con Annie esta mañana?

—Ha aparecido en el motel. Por cierto, ¿desde cuándo las periodistas van en bicicleta?

—Mi hermana es una enemiga acérrima de las petroleras. Supongo que eso le viene de mi padre. Mi padre detestaba a los barones del petróleo sin escrúpulos que había por aquí y mi hermana creció oyéndoselo decir.

—¿Cómo murió tu padre?

—Exactamente igual que todo el mundo, dejando de respirar —contestó Cole acercándose a la ventana—. Te pido perdón si mi hermana te ha molestado. Suele comportarse de manera demasiado protectora conmigo. Es su costumbre. Cuando mi padre murió, tuvo que hacerse cargo de mí.

—¿Y tu madre?

—Mi madre tuvo que ponerse a trabajar para pagar las facturas y Annie tuvo que hacerse cargo de todo lo demás.

—Bueno, lo cierto es que se ha mostrado un poco insistente.

—Te prometo que hablaré con ella —se comprometió Cole—. Bueno, entonces,

¿quieres que vayamos a ver El Álamo?

—Voy a llamar a mi madre para ver qué tal está y si a Joey le apetece ir —

contestó Tessa a pesar de que su reacción primera hubiera sido contestar directamente que sí.

Aunque no le interesaba lo más mínimo visitar el lugar en el que había tenido lugar la famosa batalla, cualquier cosa le parecía mejor que quedarse allí sentada esperando a que sucediera algo.