Capítulo 10
—Su hija es increíblemente fuerte y quiere vivir —le comentó el cirujano a Autumn cuando salió del quirófano casi tres horas después de que Cole dejara a Tessa en el hospital.
A continuación, Cole se había ido al motel para ayudar a su madre con Joey para que Tessa y Autumn pudieran esperar juntas.
—Hemos podido controlar la hemorragia. Creo que hemos llegado a un punto de inflexión. La vamos a tener en observación durante veinticuatro horas, pero tengo muchas esperanzas. Es una luchadora.
—Como su padre —contestó Autumn llorando.
—Más bien, como su madre —intervino Tessa abrazándola—. Sunny no se va a rendir.
Se negaba a comparar los últimos meses de vida de Zeb con el proceso que estaba viviendo su hermana.
Tras conversar un rato más con el cirujano, Autumn accedió a irse al motel a descansar. Tessa decidió quedarse en el hospital hasta que llevaran a su hermana de nuevo a su habitación. Una vez a solas, Tessa se paseó por la sala de espera, tomó unas cuantas notas en su agenda electrónica, hizo unos cuantos crucigramas y se quedó mirando por la ventana mientras anochecía.
Mientras observaba el cielo, esperó y pensó. Pero no pensó en su hermana, no pensó en «G», no pensó en el trabajo.
Pensó en Cole.
Le gustaba.
Le había gustado desde que lo había visto vestido de Santa Claus y, para ser completamente sincera consigo misma, lo cierto era que se sentía atraída físicamente por él.
Pero eran muy diferentes.
Para empezar, Cole no le daba importancia al dinero. Por ejemplo, había expresado abiertamente la opinión que tenía sobre la casa y el estilo de vida de sus ex suegros mientras que ella soñaba con tener una casa así algún día.
Tessa quería comodidad, espacio y seguridad. ¿La convertía aquello en una mujer pretenciosa? Posiblemente sí, pero no le importaba. Ganaba dinero y tenía derecho a gastarlo en lo que le diera la gana. Cole era feliz viviendo escondido en una cabaña remota con un perro y con sus amigos y compañeros de póquer, pero ese tipo de vida no era para ella por muy guapo y encantador que fuera Cole.
Mientras se paseaba de nuevo por la habitación, se preguntó dónde estaría en aquellos momentos. Probablemente, volviendo hacia River Bluff. Tessa se sentó en una silla y se cambió a otra porque le daba de lleno el aire acondicionado. Una vez acomodada de nuevo, consultó su reloj.
—¿Llegas tarde a alguna cita importante?
—¡Cole! —exclamó sintiendo un escalofrío por la columna vertebral—. ¿Qué haces aquí? Te hacía trabajando en el Polo Norte.
—Para allá voy en estos momentos —contestó Cole acercándose a ella—. Tengo a mi madre esperándome en el coche, pero quería pasarme por aquí para ver qué tal estabas. Es maravilloso lo que le ha pasado a tu hermana, ¿eh?
—Sí, hemos hablado con el cirujano y parece que todo va a salir bien. Las oraciones de tu madre deben de estar funcionando.
Cole asintió.
—No te he dado las gracias por lo de hoy. Me has servido para que Big Jim me recibiera. Me ha dado la sensación de que quería verte.
—Lo dudo mucho. Probablemente haya sentido curiosidad por saber por qué lo he llamado después de tanto tiempo —contestó Cole encogiéndose de hombros—.
Quería contarte que, mientras Joey se echaba la siesta, he estado haciendo unas cuantas llamadas. He hablado con una antigua compañera de trabajo que se llama Karen Hale y que era un encanto. Creo que tenemos una pista que nos puede llevar a
«G».
—¿De verdad? —exclamó Tessa poniéndose en pie—. ¿Quién es? ¿Dónde está?
—Karen ha hablado con la persona que se ocupa actualmente del edificio del que se ocupaba tu hermana cuando vivía aquí. Por lo visto, hay un recinto de barbacoas a pocos metros de la urbanización a las que suelen ir muchos universitarios. Suele haber música en directo.
—¿Y «G» toca allí?
—No lo sé, pero creo que merece la pena investigarlo.
Tessa sintió que le temblaban las manos de emoción y se dijo que era por lo que Cole le acababa de contar. En cualquier caso, se las metió en los bolsillos. De repente, se sintió como una colegiala ante su primer amor. Qué absurdo.
—Eh… muchas gracias, investigaré. Cuando tenga tiempo.
Cole se acercó un poco más. Como Tessa tenía las manos metidas en los bolsillos, no pudo evitar que la agarrara de las solapas de la cazadora y la apretara contra su torso.
—Sé que no tengo derecho, pero…
—¿Cómo dices? —se sobresaltó Tessa dándose cuenta de que sus labios estaban a pocos milímetros de distancia.
—Los dos sabemos que no soy el padre de Joey, pero soy amigo de Sunny y me importa lo que os pase a todos, así que, cuando vayas a buscar a «G», quiero ir contigo.
Aquello sonaba como un ultimátum. Tessa no estaba acostumbrada a que invadieran su espacio vital ni a que le dieran órdenes.
—¿Y tu partida de póquer?
—Es el miércoles. Mi madre ya tiene otra persona que puede hacer de Santa Claus el resto de la semana, así que tengo bastante tiempo.
Tessa intentó zafarse, pero lo único que consiguió fue frotarse contra su pecho y que se le endurecieran los pezones. Por cómo la miraba Cole, comprendió que a él no le había importado. A ella le había gustado la sensación también, pero no quería que Cole se llevara una impresión equivocada.
—Está bien, iremos juntos, pero ya basta de esto.
—¿Esto? —sonrió Cole.
—Sí, esto, sabes perfectamente a lo que me refiero. Atracción sexual, ligoteo o como lo quieras llamar. Suéltame y aléjate.
—¿Y si no lo hiciera qué harías? ¿Me besarías?
—Claro que no —contestó Tessa encontrándose, sin embargo, con sus labios pegados a los de Cole.
Tessa sintió sus labios calientes y húmedos, dulces y con un leve rastro de menta.
—Muy bien, me voy —anunció Cole rompiendo el contacto, soltándola y pasándole las manos por el pecho para ponerle bien la cazadora, supuso Tessa—. Te llamo luego. Bueno, mejor mañana porque supongo que estarás muy cansada. En cualquier caso, si tu hermana mejora, llámame. A cualquier hora. ¿De acuerdo?
Tessa asintió porque no podía pronunciar palabra.
Cole sonrió, le guiñó el ojo y se fue. Una vez a solas, Tessa se dejó caer sobre una silla dura e incómoda.
—Maldita sea.
—¿Qué tal está?
Cole se giró hacia su madre. Estaban a mitad de camino y apenas habían hablado. Sobre todo porque Cole no podía dejar de pensar en el beso que le había dado a Tessa.
—No lo sé, todavía no la habían bajado a su cama.
—Me refería a Tessa.
—Ah. Supongo que bien, razonablemente bien. Parece fuerte.
Su madre asintió.
—Sí, a mí también me lo parece. También parece que sabe muy bien lo que quiere en la vida. No hay nada de malo en ello, pero no me parece una chica adecuada para ti.
—Mamá, solamente la estoy ayudando a encontrar al padre de Joey. Sólo eso.
Por favor, no te imagines cosas.
—Eres humano, hijo. Hoy has tenido que ver al hombre que hace unos años era como un segundo padre para ti, te ha dicho que tu ex mujer se va a casar de nuevo y ahora estás pensando en Tessa. Es comprensible que quieras llenar el vacío que hay en tu vida, pero no lo hagas con Tessa porque sois muy diferentes.
—¿Como papá y tú?
Su madre dio un respingo y Cole comprendió que se había pasado de la raya y había entrado en terreno pantanoso, en un asunto del que en su familia jamás se hablaba.
—Lo siento, mamá, perdona. Tienes razón. Tessa y yo somos como el agua y el aceite. La tendrías que haber visto esta mañana en casa de Jim y Loretta. A su lado, Loretta es una hortera sin elegancia —le contó haciéndola sonreír—. Y yo, a su lado, parezco el criado o algo así —bromeó.
Su madre protestó, pero Cole la ignoró.
—No pasa nada, mamá. Intenté encajar en ese mundo una vez y estuve a punto de morir en el intento. No quiero volver a jugar a esos juegos y no hay nadie en el mundo, ni siquiera Tessa, que pueda hacerme cambiar de parece al respecto.