Capítulo 11

—¿Y si lo que sucedió ayer vuelve a suceder? ¿Y si se vuelve a tener una hemorragia cerebral? ¿No necesita estar hospitalizada?

Las habían llamado del hospital a las siete de la mañana para decirles que querían hablar con ellas y Autumn y Tessa se encontraban hablando con el médico que estaba a cargo de su hermana. Como todo había sido muy precipitado, se habían visto obligadas a llevarse a Joey con ellas.

—Señora Barnes, su hija está estabilizada. Suponemos que va a mejorar y, de momento, no podemos hacer nada más por ella —le explicó el doctor, un hombre de mediana edad y clara ascendencia árabe—. Las instalaciones de Cuidados Intensivos sirven en los primeros estadios, pero ahora hay que pasarla con otros especialistas, médicos que saben cómo tratar a las personas que están en… transición. Así, al estar Sunny en un lugar más pequeño y con menos restricciones, podrán llevar a su hijo para que pueda estar con ella.

Tessa había estado pensando en ello, precisamente, la noche anterior. Estaba segura de que dejar que Joey visitara a su madre ayudaría a Sunny a recuperarse. Se lo había comentado a las enfermeras y les había parecido buena idea, pero no estaba permitido que entraran niños en aquella zona del hospital. Sin embargo, ahora que aquel médico les estaba dando la opción de trasladarla…

—¿Nos la podríamos llevar a casa? —le preguntó.

—Viven ustedes en Oregón, ¿verdad? En ese caso, no, no es posible. No creo que el viaje en avión le sentara bien. La señora Rodríguez, que es la encargada de servicios al paciente, les dará una lista de clínicas cercanas. Creo que deberían quedarse por la zona. ¿Alguna otra pregunta?

Tessa se sentía más deprimida y derrotada que en cualquier otro momento de su vida. Incluso cuando su familia no había tenido hogar. Por lo menos, entonces estaban juntos, pero ahora vivían en un motel y Sunny estaba a expensas de donde la mandara el seguro médico.

Tras darle las gracias al doctor, se dirigieron al ascensor.

—¿Qué te parece si salimos a dar un paseo antes de pasar por Atención al Paciente? —le propuso a su madre.

Autumn asintió. Una vez fuera del edificio, avanzaron por la acera hasta un jardín cercano al aparcamiento. Allí, encontraron un lugar tranquilo y se sentaron en un banco.

—Supongo que esto tenía que suceder tarde o temprano —suspiró Autumn.

Tessa asintió.

—¿Y si no…? —dijo su madre con los ojos llenos de lágrimas.

Tessa la abrazó.

—No, no pienses en eso. Seguro que esto es para bien. Seguro que tendrá menos ruido y cables alrededor. Su hijo podrá visitarla. Seguro que todo sale bien, mamá.

—Gracias, Tessa. Por todo. Sola no podría estar haciendo todo esto.

—No estás sola.

—Sí, pero en algún momento tú tendrás que volver a casa. Tienes mucho trabajo, sé que tu empresa es muy importante para ti.

Tessa intentó sonreír.

—Te recuerdo que estoy de vacaciones. Marci es perfectamente capaz de hacerse cargo de todo ella sola.

Aunque, en realidad, estaba preocupada, pues la última vez que había hablado con su socia había tenido la sensación de que Marci le estaba ocultando algo. Estaban en silencio cuando sonó el teléfono de Tessa. No reconoció el número, pero contestó de todas maneras.

—¿Sí?

—Tessa, soy Annie, la hermana de Cole. Mi hermano me ha dicho que ayer operaron a Sunny. ¿Está bien?

—Sí, está mucho mejor. De hecho, nos acaban de decir que está tan bien que la van a trasladar.

—Qué bien. Supongo que estaréis encantadas.

—Sí, pero también un poco perdidas. La verdad es que, como no somos de por aquí… ¿no conocerás alguna clínica de convalecencia por la zona?

—Yo no, pero mi amiga Becky, que es enfermera, seguro que sí. La llamo ahora mismo y te digo algo.

—Gracias, Annie.

—No firmes nada hasta que no hayamos vuelto a hablar.

Tessa colgó y miró a su madre.

—Me va a llamar con un par de recomendaciones. ¿Damos un paseo mientras esperamos? —le propuso poniéndose en pie y tomando a su sobrino de la mano—.

Mamá, ayer no te dije nada porque te vi muy cansada, pero Cole me ha dicho que tiene una pista que podría llevarnos hasta «G» —le comentó mientras caminaban—.

Por lo visto, podría tratarse de un cantante y guitarrista que trabajar cerca de donde Sunny vivía.

—¿Es músico? —contestó su madre parándose de repente.

Joey la miró con curiosidad.

—Eso parece. Espero que sea mejor que Zeb.

—No digas eso porque no es justo —le reprochó Autumn—. Tu padrastro era un hombre de mucho talento. Tocaba cinco instrumentos y debería haber sido…

—Sí, ya lo sé, mamá. Debería haber sido rico y famoso, pero no lo fue. Lo que hizo fue tirar su vida por la borda soñando y soñando y, cuando no pudo soportar la realidad, se escapó al mundo de las drogas. Tanto Sunny como yo lo vimos más de una vez inyectándose heroína —recordó Tessa sacudiendo la cabeza—. No me puedo creer que mi hermana tuviera una relación con un músico. La verdad es que me dan ganas de dejar de buscarlo. Ninguno de nosotros, y menos que nadie Joey, necesita otro Zeb en su vida.

Autumn agarró a su hija del brazo y la zarandeó con fuerza.

—No eres tú la que tiene que tomar esa decisión, Tessa Jean. Al principio, cuando se te ocurrió empezar esta búsqueda, sabes que no me hizo ninguna gracia, pero, ahora que has empezado, tienes que encontrar a ese hombre. No puedes dejar de buscarlo porque no te parezca bien cómo se gana la vida.

Tessa intentó protestar, pero en aquel momento sonó su teléfono.

—Es Annie —le dijo a su madre—. ¿Sí? ¿De verdad? Qué bien. Sí, lo voy a intentar. Dile a tu amiga que muchas gracias. Gracias a ti también, Annie. Ya te contaré.

Tras escuchar atentamente lo que le había indicado la hermana de Cole, colgó y le explicó a su madre.

—Hay que conseguir que la trasladen a un sitio que se llama Horizon.

—¿Te has enterado?

Cole giró el cuello para mirar a su hermana, que apareció por detrás de su trono. Llevaba más de una hora vestido de Santa Claus y se le estaba haciendo insoportable.

—No, no sé de qué me hablas —contestó con una niña de seis años que se llamaba Brianna sobre las rodillas.

La pequeña no paraba de hablar. Por lo visto, había memorizado todo el catálogo de Toys ‘R Us.

—Becky ha conseguido meter a Sunny en la Horizon.

—¿Becky Parker, digo, Howard? —contestó Cole.

Nunca se había acostumbrado a llamarla por el apellido de su marido, pues la conocía desde el colegio y, además, en su opinión, su amigo Luke había cometido un gran error dejándola escapar.

—¿Qué otra Becky iba a ser? —contestó Annie.

Cole sabía que la mejor amiga de su hermana era enfermera, pero tampoco tenía muchos más detalles de su vida.

—También quiero tres muñecas Bratz —prosiguió Brianna tirándole de la barra

—. Mi madre dice que son muy feas, pero a mí me gustan.

—Muy bien, tres. ¿Quieres algo más? —contestó Cole—. ¿Sabes si Sunny está mejor? Supongo que estará bien si la quieren trasladar. He intentado llamar a Tessa un par de veces, pero no me ha contestado y no me ha devuelto las llamadas —le dijo a su hermana.

—No me extraña porque, por lo que me ha contado Becky, llevan todo el día haciendo papeles. Además, van a tener que pagar mucho dinero, pero Tessa se ha hecho cargo de todos los gastos. La han trasladado y está estabilizada.

—También quiero los vestidos de princesa de la Barbie y unos zapatos de cristal para ser más alta.

—¿Para qué quieres ser más alta? —le preguntó Cole a la niña.

—Para pegar a Hogan, mi hermano. Siempre me gana. Si fuera más alta, le ganaría yo.

—Brianna, los regalos no se piden para pegar a los demás. Santa no te los va a traer si los pides con esa intención —contestó Cole. La niña hizo un puchero. «Oh, no, que no se ponga llorar», rezó Cole—. Prométeme que no pegarás a tu hermano y te traerá los zapatos de cristal.

La niña asintió.

—Muy bien —le dijo Cole dándole un caramelo—. Una sonrisa para la fotógrafa.

La niña se deslizó desde su regazo hasta el suelo y corrió hacia su madre, momento que Cole aprovechó para llamar a Melody.

—¿Me puedo tomar un descanso?

—Claro que sí —contestó la chica—. Esta noche vamos fenomenal. Las fotografías están saliendo muy bien.

—Gracias a ti —le dijo Cole—. Se ve que te has hecho muy bien con esa nueva cámara.

Melody lo miró encantada ante el cumplido y acudió a decirles a las personas que estaban esperando que Santa Claus iba a hacer un descanso.

Cole le indicó a su hermana que lo siguiera al vestuario y se quitó la barba, se rascó la mandíbula y suspiró aliviado.

—Cómo pica esta cosa. No sé cómo Ray lo ha podido soportar tantos años.

—Porque tiene un gran corazón, exactamente igual que tú —contestó Annie—.

Estoy escribiendo un artículo para el periódico y todo el mundo dice cosas buenas sobre ti. Por lo visto, los niños te prefieren a ti.

—No, no me digas eso —contestó Cole llevándose la mano al pecho—. Prefiero que el año que viene vuelva Ray.

—Ha venido Tessa —anunció su hermana sin previo aviso.

—¿De verdad? ¿Y Joey y Autumn?

—En casa de mamá. Los ha invitado a que se queden con ella. Así, podrán estar más cerca de Sunny y se ahorrarán el motel.

—¿Cómo? ¿Qué dices? ¿Por qué no me lo habéis contado?

—No grites, que hay niños fuera. Te lo estoy contando ahora. Supongo que mamá es lo suficientemente mayor como para invitar a su casa a quien le dé la gana.

Cole no entendía nada. Primero, su madre le decía que no se acercara demasiado a Tessa y ahora invitaba a toda su familia a su casa.

—¿Cuánto tiempo se van a quedar?

Su hermana se encogió de hombros.

—¿Y a ti qué más te da? Tampoco es que vayas mucho por casa de mamá.

A Cole no le hacía ninguna gracia que su hermana se estuviera dando cuenta de todo.

—Lo que pasa es que no quiero que mamá se canse. Tiene suficiente con el bazar de Navidad. Ya sabes que esto cansa mucho. Por cierto, no sé por qué nadie me lo advirtió.

—¿Has escuchado los mensajes que te he dejado en el móvil? —le dijo su hermana.

Lo cierto era que Cole sabía que tenía tres mensajes de su hermana, pero no los había escuchado porque no eran de Tessa.

—¿Lo ves? Si los hubieras escuchado, te habrías enterado antes. Para empezar, sabrías que mamá está encantada de tener un niño en casa durante las vacaciones.

Además, me ha dicho que se siente muy conectada a Autumn. Yo estoy encantada de que tenga una nueva amiga porque voy a estar muy ocupada con el bebé y tú tienes muchos proyectos…

Cole no estaba muy seguro de si estaba de acuerdo con aquello. Si ocurría lo peor, si Sunny moría, aquella gente iba a desaparecer tan rápido como habían aparecido y su madre no necesitaba aquel tipo de complicaciones en su vida. «Ni yo, tampoco».

—Piensas demasiado, Santa Claus —le dijo su hermana acariciándole el hombro

—. Mamá me ha contado que te vas a perder lo de Saint Nick para ayudar a Tessa a encontrar al padre de Joey. ¿Y la gran partida? ¿La has invitado?

—La partida es el miércoles y Tessa me ha dejado muy claro que no quiere jugar. No sé si han sido sus palabras exactas, pero me ha dicho algo así como que

«sólo un loco se arriesga a perder en un juego de azar el dinero que tanto le ha costado ganar».

—Vaya —contestó Annie con los ojos como platos—. Desde luego, ese tipo de comentarios no la van a ayudar en absoluto a integrarse aquí.

—Ya… Bueno, te tengo que dejar.

Dicho aquello, Cole se volvió a poner la barba y abrió la cortina. Al otro lado, se encontraba Tessa. Llevaba la misma cazadora de cuero del día anterior, pero atada a la cintura. Tenía la cámara de fotos en la mano. Cole se preguntó si habría oído la conversación que acababa de mantener con su hermana.

—Hola, Tessa —la saludó Annie saliendo—. ¿Tu madre y tu sobrino ya se han instalado?

—Sí. Muchas gracias a ti y a tu madre. La estaba buscando, por cierto. No la he visto en el puesto de la comida —contestó Tessa.

Cole se fijó en que parecía muy cansada.

—Nunca sabes dónde está, ¿verdad, Cole? Yo no le puedo seguir el ritmo, para qué te voy a engañar —contestó Annie—. Bueno, yo ya me iba, sólo había venido a hacer un par de fotografías para el periódico —se despidió fijándose en que Tessa también llevaba una cámara—. ¿Se te da bien hacer fotos? Te lo digo porque en el periódico las pagan.

—No, es sólo una afición —contestó Tessa—. Me gusta la fotografía, pero no me parece que sea fácil ganarse la vida con ella.

—Que se lo digan a Annie Leibovitz —sonrió Annie—. La verdad es que a mí se me da fatal la fotografía. Suelo sacar a todo el mundo desenfocado y con la cabeza cortada —se rió alejándose.

Cole vio que Melody lo estaba llamando.

—Tengo que volver al trabajo —le dijo a Tessa—. ¿Estás bien? Pareces muy cansada —añadió poniéndole la mano en el hombro y creyendo que, al llevar unos guantes tan gruesos, no sentiría nada.

Craso error.

Cole se apresuró a retirar la mano.

Tessa también dio un paso atrás.

—Estoy bien, pero he tomado demasiado café. Tengo la cabeza acelerada. Por eso he salido a dar un paseo.

—Termino dentro de media hora. Si me esperas, te enseño un atajo para volver a casa.

—Muy bien, así te cuento lo que he averiguado sobre el bar en el que puede que toque «G».

Cole le hizo una señal a Melody para que lo ayudara a bajar las escaleras, pues le resultaba muy difícil con aquellas botas tan grandes, pero Tessa se adelantó y le ofreció el hombro para que se apoyara.

Maldición. Llevaba el mismo perfume que el otro día, aquel perfume que lo dejaba hipnotizado.

—¿Cómo has encontrado el sitio?

—Con un mapa de aquí y un poco de suerte. Se llama Big Bubba’s Barbecue and Hoedown, pero no he podido hablar con ellos porque cierran los lunes y martes —le explicó Tessa mientras lo ayudaba a sentarse en el trono—. Bueno, luego hablamos, Santa Claus. Diviértete.

Para su sorpresa, Cole se divirtió; no quiso plantearse lo que qué iba a contarle Tessa porque sabía que, cuando terminara, ella lo estaría esperando.