Capítulo 12
—Pasa, pasa —dijo Cole abriendo la puerta.
Tessa entró al espacioso vestíbulo en el que había una alfombra con motivos indios en la que no había reparado la última vez.
—Gracias. Sólo me puedo quedar un ratito. Ya te he dicho por teléfono que tu madre ha tenido que irse a sustituir a otra persona en el puesto de los refrescos y me ha pedido que te trajera la comida que ha hecho para tu partida de póquer.
No era aquélla la única razón por la que Tessa había accedido a pasarse por casa de Cole, pero era la única que estaba dispuesta a admitir. En realidad, también quería ver si podía hacer unas cuantas fotografías de Cole y de sus amigos. Si salían bien, podría enmarcarlas y dárselas a modo de agradecimiento a él y a su madre por su amabilidad y su hospitalidad.
—Hay una nevera entre los asientos del coche y una bolsa de hielo enorme en el maletero —le dijo mientas Cole cerraba la puerta.
—Estupendo. Ahora mismo salgo a buscarlo. ¿Que traes ahí? ¿Te ayudo?
—Aperitivos —contestó Tessa entregándole dos bolsas de plástico—. Tu hermana me dijo que comprara todo lo que llevara muchas especias y aceite hidrogenado. Por lo visto, cuanto peor para la salud, mejor.
—¿Y eso qué es? —le preguntó Cole. Tessa le entregó una caja de cartón.
—Un regalito. Me fijé el otro día cuando estuve aquí en que no tenías ningún adorno navideño y anoche te compré una cosa en el bazar.
—¿De verdad? ¿Puedo abrirlo?
Tessa asintió.
Cole avanzó hacia la cocina, que estaba muy limpia y olía a detergente de pino.
Tessa pensó en su ex novio, que era un gandul.
Cole dejó las bolsas sobre la encimera y abrió la caja.
—Es precioso —exclamó sacando un árbol de Navidad—. Y tiene lucecitas —
añadió moviendo el cable.
—Sí, la mujer que los hace también tenía otro que iba con velas, pero no me pareció adecuado para ti —contestó Tessa.
—Muchas gracias —contestó Cole acercándose a ella—. He estado tan ocupado que no se me ha ocurrido ir al almacén a ver si Crystal me había dejado algo de los adornos navideños en los que nos gastamos diez mil dólares. Gracias, de verdad —
insistió besándola en la mejilla—. Quítate el abrigo, si quieres. Yo voy a poner esto por ahí.
Tessa se quitó el abrigo y fue a dejarlo en el vestíbulo. Desde allí, vio que Cole enchufaba el árbol.
—La comida de tu madre que he traído huele tan bien que he estado a punto de parar el coche y comérmela —contestó Tessa buscando un armario.
Entonces se fijó en una escultura con forma de árbol de la que colgaba un sombrero de vaquero y una cazadora vieja.
—Qué gracioso —exclamó sacando la cámara del bolso—. ¿De dónde has sacado este perchero con forma de árbol?
—Lo he hecho yo —contestó Cole acercándose con las manos en los bolsillos—.
Es de roble.
Tessa se giró hacia él y le hizo un par de fotografías.
—Eres todo un artista.
—No, sólo soy carpintero —contestó Cole abriendo la puerta—. Voy a por la comida.
Cole salió de la casa agradecido de tener una excusa para ausentarse, pues no le gustaba que la gente le dijera que era un artista porque no lo era. Hacía algunas cosas creativas con la madera, pero nada más. El que sí que había sido un gran artista había sido su padre, pero él no se parecía en absoluto a su progenitor. Trabajaban en lo mismo, pero ahí terminaban las similitudes.
Cuando volvía el interior de la casa, se tropezó, pero consiguió que la comida no se le cayera. Tessa lo estaba esperando en el porche con la puerta abierta y lo siguió al interior.
Una vez en la cocina, Cole metió la comida en el horno y lo encendió para calentarla.
—¿Qué tal está Sunny? —le preguntó Cole abriendo una bolsa de patatas fritas.
—Mejor de lo que esperábamos. Las enfermeras se están portando de maravilla y son muy amables con las visitas, le ponen música y le hacen estiramientos pasivos para que no se le atrofien los músculos. Nos animaron para que lleváramos a Joey, pero no fue fácil porque, ¿cómo le explicas a un niño de dos años que su madre no se despierta?
Cole no tenía ni idea.
—¿Y qué tal reaccionó Joey?
—Fue duro —contestó Tessa—. Yo lo sostuve en brazos mientas le acariciaba la cara a su madre. A continuación, le dije a Sunny que su hijo estaba allí y que la echaba mucho de menos. El niño se puso como loco cuando nos lo llevamos. Fue duro, pero lo vamos a llevar todos los días. Estoy segura de que mi hermana sabía que estaba allí.
—Me gustaría volver a verla, si te parece bien —comentó Cole colocando las patatas fritas en un cuenco y abriendo la nevera—. ¿Quieres beber algo?
—No, gracias. Puedes ir a visitar a mi hermana siempre que quieras. Becky, que es un encanto por cierto, dice que cuanto más contacto tenga con las personas que la quieren mejor.
Cole removió las judías que había preparado su madre aunque no hacía falta removerlas. No sabía por qué, pero lo cierto era que estaba nervioso. A lo mejor era porque había visto a Tessa desnuda la noche anterior.
En sueños.
—Siéntate. La mujer de mi jefe ha decidido que también quería taburetes nuevos a juego con la mesa nueva, así que me ha regalado los antiguos. Ron me los ha llevado a la obra esta mañana. No me gustan demasiado, pero ya sabes que los mendigos no podemos elegir. ¿Seguro que no quieres beber nada? ¿Una cerveza?
Tengo Shiner Bock y… Shiner Bock.
Tessa se rió y se sentó.
—Venga, una cerveza, está bien. ¿A qué hora llegan tus invitados? No quiero ser un estorbo.
Tras sacar dos botellas de la nevera, Cole las abrió y se sentó en un taburete situado al final de la barra, desde donde podía mirar a Tessa, que parecía más relajada que nunca.
—Chin-chin —le dijo elevando su botella para chocarla con la de Tessa —y gracias por traer el espíritu de la Navidad a mi casa.
—De nada. Era lo mínimo que podía hacer —contestó Tessa—. ¿Cuánta gente va a venir? Sólo he traído cuatro bolsas de aperitivos, no quisiera haberme quedado corta.
—Ocho o diez, depende —contestó Cole agarrando un puñado de nueces.
—¿Van a estar los tres que me presentaste el otro día? A ver si me acuerdo de cómo se llamaban. Blake, tu cuñado, Brady, el deportista y… Luke, el militar.
—Perfecto. ¿Tienes memoria fotográfica?
—No, pero, por el trabajo, tengo la costumbre de asociar nombres y caras. Es útil. Seguro que lo sabes de cuando eras comercial.
Sí, Cole lo sabía, pero a él nunca se le había dado bien hacerlo.
—También viene mi jefe —continuó con los invitados —y un viejo amigo que era de la pandilla original.
—¿El hijo de la dueña del bar donde solíais jugar?
—Sí —contestó Cole dándole un trago a la cerveza—. Cuando Lola murió, el tío de Jake se hizo cargo del local y lo llevó a la ruina poco a poco. Ahora que Verne también ha muerto, Jake lo quiere vender.
—Y tú preferirías que no lo hiciera.
Cole no sabía qué prefería. Por una parte, estaba contento de que su mejor amigo hubiera vuelto, estaba contento de saber que estaba sano y salvo… aunque todavía tenían que hablar porque la gente no paraba de decir que tenía mucho dinero y Cole estaba cada vez más enfadado.
—Yo no tengo nada que decir al respecto, pero no me extraña que Jake odie River Bluff. En los sitios pequeños, la gente enseguida te cuelga sambenitos.
—En los sitios grandes, también.
Cole esperó a que dijera algo más, pero no lo hizo.
—¿Y su padre a qué se dedicaba?
Cole se encogió de hombros.
—Lola nunca le dijo a nadie de quién era hijo Jake. Todo el mundo decía que era hijo de Wade Barstow, uno de los hombres más ricos de la ciudad, pero en aquel entonces no había pruebas de ADN.
—Ahora, sí —comentó Tessa tocando el bolso que había colgado del respaldo del taburete.
Cole no se imaginaba a Jake yendo a visitar a los hombres que más posibilidades tenían de ser su padre y pidiéndoles que les entregara una muestra de saliva.
—Es agua pasada —comentó sacudiendo la cabeza—. No me extraña que Jake no quiera volver a vivir aquí, pero lo cierto es que su bar está en un sitio muy bonito junto al río y, si lo arreglara, podría ganar mucho dinero. Además, todos tendríamos un sitio decente en el que jugar a las cartas.
En aquel momento, Pooch emitió un leve sonido y Cole comprendió que los invitados habían comenzado a llegar. Sin embargo, quería hacerle una última pregunta a Tessa mientras estuvieran solos.
—¿Sigue en pie lo de mañana por la noche?
La noche anterior, mientras volvían a casa, se les había ocurrido un plan.
—Sí. ¿Has llamado al Big Bubba’s?
Cole asintió.
—El dueño no estaba, así que he hablado con un camarero que me ha dicho que hay un guitarrista que trabaja allí de vez en cuando. Se llama Joel. No se acordaba de su apellido, pero creía que vive en Helotes.
—¿Helotes?
—Un pueblo por el que se pasa para ir a River Bluff.
Tessa se quedó pensativa.
—También me ha dicho que el mismo guitarrista toca en un bar de música country de Bandera entre semana. He llamado y me han dicho que mañana toca un tipo que se llama Joel West.
Tessa se quedó mirando a Cole durante unos instantes.
—Es él, ¿verdad? Estoy emocionada, por Joey, pero también tengo miedo.
En aquel momento, oyeron la puerta de un coche que se cerraba. Los invitados habían llegado, así que Cole se puso en pie, pero no salió de la cocina. Quería asegurarse de que Tessa no iba a ir sola a buscarlo.
—¡Eh, Cole, soy Ron! ¿Dónde está la cerveza? —oyeron que gritaba su jefe desde el porche.
—Entonces, ¿quedamos para mañana?
Tessa se encogió de hombros.
—¿Vamos a Bandera mañana por la noche a buscarlo sí o no? —insistió acercándose y tomándola de los hombros.
—¿Cole? —insistió Ron golpeando la puerta—. Venga, levántate del trono y abre la puerta.
—Ya han llegado tus invitados —comentó Tessa nerviosa.
—Que esperen —contestó Cole—. ¿Qué te pasa?
Tessa se mojó los labios nerviosa.
—No tiene nada que ver contigo, es un problema mío. Mi padrastro era guitarrista de un par de grupos. Te aseguro que no es vida para una niña. Desde que me enteré de que ese hombre era músico, he estado dudando si hablar con él o no. A lo mejor, es mejor para Joey que no conozca a su padre.
—Eh, Lawry, ¿qué demonios haces? ¿Estás con una mujer o qué?
Cole puso los ojos en blanco.
—Ahora mismo vuelvo.
Desde luego, Ron no podía ser más inoportuno. Como de costumbre. Cole le abrió la puerta y lo dejó pasar y saludó a dos hombres que llegaban también en aquel momento. Se trataba de Ed Minor, el padre de Melody, y de Harold Knutson, el marido de Sally.
—Bienvenidos, caballeros. Hay comida y bebida en la cocina. Pónganse cómodos mientras esperamos a que lleguen los demás.
Cole vio que se acercaba otro coche. Por lo visto, iban a ser unos cuantos. Muy bien, pero en aquellos momentos lo único que quería era poder hablar con Tessa.
Jamás la había visto tan vulnerable e insegura. Cole lo sabía todo acerca de la falta de seguridad en uno mismo, era la consecuencia de tener un padre que había sido un perdedor. A pesar de los sentimientos encontrados que albergaba hacia su padre, no se arrepentía en absoluto de haberlo conocido y quería decírselo a Tessa.
Tessa asumió el papel de anfitriona en cuanto el primer invitado entró en la cocina. Se trataba del jefe de Cole. Ron algo. Tessa tomó la iniciativa porque era mejor moverse por la cocina que estar sentada en un taburete y ser objeto del escrutinio de un grupo de hombres que se debían de estar preguntando qué papel desempeñaba en la vida de su amigo.
Si hubieran preguntado, les habría contestado que ninguno, pero, como ninguno preguntó, ella no dijo nada.
—He leído lo que le ha pasado a tu hermana en la columna de Annie. Qué mala suerte, vaya por Dios. ¿Qué tal está? —le preguntó Ron mientras se tomaba una cerveza.
—Mejor —contestó Tessa—. La hemos trasladado a Horizon.
—Guau. ¿Qué banco has atracado? Me han dicho que ese sitio es carísimo.
Así era. Tessa había llamado a su banco para pedir un crédito personal avalándose con su propia casa, pero no le explicó nada de eso.
—Es el mejor lugar para que mi hermana se recupere —contestó girándose hacia otros dos recién llegados.
—Hola, soy Harold —se presentó el primero —y éste es Ed. He traído una salsa que ha hecho mi esposa. Es de queso con mermelada de chiles habaneros. Hay que comerlo con cuidado porque está muy picante.
Tessa le dio las gracias y dejó el cuenco sobre la encimera. Un momento después, el recepcionista del motel en el que Joey y ella se habían hospedado la primera noche entró por la puerta. Tessa no se acordaba de su nombre, pero lo saludó con simpatía.
A partir de entonces, no paró de llegar gente. Cole intentó presentárselos a todos, pero estaba ocupado preparando la partida. Tras media hora comiendo y charlando, los hombres comenzaron a irse hacia el comedor.
El sonido de una potente motocicleta anunció la llegada del último jugador. Se trataba de un hombre completamente ataviado de cuero negro. Tessa supuso que era el famoso Jake. El recién llegado miró a Tessa con curiosidad, pero no tuvo tiempo de presentarse porque lo instaron a que se sentara a la mesa.
—Venga, que empiece el juego, que he venido a ganar dinero —gritó Ron.
Tessa declinó la invitación de Cole a quedarse.
—Gracias, pero ya me han advertido que me mantenga al margen si no quiero perder todo lo que tengo.
—¿Has estado hablando con mi esposa? —bromeó Blake.
—Ya sabes que los principiantes suelen tener suerte —comentó Brady.
Poco a poco, los jugadores fueron perdiendo interés en ella y se concentraron en la partida.
Tessa se quedó un rato, observando, fijándose en cómo jugaba cada uno de los comensales.
Ninguno comía ni bebía mucho a excepción de Ron, que no paraba de comer patatas fritas, de consumir cervezas y hablar.
Cole estaba sentado junto a Jake. Apenas habían hablado y Tessa se preguntó si Cole seguiría enfadado con su mejor amigo por haberlo dejado fuera de su vida.
Tessa lo entendía perfectamente. Ella no había tenido ninguna amiga íntima aparte de su hermana hasta que había conocido a Marci, pero, desde que se había casado, su amistad había cambiado. Tessa se lo esperaba, pero no estaba preparada para la extraña frialdad con la que le había hablado Marci la última vez que se habían visto. Su amiga lo había achacado al jet lag, pero Tessa no sabía si creerla.
Marci y su marido, Matthew, habían vuelto de su mes de vacaciones en noviembre, el mismo día que Tessa se había tenido que ir para Texas y no habían vuelto a verse desde entonces. Habían pasado más de mes y medio sin verse.
Probablemente, eso contribuiría a su alejamiento.
Aquella misma mañana, su amiga le había mandado un mensaje sms que decía:
« Ocupada. Hablamos. Bss».
Tessa estaba convencida de que algo iba mal, pero no tenía fuerzas para vérselas con un problema a gran distancia, así que se concentró en las imágenes que veía en la pantalla de su cámara digital.
En aquellos momentos, estaba encuadrando a Brady y, luego, le hizo una bonita foto a Jake, que a pesar de que era tan guapo que parecía una estrella de cine, era impenetrable.
Tessa le dio al zoom para incluir a Cole en la fotografía. En aquel momento, Cole estaba bromeando con Luke. Tenía una sonrisa fácil y cariñosa que contrastaba con la expresión fría y cerrada de Jake. Aquellos dos eran tan diferentes como el negro y blanco.
De repente, Tessa se dio cuenta de que lo mismo les pasaba a Cole y a ella.
—Te toca apostar a ti, Cole.
Cole oyó su nombre, pero necesitó todavía unos segundos para concentrarse y apartar la atención de Tessa. Los demás la habían borrado de la escena, pero él no podía, estaba pendiente de ella y le estaba costando concentrarse en la partida.
Tessa llevaba haciendo fotos desde que habían empezado a jugar y él no dejaba de seguirla con la mirada, de percibir su perfume en el aire y de sonreírle siempre que sus miradas se encontraban.
Sabía que estaba haciendo el tonto y que sus amigos no se lo iban a perdonar, pero no podía evitarlo.
—¿Alguien quiere otra cerveza? —preguntó Tessa.
Harold y algunos más, entre los que por supuesto se encontraba Ron, aceptaron la invitación. Cole no estaba bebiendo. Ya tenía suficiente con concentrarse como para, encima, añadir alcohol a la situación.
—Cole, me he enterado de que Tessa y su familia se han instalado en casa de tu madre —comentó Brady cuando Tessa se hubo ido a la cocina—. ¿Qué tal se las apañan?
Cole se encogió de hombros sin apartar la mirada de las cartas.
—Ya sabes cómo es mi madre. Le encanta ordenar las vidas de los demás. Por cierto, ¿no os habéis enterado de que alguien ha abierto una cuenta en el banco para recaudar donativos y que Tessa y su madre puedan cubrir los gastos del hospital?
Luke se llevó los dedos al sombrero.
—Voy —comentó.
—Yo, no —contestó Brady.
—Veo la apuesta y la subo —intervino Cole.
Jake dejó sus cartas sobre la mesa y abandonó la partida con la excusa de ir al baño. Harold se retiró también de la mano.
—Menos mal que me he retirado a tiempo —comentó Barney—. Voy a por más judías. Qué bien cocina tu madre, Cole.
—Tráeme a mí también —le dijo Ron.
En aquel momento, llegó Tessa con las bebidas y las repartió intentando pasar desapercibida. Ron le entregó una propina, pero Tessa se negó a aceptarla.
—Toma el dinero —insistió el jefe de Cole—. Estaba pensando que podríamos contratar a una chica para que se encargara de los refrescos y de los sándwiches. Tu hija podría servirnos, Ed. ¿Qué dices? ¿Le dejarías que viniera a nuestras partidas?
¿«Nuestras partidas»? Cole miró a su cuñado. Ron ya se había bebido seis cervezas y se estaba poniendo muy pesado.
—Claro que no —contestó el aludido, que para ser vendedor de seguros era sorprendentemente lacónico.
—¿Por qué no? Somos buenos tipos —se lamentó Ron.
—Porque tiene muchas cosas que hacer —contestó girándose hacia Cole—. Eso me recuerda que su equipo de animadoras ha sido seleccionado para ir a Fort Worth a una gran competición este fin de semana y la chica que la iba a sustituir haciendo las fotografías de Santa Claus se ha puesto enferma. Melody me ha pedido que te pregunte si conoces alguien que pueda sustituirla en el Polo Norte porque quiere participar con sus compañeras.
Todo el mundo, incluido Jake, que acababa de volver del baño, miró a Tessa.
Tessa abrió mucho los ojos y escondió su cámara discretamente.
—¿Yo? No… no —contestó mirando a Cole en actitud implorante—.
Normalmente, hago fotografías de flores y de naturaleza.
—Los niños son parte de la naturaleza —insistió Ron con lengua de trapo.
—No he querido ponerla en un aprieto, señorita —se disculpó Ed—. Pero es que no me quería olvidar de comentárselo a Cole porque mi esposa dice que me olvido de todo, que incluso me olvidaría de despertarme por las mañanas si no me despertara ella.
Tessa sonrió.
—No pasa nada. Lo cierto es que después de todo lo que June ha hecho por mi familia, debo aceptar. Mañana por la noche me es imposible, pero puedo sustituir a su hija durante el fin de semana.
—Genial porque Melody no se va hasta el viernes por la tarde. Le voy a dar su número móvil para que puedan hablar.
—Señores, estamos jugando —dijo Luke en tono militar—. Cole, te toca apostar.
Cole levantó sus cartas y ganó la partida.
—Vaya, qué mala suerte —se lamentó Ron.
—No me lo esperaba —sonrió Luke sorprendido.
—Buena partida, Cole —comentó Ed—. Así aprenderé a no apostar y hablar al mismo tiempo. Bueno, por lo menos mi hija estará contenta de saber que le he encontrado sustituta.
Cole aceptó las felicitaciones de sus compañeros con aplomo. Sobre todo, porque no podía dejar de pensar en que Tessa había accedido a trabajar durante todo el fin de semana con él.
Parecía que su suerte estaba cambiando.
¿Sería para bien?