LA BUENA NOTICIA

 

 

C elia se asustó cuando vio a Lucas con el rostro destrozado por el frío y conectado a todos aquellos cables. Parecía tan vulnerable tumbado en esa cama, que algo en su corazón se conmovió y se le hizo un nudo en la garganta que parecía que iba a ahogarla. 

Sintió que las lágrimas asomaban a sus ojos y temblando, empezó a buscar una silla con la mirada. La arrastró hasta la cama y después de sentarse, apoyó la cabeza en el pecho de Lucas y se quedó un rato disfrutando del calor que desprendía su cuerpo. Los latidos de su corazón aliviaron el dolor que presionaba su pecho, haciéndole imposible respirar con tranquilidad. 

Quería abrazarle, verle despierto y sonriendo como siempre hacía.

—Lucas, despierta... Por favor —susurró frotando suavemente su pecho—. Abre los ojos, te necesito. Necesito decirte que te amo y quiero que me perdones... Por no decírtelo en todos estos años.

La puerta se abrió y una enfermera asomó la cabeza. Celia se levantó, pero ella la hizo señas de que no lo hiciera. 

—Solo quiero coger su ficha. —Se acercó hasta la cama y Celia se la dio. 

Cuando la enfermera salió, el silencio se hizo presente y lo único en que podía pensar, era en ver a Lucas despierto.

Recordó la última vez que lo había visto así. Fue hace cuatro años, él había tenido un accidente de moto y lo habían hospitalizado con un traumatismo craneal bastante grave.

—¿Celia?

—Estás despierto... ¿Cómo te sientes?

—Como después de un accidente de moto.

—Eres un irresponsable, te había dicho muchas veces que esto iba a pasar. Tienes suerte de que sigues vivo. La moto quedó hecha polvo.

—Me gusta sentir la adrenalina, me gusta sentirme vivo. Últimamente me siento bastante apagado y siento que algo me falta. ¿No piensas lo mismo?

—No, no pienso lo mismo. No entiendo porque dices eso, nos tienes a mí y a Ángel.

—Sí, pero a ti no te tengo como me gustaría. Te echo de menos, me falta tu sonrisa, tus besos mañaneros, tu voz y…

—Lucas, ¿de qué hablas?

—Nada... Olvídalo. Creo que el golpe en la cabeza me hace decir tonterías.

Había pasado la media hora, pero ella no quería irse, no quería dejarle solo. Cuando entró una enfermera para avisarle que su media hora había pasado, se molesto pero terminó accediendo y salió.

—Celia, ¿cómo está? —Hugo no dudó en preguntar al verla salir de la habitación.

—No lo sé... Está…

—Hey, no te derrumbes ahora. —La abrazó. 

—Vamos a comer algo. Llevas horas sin comer y tienes mal aspecto.

—No tengo hambre. Quiero estar allí con él —dijo aguantando las lágrimas.

—Celia, no quiero enfadarme. Te vienes a comer con nosotros. —Su semblante era serio y ella terminó por asentir.

Caminaron por el pasillo hasta la cafetería. Cuando entraron, Javier se levantó para darle su silla a Celia. La sala estaba llena y como él había terminado de comer, le dejó su silla.

—¿Cómo está Lucas? —se interesó.

—Bueno, supongo que bien —contestó ella a la vez que se sentaba—. ¿Carlos?

—Carlos está coqueteando con las enfermeras. No te preocupes por él, está fenomenal —aseguró.

—¿Dijo algo de lo que pasó y por qué se perdieron? —Quiso saber ella.

—Bueno, sí, pero es mejor que te lo cuente Lucas cuando se despierte. Ah... Y no sabía que vosotros no sois hermanos —dijo sonriendo y provocando que Celia agachase la cabeza.

—¿Qué? —preguntó Marta sorprendida—. ¿Lucas no es tu hermano? ¿Por qué no me lo dijiste? Ahora me siento mal. Dije cosas que te han podido molestar.

—Es que nuestro tutor les dijo que somos hermanos y le tenemos mucho cariño. No quería dejarle como un mentiroso. Ya lo sé, fue una estupidez por parte de nosotros dos continuar con esa mentira. Lucas no estaba seguro de sus sentimientos, pero hoy me di cuenta que siempre me amó, y fui una tonta por no darme cuenta. Yo también lo amo... Y él está…

—Deja de llorar tanto —dijo Marta intentando animarla—. Estará bien, ya lo verás. Y menuda historia tenéis entre vosotros. En el poco tiempo que pasé con vosotros, me di cuenta de que tenéis una relación especial. Se ve que te quiere mucho y tú a él. —Le estrechó las manos—. Ahora tienes que alimentarte, no querrás que te vea con este aspecto tan horrible.

—¿Me estás llamando fea? —preguntó sonriendo.

—Sí. Eres muy fea ahora mismo. —Empezó a reír.

—Entonces, gracias —Soltó su primera risotada en varios días y se levantó para pedir la comida.

Al levantarse, todo se nubló delante de sus ojos y si no fuera por Hugo, se habría caído al suelo. —¿Estás bien? —preguntó asustado mientras la ayudaba a sentarse de nuevo.

—Sí, supongo que tendré que comer…

—Pues si, no puedes seguir así. Te vas a enfermar —dijo él ya un poco más tranquilo—. Voy a pedir de comer ahora mismo —aseguró con el ceño fruncido.

Celia se pasó las manos por el pelo y suspiró, no tenía hambre. Se acordó de que Lucas le había echado la bronca por no comer bien, pero también le había prometido que cuidaría de ella para que se alimentase.

Como él no estaba para cuidarla, decidió hacerla ella, no quería preocuparlo luego.