NUEVOS AMIGOS

 

 

—¿M

e das la sal, cariño? —preguntó Lucas mientras preparaba una ensalada.

—Por supuesto, hermanito. Aquí tienes. —Aprovechó que estaba cerca de él y cuando dejo la sal en la mesa, se apoyó en los codos para mostrar su escote.

Lucas tragó saliva y en vez de coger la sal para echarla en la ensalada, agarró el bote de pimienta. Empezó a echar sin despegar la vista del escote de Celia y cuando ella empezó a reír y le enseñó el bote, él se enfadó y tiró la ensalada a la basura.

En ese instante, por la puerta de la cocina entró un chico rubio muy guapo y cuando vio a Celia empezó a silbar.

—Estás apoyada en la mesa justo como a mí me gusta —Sonrío—. No te muevas preciosa, quiero disfrutar un rato más de esa vista. —Celia no le hizo caso, enderezó los hombros y se dio la vuelta para enfrentarlo.

Al verle se quedó impresionada, el chico era muy guapo y la había puesto nerviosa.

—Cuida tu boca, no hables así con ella —advirtió Lucas metiéndose entre ellos dos.

—¿Y tú quién eres? ¿Su perrito? —preguntó con una sonrisa burlona.

—Es mi hermano —intervino Celia—. Y tiene razón, no me hables así. 

Lucas gruñó, no le gustaba cómo el rubio miraba a Celia, estaba celoso.

Y se enfadó más cuando ella dijo que él era su hermano, tenía ganas de decirle a ese rubio que él era su novio, que ella era suya, pero no se atrevió.

—Deja de hacer el payaso, Hugo —dijo una chica muy guapa que acababa de entrar en la cocina.

—No vuelvas a llamarme payaso, Marta —respondió el rubio, molesto.

—Hola, soy Marta —dijo ella mientras estiraba la mano hacia Celia—. Soy la bióloga y supongo que vosotros sois los científicos que estábamos esperando. Sois hermanos, ¿verdad? —Celia le estrechó la mano y asintió, pero la chica la soltó rápido y se acercó a Lucas.

—¿Cuál es tu nombre, guapo? —preguntó para después inclinarse y darle un beso en la mejilla.

—Mi nombre es Lucas —dijo. Pero se apartó enseguida de ella porque Celia no paraba de mirarle mal.

—Bueno, veo que ya os habéis conocido. —Los sobresaltó Javier entrando en la cocina.

—Sí —le contestó Hugo molesto y salió de la cocina.

—Hugo es un poco difícil, pero es un buen chaval —comentó Javier y se sentó en una de las sillas que había alrededor de la mesa—. ¿Qué hay de cenar? —preguntó mirando a Lucas—. Dijiste que ibas a cocinar tú esta noche.

—Eh, si. Los filetes ya están y la ensalada... mmm, bueno la preparo ahora —dijo Lucas. Él intentó no sonreír al ver que Celia no paraba de reír.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó un chico moreno que entró en la cocina y se sentó al lado de Javier.

—Pues tienes que preguntarle a Celia. Es ella quien no para de reír, Carlos —le dijo Marta y se sentó a su lado. De pie solo quedaban Lucas y Celia, y ella no paraba de reír.

—Ellos son los científicos. —Presentó Javier—. Ella es Celia y él, Lucas. —Carlos miró muy intensamente a Celia y ella empezó a ruborizarse. 

Ese chico tenía un efecto muy extraño para ella y le resultaba imposible no sentir como su cuerpo reaccionaba ante esa mirada. Lucas se dio cuenta, agarró a Celia y salió con ella de la cocina.

—¿Se puede saber qué te pasa? —preguntó molesto y cerró la puerta de la habitación—. Le estás provocando, Celia. ¿No te das cuenta? 

—¿Yo? Pero si no hice nada. —Intentó abrir la puerta, pero él no la dejó.

—No dejabas de mirarle fijamente. Viste a otro chico y ya me estás apartando. Sabía que esto pasaría, siempre pasa lo mismo. Por eso no quiero tener una relación con nadie. Todas sois iguales. Pensaba que tú no, que no me harías daño, pero…

—Pero nada —dijo ella y le colocó un dedo en los labios para callarlo—. Nunca te haría daño, a ti no. ¿Estás celoso?

—¿Celoso? No, no estoy celoso. Pero no me gusta cómo te mira. —La agarró de los antebrazos y la miró a los ojos. La mirada de Lucas estaba llena de confusión, como si no pudiera explicarse a sí mismo lo que estaba haciendo.

Le agarró la cara con ambas manos y apoyó su frente en la de ella.

—¿Qué me estás haciendo, Celia?

—Nada que tú no me estés haciendo a mí —le contestó ella temblando.

—Esto es lo que deseo hacer. —Y entonces, la besó.

No fue en absoluto como otros besos. Ese fue un beso caliente, profundo y apasionado. La agarró de las muñecas y después bajó las manos hasta rodearle la cintura desesperado por estar más cerca de ella, mientras abría la boca y le metía la lengua entre los labios.

Lucas la abrazó, la estrechó contra su cuerpo y después rompió el beso jadeando.

 —Ups, estas cosas no se hacen entre hermanos. Voy a cenar, te espero en la cocina, hermanita. —Salió de la habitación dejando a Celia clavada en el suelo.