LA TORMENTA

 

 

—¿P

or qué tardan tanto? —preguntó Celia entrando en la cocina.

—No lo sé. No puedo comunicarme con ellos. —Hugo también estaba preocupado.

—La tormenta ya ha empezado. Tengo miedo, Hugo. Si le pasa algo a Lucas…

—Hey, ni se te ocurra pensar eso. No les va a pasar nada. —Parecía muy seguro—. Javier está con ellos y tiene bastante experiencia.

—Eso espero —dijo mientras levantaba la mirada al notar que Marta entraba en la cocina.

—¿No hay noticias? —preguntó mientras se sentaba al lado de Hugo. Este la miró fijamente y después de unos segundos, se apartó de ella. Marta cerró los ojos con tristeza y se levantó para salir de la cocina.

—Hugo, ella se arrepiente de lo que pasó. —Celia quería ayudar, pero él no le hizo caso, se había quedado con la mirada fija en la puerta de la cocina.

—Lo sé, pero yo no puedo olvidar lo que hizo. Tenía sentimientos por ella, ¿cómo pudo acostarse con Carlos? —Tragó saliva—. Ella sabía que estaba empezando a quererla. Dime, ¿cómo se puede olvidar eso?

Celia no le respondió porque sabía que él tenía razón, pero en lugar de eso, le dio un apretón de manos.

—¿Qué pasó anoche? —Quiso saber ella.

—Lucas perdió la apuesta —dijo girando la cabeza para mirarla—. No fue capaz de mantener una conversación con esa chica. —Sonrió al recordar lo que pasó—. No paraba de llamarla por tu nombre y acabó diciéndole que tú eres la persona más increíble que hay en este mundo. 

Celia sonrío contenta y vio que Hugo también lo hacía.

—Luego, esa chica lo dejó tirado. Carlos se levantó y le dijo a Lucas que era hora de actuar. Él tenía pensado entrar anoche en tu habitación, pero Lucas se enfadó y le golpeó —dijo mientras comprobaba como Celia se tapaba la boca—. Y así siguieron, golpeándose hasta que llegó Javier y los sacó fuera.

—Ay, Dios mío —dijo asustada—. Ahora están fuera los dos. ¿Y si se vuelven a pegar otra vez? —Se levantó de la silla y empezó a caminar.

—Anoche estaban borrachos y además hoy no están solos —aseguró él—. Javier los mantendrá quietos. —Se levantó y se paró delante de ella—. No te preocupes más y vamos a preparar las maletas. Seguro que tenemos que abandonar el campamento.

Se fueron para recoger y meter cosas en las maletas. Celia aprovechó y habló un rato con Marta para intentar distraerse. Ella le contó cómo había llegado al Polo Norte y porque le gustaba estar allí. Celia en cambio no le contó muchas cosas, quería mantener en secreto la relación que tenía con Lucas. Ella tampoco quería dejar a Ángel como un mentiroso.

Pasaron horas y Celia estaba cada vez más inquieta y preocupada. Había preparado las maletas y solo faltaba que llegara Lucas. Decidió salir de la cama para ir a la cocina a por un vaso con leche. Cuando entró, se quedó sorprendida al ver a Javier hablando con Hugo.

—¡Habéis vuelto! —exclamó aliviada. Los dos la miraron preocupados y ella dejó de sonreír.

—Celia, siéntate. —El tono de Javier era cariñoso. 

Ella se quedó mirando a Hugo sin saber qué pasaba, y cuando este se levantó para ayudarla a sentarse, ella empezó a retroceder.

—No me toques, Hugo. Quiero saber qué pasa —exigió asustada.

—Lucas y Carlos han desaparecido —dijo finalmente. Ella negó con la cabeza.

—No, esto no es verdad —dijo mientras se acercaba a él—. Tú estabas con ellos y... y has vuelto, joder. —Levantó la voz.

—Celia, escúchame, por favor —rogó consiguiendo que ella asintiera de mala gana—. Estaban atrás recogiendo los últimos pilares y cuando me di la vuelta, ya no estaban. La tormenta empezó y... y no lo sé. He vuelto para buscarles pero no los encontré. 

Ella se quedó paralizada mientras lágrimas salían de sus ojos.

—No…

—Celia, hemos enviado un equipo de rescate a por ellos. Están buscando... solo tenemos que esperar. —Se levantó de su silla e intentó tocarle el hombro. Ella dio un respingo y los miró a los dos con tristeza.

—No puede ser verdad... me niego a creerlo —dijo sin poder parar de llorar—. Hace unas horas... él estaba aquí conmigo. 

Hugo se acercó y la abrazó justo antes de que ella se derrumbara. Escondió la cara en su pecho desatando su llanto.

—¿Por qué...? —preguntó entre lágrimas. 

—Shh, no llores más. —La estrechó más fuerte—. Los van a encontrar.

Marta entró en la cocina y se quedó sorprendida al ver que Hugo abrazaba a Celia.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó intrigada—¿Por qué lloras, Celia?

—Lucas y Carlos han desaparecido —repitió Javier. Todos se sorprendieron cuando Celia se soltó de los brazos de Hugo sin dejar de llorar. Los miró a todos con lágrimas en los ojos y salió corriendo. 

Necesitaba estar sola, necesitaba recordar los buenos momentos que había pasado al lado de Lucas, para no sentirse triste.