EL VIAJE
C elia salió del baño con un pantalón vaquero y un jersey lila que se ajustaba perfectamente a su cuerpo. Su amigo insistió en que se cambiara de ropa y al final no le quedó más remedio que acceder a su petición.
El jersey fue un regalo por parte de Lucas el año pasado, cuando tuvieron que ir de viaje a Austria por una conferencia. Hacía mucho frío, entraron en una tienda al salir del aeropuerto y él se lo compró. Caminando, ella buscó con la mirada a su amigo y lo encontró sentado en una de las maletas.
Lucas la vio y se levantó enseguida. Él recordó ese jersey perfectamente y también recordó cómo alzaba sus perfectos pechos. Eso le hizo sentirse incómodo por sus pensamientos y apartó enseguida la mirada.
—Has tardado mucho. Tenemos que facturar ya —dijo él—. Sigues teniendo ese jersey, te queda muy bien.
—Sabes que yo guardo todos mis regalos y aún tengo bien escondido el primero que me diste. ¿Recuerdas qué era? —preguntó ella intentando mantener el mismo ritmo que Lucas.
—Sí, lo recuerdo. —Sonrío—. Fue la carta que dibujé para ti dos días después de que Ángel me avisara de que iba a tener una nueva hermana. Pero no recuerdo muy bien qué fue lo que había dibujado —dijo pensativo mientras se colocaba en la fila para facturar.
—Dibujaste una casa grande y delante tres personas. Ángel estaba en el medio agarrándonos de la mano —comentó ella nostálgica—. Fue como un padre para nosotros.
—Lo fue y todavía lo es. —Celia esbozó una sonrisa tímida y estiró la mano para tocar su mejilla.
—Y tú fuiste el mejor hermano que se puede tener y ahora, eres mi mejor amigo. —En ese momento sus miradas se cruzaron y ella bajó la mano. Al hacerlo, tocó suavemente los labios de Lucas.
Ninguno de los dos habló y este gesto tan fugaz por parte de ella hizo que el estómago de Lucas se agitara, olvidando lo que quería responderle.
—Hmm, pueden meter las maletas —dijo un hombre que estaba esperando en la fila detrás de ellos.
Eso hizo que el momento se esfumara y Lucas un poco torpe, agarró las maletas para subirlas en la báscula. La tensión entre ellos había subido un poco y estaban muy callados los dos.
Una vez subidos en el avión, Lucas dejó que su amiga tomara el asiento de la ventana y ella le sonrió a modo de agradecimiento. Él se sentó a su lado, estaban muy cerca uno del otro y podía sentir su perfume, era el mismo de siempre. Cerró los ojos y mientras el perfume estuvo presente, él recordó los mejores momentos de cuando eran más jóvenes y rebeldes.
De adolescentes, Celia no salió mucho de fiestas pero Lucas sí y varias veces, ella tuvo que mentir para cubrirle. Lo que Celia no sabía era que él hacía todas esas cosas por no pensar en ella, para olvidarla. Para él fue un calvario estar cerca de ella todos los días, lo pasó realmente mal. Ese era el motivo de que la evitara continuamente. Todas las noches salía para divertirse con otras chicas, intentando olvidar lo que sentía por ella en ese momento.
Verla ahora y estar tan cerca uno del otro, hizo que él se diera cuenta que sus intentos habían sido en vano. Nunca consiguió matar esos deseos y esos sentimientos tan fuertes que tenía hacia ella.
—Celia, gracias por todo —dijo Lucas. Ella no pudo evitar mirarlo extrañada—. Gracias por ser una buena hermana y amiga. —Su voz se ahogó al pronunciar esas palabras.
Lucas no quería pensar más en ella como una hermana, porque la deseaba en todos los aspectos, anhelaba por sentirla desnuda en sus brazos.
—¿A qué viene esto? Sabes que te quiero mucho, no entiendo Lucas. —Su voz suave hizo que su amigo sonriera tímido.
Celia amaba esa sonrisa, soñaba todas las noches con ella y muchas veces se imaginaba cómo sería besar esos labios.
—Quería que lo supieras. —Echó un vistazo al móvil, conteniendo las ganas de besarla.
—Lo sé, nunca he dudado de eso. ¿Quieres algo para leer? —Le enseñó dos revistas y él asintió.
Al coger lo que ella le ofrecía, sus dedos se tocaron y ambos pudieron sentir como la electricidad les atravesaba. El deseo era muy fuerte y él levantó la otra mano para tocar la mejilla de su amiga, suspirando lentamente.
Ella cerró los ojos y él aprovechó para disfrutar de esa maravillosa vista.
El tiempo se detuvo y Lucas deseaba probar esos labios que tanto había soñado tener, deseaba tocar su cuerpo y llenarlo de caricias.
El móvil de Lucas empezó a sonar y ella al abrir los ojos, se dio cuenta de lo que estaban a punto de hacer y sus mejillas se tornaron de un ligero tono rojizo.
—¿Sí? —dijo él al contestar—. Ángel, lo tengo todo cubierto y deja de preocuparte. Si necesitamos algo, te avisaremos. —Cuando giró la cabeza se dio cuenta que ella estaba intentando ocultar su vergüenza.
Estuvo a punto de besarla, y se preguntaba cómo había dejado que eso pasara. Tenía que tener más control de sí mismo, no podía permitir que eso pasara, no quería perderla, no quería que las cosas cambiaran entre ellos.
Guardó su móvil y sin mirarla empezó a ojear la revista, pero se dio cuenta que eso no ayudaba y que sus manos habían empezado a temblar. Dejó de leer, echó la cabeza hacía atrás y cuando cerró los ojos, notó como Celia le agarraba la mano. No intentó nada, es más, sonrió disfrutando de sostenerla y sentir su piel suave.