UNA DE CAL Y OTRA DE ARENA
C elia no abrió los ojos hasta que una luz suave iluminó su rostro. El buque estuvo toda la noche moviéndose, despertándola a menudo. Su amigo seguía a su lado, profundamente dormido. No quería despertarlo, así que apartó el edredón despacio y salió de la cama.
Miró el cuerpo de él y se estremeció, estaban solos en esa habitación y necesitaba tomárselo con calma. El hecho de verse obligada a pasar unos días encerada con Lucas, no significaba que tuviera que suceder nada.
Lucas abrió los ojos y la miró varias veces de arriba a abajo. Su mirada fue intensa y ella se obligó a borrar la preocupación de su mente. Lo conocía desde siempre y no tenía que sentirse incómoda a su lado.
—¿Por qué me miras tan fijamente? —Lucas sacudió la cabeza.
—Porque eres muy hermosa —replicó él, examinando cómo el pijama moldeaba sus pechos.
—Deja de decir tonterías. Los dos sabemos que no soy ninguna modelo.
En respuesta, Lucas se levantó de la cama y se acercó a ella. La rodeó con los brazos y la apretó contra sí.
—No necesito a una modelo, te necesito a ti —susurró.
En lugar de exigir que la dejara ir, hizo lo que estaba deseando en secreto hace muchos años. Ella sabía exactamente lo que quería y no dudó en introducir una mano bajo la camiseta de su amigo. Acarició suavemente su piel y tomó una gran boncada de aire para recobrar el sentido. Le dio una mirada solida mientras intentaba buscar una explicación a lo que sentía en ese momento.
—No creo que sea una bueno idea seguir con esto —dijo ella, y al sentir su calor corporal, se quedó sin aliento.
—¿Por qué? Prometo hacer que sea inolvidable —repuso él con voz suave.
Celia alzó la cabeza y lo miró desafiante.
—No podemos —replicó ella. Con una mano atrapada entre su cuerpo y el de su amigo, se quedó inmóvil cuando Lucas apoyó ambas manos en su rostro.
—No puedes discutir que sentimos una atracción mutua —murmuró—. Deberías aceptarlo.
Ella se quedó petrificada a su lado, temiendo moverse. La invadieron un millón de pensamientos. Lo deseaba, lo amaba y por un momento se sintió tentada y quiso acceder a lo que su amigo le ofrecía. Se estaba quedando sin fuerzas mientras contemplaba la boca de Lucas y eso hizo que el deseo que sentía se agudizara.
—Si sigues mirándome así, voy a tener que besarte. —Se apretó contra ella.
—No tiene sentido perder el tiempo, ¿verdad? —Lo miró a los ojos. Sacó las manos y rodeó su cuello. Luego se puso de puntillas y lo besó.
Lucas la abrazó con fuerza, deslizando despacio las manos hacia las caderas de ella, dibujando sus curvas. Movió los labios suavemente sobre su boca y dibujó su perfil con la punta de la lengua.
Ella dejó escapar un ronco gemido que avivó más todavía el deseo de Lucas. Contagiado del entusiasmo de ella, la sostuvo con firmeza contra él para profundizar el beso.
Cuando abandonó los labios de ella se limitó a mirarla fijamente. Celia tenía los ojos cerrados y la cara encendida por el deseo. Supo que le costaría muy poco convencerla de hacer el amor en ese mismo instante y una parte de él quería hacerlo. La deseaba más de lo que debía.
—Esto no debió ocurrir. No sé en qué estaba pensando. Lo que quiero decirte es que siento…
—¿Haberme devuelto el beso? —preguntó ella sorprendida.
—Lo siento. —Le acarició los labios húmedos con un dedo y dio un paso hacia atrás. Negó con la cabeza y agachó la mirada.
—¿Por qué me pides disculpas? Estoy segura de que no significo nada para ti. Sólo fue un beso.
—Entonces, no me conoces, Celia. Solo beso a mujeres que me gustan, a las mujeres que me atraen.
—¿Significó algo para ti? —preguntó ella.
—Olvídalo. Simplemente no debió ocurrir.
—¿Por qué? —lo miró intrigada.
—Porque te deseo demasiado y porque quiero llevarte a la cama —admitió, y se marchó sin mirar atrás.
Celia sintió una mezcla de tristeza y decepción. Se sentía culpable y deseaba poder leer lo que pasaba por la mente de su amigo. Notó que las lágrimas asomaban a sus ojos y deseaba pensar que él no quería herirla.
Cerró los ojos y permaneció quieta, asustada. Estaba enamorada del hombre que siempre había deseado y temía que pudiera perder los estribos.