L’épicerie: la pequeña tienda de los Pirineos
Cuando Stephanie le atiza a un extraño con una baguette seca, no se da cuenta en principio de que ha atacado al nuevo propietario de la épicerie del pueblo. Fabian, el exiliado parisino que ha venido a encargarse de la pequeña tienda, no despierta muchas más simpatías cuando decide que lo que necesita Fogas es un comercio moderno y exquisito. Incluso pensará en tirar la toalla, pero otro golpe, este de amor, le retendrá en la pequeña localidad de los Pirineos franceses.Stephanie, sin embargo, está demasiado ocupada para l'amour. Trabaja en L'Auberge y al mismo tiempo está levantando un huerto orgánico, pero hacer realidad su sueño está acabando con ella. Ni siquiera se da cuenta de que su hija anda preocupada. Un siniestro forastero se está paseando por el pueblo y Chlóe no sabe a quién acudir. Su única esperanza es que alguien acabe por escuchar sus gritos pidiendo auxilio…Lo inesperado se encuentra a la vuelta de la esquina en Fogas…«Una visión humorística del modo de vida francés, que demuestra que la vida bucólica no está tan exenta de complicaciones como nos quieren hacer creer.» (IRISH TATLER)
Cuando la oficina de correos se incendia, Véronique intenta influir entre sus contactos para encontrar una nueva ubicación. Pero los habitantes de Fogas están demasiado ocupados para aliarse en su causa.El alcalde Serge Papon, abrumado por el dolor de la muerte de su esposa, ha perdido su joi de vivre, así como su interés por la política (y los croissants) de Fogas, y parece que el infatigable teniente de alcalde Christian cuya tendresse por Véronique lo convierte en su habitual protector muy pronto dirá au revoir al pueblo.Si a esto le sumamos la controvertida iniciativa del gobierno para reintroducir osos en el área, los habitantes de Fogas se convertirán en los testarudos que atenten contra el normal desarrollo del bendito Tour de Francia, y hasta contra la existencia de Fogas mismo.Tras L’auberge y L’épicerie llega la tercera entrega de la divertida y entretenida serie que protagonizan los habitantes del encantador pueblo de Fogas en los Pirineos Franceses.
Estamos en Inglaterra. En un día de marzo del año 1930 o 1931. Dolly se va a casar con el hombre equivocado, mientras Joseph, uno de sus jóvenes amigos —o «algo» más—, se debate entre detener el enlace o huir de todo aquello, entre declarar su amor o callárselo para siempre. Una madre escandalosa y una hermana alborotadora; familiares excéntricos y amigos muy singulares; sirvientes de la vieja época y una antigua casona en el campo... Personajes y escenario de una «brillante y agridulce comedia», como la describiera The Guardian tras la reciente reedición de esta novela publicada por primera vez en 1932 por The Hogarth Press, la editorial que fundaran Virginia Woolf y su esposo Leonard. 'Una combinación entre Nancy Mitford, P. G. Wodehouse y Stella Gibbons, con un toque de Virginia Woolf.' 'Rebecca Steinitz', The Daily Rumpus
En el caso de Salomon Grundy las apariencias no engañaban; era un hombre violento, brusco y apasionado y eso era precisamente lo que reflejaban su cara y su figura. Pero de eso a cargarle el mochuelo del cadáver de una chica que había visto una sola vez en su vida iba un largo trecho. Claro que aquel único encuentro resultó ser un tanto especial. En plena fiesta habían aparecido en lo alto de la escalera con un aspecto que no dejaba lugar a dudas: él con la cara arañada y ella con el vestido desgarrado. Sin embargo, todo tenía su explicación; todo menos el estrangulamiento de la chica.
El 31 de febrero de mil novecientos cuarenta y tantos murió la mujer de un tal Anderson, en circunstancias que, sin ser mayormente notables, eran curiosas. la señora ya había preparado la cena y discutió con su marido sobre el vino que debía acompañar al pescado. Finalmente coincidieron en la elección de una botella de Chablis. la señora Anderson bajó al sótano y, como tardaba en regresar, Anderson fue a buscarla. El sótano estaba a oscuras, Anderson encendió un fósforo y vio que al pie de la angosta y empinada escalera yacía su nujer. Cuando bajó, comprobó que estaba muerta. Anderson lo declaró así ante el jurado. El veredicto fue muerte accidental. Sin embargo, en la policía había un inspector que no estaba de acuerdo. Julian Symons, autor de esta angustiosa y admirable novela, es uno de los indiscutibles maestros de la literatura policial contemporanea.
Aquel día empezó como cualquier otro, pero David Nelson sabía que iba a ser un día extraordinario. ¿No le había asegurado George Pacey que lo nombrarían director del Crimen Magazine? Imposible dudar de la palabra de ese amigo; sin embargo, algunos hechos triviales pero infaustos, debieron recordarle que frustaciones y sorpresas tejen nuestra vida. No pudo contenerse y, antes de ue llegase el nombramiento, llamó por teléfono a su mujer para celebrar juntos la buena noticia. Ella se excusó. Esa noche, David Nelson se embriagó en un bar de Gongora Street y trabó relación con una mujer que se llamaba Christie. Lo inimaginable, lo atroz, vendría después. Por su desilusionado realismo, por la alegría de su estilo, por la angustia opresiva de la situación, por la destreza de la trama.
La vida de John Wilkins no se correspondía nunca con esos sueños que poblaban su mente. Su trabajo era monótono, su esposa no quería concederle el divorcio, la mujer que amaba apareció asesinada en la playa… Él estaba seguro de no ser culpable, pero sabía muy bien que sus vacíos mentales le borraban todo lo ocurrido en su mente. ¿Incluso el asesinato?Julian Symons Nación en Londres en 1912. Se dedicó al periodismo y en 1937 fundó una revista de poesía, donde escribieron por primera vez famosos escritores. En 1972 publicó su famosa monografía sobre la novela policiaca, «Boody Murder», y en 1978 un estudio crítico sobre Edgar Allan Poe, «The Tell-tale Heart» Desde 1974 dirige una colección de novelas policiacas en la editorial Penguin. Como autor publicó su primera novela del género en 1946, «The Inmaterial Murder Case».